"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

lunes, 13 de septiembre de 2010

El gato del farero


No hace mucho dedicaba una entrada del blog a la extinción de la paloma migratoria, impresionante ejemplo del impacto humano sobre las especies con las que compartimos planeta. Pero no todas las extinciones causadas por la mano del hombre son tan espectaculares como la de aquella paloma. Precisamente cuando las antaño gigantescas poblaciones de palomas migratorias daban sus útimos estertores, en el otro extremo del mundo tuvo lugar un episodio de características totalmente distintas pero cuyo final fue el mismo: La extinción para siempre de una especie por parte del hombre - aunque en este caso de forma indirecta-. El desencadenante esta vez, lejos de ser una brutal campaña sistemática de caza y explotación, fue un acontecimiento absolutamente trivial y la víctima, en lugar de una super abundante especie, fue una modesta y discreta ave de pequeñísimas poblaciones que ni siquiera había sido descubierta por la ciencia.
La historia es tan sorprendente como breve y se desarrolló en la Isla de Stephens, un pequeño islote rocoso situado entre las dos islas mayores de Nueva Zelanda.





Isla de Stephens, en Nueva Zelanda


La isla está situada en un paso peligroso para los navíos por la abundancia de escollos, por lo que se instaló un faro, al que en otoño de 1895 fue a vivir un farero llamado David Lyall con su familia. Y como parte de la familia también arribaba a la isla su mascota, un gato llamado Tibbles. El gato no tardó en descubrir en la isla a unos pequeños pájaros nocturnos no voladores sumamente fáciles de atrapar. Se trataba del Xénico de Lyall (Xenicus lyalli), especie entonces no descubierta por la ciencia, aunque sí por el felino, a cuya caza se aficionó rápidamente. Era una especie parecida a los chochines europeos que, ante la falta de predadores en la isla, había perdido la facultad de vuelo y cuya población era sumamente reducida limitándose su distribución mundial a aquel islote.


El Xenicus lially era una pequeña ave nocturna no voladora que evolucionó en un ecosistema aislado y sin predadores.



El gato llevó a su dueño algunos de sus trofeos, 13 en concreto, dándose la circunstancia de que este era aficionado a la ornitología. Al no poder identificar a las presas de su mascota disecó ocho de ellos y los envió al Museo de Wellington, al famoso ornitólogo y banquero Lionel Walter Rothschild, quien se percató de que se trataba de una nueva especie, la describrió para la ciencia y la bautizó como Xenicus lyalli en honor al apellido del farero. Pero para entonces, la pequeñísima población de la especie había sido exterminada por Tibbles. Bastaron sólo los últimos meses de 1895 y la acción predadora de un sólo gato doméstico para que aquella especie pasase de estar absolutamente intacta, como había estado cientos de miles de años, a estar extinta para siempre. Nadie llegó a ver jamás un ejemplar vivo se este ave y, por supuesto nada se supo acerca de su biología, costumbres o reproducción. El hecho está considerado como la extinción más rápida que se conoce en la historia de la humanidad y muestra la extrema fragilidad de los equilibrios naturales así como los potenciales peligros de las especies foráneas en los ecosistemas. De forma parecida a como finalizó la historia de la paloma migratoria, como único recuerdo de esta extraña ave quedan unos restos disecados - mal disecados, por cierto- en varios museos de Inglaterra y Estados Unidos.



Lo que queda de la especie víctima del "gato exterminador". O del farero que lo llevó a la isla.





La combinación nefasta entre especies que han evolucionado en el aislamiento de ecosistemas insulares y predadores introducidos por el hombre, en este caso de gatos, se vivió mucho tiempo antes en las Islas Canarias. La introducción hace unos 2.000 años de los primeros felinos domésticos en el archipiélago supuso la rápida extinción de, al menos, cinco especies isleñas: La codorniz gomera (Coturnix gomerae), el escribano patilargo (Emberiza alcoveri), dos roedores gigantes de Tenerife y Gran Canaria (Canariomys bravoi) y (Canariomys tamarani) y el lagarto gigante de La Palma (Gallotia auaritae).

3 comentarios:

  1. Curiosa historia la este pájaro y el felino....nos demuestra una vez mas que cada una de las pequeñas acciones que los humanos llevamos a cabo puede tener grandes consecuencias. Buen blog..chao.

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  2. Si, Manuela. Y a veces es impresionante la diferencia entre lo aparentemente trivial de una acción (como llevar un gato a tu nueva casa) y las dimensiones de sus consecuencias en el planeta (llevar una especie a la total extinción). Da miedo pensar en las consecuencias de actos brutales y a gran escala como la destrucción de cientos de miles de hectáreas diarias de selva, por ejemplo.
    Un saludo

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  3. Desgraciadamente el problema generado por los gatos en las Islas es un fenómeno más frecuente de lo que creiamos. Para tratar de concienciar a la sociedad, en Divulgare hemos elaborado un pequeño corto de animación en 3D. Lo podéis utilizar, si lo consideráis oportuno, para difundir este problema en la sociedad:
    https://vimeo.com/39330494

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