"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

sábado, 14 de agosto de 2010

Las lágrimas de Perseo



La constelación del semidios Perseo - nada menos que vencedor de Medusa, amigo de las Náyades y creador de Pegaso- domina su parcela al noreste del firmamento, entre Taurus y Casiopea. Desde allí nos llega la lluvia de estrellas fugaces, de perseidas, pues como cada año por estas fechas, la Tierra atraviesa la cola del cometa Swift-Tuttlem, que actualmente se encuentra más allá de la órbita de Urano. El espectáculo, que en esta ocasión ha sido mayor gracias a la oportuna luna nueva, se produce al rozar los escombros del cometa con nuestra atmósfera.
Estos fragmentos - de hielo y roca básicamente-, tras un largo periplo por el universo, recorriendo de un extremo a otro el sistema solar miles de veces, tras desprenderse del cometa y tras pulverizarse al entrar en contacto con la capa gaseosa de nuestro planeta - consiguiendo su segundo de gloria incandescente-, pasan a formar parte de la atmósfera convertidos en polvo cósmico. En el medievo se bautizó a estas estrellas fugaces como lágrimas de San Lorenzo, pues la onomástica del santo cristiano coincide con su aparición. Actualmente, haciendo de nuevo honor al hijo de Zeus, son más conocidas como Perseidas.


Perseo

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