"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

martes, 7 de septiembre de 2010

La especie que alcanzó la inmortalidad


Desde la noche de los tiempos, desde que el día en que el estepario homínido erguido dejó de serlo para ser humano, fue consciente de lo perecedera de su existencia distinguiéndose así de la mayoría del resto de criaturas. A partir de ese lejano punto de inflexión los homo sapiens hemos intentado esquivar el terror a la muerte, a la nada, con distintos mecanismos como las religiones, los mitos sobre vida después de la muerte, el paso a la posteridad mediante obras y monumentos, etc… En ninguna cultura, en ningún rincón del planeta y en ningún momento de la historia de nuestra especie, la humanidad se ha librado del anhelo de la inmortalidad. Anhelo frustrado por la “lógica biológica” que, sin embargo ahora, nos descubre que tal inmortalidad no sólo es posible, sino que se trata de algo habitual, aunque evidentemente no en nuestra especie.


Turrutopsis nutricula


Mide entre 4 y 5 milímetros y su cuerpo en forma de delicada campana con tentáculos es prácticamente transparente, con un enorme estómago rojo en su centro. Se trata de la pequeña medusa Turrutopsis nutricula, la criatura que, desafiando todas las bases de la cordura y tal como se ha descubierto recientemente, es inmortal. Procede de los mares templados aunque se está extendiendo por todo el planeta, moviéndose en las masas de plancton oceánico arrastrado por las corrientes marinas y transportada de un océano a otro en el agua de lastre de los grandes buques.
Esta preciosa medusa cuando llega a su estado adulto y cumple su ciclo reproductivo no envejece y muere, como sería lo habitual en otras especies de medusa. Por el contrario, comienza a modificar las células de su cuerpo – ya especializadas y diferenciadas- y las hace retroceder a una fase anterior a su especialización, hasta que forman de nuevo un ejemplar joven. En un caso único entre los seres vivos, la compleja medusa se transforma en un pólipo colonial y fijado al suelo semejante a los que forman los corales, con un organismo mucho más sencillo e idéntico al que tuviese en su juventud. En otras palabras, invierte su ciclo biológico para acabar convertida de nuevo en un individuo absolutamente joven, en el inicio de su etapa vital en el que no existen tejidos viejos ni información genética que “informe” sobre su edad real. Este mecanismo puede ser repetido una y otra vez, en teoría hasta el infinito, no existiendo en esta especie la muerte natural y convirtiéndola en la única realmente inmortal.

La Turrutopsis rejuvenece formando pólipos juveniles de un aspecto similar al de estas hydras

Por maravilloso y fascinante que nos pueda parecer el proceso de la Turrutopsis nutricula, es fácil imaginar lo humillante que podría resultar este fenómeno a quienes en épocas pasadas pensaban que, si había una especie merecedora de la inmortalidad, era sin duda la humana.


2 comentarios:

  1. Quién sabe si algún alquimista de la época, conociese a este maravillosa medusa y formara parte de los ingredientes de la pócima de la inmortalidad, del elixir de la larga vida, aquel que persiguieron tantos y tantos en su infructuosa búsqueda de la eterna juventud. Quien Sabe Manolo....Muy buena introducción.

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  2. Interesante, se podria extraer la informacion genetica que produce este fenomeno de la medusa y usarlo para nuestra especie, asi nunca moririamos... uuuuu

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