"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Los herederos de Adán. Dando nombre a lo vivo.



Estatua de Carl von Linné en el jardín Botánico de Chicago



Hasta el siglo XVIII, cualquier intento de la ciencia de saber con relativa exactitud cuales eran las formas de vida conocidas, se topaba con un escollo insalvable: En cada zona las especies eran denominadas con uno o varios nombres vernáculos, haciendo imposible la tarea de catalogar los seres vivos o de distinguirlos de una forma concisa. No existía un sistema de clasificación universal que pusiese un poco de luz en una maraña de los infinitos nombres comunes con los que a lo largo del tiempo se habían ido denominando a las especies en los distintos idiomas y dialectos del mundo.
Esta caótica situación comenzó a ver su fin en 1753, cuando el naturalista sueco Carlos Linneo publicó su Species Plantarum, trabajo monumental de dos volúmenes que supuso el comienzo de la nomenclatura botánica moderna, en el que se clasificaban 7.300 especies de plantas. Con su Nomenclatura binomial, Linneo denominaba a una especie en latín mediante un nombre compuesto por el género seguido de la especie. A lo largo de su vida llevó a cabo una hercúlea labor taxonómica en la que, ejerciendo de moderno Adán y siguiendo ese sistema, dotó de nombre científico a miles de especies de todas las partes del mundo. Desde entonces la ciencia ha adoptado su sistema de clasificación taxonómica, en apariencia tan simple como perfecto, para ordenar y catalogar las formas de vida del planeta.



En el 2008, dos siglos y medio después, el Jardín Botánico de Misuri (EEUU) junto con los Reales Jardines Botánicos Kew (Reino Unido), emprendieron la tarea de unificar los distintos catálogos que los botánicos han realizado con las especies vegetales de todo el mundo. El ambicioso objetivo era crear un exhaustivo catálogo unificado con todas las especies vegetales conocidas del planeta, para lo que recopilaron 301.000 especies diferentes clasificadas. La sorpresa surgió al comprobar cómo para denominar a estas especies se utilizaban 781.000 nombres científicos, es decir, que seis de cada diez especies clasificadas están repetidas. Y aún quedan por cotejar unas 240.000 especies, sin contar con los helechos (10.000 especies) ni con las algas (30.000), que no estarían incluidas en el catálogo.
Los errores humanos acumulados a lo largo de doscientos cincuenta años, unidos a la falta de comunicación entre instituciones científicas y a la dificultad para el flujo de información científica en épocas pasadas, han propiciado que en un sistema de clasificación diseñado para ser exacto y universal, se den casos como que existan plantas con dos, tres e incluso doce nombres científicos distintos. En nuestra flora ibérica, podemos encontrar por ejemplo al Codeso, leguminosa arbustiva de flores amarillas cuyos nombres en latín son Adenocarpus complicatus, Adenocarpus anisochilus, Adenocarpus aureus, Adenocarpus desertorum, Adenocarpus gibbisianus y Adenocarpus lainzii. Es decir, seis nombres científicos, cuando en teoría una especie sólo puede contar con un único nombre. Otro caso, sin salirnos de las leguminosas ibéricas, es el de una especie de Tojo típico del Algarve portugués, que no sólo es que esté denominado como diferentes especies, sino que está clasificado en cuatro géneros y cinco especies distintas (Stauracanthus lusitanicus, Genista lusitanica, Echinospartum lusitanicum, Stauracanthus genistoides y Ulex genistoides) También se dan circunstancias como que existan 20 catálogos mundiales de flora distintos.




El Codeso, una especie con seis nombres científicos


El Tojo chamusco, especie incluida en cuatro géneros distintos


Para el próximo otoño se prevé que esté finalizado el nuevo Catalogo unificado de plantas. Con él se avanzará en el sueño de Carlos Linneo de tener clasificadas de la forma más exhaustiva posible a todas las especies conocidas de nuestro planeta. Y la misión de saber realmente cuales y cuantas son las especies que nos rodean, hoy – que somos conscientes de estar inmersos en la sexta gran extinción de la historia de la Tierra- resulta mucho más perentoria que en tiempos de Linneo.

6 comentarios:

  1. Dos cosas. No olvidar la importancia de Aristóteles, creador de la antigua botánica y zoología y el primer teórico de la clasificación, taxonomía, que aplicó a la clasificación de animales y plantas. Y, en segundo lugar, la importancia teórica de la nueva clasificación de Linneo, que hizo posible, junto con muchos otros factores, la teoría de la evolución, tanto de Lamarck, como de Darwin. Saludos.

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  2. Aristóteles, además, fue maestro de Teofrasto, considerado padre de la botánica tal como la conocemos hoy. A su vez, Plinio el Viejo bebió se la fuente de ambos varios siglos después y así sucesivamente... Hasta Pío Font Quer en el s.XX, el último de los grandes botánicos. Pero ni con toda esa sucesión de sabios y en tantos siglos se ha conseguido dar un nombre a cada planta (por no hablar del resto de seres vivos). Y luego va el Génesis y nos cuenta que Adán lo hizo en una tarde.
    Un saludo.
    Un saludo.

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  3. Efectivamente...muy buena la apreciación final.

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  4. Aunuqe en el artículo hablo de plantas con hasta doce nombres científicos distintos, para mi sorpresa me topo con una joya que bate con creces ese record. Se trata del Sorgo, una gramínea que se encuentra entre las plantas más cultivadas del mundo, lo cual hace más incomprensible el maremagnum de denominaciones latinas que acumula: Sorghum bicolor, Andropogon subglabrescens, Holcus cernuus, Holcus dochna, Holcus durra, Holcus saccharatus, Millium nigricans, Panicum caffrorum, Sorghum ankolib, Sorghum basutorum, Sorghum caffrorum, Sorghum caudatum, Sorghum cernuum, Sorghum conspicuum, Sorghum coriaceum, Sorghum dochna, Sorghum dulcicaule, Sorghum durra, Sorghum elegans, Sorghum exertum, Sorghum gambicum, Sorghum guineense, Sorghum margaritiferum, Sorghum melaleucon, Sorghum mellitum, Sorghum membranaceum, Sorghum milliiforme, Sorghum nervosum, Sorghum nigricans, Sorghum notabile, Sorghum rigidum, Sorghum sacharatum, Sorghum simulans, Sorghum splendidum, Sorghum subglabrescens y Sorghum technicum. ¡36 denominaciones científicas para una sola planta!

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  5. Buscando "codeso", que es una leguminosa invasiva y difícil de erradicar, en mi tierra (valle de Lemos Lugo), me encuentro que tiene hasta seis nombres científicos y que numerosas publicaciones confunden con la retama e incluso con plantas ornamentales que tienen poco que ver.
    El codeso, a pesar de ser invasivo, no lo es tanto como la retama (en sus diferentes variedades), aunque sí más molesto porque crea una maleza tan tupida que resulta imposible andar entre estas plantas (recuérdese el "maquis" de la isla de Córcega).
    En mi tierra se utilizaba antes (años 50) para hacer escobas para barrer las eras y las hojas en otoño.

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  6. La confusión de distintas leguminosas con la retama es bastante frecuente. Como si no tuviésemos bastante con el lío que hay con las especies que tienen varios nombres científicos, otorgamos el mismo nombre vernáculo a varias especies. Y he escuchado llamar "retama" a casi cualquier cosa que sea leguminosa arbustiva con flores amarillas. Afortunadamente, dentro del laberinto taxonómico de las leguminosas arbustivas, la identificación de la retama no ofrece lugar a dudas. Entre otras cosas, no hay mucho lugar a enredos en la nomenclatura, porque su nombre es el mismo en castellano que en latín. Será de las pocas leguminosas que no han multiplicado sus denominaciones, más bien al contrario, la han traspasado a otras especies a las que se denomina erróneamente como retamas. Además, la retama es indiferente a la naturaleza del suelo y prefiere altitudes bajas, mientras que el codeso, el spartium, cytissus, ulex, por ejemplo, prefieren terrenos silíceos y, en ocasiones, de cierta altitud. Por tanto es muy difícil confundirlas. Respecto a lo de las escobas, por Extremadura se utilizaba antaño el cytissus (llamado también "escoba", precisamente) y el codeso, el tojo y la retama se utilizaban para "chamuscar" los cerdos en las matanzas. Un saludo.

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