"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

viernes, 9 de abril de 2010

Sobre la belleza y el orden naturales.

Zygaena Rhadamanthus en Orchys Morio sp. Picta

Hacia el suroeste y hasta el horizonte, podemos contemplar la que posiblemente sea la mayor mancha de quercíneas del planeta, ocupando desde la cuenca extremeña del Guadiana hasta el Cabo de San Vicente. Abajo en el valle, los fresnos adehesados – creando una formación forestal insólita en estas latitudes- se iluminan con el verde refulgente de sus brotes recién estrenados; las encinas hacen lo propio y se desperezan con su floración de oro; por el contrario, los castaños que dan nombre a nuestra atalaya esperan aún latentes a que la primavera temple un poco más sus yemas; entre las ramas de una de las encinas juegan una pareja de absortos agateadores, varios buitres leonados sobrevuelan nuestras cabezas y una pareja de críalos se persigue entre las copas de los alcornoques. Los mosquitos se agrupan en miríadas suspendidas inmóviles y numerosos insectos se entregan a la búsqueda de néctar en el explosivo repertorio de flores que salpica hasta el último palmo de tierra.

La belleza de la naturaleza puede impresionar hondamente a una persona sensible, pero a pesar de ello, esa percepción nunca dejará de ser una sensación subjetiva. Para que esta exista, es necesaria la existencia de un observador y que este disponga de una sensibilidad determinada para percibirla. No ocurre lo mismo con el orden: El orden es una realidad objetiva y constatable, que impresiona a pensadores, personas inquietas y filósofos. Según Juan Luis Arsuaga, el amor al orden natural y a la belleza son las cualidades que más distinguen al ser humano.

Desde el Cerro de los Castaños, en la Sierra del Castillo de Salvatierra, en esta primavera exultante que reclama nuestra atención desde infinitos puntos, parece todo perfectamente orquestado. Cada ser vivo y cada fenómeno natural tiene su lugar. Todo parece magníficamente engranado en la maquinaria y el resultado es la armonía. Santo Tomás de Aquino, en su Suma Teológica, argumentaba que este “orden” es la quinta prueba racional de la existencia divina: Según él, esta armonía solo sería explicable mediante la existencia de un virtuoso artífice. Pero para un naturalista racionalista, en cambio, tanto el orden como la belleza, no obedecen a intenciones divinas sino a leyes. La orquídea es capaz de atraer mediante feromonas al pequeño lepidóptero, no por el maravilloso designio de un arquitecto supremo, sino por la no menos maravillosa actuación de las fuerzas naturales durante miles de millones de años y durante miles de millones de generaciones de individuos, con el consiguiente fracaso de los menos aptos. En lugar de ser así "para algo", la orquídea y el insecto son así "por algo".
Gracias a estas fuerzas, los organismos son dotados de una prodigiosa y deslumbrante concatenación de adaptaciones que dan lugar a un espectáculo capaz de conmover, tanto al cerebro matemático de quien se impresiona con el orden natural, como a la sensibilidad de quien se impresiona con la belleza plástica.

3 comentarios:

  1. Olvidé poner que, además de los castaños, las encinas, los críalos, los agateadores, los lepidópteros y las orquídeas,... si la compañía es perfecta, entonces la predisposición para apreciar la belleza y el orden es inmejorable (Digo yo). En fin...

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  2. Orchys Morio sp. Picta?

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  3. Absolutamente de acuerdo y rápidamente corregido. Muchas gracias por la apreciación. Debe de ser la primavera que me está volviendo modorro

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