"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

viernes, 11 de junio de 2010

La flor trampa

Aristolochia paucinervis, una de las especies del género más frecuentes en los campos extremeños.



Por toda la cuenca mediterránea, principalmente en encinares sobre suelos básicos, en claros de matorral, o junto a paredes de piedra, prestando atención es fácil encontrar en primavera a una de las plantas más increíbles de nuestra flora. Se trata de la aristoloquia. Aunque menos espectaculares que sus parientes tropicales, las aristoloquias ibéricas ocultan tras su modesta apariencia el sorprendente y maquiavélico mecanismo por el cual se perpetúa la especie. Estamos hablando de una pequeña planta rastrera, con cierta tendencia a trepar, con hojas acorazonadas, cuyas flores poseen una peculiar forma tubular con la base engrosada. Observándolas detenidamente, se puede apreciar una estructura floral que es una auténtica trampa: La apertura superior está rematada por una especie de labio y tanto el borde del mismo, como la superficie interna de la flor están tapizados por numerosos pelillos rígidos orientados hacia abajo. Cuando la flor inicia su maduración, el interior del tubo adquiere un tono amarronado violáceo que contrasta con el verde de la parte exterior y de las entrañas de la flor comienza a fluir un perfume a carne descompuesta. Estos estímulos son demasiado tentadores para que algunos insectos, sobre todo dípteros, puedan resistirse. Embaucados por la trampa visual y olfativa, los insectos penetran en el tubo floral del cual no pueden ya salir debido al tapiz de pelillos.
Detalle de la flor de Aristolochia paucinervis

Una vez en la base inflada de la flor, en la cámara donde se encuentran sus órganos sexuales, al engañado mosquito le espera un secuestro perfectamente planeado. Para evitar la autofecundación, la aristoloquia ha adquirido un curioso mecanismo por el cual los estambres no producen polen hasta que los ovarios están fecundados. Así, si el incauto y desmemoriado secuestrado ha caído anteriormente en otra trampa, cosa bastante probable, portará en su cuerpo los granos de polen de otra aristoloquia y fecundará involuntariamente los ovarios de su captora. Sólo entonces, una vez consumada la fecundación, el androceo comienza a expulsar sobre el insecto su carga genética en forma de miles de granos de polen. Durante la retención, eso sí, la planta brinda en el gineceo una confortable estancia a su prisionero, ofreciéndole alimento en forma de néctar. A la aristoloquia no le es útil un mosquito muerto de hambre. Tras uno o dos días, lo suficiente para completar el proceso, de repente, los pelillos de las paredes del tubo se marchitan y se pliegan contra la superficie de la flor, dejando vía libre al insecto impregnado de polen que, sin duda, no tardará en volver a caer en el voluptuoso engaño de otra flor trampa.

4 comentarios:

  1. ¿Encerrona en el gineceo y comida a cambio de sexo interracial? No suena mal del todo este culebrón.

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  2. Interespecífico más que interracial.

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  3. Interespecífico más que interracial? Más transgresor aún!!

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  4. sencillamente fascinante...

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