"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

sábado, 17 de julio de 2010

YAGUARUNDI


Sólo fue una huidiza sombra azabache visible entre la espesura durante un brevísimo instante. Desapareció velozmente en la selva igual que apareció, de una forma asombrosamente silenciosa. Tan silenciosa, que por un instante hubiese dudado de la certeza del momento, sólo avalado durante unos segundos por el sentido de la vista. Poco aval sin duda, si no hubiese sido porque en su carrera por aquella rama cubierta de bromelias, musgos y helechos a unos diez metros de donde me encontraba, tuvo tiempo para detenerse unas décimas de segundo y clavarme su impresionante mirada. De no ser por esas largas décimas de segundo, hubiese preferido haber contado con algún testigo, para corroborar el breve encuentro, pero la soberbia mirada ambarina del Yaguarundi clavada sobre mí, admitía pocas dudas acerca de lo que estaba viendo era real.
Me sentí aún más afortunado por lo que podía considerar como un regalo de la Pacha Mama cuando después escuché que, a muchos lugareños de aquella región, no se les presenta nunca en su vida la oportunidad de cruzarse con el mítico habitante de las más inexpugnables selvas de bruma.
Posee el pelaje de color café oscuro casi negro y el tamaño entre un gato doméstico y un lince, pero con una complexión totalmente distinta a la de cualquier félido. Sus cortas patas contrastan con una desproporcionadamente larga cola y una cara con una extraña expresión dominada por unos grandes ojos dorados -adaptados a la visión en el eternamente oscuro sotobosque selvático, donde jamás llega la luz del sol- completan la extraña fisonomía del animal de leyenda.
A alimentar el hálito de misterio que rodea al Yaguarundi también contribuye la escasez de datos fehacientes sobre su distribución, biología y ecología, así como la casi ausencia de fotografías del animal vivo en libertad. Su propio nombre científico hasta finales del s.XX (posteriormente fue incluido en el género Puma), Herpailurus, ya es revelador: Herpa (latín) es extraño, desconocido y ailorus (griego), gato. Gato extraño, gato desconocido. Los indígenas Sionas lo conocen como Nea biayai, “Puma-pájaro negro”, pero no lo consideran un animal, sino un espíritu de la selva.

Mucho después de mi encuentro, tuve conocimiento de una tradición Siona que asegura que, el que Yaguarundi detenga su vagar por la selva y mire fijamente a alguien, supone un fatal augurio que presagia la inminente muerte de la persona. Hecho que no pudo consumarse en mi caso, dado que yo, cuando el espíritu "Puma-pájaro negro" me clavó su mirada, afortunadamente era desconocedor de tal agüero.

Una de las escasas fotografías existentes del Yaguarundi en libertad.

2 comentarios:

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  2. Buen artículo. En mi tierra, Argentina, en las zonas boscosas del norte nos asustaban a los niños con el "puma prieto", que era un ser medio mágico medio real que en los pueblos visitaba los cuartos de los niños desobedientes. Se trataba del Jaguarundi. Me ha hecho mucha ilusión leer el artículo que me ha recordado al temido puma prieto de mi niñez.

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