"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

lunes, 28 de junio de 2010

YACARANDÁ



La canoa avanzaba lentamente por uno de los ríos de la gran cuenca amazónica, en gran parte perteneciente a la corona portuguesa. Los naturalistas que acompañaban la expedición tenían la misión expresa de buscar especias en aquellos inexplorados y prometedores territorios y, ya de paso, clasificar la fauna y flora más notable. Pero la humedad, el calor y los mosquitos, unidos al total desconocimiento de las infinitas especies de aquella terra ignota, hacía que los científicos criados entre los terruños de Iberia hubiesen perdido su inicial entusisasmo a la par que casi todas sus energías. Extenuados, ya no preguntaban al guía indígena por esta o aquella planta, ni pedían a quienes manejaban las canoas que parasen para coger muestras. Pero de repente, al salir de un meandro, apareció ante ellos un espectáculo que les hizo olvidar su calvario. De un impresionante color azul, aquel árbol achaparrado emergía entre la espesura de la orilla como una explosión de cielo abriéndose paso entre un universo de verdes. No habían visto jamás algo parecido.
-"¿Cómo se llama?", preguntó uno de ellos al guaraní que les acompañaba.
-"Yacarandá", respondió este. Que escrito en portugués, quedó como "Jacaranda" en el cuaderno de campo de aquel sufrido explorador.
Mucho tiempo después, el botánico francés Antoine Laurent de Jussieu, tuvo acceso a muestras de la planta y a la descripción de los exploradores portugueses, describiéndola ofcialmente por primera vez para la ciencia y clasificándola taxonómicamente. Jacaranda - tal como lo leyó textualmente- mimosifolia - con hojas de mimosa- fue el nombre con el que el maravilloso árbol azul fue bautizado por Jussieu.
Con el tiempo la Jacaranda viajó como planta ornamental al viejo continente y se aclimató perfectamente en los climas más beningnos, convirtiéndose en el árbol emblemático de ciudadades meridionales como Sevilla. Cada verano sus calles y jardines se ven engalanados con la inaudita floración de este árbol brasileño.
Sólo con el paso de los siglos alguien se percató de qué fue lo que contestó en realidad el guía al naturalista portugués y que una mezcla de desinterés por las culturas indígenas y de desidia científica, había hecho que pasase desapercibido durante tanto tiempo.
Yacarandá, en Guaraní significa algo parecido a "no lo sé".
Así, la repuesta sincera de un indígena amazónico poco ducho en botánica, pasará a la posteridad en los anales de la taxonomía.

2 comentarios:

  1. Magnífica historia para un gazapo antológico. El botánico portugués que hizo la descripción fue el naturalista Calos Varela. Que por cierto, dicen que murió ates de salir de la selva. Y yo, más que poco ducho en botánica, diría que el guaraní era un poco pasota.
    Salud

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  2. Ja ja ja!! Pues vaya la que liaron entre los exploradores y los botánicos. Pero y lo bonito que queda saber que hay un árbol que se llama "no lo sé"?

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