"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

domingo, 12 de septiembre de 2010

Perico ligero y su antepasado gigante

Normalmente suponemos que las cualidades de las que suele dotar la carrera evolutiva a una especie para su supervivencia son velocidad, agilidad, fuerza, inteligencia, etc.,... Pero en las selvas sudamericanas existe una especie que ha ignorado totalmente esta suposición y ha evolucionado en dirección contraria, haciendo de la lentitud y ausencia de actividad su estrategia de supervivencia. Cuando los conquistadores españoles se encontraron con este insólito animal lo bautizaron - resulta obvio que de forma irónica- con el nombre de Perico ligero, con el que aún se le conoce en gran parte de su área de distribución y poco después los biólogos europeos lo llamaron perezoso.

Perezoso con su cría.

Para entender hasta qué punto le es eficaz al perezoso su extremada falta de movilidad y su aparente indolencia, nada como observarlo en su hábitat, las altas copas de las cecropias de cuyos brotes se alimenta. Su inmovilidad le hace pasar casi totalmente inadvertido y una vez localizado tan sólo se advierte lo que parece una masa informe e inmóvil de materia vegetal. A aumentar esa sensación le ayuda su largo pelaje en el que crecen algas y cianobacterias que le otorgan un color pardo verduzco y entre el que crían varias especies de polillas especializadas en tan peculiar hábitat.
Con sus grandes uñas se aferra a las ramas por las que se desplaza lentamente, tan lentamente que sus movimientos pasan desapercibidos a los predadores, que sólo suelen percibir los movimientos rápidos. Se trata del vertebrado superior más lento del mundo y toda su actividad se centra en cinco horas diarias, durmiendo las diecinueve restantes. Su digestión dura más de un mes y otro dato que evidencia su lento metabolismo es, además, un fenómeno único entre los mamíferos: Mientras el resto de mamíferos poseemos la capacidad de autorregular nuestra temperatura corporal para manenera dentro de unos estrechos márgenes vitales, el perezoso puede variar su temperatura corporal en función de la ambiental, pudiendo situarse entre los 24 y 33 grados centígrados.

Pero no todos los miembros de la familia podían pasar tan desapercibidos. Hasta hace 8.000 años por las tierras sudamericanas deambulaba otro tipo de perezosos, los Megaterios, que al contrario que sus parientes actuales - totalmente arborícolas- eran terrestres y que alcanzaban el tamaño de un elefante, llegando a los seis metros de altura cuando se erguían en posición bípeda. Al igual que otras muchas especies sudamericanas, los gigantescos megaterios se extinguieron con la llegada del hombre al subcontinente. Los primeros restos de esta especie fueron descubiertos por Darwin en Argentina y recompuestos en el Museo de Ciencas Naturales de Madrid, donde aún se exponen.

Esqueleto reconstruído de Megatherium americanum, localizado por Darwin y expuesto en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid

Curiosamente, en distintas etinas amazónicas existe el mito del Mapinguari, ser con la forma de un perezoso gigante que se desplaza por los enclaves más recónditos en las que ejerce de guardián de la selva. Los amantes de la criptozoología han encontrado en estos mitos la prueba de la supuesta existencia de supervivientes por descubrir del género extinto de perezosos. Los antropólogos y zoólogos en cambio, los interpretan como restos de tradiciones antiquísimas originadas cuando los antepasados de estas comunidades indígenas convivieron con estos formidables animales.









2 comentarios:

  1. permitame ilustrarlo,se trata de osos perezosos terrestres del genero megalonyx wheatlejy,con 3 metros y 500 kilos.lo puedo asegurar ya que los he visto personalmente.
    puedes visitar mi blog informativo
    www.luisjorgesalinas.blogspot.com
    interesante tema,saludos

    ResponderEliminar
  2. Los animales de la primera foto pertenecen a la especie Choloepus didactylus y el esqueleto de la segunda a Megatherium americanum. Tengo entendido que los megalonyx a los que te refieres están extinguidos desde el pleistoceno, pero sería maravilloso que algún día alguien redescubriese al perezoso terrestre gigante. Tras entrar en tu blog veo que ya andas tras la pista. Aunque, discúlpame Luis, soy un poco escéptico con ese tipo de cosas me parece fascinante el trabajo de investigación que llevas a cabo.
    Un abrazo y gracias por tu comentario

    ResponderEliminar