"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

viernes, 2 de julio de 2010

Libélula emperador: Mensaje desde el carbonífero.

La soberbia Anax imperator.

A estas alturas del año patrulla las charcas y remansos veraniegos en los que ha fijado su territorio. Con sus 110 milímetros de envergadura, la Anax imperator o Libélula emperador, la titán de nuestras libélulas, nos evoca a los odonatos gigantes del carbonífero, algunos de los cuales se acercaban al metro. De hecho, estos insectos coetáneos de los dinosarios e incluso anteriores a ellos, poseían unas características morfológicas extraordinariamente idénticas a las de sus parientes actuales, difiriendo básicamente en el tamaño. Ello denota que estas especies alcanzaron hace tiempo fórmulas evolutivas altísimamente eficientes y exitosas que no precisan de demasiados cambios a lo largo de millones de años. Si un tipo de seres vivos evoluciona rápidamente evidencia que no ha alcanzado el diseño óptimo para perpetuar sus genes. Pero si logra un diseño altamente eficaz, las especies se vuelven genéticamente estables y la selección evolutiva no necesitará añadir muchos más cambios. Para percibir las distintas velocidades en la evolución de los organismos, qué mejor manera que bajar unas ramas del árbol darwiniano de las especies y comparar las semejanzas entre la libélula emperador, la centella de nuestras charcas, con sus antepasados carboníferos, y hacer lo mismo con nosotros y nuestros ancestros de aquella época. Que, por cierto, eran unos pequeños anfibios recién llegados a tierra firme, que darían lugar con el paso de millones de años a los reptiles de los que evolucionarían los primeros mamíferos y de ellos, nosotros los primates.
Las libélulas, con su mirada facetada y sin necesidad de dejar de ser como son, han contemplado cambios brutales en la faz del planeta, han vivido eras geológicas, han presenciado cómo surgían los reptiles, como dominaban el mundo y como casi desaparecían; cómo surgían las primeras plantas con flores y cómo triunfaban cubriendo todo el planeta; cómo aparecían los mamíferos y cómo de entre ellos una ingenua y prolífica especie recién llegada, creyó que había alcanzado la cúspide de la evolución.

Comparativa entre el tamaño de una libélula actual de tamaño medio (Sympetrum sanguineum), con la libélula emperador y con una especie gigante del carbonífero.

2 comentarios:

  1. Juan Pedro Viñuelalunes, 12 julio, 2010

    Sencillamente, emocionante...no somos nada en la inmensidad de la evolución cósmica, pero nuestro espíritu proteíco nos hace pensar que somos lo más importante...

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  2. Manuel Muñoz Santiagolunes, 12 julio, 2010

    Me gusta esta playa cerca de mi casa..........

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