"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

sábado, 23 de octubre de 2010

¿Un alien entre la hojarasca?


Al principio, un pequeño huevo blanco rosado comienza a emerger del suelo. Su tamaño va aumentando progresivamente, poco a poco, hasta que un día comienza a romperse desde dentro la cutícula superior y las puntas de unos carnosos apéndices rojos comienzan a asomar por las grietas. Paulatinamente se ven surgir del interior lo que ya se perciben como unos viscosos tentáculos que van extendiéndose, desenrollándose y desperezándose mientras lo inundan todo de un fétido olor a carne putrefacta. Una vez desplegados los tentáculos, el aspecto de la criatura es el de una fantástica estrella de mar de color rojo intenso.



El escenario no es ninguna película de ciencia ficción, sino la mullida cubierta de hojarasca de un bosque caducifolio y el protagonista -aunque la historia real de esta criatura se no queda atrás en cuanto a insólita- no es ningún extraño alienígena. Se trata del Clathrus archeri un asombroso hongo que, aunque difícil de onservar, es cada vez más frecuente en nuestras latitudes.
Esta especie proviene nada menos que de las antípodas, concretamente de Tasmania, de donde se extendió a Australia y Nueva Zelanda para llegar hace unas décadas a Europa. La primera cita en el viejo continente data de 1914 y se cree que sus esporas llegaron de polizones en los cargamentos de madera procedentes de Australia y Nueva Zelanda que se utilizaban para las infraestructuras militares. Otras teorías afirman que llegó en la lana de ovejas procedentes de Nueva Zelanda, en las botas de los soldados o en el heno de los caballos. En España se localizó en 1963 por primera vez, en un monte de Guipúzcoa y todos los años son vistos algunos ejemplares en la península, principalmente en la zona norte, aunque se haya citado también en los territorios meridionales y personalmente los haya podido observar en la Sierra Norte de Sevilla.

Si extraordinarios son su origen y su abordaje a Europa, no menos lo es su biología. Cuando la valva – la corteza del “huevo”- se rompe para que emerjan los tentáculos, libera la parte fértil del hongo – la gleba-, una masa negra y gelatinosa que permanece adherida a los apéndices. Estos, debido a su color rojo vivo y al olor a carne putrefacta que desprenden, atraen a insectos, moscas principalmente, que se posan sobre ellos llevándose consigo adherida a sus patas parte de la sustancia pegajosa repleta de esporas. Estos insectos se convierten así en involuntarios aliados del hongo para esparcir las esporas.



Ejemplar de Clathrus semi maduro junto a otro aún en fase de huevo

El Clathrus se ha convertido pues en una estrella invitada de pleno derecho en nuestro maravilloso repertorio micológico. Sea gracias a las ovejas neozelandesas, a los soldados australianos o a los cargamentos de madera transoceánicos, en nuestros campos de otoño, por si hubiese pocas, existe una razón más para sentirnos maravillados.


Clathrus emergiendo entre la hojarasca

2 comentarios:

  1. Preciosa entrada Manolo. Había visto alguna foto de algún hongo extraño parecido a este pero nunca hubiese dicho que los pudiésemos ver por aquí.
    saludos

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  2. Impresionante formación. En youtube he visto un video de un alien entre las rocas, este también es extraño, carne putrefacta, se distingue un cráneo y dicen que tenía patas con pelo, raro, raro. http://www.youtube.com/watch?v=HKs59eX4Oyg

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