"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

martes, 13 de julio de 2010

Historia de la ignominia humana. (Enésimo capítulo)


Desde hace miles de años, los ecosistemas vienen sufriendo el impacto depredador de las sociedades humanas, viendo a lo largo de los siglos como sus paisajes son alterados, sus especies esquilmadas, sus bosques arrasados y sus equilibrios naturales trastocados. Pero no en todos los rincones del planeta la velocidad de destrucción ha sido la misma. Mientras que la actividad humana tardó más de 3.000 años en convertir la salvaje Europa en el continente humanizado que hoy conocemos, en Norteamérica se llevó a cabo el mismo proceso de forma brutal en menos de 200 años. En poco más de un siglo, en un proceso de devastación sin precedentes que avanzó desde el Atlántico hasta el Pacífico, se roturaron doscientos millones de hectáreas de pradera, se talaron cuatrocientos millones de hectáreas de bosques, se aniquilaron sesenta millones de bisontes, se exterminaron dieciocho millones de indígenas y se cambió para siempre la faz del inmenso subcontinente. Un proceso tan violento y vertiginoso que dejó innumerables víctimas en su camino. Una de ellas se ha convertido en un caso paradigmático de la acción depredadora humana, a la par que sin duda pasará a formar parte de la historia de la ignominia de nuestra especie. Se trata de uno de los episodios más bochornosos e impresionantes del libro de las extinciones causadas por el hombre.

Palomas migratorias (Ectopistes migratorius), en una acuarela del ornitólogo Audubon


La paloma migratoria (Ectopistes migratorius) era un ave similar al resto de palomas, aunque con una librea más llamativa y con una fisonomía más estilizada, adaptada a sus largas migraciones. El rasgo más llamativo de la especie eran sus maravillosos desplazamientos en gigantescas bandadas de cientos de millones de ejemplares, un caso único en el reino animal. En 1810, Alexander Wilson observó un bando de 380 km2 de extensión compuesto por más de 2.000 millones de palomas. Estas colosales bandadas oscurecían el sol, creaban una brisa que hacía mecerse las copas de los árboles y tardaban días en pasar por una zona. Según recientes estudios, la paloma migratoria era el ave más abundante del planeta. Migraban desde sus zonas de cría, en el noroeste de Estados Unidos, hasta sus zonas de invernada, en el noreste. En estas últimas zonas, los indios habían utilizado desde tiempos inmemoriales los dormideros, que abarcaban muchos kilómetros cuadrados de bosques, para capturar palomas con las que complementaban su dieta.

Pero todo cambió a principios del siglo XIX, cuando esta especie fue considerada por el hombre blanco como un recurso barato y extremadamente fácil de obtener. Se las utilizó como alimento fresco o en conserva, como fuente de grasa para combustible, como pienso para ganado y como abono. Los métodos de caza en los dormideros eran diversos e iban desde redes y armas de fuego hasta prender los árboles con líquidos inflamables para recoger después las aves chamuscadas. La saña con la que se explotó a la paloma migratoria da una idea de hasta qué punto se la consideraba como un recurso infinito y auténticos ejércitos de cazadores se apostaban cada tarde en los dormideros. Tras la matanza, cientos de miles de aves cubrían el suelo. El ornitólogo y acuarelista Audubon, relatando una de estas cacerías decía que “cada uno cogió las que quiso y después soltaron a los cerdos para que acabasen con el resto”. La bacanal se repetía en las zonas de cría, donde además existía el aliciente de los pollos – cada pareja criaba un único pollo al año-, ricos en grasa y fácilmente conservables. De hecho, varias factorías industriales de conserva de palomas surgieron a lo largo de las zonas de cría. La carne de paloma llegó a convertirse en la más económica en todo el territorio estadounidense, pasando a formar parte de la dieta de las clases menos pudientes. Existe documentación de la época que nos habla de trenes cargados con dos millones de palomas semanales y de comerciantes minoristas que vendían 18.000 aves al día.
En 1850, el número de palomas había descendido considerablemente, no siendo ya tan frecuentes ni inmensas sus bandadas, pero las técnicas para su caza contaron con la impagable ayuda del telégrafo, que permitía saber a qué zonas se desplazaban cada día las aves. Llegó un momento en el que las palomas no tenían ningún lugar en el que dormir o criar que no fuese tiroteado día y noche. Incluso se citaron casos de prácticas de tiro con artillería del ejército contra colonias de cría. Al mismo tiempo, los bosques de roble que constituían el hábitat de la especie, iban siendo sustituidos por grandes plantaciones de cereales.
En 1978, la mayoría de las palomas migratorias que sobrevivían, lo hacían en una gran colonia de Michigan, lo que atrajo a todos los cazadores del resto del territorio.
En 1880 se capturaron algunos ejemplares para intentar criarlos en cautividad, iniciativa que resultó totalmente infructuosa.
En 1896 el telégrafo alertó de la presencia de un bando en Ohio, de las que se recolectaron 200.000 palomas y otras 100.000 quedaron inservibles y desechadas. Se trataba del último gran bando de palomas migratorias. El tren que transportaba en botín se averió a mitad de camino de la factoría, por lo que el fruto de la cacería entró en descomposición y fue arrojado a un barranco.
En 1890 un par de centenares de palomas vagaban fantasmalmente de un lugar a otro.
En 1900 se reconoció que las palomas migratorias en estado libre habían desaparecido.
En 1908 quedaban siete palomas en distintos zoológicos.
En 1910 sólo quedaba un ejemplar, llamado Martha, en el zoológico de Cincinatti.
En 1914, al mediodía del 1 de septiembre, apareció muerta en su jaula la última representante de la estirpe que oscureció los cielos de Norteamérica. Pero, aunque la muerte del desdichado y solitario animal de Cincinatti fue el punto y final de su especie, la extinción estaba dictada mucho antes. La mezcla de avaricia, imprevisión, ignorancia, cortedad de miras, ruindad y codicia, resultó letal para una especie que, al menos en términos numéricos, aparentaba ser imbatible. Esa destructiva combinación empujó a la desaparición para siempre jamás a una increíble especie en tiempo récord, contra todos los pronósticos de quienes no querían hacer pronósticos. Y nada hace suponer que esa destructiva combinación no sea la que sigue rigiendo nuestra relación con el planeta.
Hoy, la última paloma migratoria se conserva disecada en una vitrina del Smithsonian Institution en Washington D.C., como polvoriento y descolorido símbolo de la estupidez humana.


La última paloma migratoria viva

15 comentarios:

  1. soy alberto.
    es que los amer..perdón,los estadounidenses,lo hacen todo a lo grande,.No satisfechos con haber arrasado su pais,extienden los tentáculos del exterminio por todo el planeta.Ya sea en forma de grandes plantaciones en repúblicas bananeras,extracciones petroliferas en parajes insólitos y frágiles,o en forma de guerras allá donde haya un interés económico.
    mira que si les diera por pensar...bueno mejor que no piensen..

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  2. Impresionante historia a de las palomas migratorias norteamericana. Es la historia del hombre desde el neolítico y desde que empezamos a domesticar a la naturaleza ya no hay vuelta atrás. Y todo bien justificado por la cultura antropocéntrica. Cada vez necesitamos más, pero cada vez tenemos menos. Vivimos en planeta saturado por la especie humana. Menos mal que somos los únicos animales morales…¿verdad?

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  3. Alberto, mi intención (esta vez) no era la de criticar a los norteamericanos. Ójala el expolio de la naturaleza y la extinción de especies fuesen patrimonio exclusivo suyo. En todos los sitios se cuecen habas y los comportamientos no han cambiado nada. Nuestro país no creo que sea ejemplo de nada en ese sentido. Que se lo pregunten a los ecuatorianos y bolivianos donde opera repsol, por ejemplo. O acuérdate del bucardo, la cabra montesa del Pirineo. Se extinguió para siempre en enero del 2000 (casi en el s.XXI). Unos meses después, el Ministerio de Medio Ambiente, dirigido entonces por Jaume Matas, finalizó los trámites burocráticos para catalogarla de "especie vulnerable" a "especie en peligro de extinción". Para reirse si no fuese tan indignante.

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  4. impresionante Manolo...la estupidez humana...

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  5. Juan Pedro Viñuelamiércoles, 14 julio, 2010

    Eso de que los hombres son únicos, porque son seres morales, porque son seres racionales, porque son conscientes de su muerte, porque son intencionales, no son más que fabulaciones de la cultura. Historias que el hombre se cuenta a sí mismo para dar un sentido a su existencia. En definitiva, para sobrevivir. En suma, como dice Mark Rowlands en “El filósofo y el lobo:” los hombres son animales que se creen las historias que se cuentan sobre ellos mismos. Son animales crédulos.

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  6. Sí, Juan Pedro, pero ten cuidado que Miguel, aunque se haya ido de vacaciones, puede volver en cualquier momento al olor de lo que estás diciendo. Es de los que descansan con un ojo abierto.

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  7. Efectivamente aquí estoy. Las conclusiones de Juan Pedro siempre tan tendenciosas. En ese mismo artículo que has escrito Manuel, señalas como los indios americanos convivieron durante diez mil años con las palomas sin extinguirlas. No es un problema de la humanidad sino de la civilización industrial. Juan Pedro generaliza para no tener que reconocer eso. La expansión de la especie humana acaba con otras especies, poniéndose en peligro ella misma de sobrevivir.

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  8. Es decir, la agresividad de la especie humana, su falta de cooperación y la ideología de la competencia entre especies del liberalismo darwinista acabará con la especie humana. Lo que no hace más que demostrar lo que ya he dicho en ese debate: lo que no son cooperativos son eliminados. Lástima que también pùedan eliminar a los cooperativos. Pero no importa sigan proclamando la extinción de la especie como única salida. Al menos yo no he tenido hijos. A lo mejor es por eso que digo lo que digo.

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  9. Juan Pedro Viñuelamiércoles, 14 julio, 2010

    De acuerdo con lo que dices, pero no del todo. El hombre no es solo cultura. Eso es una barbaridad. Por supuesto y ah... Ver másí coincidimos y yo lo he señalado aquí y en el debate, las diferentes culturas modifican el comportamiento humano porque este biológicamente es maleable. Ahora bien, vuelves a caer en la teoría ingenua del buen salvaje. Hecha un vistazo a los libros que hablan de la llegada del hombre a América, como era y como la dejaron, antes de que llegases los igualmente depredadores occidentales cargados de mitos cristianos, de una capacidad técnica impresionante y del incipiente desarrollo del capitalismo. No te engañes, no soy tendencioso, soy realista, por eso pesimista con la condición humana. Tú ideologizas, sin base científica, la discusión porque quieres defender la bondad originaria del hombre y eso es mentira. Recuerda la sentencia: “Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno.” Terencio. Ni lo humano, ni lo divino, ni lo bueno, ni lo malo…

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  10. Me parece una historia dramática y muy bien contada. Y también me parece genial que en las últimas entradas estés deslizando, además de la ciencia y la poesía de tu pluma, una cierta carga de crítica. si lo que pretendéis con este blog es un homenaje a Humboldt, este debe de ser crítico, como lo era él, que desafió de muchas formas a los poderes establecidos de su época, luchando por ejemplo contra la esclavitud y por un mundo más justo.
    Sigue así y enhorabuena.
    Un abrazo

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  11. Yo me he estremecido leyendo el texto sobre la desaparición de este ave de forma que nos parece tan brusca y salvaje, y no por que me sorprenda sino porque la vida me ha llevado a trabajar rodeado de pescadores y aún hoy, 2010 esgrimen los mismos argumentos de abundancia sobre especies como el atún rojo. Desconfiando de los políticos y los científicos que insisten sn su protección. Igual pasa con muchas otras especies, pero lo más alarmante es que ellos mismos te cuentan que antes capturaban muchos marrajos, tiburones martillos, etc y que hace tiempo que no.
    ¿Es que no estamos asistiendo nosotros con todo nuestro conocimiento y sensibilidad a extinciones al menos locales como convidados de piedra? ¿Es que no es esto mucho más grave hoy día que todas las extinciones pasadas? Es sólo una reflexión de alguien que hace tiempo que se plantea muchas preguntas al respecto.
    Por cierto enhorabuena por el blog, por su productividad, profundidad y sensibilidad.
    Jose Postigo

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  12. Efectivamente Jose. Seguro que en la época de la paloma extinta, si algún político hubiese tenido que dar explicaciones al respecto serían muy parecidas a las que darían hoy para casos como el del atún. "No nos podemos permitir la pérdida de estos puestos de trabajo", "se está aplicando la legislación vigente" o "estamos trabajando para impulsar programas para la conservación de la especie". Palabras vacías que esconden la tremenda capacidad de inopia intencionada de la que puede llegar a hacer gala nuestra especie. Yo soy de los que está casi convencido de que estamos inmersos en una vorágine destructora de la biosfera que no tiene vuelta atrás. Y la prueba más dramática son las extinciones. Especies que han tardado miles de millones de años en evolucionar y que, de repente, por obra y gracia de los intereses humanos, desaparecen para siempre. Así de brutal e irreversible. Para siempre. Y habrá exinciones espectaculares, como la de la paloma viajera o el dodo. Pero habrá otras mucho más lentas y agónicas, como las del lince ibérico o la foca monje. Y lo más triste es que habrá otras que pasen desapercibidas, como las de esos cientos de especies que desaparecen en la amazonía cada año antes de ser descritas por la ciencia. Los científicos coinciden en que la sexta extinción es la más vertiginosa de cuantas sacudieron nuestro planeta. No puede haber un indicador más claro de nuestra gestión absolutamente desastrosa del planeta.
    Muchas gracias por tu comentario y por tu opinión sobre el blog. Me alegro mucho de que te guste.
    Un abrazo Jose

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  13. Juan Francisco Garcíaviernes, 23 julio, 2010

    Después de leer este artículo se queda uno con una sensación de bochorno y vergüenza por lo que somos capaces y estamos dispuestos a hacerle a este planeta y a las criaturas que lo habitan. Es un ejemplo muy dramático, pero seguro que hay muchos más y habrá muchos más. Enhorabuena por la bitácora. Un ejemplo de cómo se pueden unir didáctica y estética. Excelente y exquisito homenaje a Alejandro Humboldt.

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  14. Andrés Navés Viñasmartes, 03 agosto, 2010

    Habitualmente creemos que en términos ecológicos, una especie abundante equivale a una especie poco vulnerable y viceversa, cuando la realidad es mucho más compleja y menos simplista. La poca frecuencia de una especie nos empuja a concluir erróneamente que esta está en peligro de desaparición, mientras que si contemplamos grandes poblaciones de otra especie, consideramos que no está en peligro. Casos parecidos al de la paloma migratoria son el de su compatriota el bisonte americano, que habitaba por millones las praderas de Norteamérica, o la de la anchoa cantábrica antaño con cardúmenes de millones y millones de ejemplares. Especies con concentraciones de innumerables individuos son la mariposa monarca (Danaus plexippus) que forma bandadas de hasta 100 millones de mariposas y el murciélago guanero (Tadarida brasiliensis) con colonias de hasta 20 millones, aunque en ambas se ha demostrado su extrema fragilidad ante cualquier alteración. Todas las especies que acostumbran formar grandes grupos tienden al efecto de Allee, llamado así en honor al científico que describió cómo en ciertos animales sociales aun una disminución pequeña en el número de individuos puede llevar a la desaparición de la población entera. Esto se debe a que por cuestiones conductuales, fisiológicas o de reproducción estos animales no pueden substir en grupos pequeños. Es posible que la causa final de la extinción de la paloma viajera se deba al efecto de Allee. Al final del siglo XIX, cuando aún quedaban miles de palomas, la especie ya estaba condenada a la extinción.
    Resulta agradable encontrarse con páginas que aborden estos temas de forma rigurosa pero seductora. Me ha sorprendido agradablemente la página. Muy buena y muy buen artículo.

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  15. Excelente reflexión sobre la relación abundancia-vulnerabilidad de las especies. No conocía el efecto Alle y me resulta muy interesante.
    Muchas gracias por tu aportación y me alegro que te guste el blog.

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