"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

lunes, 18 de octubre de 2010

Viviendo sobre una duna: En el límite de la vida



Fructificaciones de Pancratuim maritimum en una duna costera (Foto: Ana Retamero Olmos)


Pocos lugares de la Tierra pueden llegar a ser tan inhóspitos para la vida vegetal como una duna costera. El suelo se encuentra en continuo movimiento y no existe un substrato fijo, pudiendo quedar tan pronto las plantas enterradas por la arena como con sus raíces desenterradas y expuestas al aire y al sol abrasador. Los granos de arena en suspensión arrastrados por los fuertes vientos costeros poseen un tremendo poder abrasivo sobre todo lo que encuentran a su paso. Los mismos vientos poseen una acción desecadora arrastrando cualquier resto de humedad y elevando enormemente los índices de transpiración de las plantas. La estructura de la arena drena rápidamente cualquier resto de humedad aprovechable por las raíces y posee una altísima tasa de evaporación, por lo que la sequedad del substrato es extrema durante la mayor parte del año. Esa estructura granular de la arena, por otro lado, impide la retención de nutrientes dando lugar a un suelo yermo, a lo que se unen unos elevados índices de salinidad. Pero la sal, además de en el suelo también está en el aire: Se trata de la sal eólica, formada por las partículas arrastradas por el viento – provenientes del agua pulverizada de las olas y también conocida como maresía o hálito marino- y que se deposita sobre la superficies de las plantas destruyendo células y tejidos.
Todo un cúmulo de adversidades que, sin embargo, no impiden que un puñado de especies dotadas de increíbles adaptaciones hayan colonizado un ambiente tan hostil.

(Pancratium maritimum en la Duna de Bolonia)


El Pancratium maritimum tiene sus órganos reproductores más sensibles protegidos de la arena y la sal por una gran corola. Como muchas de las especies de dunas costeras, florece en pleno verano, cuando los efectos del hálito marino son menos acentuados.
Esta planta ha adoptado un insólito mecanismo de dispersión, convirtiendo un problema en una ventaja: Cuando sus bulbos son desenterrados por el viento, estos se sumen en un letargo y mediante una proceso de deshidratación pierden gran parte de su masa manteniendo su volumen. De esa forma son fácilmente arrastrados por el viento hasta que encuentran con algún obstáculo. Entonces esperan a ser enterrados de nuevo por el mismo viento para salir de su letargo y llevar a cabo su ciclo en un nuevo lugar.


(Medicago Marina en la Duna de Bolonia)


Especies como la Medicago marina han desarrollado una densa capa de tricomas en hojas y tallos que les protege de la salinidad transportada por el viento, de la desecación y del efecto abrasivo de la arena en suspensión. Su porte postrado también es una adaptación frente al viento.


La Calystegia soldanella es otra especie que con su crecimiento a ras de suelo evita el azote del viento.

(Ammophila arenaria en la Duna de Bolonia)


El Barrón o Ammophila arenaria es una gramínea que ha desarrollado una gruesa cutícula que le protege de la sal marina y de la desecación del viento. Sus poderosos y profundos rizomas la anclan al suelo y permiten la acumulación de la arena transportada por el viento, modificando en ocasiones la morfología de las dunas móviles. En otras ocasiones, se limita a desplazarse “a lomos” de las estas: Como la arena transportada por el viento es obstaculizada por sus tallos, se deposita en el lado de sotavento de la duna. En respuesta al continuo desplazamiento de ésta se producen nuevos tallos al lado contrario, de manera que la planta se mueve en la misma dirección y velocidad que la duna. Esta especie es tan característica en este ecosistema que da nombre a la Comunidad vegetal de las dunas (Alianza Ammophilion australis; que tienen su óptimo dentro de los ecosistemas dunares)


La Salsola kali, otra curiosa planta adaptada a sobrevivir en las dunas, posee la sorprendente costumbre de, una vez finalizado su rápido y breve ciclo vital, dejarse arrastrar por el viento dispersando así sus semillas por amplias extensiones. La estampa de esta planta rodando por terrenos arenosos batidos por el viento es inherente de innumerables películas del western.



La Euphorbia peplis o Tártago marino posee una curiosa cutícula hidófoba que repele las gotitas de sal marina.



(Eryngium Maritimum en Duna de Bolonia)

El cardo marino o Eryngium maritimum, también posee una cutícula hidrófoba.



Poca agua, escasísimos nutrientes, fuerte viento, sol abrasador, sustrato inestable, altas concentraciones de sal en el suelo y en el aire,… este es el hostil panorama al que se deben de enfrentar las plantas dunares.

4 comentarios:

  1. Buena entrada de homenaje a la dunas tarifeñas! Pero finalmente no incluiste a los juniperus... Y Bolonia sin sus enebrales dunares no es Bolonia. Y Preciosas las fotos, sobre todo la de Ana Retamero.
    Salud!

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  2. Es cierto... no he puesto nada de esos enebros achaparrados y retorcidos por el viento. Pero así quedan pendientes y les podemos dedicar una entrada en exclusiva. Y si, estupendas las fotos de las fotógrafas.
    Un abrazo!

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  3. Mª Carmen Morales Ramamiércoles, 20 octubre, 2010

    Genial Manolo, es muy muy buena tu entrada. Está bien hablar de estas plantas que muchos turistas pisotean y no le dan importancia aunque como sabemos, forman parte de la identidad paisajística de las zonas dunares.
    Besos

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  4. Muchas gracias por tu comentario M.Carmen. Y es cierto que a veces no se les da suficiente importancia a estas plantas que son auténticas supervivientes. Y a la sal, el viento, la sequedad, etc.,... hay que añadir una amenaza a la que no pueden adaptarse: La destrucción del litoral. Si antaño eran frecuentes los sistemas dunares en nuestras costas, hoy son escasísimos los ejemplos que quedan. El cemento los ha engullido y sólo quedan minúsculos retazos de esos insólitos ecosistemas que habitualmente se han infravalorado y se han considerado como un territorios yermos.
    Un saludo

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