"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

viernes, 10 de diciembre de 2010

Entre el Guibli y el Ábrego


Su hábitat lógico son las secas llanuras abiertas de Argelia y Marruecos, colindando con la inhóspita franja sahariana. De hecho, estas altiplanicies se ven azotadas por el inclemente Guibli, un viento sumamente caliente y cargado de arena procedente del Gran Erg, el infinito desierto de dunas. Salpicando el paisaje, los arganes y acacias espinosas ramoneados por los rebaños de cabras sobre los que es frecuente contemplar su hermosa estampa, ojeando el pedregal en busca de algún gerbo o algún agama que llevarse al pico. Se trata del Busardo o Ratonero moro (Buteo rufinus), rapaz de color claro y aspecto poderoso adaptada perfectamente a un tipo de hábitat bastante frecuente en el norte del continente africano.
Pero hoy, el Ratonero moro ha cambiado la desapacible ventisca del desierto por un tenue, fresco y húmedo Ábrego, el viento del suroeste que riega la Península Ibérica con lluvias otoñales y primaverales. Ha cambiado su oteadero en la achatada y reseca copa del argán en medio de una llanura semidesértica por un poste de teléfonos junto a una carretera europea, rodeada por un hiper-humanizado paisaje de rastrojos de arrozales y maizales encharcados por las últimas borrascas. Precisamente ahora, cuando las aves del norte se desplazan al sur y las del sur se van más al sur aún, nuestra rapaz africana emprendió un viaje al norte que le ha traído hasta los regadíos de Extremadura. Absorta, contempla los ruidosos bandos de cientos de grullas recién llegadas de Escandinavia que buscan su alimento junto a avefrías, chorlitos dorados, garcillas y gaviotas. Posiblemente, ningún miembro de su especie estuvo jamás donde está hoy él, a pesar de lo cual no parece sentirse demasiado incómodo en este escenario tan distinto al que le vio nacer y crecer.
Sus ambarinos ojos se detienen de repente en algo que le resulta familiar. A sólo unos centenares de metros se cierne en el aire una auténtica joya alada: El Elanio azul (Elanus caeruleus). Se trata de una pequeña rapaz también originaria de África, aunque ya forma parte – desde hace poco tiempo- de la ornitofauna ibérica pues sus poblaciones están totalmente asentadas en los encinares extremeños y portugueses. En la década de los 70 crió la primera pareja de Elanios en suelo europeo y desde entonces, poco a poco, su población en el nuevo continente ha ido en aumento engrosando con propiedad el repertorio de la fauna ibérica.
Los antepasados del Elanio que se cierne sobre el rastrojo, al igual que el ratonero moro del poste, decidieron un buen día cambiar el Guibli por el Ábrego.

(Esta observación del Ratonero Moro en la comarca de las Vegas Altas del Guadiana - 3 de diciembre de 2010- fue posible gracias a la perspicacia de Pablo Salguero)

1 comentario:

  1. Muy bonita la crónica. El ratonero moro ya se ha citado criando el año pasado y este en el Parque Nat. del Estrecho en Cádiz (lo citaron los de la fundación Migres). Más pronto que tarde será una especie más ibérica.
    Un saludo Manolo

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