"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

lunes, 21 de junio de 2010

De la mies al centro de la mente.


En la edad media era conocida como la fiebre de San Antonio o Fuego del infierno. La villa que se viese afectada por ella, se veía de repente devastada por un terrorífico y fulminante fenómeno que convertía la más salubre y próspera de las aldeas en un escenario apocalíptico. Cientos de personas salían a la calle presas de la locura colectiva y sufriendo alucinaciones, todas las mujeres embarazadas del lugar abortaban el mismo día y gran parte de la población era víctima de la muerte súbita. Tras el brote de Fiebre de San Antonio, que desaparecía con la misma rapidez con la que llegó, los supervivientes sufrían gangrenas en las extremidades que dejaban lisiados a gran parte de los afectados. Estaba claro que se trataba de un castigo divino, por lo que estos episodios iban seguidos habitualmente de procesos sumarios sobre aquellos miembros de la comunidad que se suponía podían haber atraído el castigo. Otros expertos, por el contrario, opinaban que se trataba de maleficios y conjuros llevados a cabo por brujas o gentes que mantenía tratos con el diablo, y el desenlace solía ser idéntico. El único remedio conocido para los afectados por la gangrena era ir en peregrinación a Santiago de Compostela, lo que los hacía sanar en muchos casos.

Cornezuelo del centeno o Claviceps purpurea

Hoy sabemos que el causante de no eran los judíos, ni las brujas, ni los hechiceros, ni el demonio,… sino una enfermedad, el ergotismo, causada por un pequeño hongo, el cornezuelo del centeno o Claviceps purpurea, común en zonas lluviosas de Europa y que parasita las espigas del centeno, de las que surge en forma de pequeños clavos negruzcos. Entre otras sustancias contiene alcaloides con un amplio espectro de efectos sobre la salud, algunos de los cuales con gran poder alucinógeno. Investigando estas propiedades, ya en el siglo XX, Albert Hofmann descubrió casualmente la dietilamida de ácido lisérgico, más conocida como LSD, una de las sustancias psicodélicas sintéticas más poderosas. Algunos de sus efectos mejor estudiados son las alucinaciones con los ojos abiertos, la percepción distorsionada del tiempo, la sinestesia (o mezcla de varios sentidos) y la disolución del ego. Los alcaloides del cornezuelo, que ya llevaban milenios actuando sobre los neurorreceptores cerebrales de los pobladores de la vieja Europa, se consagraron así entre las sustancias que más han aportado a la exploración de estados alterados de la conciencia en occidente.



Albert Hofmann, descubridor el LSD, que abrió nuevas puertas al
conocimiento de los estados alterados de la conciencia.

Cuando los cuerpos fructíferos del cornezuelo eran molturados involuntariamente en los molinos junto con los granos de centeno, se obtenía una harina contaminada por dichos alcaloides que daría lugar a intoxicaciones masivas. El pan elaborado con esta harina era el eslabón que unía a los hongos negros de las siembras de centeno con los terribles ataques de locura colectiva. Y la explicación a la milagrosa sanación de los peregrinos a Santiago de Compostela es que en la Península Ibérica eran más comunes los panes de trigo candeal, libre de cornezuelo, que los de centeno. Curiosamente se tardó muchos siglos en relacionar el cornezuelo con el Fuego del infierno. Al ergotismo se atribuyen casos como el de los Juicios de Salem, en el s. XVII y numerosos episodios que en su día se relacionaron con el fin del mundo, sobre todo en la época previa al fin del primer milenio. Y es que no es difícil imaginar el pánico y desconcierto que debían desatarse en las mentes de una comunidad rural del medioevo azotada de repente por un fenómeno incontrolable de estas características. Del mismo modo que resulta fascinante el cómo sustancias producidas por un organismo tan alejado de nosotros en la escala evolutiva como un hongo, puedan desencadenar extraordinarios y brutales estímulos en un mecanismo tan complejo como nuestro sistema nervioso de primates. A pesar de estar resuelto el misterio medieval del Fuego del Infierno, sigue aún totalmente vigente el misterio del porqué unas substancias producidas por un hongo pueden alcanzar el centro mismo de nuestra mente y traslocar totalmente nuestra capacidad de percepción del universo.

3 comentarios:

  1. ¡Qué buen blog Manolo!
    Siempre es un placer descubrir cosas de tu mano!

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  2. Muchas gracias Ana!
    ¿Sabes a cuento de qué esta entrada? Hace unos días pude observar en una siembra de trigo algunos cuerpos fructíferos de Claviceps (Aunque prefiere el centeno, ocasionalmente también parasita otras gramíneas). Hacía muchos años, más de veinte seguro, que no veía el cornezuelo por aquí y buscando datos todo apunta a que haya reaparecido después de un invierno tan lluvioso como el pasado. Esperemos que no nos afecte un ataque de locura colectiva, aunque viendo como se pone el personal estos días con el fútbol, a veces pienso que es demasiado tarde y la pandemia del cornezuelo nos pilló de lleno.
    Un abrazo.

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