"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El retorno de Gea




En siglo XVII la ciencia comenzó a desarrollar una visión mecanicista del universo cuyas consecuencias están hoy plenamente vigentes y han determinado el rumbo actual de la humanidad. De hecho, dicha perspectiva ha sido la que nos conducido a sobreexplotar y expoliar la biosfera hasta los límites actuales. La naturaleza, según esta forma de entender la relación humanidad-planeta, debe ser considerada como algo inanimado y como tal, puede soportar nuestra presión indefinida. Y en el caso de que no lo hiciese, siempre podríamos adaptarnos a vivir al margen del resto de la biosfera. Esa filosofía supone una ruptura absoluta con las cosmologías que todas las culturas previas tuvieron. El racionalismo ya desacralizó en su día a la naturaleza, lo que tuvo una faceta positiva para el ser humano, pues armados con la herramienta del raciocinio y alejándonos de la superstición, emprendimos el maravilloso camino del conocimiento científico y de la cognición de cuanto nos rodea. El hombre comenzó a dar la espalda a la ignorancia y por tanto a ser libre. Pero de la desacralización a la depreciación y al desdén va un paso. Es el paso que las sociedades occidentales hemos dado de forma impetuosa hasta llegar al destructivo extremo contrario. La humanidad no supo desprenderse de la superstición sin hacerlo del respeto hacia la naturaleza de las cosmogonías ancestrales.
Una expresión en apariencia inocua, pero que denota hasta qué punto ha calado en nuestra sociedad el enfoque productivista es la de “recursos naturales”. Cuando para referirnos a la naturaleza lo hacemos con este término, dejamos claro que en ella sólo vemos una fuente de materias primas cuyo fin es la satisfacción de nuestras necesidades. Esta filosofía nos alienta a pensar que, como ya sostenía el Génesis, la biosfera nos pertenece – y no a la inversa como sostenían los pueblos tribales – y que sus males no nos afectarán de manera decisiva. Y el descendiente legítimo y lógico de dicha percepción del planeta es el capitalismo, sistema que engulle a una velocidad sin precedentes los recursos del planeta, que bombardea la misma línea de flotación de la capacidad sustentadora de vida de la Tierra y que condena a la mayor parte de los miembros de nuestra propia especie a la miseria. El termómetro infalible y que debería de ponernos alerta acerca de cómo comienzan a colapsarse los mecanismos ecológicos es la gran extinción planetaria en la que nos encontramos sumidos. De las grandes extinciones de especies que ha conocido la historia de nuestro planeta, esta - la sexta- es con mucho la más repentina y rápida. En poco más de tres siglos se han extinguido tal cantidad de especies como en las extinciones anteriores en intervalos de cientos de miles de años. Y esta, al contrario que las anteriores, no es debida a factores naturales. Es achacable por primera vez a la actividad de una sóla especie, el Homo sapiens.


Montaña de cráneos de bisonte americano


No obstante, en la segunda mitad del siglo XX se postuló un enfoque holístico de la naturaleza que considera a la Tierra como un organismo en desarrollo, cuyas partes se interrelacionan entre sí y mantienen un complejo equilibrio, de la misma forma que las células, tejidos, órganos y sistema nervioso configuran un animal. El bioquímico británico James E. Lovelock (que ha pasado de ser uno de los padres de la ecología a convertirse en adalid de la energía nuclear) expuso en los setenta su atrevida hipótesis de Gaia, llamada así en honor a la diosa griega de la Tierra, Gaia o Gea. Según esta hipótesis, la Tierra es un organismo vivo autorregulado y que reacciona a las amenazas que se le plantean. El medio ambiente y los seres vivos evolucionarían juntos y de forma complementaria, formando un sistema delicadamente equilibrado en el que los factores esenciales, como temperatura, composición química - la concentración de oxígeno en la atmósfera o la salinidad de los océanos- se verían regulados por el componente esencial del sistema: La vida. Lovelock señala que, desde que los océanos existen, la concentración de sal ha permanecido constante (3,5%), precisamente el rango que hace posible la vida. Otro tanto ocurriría con la concentración de oxígeno en la atmósfera, factor inducido por la explosión de formas de vida del cámbrico y que a su vez hace posible la vida tal y como la conocemos.




La diosa Gea de los griegos, así como la Pachamama o las deidades femeninas arquetípicas de las
culturas ancestrales, tienen innumerables similitudes con la Gaia (re)descubierta en la era moderna.


Aunque las connotaciones metafísicas de la hipótesis Gaia han sido muy criticadas, sus fundamentos científicos básicos son mayoritariamente aceptados. Y la aceptación de esta inmensa maquinaria natural nos permite tomar conciencia, por un lado de la insignificancia del ser humano desde una perspectiva planetaria. Por otro, nos hace imaginar el elevadísimo precio que tendremos que pagar por abusar de nuestra capacidad para alterar los ritmos naturales. Porque Gaia tiene aspectos benévolos y malévolos: Aunque por una parte facilita un mundo confortable a quienes respetan las reglas, por otra, tarde o temprano castiga sin piedad a quienes las transgreden. La idea de un organismo mayor que la humanidad dispuesto a poner en marcha su "sistema de anticuerpos" para eliminar una amenaza –en este caso nosotros-, vista la relación que actualmente mantenemos con el planeta, no resulta demasiado reconfortante. Pero, por desgracia, las evidencias científicas cada vez apuntan más en el sentido de unos sistemas naturales complejamente imbricados y relacionados entre sí, formando a su vez macrosistemas que, a su vez, conforman la biosfera, una gigantesca estructura bastante parecida a un megaorganismo. Este megaorganismo autorregulador y retroalimentado tiende al equilibrio, es decir, a un entorno físico y químico óptimo para el desarrollo de la vida. Algo demasiado coincidente a la hipótesis Gaia.
La afinidad de la teoría Gaia con la visión holística que mantenían las culturas primitivas con el planeta salta a la vista. En el siglo XIX, un jefe indio que no había escuchado hablar nunca de la hipótesis – entre otras cosas porque aún no había sido formulada como tal- dijo que “el hombre no tejió la red de la vida de la que no es más que un hilo. Lo que le haga a la red se lo esta haciendo a sí mismo”.




Posiblemente la humanidad del siglo XXI, sumida en una crisis ambiental sin precedentes y que tiene muchas probabilidades de no tener retorno, comience a contemplar al planeta Tierra con un prisma Gaiano. Y, puestos a hablar de utopías, posiblemente lo haga antes de que Gaia reaccione de forma definitiva ante las amenazas que ponen en riesgo su integridad. En ese caso, esquemas de relación con el planeta que, pese a que en apariencia son innovadores, son varias veces milenarios, podrían volver a regir el rumbo de nuestra especie. Las nociones gaianas son mucho menos nuevas de lo que parecen y nuestra especie está condenada a adoptarlas, aunque en esta ocasión no por cuestiones espirituales o metafísicas como en otras etapas de la humanidad, sino por una mera cuestión de supervivencia. Sería la reconciliación - obligada- con el planeta.
Sería el retorno de Gea.

15 comentarios:

  1. Enhorabuena por tu blog.
    Con relación a esta última entrada me gustaría hacerte unas preguntas: ¿"Molestaron" a Gaia los dinosaurios para que ella los eliminara?
    ¿No estamos dándonos demasiada importancia como agentes productores de cambios a nivel planetario? ¿Una pequeñísima variación de las corrientes que se producen en el manto terrestre, o en la actividad del Sol, no podrían superar con creces todos los efectos negativos producidos por la humanidad?
    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Respecto a lo que planteas, está demostrado que no fue Gaia quien eliminó a los dinosaurios, sino que fue un agente externo, concretamente el impacto de un meteorito y el cambio climático que se generó a continuación. Si aplicamos la teoría de Gaia, esta lo que hizo fue cicatrizar la herida que dejaron los dinosaurios a través de la proliferación y diversificación de los mamíferos que ocuparon todos los nichos ecológicos vacíos. Si seguimos aplicando dicha teoría, la actividad del Sol – aunque evidentemente puede condicionar enormemente la vida en el planeta- no formaría parte de las reacciones generadas por el sistema Gaia, pues se trata de otro agente externo. Pero aunque admitamos que pueden existir variables más o mucho más lesivas sobre la biosfera que la acción humana, que evidentemente las habrá, no creo que debamos subestimar la acción devastadora de esta última sobre los equilibrios del planeta y sobre su propia capacidad para seguir manteniendo a la vida. Me remito a dos hechos: El calentamiento global y la sexta extinción, a la que ya hago referencia en la entrada. Se trata de dos cambios de proporciones planetarias y de nefatas consecuencias para la biosfera y ambos, según la comunidad científica, son debidos a factores antrópicos. En cualquier caso, a las corrientes del manto terrestre y a la actividad del Sol no podemos controlarlos, mientras que nuestra actividad como especie alteradora del medio, sí. O al menos podemos intentarlo. Un saludo y muchas gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar
  3. Juan Pedro Viñuelaviernes, 03 diciembre, 2010

    La hipótesis de Gaia es tremendamente interesante. Ha sido atacada de acientífica, pero ello es un error. Porque lo que ha sucedido es que los que la atacaban tenían una concepción mecanicista de la ciencia y la realidad. La teoría de Lobel...ock no es acientífica, sino que supone un tipo de relación en la realidad que entra dentro de la teoría de sistemas. Desde esta teoría los fenómenos no se entienden de forma separada, como unidades autónomas que se vinculan por medio de la causalidad eficiente, sino como un conjunto de relaciones complejas, no direccionales, de las cuáles surge propiedades emergentes nuevas. Así podemos entender la teoría de Gaia, desde la concepción sistémica. Esto no es confundir la tierra con un ser vivo, con conciencia y demás. Sino considerarla como un sistema con propiedades emergentes. Y es en esta situación en la que podemos entender la relación entre el hombre y la naturaleza o el planeta. Somos parte del sistema y estamos en relación necesaria con él. Pero nuestra relación puede ser simbiótica o parasitaria. En el caso de la primera deberíamos asumir nuestra igualdad natural u ontológica con el resto de seres naturales y nuestra interdependencia con respecto a ellos. La relación parasitaria, que es a la que nos ha llevado nuestro desarrollo cultural desde el neolítico, sin posible vuelta atrás, tiene dos salidas. O la muerte del receptor o la del parásito. Lo que es seguro es que el hombre no puede con la ecosfera. Puede cambiar las relaciones del sistema, de lo cual saldrá perjudicado. Pero, la vida y la ecosfera continuarán. En definitiva, si seguimos así, al hombre habría que entenderlo como una infección para el sistema, pero no un cáncer. Una infección, en todo caso, fácilmente curable. Los tiempos geológicos son inmensos y el homo sapiens es insignificante dentro de ellos

    ResponderEliminar
  4. Totalmente de acuerdo Juan Pedro. La hipótesis de Gaia ha sido atacada, entre otras cosas, porque supuestamente sostiene que la Tierra es un gran ser vivo. Pero en realidad Lovelock nunca propuso eso, sino que se trataba de un gran sistema ...interactivo cuyos componentes son los seres vivos. Y está claro que el hombre no podrá con la ecosfera. Esta tiene capacidad de adaptación para casi cualquier circunstancia (precisamente ayer hicieron público el descubrimiento de unas bacterias que viven en, con y gracias al arsénico). Pero una cosa es que nuestra actividad, por nefasta que sea sobre las ecosfera, no pueda acabar con ella, pues seguirá habiendo vida después del hombre, y otra es que no podamos alterar profundamente las condicones de vida en el planeta y los sistemas ecológicos tal y como los conocemos. Vamos, que el edificio no podremos derrumbarlo, pero con lo malos que somos como inquilinos, lo podemos dejar hecho unos cirios. Un abrazo

    ResponderEliminar
  5. Me encanta la idea de Gea.
    Es cierto que hasta no hace mucho el ser humano siempre creyó en el determinismo: todo suceso era consecuencia de otro acontecimiento anterior y la naturaleza acababa desplegándose obedeciendo a un esquema ordenad...o y regido por leyes. Esta teoría, visto lo visto, desembocaría sin remedio en la destruccioón total de nuestro mundo.
    Hoy se ha demostrado que esto no es exactamente así (aunque a escala planetaria apenas se perciba) agregando un elemento incómodo para muchos científicos (entre ellos el magnífico Einstein): la incertidumbre, el aspecto rebelde de la materia, una especie de anarquía atómica que destruye la predicibilidad, la parte aleatoria propia del nivel más básico de la naturaleza, el azar.
    ¿créeis que mucho de lo que es el mundo actual es debido al azar? Esto, por lo visto, es demostrable física y matemáticamente.
    Así, 2 + 2 puede que no sean 4 y que el azar haya dotado a Gea de la capacidad de reservarnos el peor de los escarmientos y no permita que destruyamos el planeta, sino sólo a nosotros mismos.
    Parece no quedar más remedio que el de confiarnos pues al azar, Gaia, de lo contrario mal vamos

    ResponderEliminar
  6. Juan Pedro Viñuelasábado, 04 diciembre, 2010

    La imagen determinista y mecanicista del mundo hizo posible el surgimiento de la ciencia y su gran apoteosis. Sin esa simplificación la ciencia hubiese sido imposible. Pero, como sabemos, el mundo es más complejo. Lo material no se puede re...ducir a la razón mecánica que se explica por la causalidad eficiente. Ni siquiera la misma física clásica es del todo determinista. En el fondo está el tema de la libertad, pero no lo voy a abordar aquí. La misma física clásica bajo sus ecuaciones lineales llega al problema de la probabilidad con la teoría de los gases. Y aquí está ya planteado el problema. Esa probabilidad es objetiva o subjetiva. Si es lo último sería incertidumbre. Es decir, falta de conocimiento. Esa fue la opción de muchos. Sin embargo algunos pensaron que la probabilidad era objetiva. En dos sentidos, en tanto que la podemos tratar matemáticamente, ley de los grandes números. Y, en segundo lugar, es un aspecto de la naturaleza. Es decir, en la naturaleza ocurren cosas estocásticamente. Esto es importante porque abre el camino a la ciencia del siglo XX. La física cuántica plantea el problema en su forma más profunda a partir de los principios de indeterminación de Heisenberg y el experimento de la doble rendija. Todo ello nos hace pensar que la realidad material es distinta a la imagen que nos ofrece el mecanicismo clásico. Ya no podemos hablar de corpúsculos, sino de amplitud de probabilidad que se representan en el espacio de Hilbert. El experimento de la doble rendija exige otro concepto de materia que se adapta al de amplitud de probabilidades. Ahora bien, esto no elimina la posibilidad de predicción. La física cuántica está a la base de gran parte de nuestra tecnología, es decir, los fenómenos cuánticos son perfectamente predecibles. Es más, la teoría cuántica ha sido, epistémicamente, de las más exitosas. Otra cosa es que haya, como lo llamaba Popper, un gran embrollo cuántico, en el que hay planteado problemas filosófico-científico de trascendencia. Pero, en su dimensión pragmática, la mecánica cuántica es una de las teorías más exitosas de toda la ciencia.

    ResponderEliminar
  7. Juan Pedro Viñuelasábado, 04 diciembre, 2010

    Lo bueno es que, sin renunciar a la objetividad, al realismo crítico y a la racionalidad crítica, todo esto nos exige una nueva concepción de la materia en la que el azar es importantísimo y de ahí se deriva la emergencia. De estados básicos surgen estados más complejos. Por otro lado, ese nuevo concepto de materia se ha alimentado también de otros desarrollos científicos procedentes del ámbito de la matemática y el estudio de fenómenos complejos como el clima. Estas teorías son fundamentalmente tres, la teoría de los fractales, la teoría de la complejidad y la teoría del caos. A ello hay que sumarle la teoría general de sistemas, procedente de la biología. Este conjunto de teoría no violan, ni la objetividad, ni el realismo, ni la posibilidad de predicción. Pero sí nos ofrecen una nueva forma de ver la materia que es más profunda y menos simple. Y de esta nueva visión de la materia surge la idea del materialismo emergentista. Todo es materia, pero en la propia estructura de la materia (no entender aquí corpuscular, porque esto es una traición de nuestra imaginación) está la capacidad de organización que genera, por sí misma, estructuras sistémicas superiores. Es la idea de estructuras disipativas del Nobel y bioquímico Prigogine. Estas estructuras sistémicas superiores son cada vez más complejas y se producen relaciones causales de retroalimentación. Entender desde la complejidad, el emergentismo, las relaciones sistémicas,… las relaciones entre hombre y naturaleza, sería la base de un nuevo paradigma, que sustituye al mecanicista, que beneficiaría al propio hombre. Pero, un aviso, detrás de todo esto hay ciencia, no magia ni misticismo. Lo que sucede es que la ciencia cada vez se parece más a una visión mística del mundo. No debemos salir del panteísmo de Spinoza. Dios o naturaleza, naturaleza o dios

    ResponderEliminar
  8. Dios o naturaleza, naturaleza o dios...
    Nacieron y se criaron juntos ya que la mayoría de los acontecimientos naturales se explicaban únicamente con su existencia y temperamento.
    Con Glalielo quizá pudo empezar el divorcio, ya que mediante un...a simple fórmula matemática descubrió una ley de una simplicidad apabullante: el tiempo que tarda en caer un cuerpo partiendo del estado de reposo es exactamente proporcional a la raiz cuadrada de la distancia. Nació una nueva idea: una simple y eficiente fórmula matemática surpervisaba entonces el comportamiento de los acontecimientos naturales. Ya no era necesario observar la naturaleza para ver su comportamiento, podíamos saber el comportamiento de los acontecimientos incluso antes de que sucedieran: tan sólo había que echar una cuenta y, voilá, quedaba calculado de una forma exacta.

    Pero, tras siglos de divorcio, la naturaleza y dios están condenados a reencontrarse con nosotros, humanos, como invitados.
    Las conclusiones de la Física Cuántica son más que fascinantes, sobrecogedoras. La frialdad metálica típica de los planteamientos científicos complejos desaparece cuando la física moderna queda emparentada con la filosofía y se acerca, roza y finalmente se integra en lo que nos puede aparecer como sobrenatural y que cuestiona la propia realidad.
    En primer lugar se trata de descifrar de qué estamos hechos, de qué está hecho todo lo que nos rodea, qué y por qué somos. Escudriña en la energía, en la materia misma hasta niveles insospechados y únicamente medibles elevando los números a grandes exponencias.
    La física entonces puede explicar múltiples reacciones en términos de partículas u ondas, de sus energías y de sus fuerzas, en las que se basa todo lo que nos rodea, tan lejos y tan profundamente que puede también con la evolución de la naturaleza y de sus individuos, con las reacciones propias de la personalidad de los humanos e incluso con los mismísimos pensamientos, sensaciones y emociones.

    ResponderEliminar
  9. Cuando se habla de decenas de dimensiones y no las tres o cuarto que reconocemos fácilmente, cuando se habla de infinitos universos vecinos que pueden superponerse sin ni tan siquiera darnos cuenta que están ahí, cuando se habla de cómo actúan, de dónde salen las partículas, quarks, cuantos, neutrinos, gravitones o bosones, efímeros, espontáneos o eternos... se abre ante nuestros propios ojos un nuevo mundo (o nuevos mundos) desconocidos hasta ahora ya que no son observables a simple vista con nuestros sentidos pero sí explicable mediante fórmulas y experimentos científicos.

    Aún por increíble que parezca, en este punto la física se vuelve romántica. Se torna filosofía misma con la que se funde y entra en terrenos que hasta ahora sólo podían existir en nuestra imaginación (y a veces ni siquiera ésta puede abarcar), pero que son reales (cuestionando incluso la propia realidad). En este contexto la idea de Gea queda muy reforzada.

    Pero... (a lo que iba, que me enrollo), por muy cerca que estemos siempre flotará la incógnita primigenia, sienpre se podrá ir un poquito más allá, un poquitín más profundo o una pizquita más lejos... llámalo x, hecho que explica que mucho de los afamados científicos sean, aunque no religiosos en el sentido de las religiones ordinarias montadas en el planeta, personas con profundas creencias: inquietudes por conocer a partir del punto en el que la ciencia se acaba deteniendo.
    Quizá dios no sea más que el nombre que damos a ese límite y, ya se sabe, el nombre es el primer paso para dotar a algo de identidad.

    ResponderEliminar
  10. Joder, que comentaros más interesantes! No puedo estar más de acuerdo con los dos. Cuando hablas Juan Pedro de la que podría ser la relación deal entre nuestra especie y la naturaleza, separas el misticismo de la ciencia y creo que ese es e...l meollo de la cuestión. Ahí hay que andar especialmente alerta para evitar malentendicos. La reconciliación con el planeta no puede dar lugar a malinterpretaciones e ir acompañada de misticismo. Ya ha pasado con Gaia y con tendencias de la New Age. y al final volvemos a cabar en el punto de inicio de la humanidad, reduciéndolo todo al fenómeno religioso. Hoy tenemos dos herramientas que nunca tuvo juntas nuestra especie: Una herramienta nueva, la ciencia, que nos permite sber que los rayos no los tira un señor con barba desde una nube, y una herramienta antigua, que es la capacidad de exaltar (que no adorar ni idolatrar) y respetar a la naturaleza como lo hcieron los pueblos que vivían en sitonía con ella. Utilizando ambas inteligentemente es posible que podamos salir del callejón sin salida en el que nos hemos metido y en el que hemos metido a las especies y ecosistemas que han tenido la desgracia de coincidir en el tiempo con el hombre moderno. ¿Qué queremos mantener la incógnita primigenia de la que hablas, Jose? Creo puese ser enriquecedor siempre que lo hagamos radicalmente alejados de la superstición. El misterio siempre existirá, siempre habrá cosas inexplicables para nuestro cerebro finito en un cosmos infinito... pero no recurramos a sacralizar lo que no entendamos.
    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  11. Cierto. La sacralización es la salida más fácil y económica de lo inexplicable: la religión, el todo a 100 de los misterios. "Pase y elija la suya, hay para todos los gustos y misterios". Personalmente y puestos a elegir: me quedaría con el... animismo.

    Por eso, no se trata de sacralizar, sino de saber hasta dónde hemos llegado, marcar ese punto con una x e intentar sobrepasarlo. Se ne viene a la cabeza un poema de Whitman que iría aquí al pelo, pero...

    ...¡Buen puente para desenchufar el ordenador de la pared sin pulsar el OFF y salir... A MOJARSE!!!!
    Besos.

    ResponderEliminar
  12. Jeje "pasen y elijan"...El problema añadido al hecho religioso es que el 99,99999% o más de quienes lo manifiestan y construyen sus respuestas vitales alrededor de él, ni siquiera han elegido la modalidad de dogma que rige sus vidas: Esta l...es ha venido dado y precocinado por su contexto sociocultural, geográfico o histórico. Dawkins (que no me oiga Miguel) lo explica muy bien. Y sobre lo que dices, Juan Pedro, no puedo estar más de acuerdo en que es absurdo pretender que nuestra cognición orgánica, por tanto limitada, llegue a entender todas las nociones de un universo infinito. Creo que intentar que nuestra cognición disipe los misterios de la ciencia y del orden del cosmos es una absoluta falta de humildad. Pero claro, somos la única especie que se a puesto a sí misma nombre científico y fíjate el alarde de modestia que hicimos aquel día. Y totalmente de acuerdo también co Carpediem: toca mojarse! Abrigándome estoy ya pa irme a ver grullas to el fin de semana! Gracias y enhorabuena por esos peazos de comentarios!
    Salud!

    ResponderEliminar
  13. Juan Pedro Viñuelalunes, 06 diciembre, 2010

    Absolutamente de acuerdo, Manolo. No se puede sacralizar. Esto nos lleva a dogmatismos y, peor, fanatismos como señalas. Carpediem toca un tema muy delicado: los límites del conocimiento. Pero creo que estos no se pueden relacionar con la a...ctitud creyente de muchos científicos. Desde la objetividad la ciencia excluye a la creencia en tanto que ésta intenta explicar el mundo. Pero éste es sólo un aspecto de la creencia. La actitud religiosa es una forma de estar en el mundo, es la forma primigenia de estar en el mundo, es la forma adaptativa que nos permitió sobrevivir, cuya primera forma fue precisamente algo similar al animismo. Por tanto, nuestra creencia en lo anímico, lo sagrado, lo espiritual, tiene una raíz filogenética. Es el centro del origen de la cultura. Nuestro cerebro está diseñado para creer, es un fabulador de realidades, léase al neurofisiólogo Llinas, “El cerebro y la construcción del yo”. Lo que quiero decir con ello, es que el origen de la creencia no es el hecho real de que la ciencia no puede explicar la totalidad. El conocimiento científico tiene límites bien marcados. Estos límites son internos y externos Los que tienen que ver con los límites sociopolíticos e históricos). Los internos vienen por nuestra propia construcción cognitiva. Hay que tener en cuenta, y esto es uno de los grandes enigmas de la evolución, que nuestros cerebros no evolucionaron para hacer ciencia, ni la música de Bach, que ahora escucho, sino como respuestas adaptativas. Por esos nuestro cerebro, su construcción es, digámoslo así, chapucera. Su estructura es el fruto de construcciones que se amontonan y que han ido sirviendo como respuestas adaptativas. El conocimiento es una consecuencia colateral. Pero es que, además, tanto la percepción del mundo, como su entendimiento está ligado a nuestra propia estructura. Con la tecnología hemos trascendido ampliamente los sentidos, aunque no totalmente, por supuesto, pero nuestros conceptos, la sintaxis con la que entendemos-construimos la realidad, condiciona esa realidad. Esto es un resultado también de la teoría cuántica, sin, por ello, caer en el subjetivismo, como muchos científicos y filósofos hicieron. La objetividad consiste en que todos tenemos unas categorías, heredadas filogenéticamente, universales para acceder a lo real, pero la realidad que conocemos es construida por estas categorías. Otros seres inteligentes tendrían otra forma de ver el mundo. La objetividad clásica, la diferencia radical entre sujeto y objeto, es otra rémora de la modernidad antropocéntrica. Ya se dio cuenta Kant de ello. La realidad es mucho más amplia que el conocimiento y la objetividad. O, el mismo Spinoza, al que siempre vuelvo, tanto en ontología, como en ética. Si la realidad es la sustancia infinita, tiene infinitos atributos y cada uno de ellos infinitos modos. Los atributos que conocemos son la extensión (hoy hablaríamos de las cuatro dimensiones) y el pensamiento). Y, desde este pensamiento (el del homo sapiens) es desde el que tenemos acceso a la materia. Así que el límite del conocimiento no es un x ignotum, sino una imposibilidad estructural y ontológica. Este camino de humillación también nos pone en nuestro lugar. Como decía Carl Sagan, no somos más que una voz en la gran fuga cósmica.

    ResponderEliminar
  14. Jeje "pasen y elijan"...El problema añadido al hecho religioso es que el 99,99999% o más de quienes lo manifiestan y construyen sus respuestas vitales alrededor de él, ni siquiera han elegido la modalidad de dogma que rige sus vidas: Esta l...es ha venido dado y precocinado por su contexto sociocultural, geográfico o histórico. Dawkins (que no me oiga Miguel) lo explica muy bien

    http://www.youtube.com/watch?v=EkQIyDKzpbA

    Y sobre lo que dices, Juan Pedro, no puedo estar más de acuerdo en que es absurdo pretender que nuestra cognición orgánica, por tanto limitada, llegue a entender todas las nociones de un universo infinito. Creo que intentar que nuestra cognición disipe los misterios de la ciencia y del orden del cosmos es una absoluta falta de humildad. Pero claro, somos la única especie que se a puesto a sí misma nombre científico y fíjate el alarde de modestia que hicimos aquel día. Gracias y enhorabuena por esos peazos de comentarios!
    Salud!

    ResponderEliminar
  15. La realidad no es una propiedad del mundo exterior, de lo que nos rodea, sino que está totalmente condicionada por nuestra propia percepción del mundo en la medida de que nosotros somos observadores conscientes. Y es por ello por lo que es ...tremendamente complicado ser objetivo, es condición de la propia naturaleza humana inclinarse hacia fabulaciones y creencias.

    La física cuántica revoluciona nuestro papel de observadores: la entrada de información a la conciencia del observador es el paso fundamental para la creación de la realidad. De la realidad que nosotros vemos y nos creemos, realidad subjetiva, podríamos decir. La auténtica realidad REAL, por llamarla de alguna manera, está por encima de nuestro entendimiento y, por lo tanto, sería inobservable.

    Así, en mi modesta opinión, si el hombre crea la realidad o la canaliza y le da una forma a través de la única herramienta que tenemos para ello (nuestro pensamiento), sería un error apartar al hombre del centro del universo, con todo lo que ello implica, con su cerebro imperfecto, sus subjetividades, sus temores y sus creencias. Así es nuestra naturaleza puesto que, como bien dices, nuestro cerebro no fue creado para entender ni atender a estos menesteres.

    Con esto no quiero decir que las creencias hayan nacido de la imposibilidad de explicación del mundo cuando el conocimiento llegaba a sus límites. Pero sí creo que han ido de la mano y, a medida que la ciencia avanzaba, se iban limitandoy acotando las parcelas adjudicadas a los dioses. Hay muchos ejemplos de ello. Al avanzar tanto, últimamente los dioses han quedado relegados a un papel de observadores de su obra creada y punto picao, ya que cais todo lo demás ya es explicable.

    Interesante vídeo y buena pregunta.
    Digo yo que semos asina y que a veces convendrá relajarse y dejar de racionalizarlo todo. ¿Es el amor una serie de reacciones químicas en la interación de patículas? Dejemos que los humanos disfruten, rian, imaginen, sufran, orgasmeen, se flagelen o recen, animemos sus bondades y tratemos de evitar y corregir las miserias y que sigan su curso a la extinción, hasta que Gaia nos extinga.

    Joder!! que miedo!! RECREÉMOSNOS EN EL AMOR, ALGOS NOS HABREMOS LLEVADO POR DELANTE CUANDO PEREZCAMOS.

    ResponderEliminar