"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

sábado, 13 de noviembre de 2010

El Gran Vórtice del Pacífico: La mayor obra de la humanidad

Una bolsa de plástico flotando en un mar de cualquier parte del mundo está inmersa

en un lento viaje sin retorno al Gran Vórtice del Pacífico





El largo viaje bien podría comenzar en cualquier ciudad o vertedero donde una ráfaga de viento arrastra una bolsa de plástico usada y la transporta erráticamente de un lugar a otro hasta que, tarde o temprano, cae en un curso de agua en la que queda atrapada. Poco a poco la bolsa flotante sigue aguas abajo a medida que la corriente fluvial, merced a los aportes de sucesivos afluentes, va creciendo en tamaño y caudal. Y también va creciendo en número de desperdicios plásticos que van uniéndose al periplo de nuestra bolsa. Puede tardar meses, pero finalmente nuestra protagonista casi indefectiblemente llega al mar, donde gracias a las corrientes marinas es alejada de la plataforma continental. Dadas las características de una bolsa de plástico, mientras se mantenga entera tiende a conservar una porción de aire que la mantiene a flote. Teóricamente, la luz solar- concretamente los rayos ultravioletas- unida al calor descompone paulatinamente los polímeros fotodegradables que forman el plástico, por lo que una bolsa debería de deshacerse en partículas cada vez menores ante la acción prolongada del sol. Si no fuera por que la superficie de nuestra viajera, siempre mojada, es cubierta rápidamente por una película de algas unicelulares que la protegen de los rayos solares, haciendo que mantenga indefinidamente su forma, su estructura y sus propiedades físicas. La acción refrigerante del agua impide del mismo modo que el calor actúe sobre las cadenas de polímeros del plástico. Así, la bolsa viaja por mares y océanos transportada por las corrientes oceánicas en un viaje que puede durar años y que puede extenderse por todos los océanos del planeta. Pero que siempre, de forma casi ineludible, acaba en el mismo lugar.

Oficialmente se le conoce como Giro Subtropical del Pacífico Norte, aunque los oceanógrafos también lo conocen como Gran Vórtice de Basura del Pacífico. Se trata de una gigantesca mancha de basura flotante situada entre Japón y Hawai, que gira en sentido contrario al de las agujas del reloj y que actualmente tiene la escalofriante extensión de 26 millones de kilómetros cuadrados, una superficie similar a la del continente Áfricano. Cuando se comenzó a estudiar el fenómeno en 1997 tenía sólo el 60% de la superficie actual. En esa zona existe un vórtice de alta presión de aire caliente ecuatorial en perenne y lenta rotación que crea un remolino oceánico con una depresión en el centro. Ello hace que la basura flotante que es arrastrada hasta allí desde todos los confines del planeta quede atrapada engrosando el tamaño de lo que podría llamarse un auténtico continente de desperdicios plásticos.


En negro, situación y tamaño del Gran Vórtice en julio de 2008


Bolsas, vasos, botellas, globos desinflados, envases de poliestireno expandido,… desperdicios plásticos de todo tipo se acumulan al gran vórtice continuamente. Según los estudios, una parte de esta basura procede de la que arrojan los barcos. El conjunto de la flota mercante mundial arroja al mar 639.000 envases de plástico diarios o 3,6 millones de kilogramos de plástico al año. Pero por impresionantes que puedan parecer estas cifras, suponen sólo una ínfima cantidad del material que llega al gran vórtice, pues la inmensa mayoría de los aportes provienen de tierra adentro. El oceanógrafo y estudioso del vórtice Charles Moore afirma que la verdadera razón de que los vertederos terrestres del mundo no rebosen literalmente de plástico es que la mayor parte de este acaba en el vertedero oceánico. Y lo más inquietante es que cualquier resto de plástico que quede allí atrapado, permanecerá inalterable a lo largo de los años. La ciencia actual no conoce aún la longevidad real que pueden tener los plásticos antes de dejar de serlo y descomponerse en dióxido de carbono y agua, que en definitiva son los componentes de los hidrocarburos que forman las moléculas poliméricas, pero se aventuran magnitudes del orden de decenas de miles de años.



La inmensa mayoría de los plásticos desechados por las sociedades de todo el

mundo acaba descontrolada y se incorpora a los flujos naturales de vientos y corrientes marinas.

Analizando los restos los científicos han podido trazar perfectamente la evolución del gran vórtice desde los primeros plásticos de los años 40 - tras la segunda guerra mundial-, que siguen aún intactos, hasta las cada vez más ingentes cantidades de basura que diariamente llegan desde todos los continentes, pasando por los residuos generados en el inicio del boom de los plásticos en los años 60. Y es que, exceptuando una infinitesimal parte que ha sido reciclada o incinerada – 0,00013% del total- cada gramo de plástico que se ha fabricado desde su invención, permanece inalterado en algún lugar del planeta. Y una parte importante de este acaba en el creciente horror de excreciones industriales del Pacífico.


El problema es que esta descomunal isla está en aguas internacionales, no es atravesada por rutas comerciales, no está bajo ninguna jurisdicción, la opinión pública no sabe de su existencia y ningún gobierno del planeta se da por aludido. Pero teniendo en cuenta la velocidad a la que crece el monstruo, no podrá ser obviado por mucho más tiempo. Durante la última temporada de tormentas, algunos “pequeños” fragmentos del continente de basura se separaron y fueron a parar a las costas del archipiélago de Hawai, donde todas sus playas y costas quedaron tapizadas por miles y miles de toneladas de basura.


Ni las pirámides de Egipto, ni la Gran Muralla China ni las penínsulas artificiales en forma de palmera de Dubai. Sin duda alguna y con mucha diferencia, la mayor y más perdurable obra de nuestra especie es el Gran Vórtice de Basura del Pacífico. Y quizás también la más vergonzante.





Imagen reciente de la gran isla de basura (Pacific Reserch Center, Univ. Hawaii at Manoa)



Los datos más recientes sugieren que la mancha se ha dividido en dos grandes "subcontinentes" flotantes.

8 comentarios:

  1. Vaya herencia que dejaremos en el planeta. Incluso si desapareciese mañana mismo nuestra especie, y con el tiempo desaparecieran las ciudades, arreteras, etc... los plásticos seguirán ahí durante miles y miles de años... recordando lo guarros que fuimos.
    Entrada guapa Manolo

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  2. Estupendo tu blog, es un lujo contar con alguien que nos muestra las consecuencias de algo tan cotidiano como el plástico y que por fin sepamos donde va, quizás deberíamos plantearnos si debemos dejarlo venir. un saludo

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  3. Gracias Bea, Gracias Juan Pablo. En realidad, respecto a lo de lo guarros que somos y respecto a si debemos plantearnos el utilizar plásticos, lo mismo es necesario que el Gran Vórtice siga creciendo hasta que nos coma la mierda. Aunque no así creo que escarmentemos...

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  4. Una vez estuve en Cabrera, sus playas vírgenes, sino fuese, por la cantidad de basura que en ellas atraca. En un trozo de aquellas playas retiramos la basura mas visible, me sorprendió la cantidad de PALITOS, aquellos que sirven para limpiarse los oídos, que podrían contarse por miles en cualquier metro lineal de aquella costa, quise calcular cuantos millones, de estos PALITOS, se encontrarían en la isla, las cifras se disparan ¿Quien habrá podido tirar tantos PALITOS?

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  5. Circula un dato por ahí acerca del porcentaje de mecancías que cae al mar durante las tempestades. Los grandes buques mercantes frecuentemente pierden alguno de sus contenedores de mercancías durante las tormentas, incluso en ocasiones son desacoplados intencionadamente del resto de mercancía por la propia tripulación del barco cuando el tinelaje es excesivo y la estabilidad del buque peligra. Parece ser que hace unos diez años en algún lugar del sudeste asiático un buque perdió un contenedor con polietileno en bruto, es decir, el que utilizan en las fábricas antes de moldearlo para darle forma de los miles de objetos que usamos a diario. Se trata de unas bolitas del tamaño de una lenteja de color blanco translúcido. Teniendo en cuenta que cada una de estas bolitas pesa aproximadamente 0,05 gramos y que un contenedor porta 42 toneladas de mercancía, aquel día acabaron a merced del oleaje 8.400 millones de bolitas flotantes de polietileno. Pues bien: Las corrientes oceánicas se han encargado de repartir por todo el mundo aquellas bolitas y los oceanógrafos, una década después las han encontrado en los océanos del planeta y en las costas de todos los continentes. Con el agravante de que permanecerán ahí, en los mares y litorales durante mucho, mucho tiempo. Durante decenas de miles de años. El sistema ecológico del planeta Tierra no digiere los plásticos, por lo que cada bolita que se fabrica, cada gramp de plástico que se fabrica, se acumula en un imparable suma y sigue. Un caso parecido y bastante famoso fue el de 50.000 patitos de goma fabricados en Taiwan que cayeron en el Pacífico y acabaron repartiéndose por el mundo. Algo parecido pudo haber pasado con los bastoncillos de los oídos en Cabrera. Lo mismo proceden del otro extremo del mundo y acabaron en las playas en apariencia vírgenes de Cabrera. Un saludo.

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  6. Al respecto del asunto de los bastoncillos para oídos en Cabrera, encuentro un dato que me parece increíble. En su libro “El mundo sin nosotros” Alan Weisman cuenta como Richard Thompson, biólogo marino que ha dedicado su vida a estudiar la influencia de la basura plástica en los ecosistemas marinos, analiza los desechos de la costa Plymouth, en el suroeste de Inglaterra. “Thompson se inclina sobre la franja de detritos depositada por las olas de borde que lamen la playa, buscando algo reconocible: trozos de cuerda de nylon, jeringuillas, envases de plástico sin tapa, medio flotador de barco, restos cuarteados de envases de poliestireno, y toda una muestra de tapones de botella variados. Pero lo más abundante de todo son los variopintos bastoncillos de plástico con algodón para los oídos.” Curioso ¿No? Más adelante, explica cómo analiza las partículas de plástico disgregado por el oleaje. El resultado es que una parte identificable de estas partículas provienen de “fragmentos de los ubicuos bastoncillos de colores para los oídos”. En el libro no dan ninguna explicación al asunto, pero resulta cuando menos inquietante la masiva presencia de estos dichosos bastoncillos en mares tan alejados. Un saludo

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  7. por que la mancha del vortice es el mapa de estados unidos dos veces y pegados de forma simétrica??? alguien más lo ve???

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  8. Efectivamente la mancha es la forma especular del mapa de EEUU repetido. Dado que los contornos de la mancha de basura son cambiantes (y no fijos como los de los continentes), lo más importante era representar la posición y el tamaño, por lo que quien editó la imagen - una vez representados estos- quiso dejar constancia de forma gráfica de su extensión, utilizando para ello el mapa de Estados Unidos, que proporcionalmente ocupa un área de aproximadamente la mitad de la extensión de la mancha hacia 2008. Acabo de subir una imagenes en las que se aprecia en contorno más reciente del vórtice. Un saludo y gracias por tu comentario.

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