"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

viernes, 19 de noviembre de 2010

Radiolarios: La vida convertida en arte



Corría el año 1860 y el ilustre filósofo y médico alemán Ernst Haekel - padre de las expresiones Phylum y Ecología- se encontraba analizando con su microscopio unas muestras de plancton obtenidas en el océano por Alexander Von Humboldt en su última expedición. En aquellos años la tecnología de los microscopios había dado un salto cualitativo sin precedentes y Haeckel tenía ante sí muestras de profundos fondos abisales que no habían sido estudiadas jamás, por lo que posiblemente tenía bastantes expectativas de realizar algún nuevo hallazgo para la ciencia. Pero de ningún modo sospechaba la magnitud del asombroso descubrimiento que estaba apunto de realizar y que le conmocionaría tanto que cambiaría el rumbo de su vida.



Ernst Haeckel


Por el ocular de su microscopio, observó estupefacto todo un repertorio de minúsculos seres con diseños increíblemente complejos que parecían obra del más refinado de los artistas. Aquello no parecía real y nunca hubiese sospechado que la naturaleza hubiese sido capaz de tamaño prodigio, pues lo que por primera vez estaban contemplando unos ojos humanos no tenía ni un remoto parecido con nada conocido hasta entonces. Se trataba de los que serían bautizados como Radiolarios, seres marinos unicelulares caracterizados por tener un esqueleto de sílice puro, similar al vidrio, con fantásticos y caprichosos diseños en forma de esferas, de estrellas, campanas, lámparas, etc...

Fotografías con microscopio electrónico de algunas especies de radiolarios.






















Pese a no haber sido descubiertos hasta el s.XIX, los radiolarios son tremendamente abundantes en su hábitat llegando a formar con sus esqueletos grandes depósitos sedimentarios, sobre todo en las grandes profundidades, aunque también en zonas litorales, como la playa de la Habana, en Cuba, cuya arena blanca silícea está formada por restos de radiolarios. Dadas su antigüedad –los primeros radiolarios datan del precámbrico, la primera etapa de la historia de nuestro planeta, hace 3.460 millones de años- y la increíble rapidez con la que evolucionan y se diversifican en especies distintas, los sedimentos fosilizados de radiolarios se utilizan hoy en día para datar con precisión la edad de los estratos geológicos.

Dos años después de su asombroso descubrimiento, Haeckel lo dio a conocer para la ciencia, pero no fue hasta 1899 cuando publicó el libro Kunst Formen de Nature con el que impactó de tal forma a la sociedad victoriana de su época que se desató una auténtica fiebre alrededor de los microscopios y de las ciencias de la vida en general. En esta obra monumental recopila las artísticas láminas – acuarelas y plumillas sobre todo- que realizó sobre los radiolarios. En este trabajo, que supuso la única obsesión de Haeckel desde que observase por vez primera a los radiolarios 39 años antes, describe e ilustra de forma exquisita nada menos que 4.000 de las 5.000 especies conocidas actualmente de radiolarios.
Algunas de las impresionantes láminas de radiolarios de Haeckel publicadas en su libro Kunst Formen de Nature




























Son seres tan antiguos como la propia vida en el planeta; habitantes de los fondos abisales, el lugar más inhóspito de la biosfera; de un tamaño que los hace invisibles a simple vista y que los ha hecho pasar desapercibidos a nuestra especie hasta hace poco aunque abundantes como para, pese a su pequeñez, constituir auténticas formaciones geológicas... Elementos más que suficientes como para considerar a los radiolarios criaturas absolutamente excepcionales y maravillosas.
Pero, por si fuera poco, con sus versátiles, fantásticos e increíbles diseños cristalinos nos demuestran que la belleza creada por las fuerzas de la naturaleza, entre ellas la evolución, en ocasiones parece no tener límites.

1 comentario: