"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

jueves, 30 de diciembre de 2010

LOS GRANDES SIMIOS: NUESTROS OTROS SEMEJANTES




La sola posibilidad de que la cuestión genere controversia provoca un extremo rechazo en algunas personas que por definición consideran ridículo o poco serio el asunto. Otros lo consideran poco menos que sacrílego. Por otro lado la ciencia y una parte, pequeña pero cada vez más grande, de la opinión pública están interesados en abrir la caja de Pandora y debatir sin prejuicios al respecto. En cualquier caso se prevé como de uno de los debates filosóficos, éticos, científicos, sociales e incluso jurídicos más apasionantes que se pugnarán en el siglo XXI.

En septiembre de 2005 se publicaron en la revista Nature los resultados de las investigaciones sobre el genoma de los chimpancés, demostrando estas que compartimos con ellos el 99,4% de la secuencia y el 97% de los genes. Desde entonces, una sucesión de revelaciones científicas no han hecho más que apuntar en un sentido: Los grandes simios se encuentran considerablemente más cercanos a nosotros (o nosotros a ellos) de lo que nunca habíamos sospechado. Como "Grandes simios" se consideran los homínidos no humanos, es decir: El Orangután, el Gorila, el Chimpancé y el Bonobo o Chimpancé pigmeo (aunque este último sea en realidad una especie del penúltimo). Las consecuencias de las últimas investigaciones en filogenética son simplemente demoledoras. Dentro de los Homínidos, existe muchísima menos distancia genética entre los humanos y los chimpancés que entre estos y sus segundos parientes mas cercanos, los gorilas. Las evidencias muestran que algunos de los homínidos que considerábamos antepasados directos en nuestro linaje no lo son. Así, el Australopitecus africanus era el antepasado de varias especies de gorilas y el Australopitecus robustus es el primer chimpancé fósil. Los taxónomos argumentan que, en base al conocimiento actual, no existen razones científicas para mantener a chimpancés (Género Pan) y humanos (Género Homo) en géneros distintos. Como dice el evolucionista Richard Dawkins “no hay una categoría natural que incluya chimpancés, gorilas, orangutanes, pero excluya a los humanos". Algunos van más allá y sostienen que todos los homínidos han de ser englobados en el género Homo.






Filogenéticamente nos encontramos bastante más cercanos a los grande simios de lo que sospechó Darwin cuando elaboró su árbol evolutivo.


Aunque el dato que constataba el estrechísimo parentesco genético vio la luz en 2005, ya antes se había ido perfilando una cercanía entre los seres humanos y los grandes simios desde distintas disciplinas científicas. Cuando Louis Leakey, uno de los padres de la antropología y de la paleontología moderna, descubridor del Homo habilis, envió a tres de sus discípulas a estudiar los grandes simios del mundo, posiblemente ya sospechaba cuales serían los resultados. Jane Goodall se fue a Tanzania a estudiar a los chimpancés, Dian Fossey a los montes Virunga a a estudiar a los gorilas de montaña y Biruté Galdikas a Borneo a estudiar la conducta de los orangutanes. Cuando Goodall regresó de Tanzania con sus estudios, Leakey afirmó que «Los científicos tienen dos opciones: deben aceptar a los chimpancés como seres humanos por definición o deben redefinir al ser humano». Gracias a los resultados de sus investigaciones sobre la conducta de estos primates, la sociedad comenzó a ser realmente consciente - además de la precaria situación de las tres especies- del parentesco que nos unía y en 1997 la ciencia los incluyó junto con nosotros en la famila "hominidae".

Para la vanidad de nuestra especie fue duro el golpe que dio Galileo cuando demostró que los cuerpos celestes no giran alrededor de la Tierra; Kant hizo que nos olvidásemos de cualquier esperanza de que la razón humana trascienda; posteriormente Darwin nos dio otra cura de humildad cuando nos despojó del marchamo de especie elegida y nos situó en una rama del árbol de la evolución, junto al resto de seres vivos; Marx nos redujo a meros resultados de la historia económica, a un predicado de la producción de la misma historia; más tarde Freud dejó claro que nuestra mente está dominada por una voluntad primitiva más allá de nuestra consciencia; Carl Sagan demostró que es probabilísticamente imposible que nuestro planeta sea el único habitado por una especie inteligente; la computadora Deep Blue derrotó al campeón mundial de ajedrez Gary Kaspárov; Eduard Punset nos divulgó al gran público hasta qué punto nuestros actos obedecen a simples reacciones químicas... Por si todo este vapuleo a la arrogancia humana fuese poco, sería ya demasiado el admitir que, no ya es que seamos parecidos a muchas de las criaturas que habitan el planeta, sino que en algunos casos nos distinguen cuestiones mínimas. Que la distancia entre algunas especies y la nuestra en muchos aspectos no sólo es una cuestión de grado, sino que es realmente pequeña. Tan pequeña que siguiendo las evidencias científicas habríamos de compartir género con ellas lo que para muchas mentes resulta un anatema absoluto. Y ello nos plantea cuestiones totalmente novedosas y que jamás en la historia de la humanidad habían sido planteadas, como la nueva concepción ética que hemos de tener de ellas. Si los grandes simios pasan de repente de ser "animales" (según la 2ª acepción del diccionario de la RAE "ser orgánico animado irracional") a ser "semejantes", no pocas barreras y estereotipos habremos de romper.





"Dudo de que cualquier científico que estudie a los primates sugiera que no tienen un rango de sentimientos similar al de los humanos", declaró el primatólogo de la Universidad escocesa de Stirling que ha demostrado que los chimpancés pueden entrar en una profunda depresión por la muerte de una pareja o un familiar cercano. El duelo y respetuoso silencio de un grupo antes y tras la muerte de uno de sus miembros guarda una tremenda semejanza con el comportamiento de nuestra especie en casos similares. En los bosques de Guinea se registró el dato de una madre chimpancé que, ante la muerte de su cría, transportó el cadáver durante 68 días.


Los únicos animales capaces de manifestar empatía son los mamíferos. De estos, los más capacitados para sentirla son los elefantes, los delfines y los primates. A su vez, de todos estos animales, el ser humano y el chimpancé son las dos especies que más alto grado de empatía con otros seres pueden llegar a mostrar, manifestando inteligencia interpersonal y siendo capeces de percibir en un contexto común lo que otro individuo siente, llegando a modificar su propia conducta en función de ello. En la foto Jane Goodal con un chimpancé.

El aprendizaje no innato del uso de herramientas se consideró mucho tiempo como una característica exclusivamente humana. Pero poco a poco se fueron demostrando numerosos ejemplos de grandes simios que se sirven de utensilios para ciertos cometidos. En la foto, un orangután de Borneo pescando con la ayuda de un palo


Los estudiosos de la conducta de los primates han ido pulverizando uno tras otro numerosos de los presupuestos que en teoría nos diferenciaban a los humanos del resto de animales. Así, se ha demostrado que los grandes simios usan herramientas, que se sienten conmocionados ante la muerte de un familiar o pareja, que pueden hacer planes a medio plazo, que prefieren utilizar la mano derecha para tareas que requieren cierta minuciosidad, que son capaces de transmitir de generación en generación comportamientos y conocimientos adquiridos, que poseen capacidad intelectual para contar y para aprender idiomas de signos, que se enamoran, que ríen, que lloran, que no utilizan el sexo sólo para tareas reproductivas, que son conscientes de su existencia como individuos, que se reconocen ante un espejo, que tienen concepto de familia, de clan y de amistad, que son capaces de manifestar altruismo, compasión, empatía, amabilidad, paciencia y sensibilidad, que pueden sentir el impulso de la venganza por sucesos pasados, ... Pero dicho parentesco se ha visto afinado tremendamente mediante los avances en el campo de la genética.
Y aquí es donde surge otra de las controversias. Es mucho más lo que nos une a estas especies que lo que nos separa y están lo suficientemente cerca a nosotros como para urdir nuevos códigos de conducta con ellos, como para establecer un nuevo tipo de relación distinto radicalmente al que hasta ahora hemos mantenido con ellos. Ya en 1993, antes de las revelaciones de los parecidos moleculares, un grupo de biólogos, zoólogos, etólogos, juristas, filósofos y psicólogos, entre otros, iniciaron lo que se conoce como el Proyecto Gran Simio, iniciativa internacional que promueve el reconocimiento para estas especies de tres derechos básicos: el derecho a la vida, a la libertad individual y la prohibición de la tortura. Las connotaciones de estas reivindicaciones son tan complejas como numerosas. Por ejemplo, para considerar que los grandes simios tienen derechos propiamente dichos, habría que aceptar que son personas, pues sólo las personas los tienen. No tienen derechos las propiedades ni las cosas, que es lo que legalmente son ahora los animales y, entre ellos, los homínidos no humanos. Por el contrario, las empresas, por ejemplo, son consideradas jurídicamente como "personas legales" para que puedan ser beneficiarias de derechos. Algunos juristas trabajan para que determinados conceptos jurídicos sean revisados y los miembros de estas especies tengan status de sujetos de derecho. Al poseer algunos de los principios constructores de la moralidad merecerían poseer también derechos reales y jurídicos. De hecho, ya se han dado dos casos -ambos en Brasil, donde la legislación reconoce a los homínidos objetos de derecho- de un juez que concede el Habeas Corpus a chimpancés hacinados en sus jaulas. Esta vez no se trata de la llamada de atención para que estas especies sean preservadas y salvadas de las extinción -que también- o para que animales con sistemas nervioso y cognitivo extraordinariamente desarrollados como los primates no sean sometidas a torturas - que también-. Esta vez se trata de algo que va mucho más allá. De otorgar a los grandes simios una categoría equiparable a la de nuestra especie. De considerarlos nuestros semejantes.


En contra de estas iniciativas se puede esgrimir un argumento de peso. ¿Tiene sentido reivindicar los derechos de los grandes simios cuando no se cumplen los que nuestra especie tiene reconocidos? Efectivamente las tres quintas partes de los Homo sapiens viven en la miseria más absoluta, decenas de millones de humanos viven literalmente en régimen de esclavitud, a diario son ignorados y pisoteados los derechos más elementales -como el de la vida o la libertad- de millones y millones de congéneres nuestros en todos los rincones del planeta,... Es evidente que como especie hemos sabido reconocer unos derechos que posteriormente hemos demostrado no ser capaces de garantizar. Pero ¿Por ello hemos de evitar el reconocimiento de unos derechos a otros seres? ¿Debe nuestra nefasta capacidad para hacer valer los derechos entre nuestros iguales ser una razón válida para no reconocérselos a nuestros semejantes? ¿Afectaría de algún modo positivo a los humanos que ven vulnerados sus derechos el hecho de no extender estos a nuestros más cercanos parientes?
También se puede argumentar que, puesto que estos seres no poseen deberes fundamentales, no pueden tampoco poseer derechos fundamentales. Afortunadamente este es un postulado que no tiene cabida en el pensamiento occidental y hoy poseen derechos - aunque no deberes - los niños y las personas disminuidas psíquicas, por ejemplo. Pero hasta no hace mucho, en pleno siglo XX, eugenistas como William Grham Sumner proponían establecer dicha ecuación entre derechos y deberes. Y, actuando en consecuencia, "eugenesiar" - eufemismo utilizado en lugar de "eliminar"- a quienes no tuvieran deberes - disminuidos psíquicos o físicos- en un primer momento y a quienes no cumpliesen adecuadamente con ellos - delincuentes y personas poco aptas- posteriormente. Otro handicap filosófico con el que se enfrenta el asunto es la propia definición antropocéntrica de "derechos" que, por definición son conceptos abstractos, artificiales y emanados exclusivamente de y para los humanos. Pero independientemente de la categoría conceptual que queramos otorgarle a los derechos, podemos hacer que quien determine a quien protegen estos- aunque sea sólo en teoría- sea la Razón. Es decir, la ciencia. Y la ciencia ya ha hablado: Un 99,4 % de ADN compartido.
Los estudios sobre las capacidades cognitivas y emocionales de los grandes simios nos obligan a concederles todo el respeto que se merecen. Y probablemente se merezcan el mismo que nosotros.

Existen dos especies de Orangután, el de Borneo (Pongo pygmaeus) y el de Sumatra (Pongo abelii). En Indonesia siempre han denominado a los orangutanes como "Los hombres del bosque". Se trata de los homínidos más alejados filogenéticamente de los humanos y su supervivencia en el futuro se encuentra gravemente comprometida. La destrucción de su hábitat los ha situado al borde de la extinción.









Actualmente hay dos especie de gorila, el Gorila Occidental (Gorilla gorilla) - el mayor primate del mundo- y el Gorila Oriental (Gorilla beringei), ambos africanos y divididos a su vez en dos subespecies cada uno. Todas las especies de Gorilas se encuentra en grave peligro de extinción y una de sus grandes amenazas es el contagio de pandemias humanas. En 2006 se publicó en la revista Sciencie que más de 5.000 gorilas murieron a causa de la epidemia de ébola que arrasó África Central. No resulta extraño que se vean afectados por nuestras mismas enfermedades pues comparten con nosotros el 97%-98% del ADN.




El Chimpancé común (Pan troglodytes) se divide en cuatro subespecies, todas africanas. Es en todos los aspectos -junto con el Bonobo- el homínido más cercano a nosotros. Al igual que sucede con los gorilas y el ébola, los chimpancés se ven afectados por enfermedades que también nos afectan a nosotros. Un estudio desveló que el 35% de los chimpancés salvajes de Camerún son portadores del Sida. Evolutivamente, los chimpancés y humanos nos separamos del resto de homínidos hace 7 millones de años y ellos de nosotros hace 4 millones. Por ello, en ocasiones se ha utilizaso entre primatólogos y evolucionistas el término "el tercer chimpancé" para referirse a nuestra especie.





El Bonobo (Pan paniscus) es una de las dos especies del género de los chimpancés. Poseen una cultura y un comportamiento social muy complejo y elaborado, basado en algo parecido a una sociedad matriarcal. En dicho comportamiento juega un papel preponderante la sexualidad que es utilizada para canalizar tensiones sociales, para cohesionar los grupos y por su componente lúdica. Es el único homínido - exceptuando a los humanos - que habitualmente anda erguido. También al igual que los humanos, mantienen los vínculos padres-hijos durante toda su vida, algo insólito entre los animales. Comparten con nosotros el 98%-99% del ADN y algunos científicos plantean, debido al estrecho parentesco que nos une, incluirlos en el género Homo (pasando a denominarlos Homo paniscus) o recalificar a nuestra especie en el género Pan (pasando a denominarnos Pan sapiens). Son considerados como los más inteligentes de los grandes simios -pueden aprender el significado de hasta 400 palabras- y, al contrario que sus primos los chimpancés comunes, no utilizan la agresividad como manifestación social. Algunos primatólogos definen al Bonobo como el mamífero más pacífico que existe.





Individuo de Humano (Homo sapiens) el cuarto género de la familia Hominidae . Esta especie es la única dentro de los homínidos cuya distribución se ha extendido por todo el planeta y cuyas poblaciones, lejos de encontrarse amenazadas, han manifestado una espectacular explosión demográfica. El ejemplar de la foto en concreto, por cierto, es uno de los de su especie que apoya al Proyecto Gran Simio.


Cuando se contempla a un chimpancé enjaulado es habitual que nos embargue una extraña sensación de incomodidad ante su mirada. ¿Puede explicarlo el hecho de que los grandes simios sean nuestros semejantes hasta extremos que nunca habíamos sospechado?


19 comentarios:

  1. Enhorabuena por tu blog y por esta última entrada. También me ha gustado mucho la referencia a Punset como ejemplo a seguir para todos los integrantes de la especie Homo (Pan) sapiens.
    Saludos.

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  2. Podía haber puesto la cara de muchas otras personas para representar a nuestra especie, pero no es casual que tomase la de Punset. Me alegro mucho que te haya gustado esta entrada de un tema que me parece tan fascinante. Gracias por tu comentario y por seguir el blog.
    Salud

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  3. Excelente como has planteado el tema y como nos inicias en el año reflexionando, una suerte contar con la Bitácora. Mis mejores deseos para el año que entra

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  4. Muchas gracias por tus palabras Juan Pablo. Creo que el tema merece la pena ser reflexionado y que más pronto que tarde se convertirá en un debate público. Esperemos que cuando eso ocurra no se frivolice con él demasiado, al igual que pasa casi con la mayoría de los temas (este además me temo que se presta a ello).
    Un abrazo muy grande y salud para este recién estrenado año.

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  5. Buen artículo Manolo. Pero además de la discusión biológica, genética, filosófica, ética y jurídica, creo que te dejas en el tintero a la discusión religiosa. Te recuerdo que somos la especie elegida para casi todas las religiones y la sola posibilidad de compartir el podium puede ser hasta ofensivo para muchos.

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  6. Hay una página (a cuento del debate de los rpimates y de Punset) se Punset muy buena que se llama Somos Primates

    http://www.somosprimates.com/

    Se aportan en ella muchos datos para este debate que no debería serlo. Está claro que deben de tener derechos y quien se los niegue se los está negando a unos seres que son casi personas.
    Estupendo el blog y la entrada. Saludos cordiales

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  7. Juan Pedro Viñuelalunes, 03 enero, 2011

    Manolo, ahí va la reflexión. Saludos.
    Es un artículo excelente en el que se une la reflexión con los datos empíricos y con la demostración. Quisiera, porque estoy de acuerdo en lo esencial con todo el artículo, hacer unas apreciaciones sobre... la cuestión ético-filosófica. El problema del derecho de los animales es una cuestión compleja porque la ética que tenemos hunde sus raíces en el pensamiento clásico según el cual sólo es un sujeto ético el que es un sujeto de deberes, es más, el ser moral es el ser libre que tiene capacidad de discernir, porque eso es un don divino. Así se explica el pecado original y nuestro sufrimiento, así como la moralidad en el hombre desde nuestra tradición religiosa. La tradición filosófica hace a la moral autónoma, pero el sujeto moral es el que tiene responsabilidad y libertad. Éste, digamos, es el paradigma clásico que necesita ser trascendido. Para empezar hay que saber que los derechos y valores no son absolutos, sino objetivos, pero conquistados por el hombre. Es decir, que no existen derechos naturales, ni son dones divinos. Son conquistas humanas. La ilustración, teniendo su base en la universalidad del hombre de los estoicos y en la fraternidad de la ética cristiana, universaliza los valores éticos y los derechos. Es decir, se comienza a vislumbrar que todos los hombres son iguales, que tienen sentimientos, sensibilidad y raciocinio, sean negros, blancos o amarillos. Es decir, que se empieza a contemplar todo esto como una realidad que se le otorga al hombre. Luego viene la caída del antiguo régimen que dió paso a la democracia o repúblicas que son las que pueden garantizar estos derechos universales conquistados. Y, desde entonces, estamos en ello. Y, como no son naturales, y el hombre es un ser tribal, antidemocrático, pues son muy difíciles de materializar. Después de dos siglos estamos en el comienzo. Con los derechos de los grandes simios ocurre lo mismo, después de la pruebas que tenemos de su capacidad de raciocinio, su empatía, su sensibilidad, su protocultura, pues es necesario señalar que sí son sujetos de derechos. Aunque no tengan responsabilidad de sus actos, relativamente, porque una mala acción en su grupo, no con el hombre u otros animales, es castigado. Pero lo mismo ocurre con las tribus humanas desde el principio. Se castiga el asesinato de uno del clan, pero se premia el exterminio de otro clan. Somos homínidos. Y en nuestro comportamiento sólo hay una diferencia de grado. Además nosotros, como se dice en el artículo, hemos profundizado tanto en la universalización de los derechos que protegemos a aquellos que no pueden ser responsables de sus actos, simplemente por ser hombres; en este caso, por ser sujetos de sensibilidad. Es la empatía la que nos permite llegar a esto, más la cultura adquirida durante siglos. Por eso es necesario trascender el viejo paradigma ético de la responsabilidad y el deber, a la sensibilidad y la empatía. Y, por otro lado, considerar que la universalidad de los derechos reside en una conquista histórica objetiva. Por eso decía Riechmann, en su primer volumen de la ética de la autocontención “Planeta vulnerable” que es necesario una segunda ilustración en la que los derechos se universalicen a la ecosfera. Y con esto paso a mi última reflexión. Una de las características de la acción ética es la responsabilidad. Pero el viejo paradigma nos dice que sólo somos responsables de los actos que tienen una repercusión en otro yo presente. Además el derecho se funda sobre este principio moral, no hay penas sobre los males que se pueden ocasionar en el futuro. Pues ésta es la línea de argumentación que Hans Jonas abre con su principio de responsabilidad. La ética tiene que abrir la responsabilidad hacia el futuro y así entraríamos de lleno en la ética ecológica. Somos responsables de nuestro entorno natural y de las generaciones futuras porque nuestras acciones repercuten sobre ellos a la larga, en el futuro. La legislación mundial y cosmopolita debe basarse sobre este nuevo principio universalista y ecocéntrico.

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  8. Excelente como siempre.
    Está claro que hay que trascender ese viejo paradigma del que hablas, de la responsabilidad y el deber. Hay que caminar hacia esa universalización de derechos a la ecosfera. No sólo incluir a nuestros primos-hermanos ...los chimpancés. Ese sería un verdadero ejercicio de responsabilidad y el camino hacia ese progreso ético y moral que tanto necesitamos.

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  9. Efectivamente Mikel, el reconocer a los grandes simios como semejantes podrá ser ofensivo para muchos por motivos religiosos, pero estos -los religiosos, no los simios- no tendrán otra opción que aceptar lo que la ciencia y el conocimiento objetivo, alejados de cualquier emoción o ideología religiosa o política, dictamine. La ciencia debe de ser impermeable ante las creencias, por muy respetables que estas sean. Algo semejante a lo que pase cuando se pronuncien otras disciplinas como la filosofía o el derecho. A cambio ellos podrán dictaminar dentro de su ámbito teológico que, por ejemplo,los chimpancés no tienen alma o algo parecido, pero sin inmiscuirse en asuntos filosóficos, jurídicos o científicos.
    Gracias Izaskun por recomendarme el enlace, pero si te fijas en la columna de la derecha del blog, donde aparecen los enlaces amigos ("lo que es bueno"), desde hace tiempo están "Somos primates" y "Proyecto Gran Simio", dos sitios en castellano indispensables en este debate.
    Juan Pedro... Qué decirte. Magistral y brillante como siempre. Estoy absolutamente de acuerdo en que los derechos no son absolutos sino objetivos y son conquistados por el hombre. No emanan de la naturaleza ni de la divinidad, son conquistas 100% humanas. Y mencionas algo que me parece evidente, como la dificultad de materializar esos derechos dada nuestra naturaleza. Pero en ese obejetivo utópico de universalizar nuestros derechos encontramos la baza más fuerte para sostener la reivindicación de derechos reales para los animales (o para, al menos, los que según la biología habrían de compartir con nosotros género). El avance hacia esa universalización es una progresión escalonada que ha ido ampliando a lo largo de la historia el paraguas bajo el que nos albergamos los sujetos de derecho. Cundo Darwin elaboró su árbol filogenético de las especies, según la mentalidad de la época sólo podían ser plenamente beneficiarios de derechos quienes se encontraban en la cúspide de la copa del árbol, es decir hombres (no mujeres), de raza blanca caucásica, de países anglosajones, con una elevada formación académica y de clase media-alta. A nadie en su sano juicio se le ocurría en el s. XVIII equiparar en derechos a un hombre negro con otro blanco. Sin embargo, progresivamente los derechos se han ido expandiendo - a base de luchas de innumerables personas anónimas o no tanto- y derechos que ataño eran tildados de ridículos hoy son considerados lógico e innegociables. Estoy seguro que en unas generaciones nadie cuestionará el que los animales más cercanos genéticamente a nosotros sean sujetos de derecho. Y también estoy por supuesto absolutamente de acuerdo contigo cuando hablas de la ética ecocéntica que deberá adoptar la humanidad en adelante (sí o sí). Pero el considerar a los grandes simios como semejantes va mucho más allá de eso. Esos principos ecocéntricos y ecológicos deben basar nuestra relación con la ecosfera, sí. Pero al referirnos a los orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos, no podremos hacerlo en tercera persona como con el resto de la ecosfera ("ella"), pues tendremos que hacerlo en primera persona ("nosotros").
    Como apunta Ana hay que trascender los viejos paradigmas, hay que universalizar los derechos a la ecosfera. Pero hay que empezar por algún sitio y por donde mejor que con quienes tenemos ahí, a 0,6% de distancia genética de nosotros.
    Un abrazo muy grande y gracias por vuestros comentarios.
    Salud

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  10. Y estariais de acuerdo con que los monos llegasen a casarse (por lo civil, claro)?Esto puede habrir un camino que desemboque en una realidad en la que los monos tengan más derechos que las personas. Y porqué lo monos sí pueden tener derechos y los lagartos no? podrá tener derechos civiles una largartija? Habría que preocuparse antes de la cantidad de problemas que tenemos ahora en vez de intentar cosas como esta. Es una opinión. Un saludo.

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  11. Me has puesto en bandeja el ejemplo, pero exactamente a esa actitud me refería en la primera frase del artículo. Gracias por tu comentario Ansel. Salud

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  12. No creo que los "monos" lleguen a tener nunca más derechos que las personas, como se comentaba más arriba. Más que nada porque, como todo el mundo puede ver, a los seres humanos cada vez nos están robando más los pocos derechos que arduamente a través de la Historia pudimos conseguir. Y me temo que la cosa aún no ha tocado fondo. Esta entrada tuya es magnífica, y da muchísimo para meditar. Gracias por ella,

    Ramón García Durán
    www.apuntesdenaturaleza.blogspot.com

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  13. Efectivamente, a veces da la sensación que en lugar de avanzar en la dirección de universalizar, afianzar y expandir los derechos, vamos en la contraria. Malos tiempos para la lírica... En apariencia malos tiempos para exigir los derechos de un gorila cuando nos recortan los nuestros. Pero independientemente de la coyuntura, tenemos la obligación ética de luchar por la consecución de esos derechos lo que, al fin y al cabo, no es sino remar en la dirección de afianzar y consolidar los que ya tenemos reconocidos (aunque peligren). Un abrazo Ramón y muchas gracias por tu comentario.

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  14. Beatriz Ramos Peñadomingo, 09 enero, 2011

    Mira, Ansel la nota aclaratoria que tienen que poner en la web del Proyecto Gran simio para demagogos como tú:
    "Ante la manipulación o ignorancia de algunas personas, deseamos aclarar que Proyecto Gran Simio NO pretende que se considere a chimpancés, gorilas, orangutanes y bonobos como HUMANOS, que NO son, si no como HOMÍNIDOS que SI son. Si la cercanía genética entre el hombre y los demás simios es grande, aún lo es mayor entre estos y otros homínidos como los neandertales, habilis, erectus, etc. Por lo tanto, ya que los grandes simios son tan HOMÍNIDOS como los neandertales, erectus, etc, solo pretendemos que se les trate y se les reconozca derechos como se los reconoceríamos a estos si no se hubiesen extinguido."
    Infórmate un poco antes de dedicarte a la ligera a ridiculizar una iniciativa como esa. Y por cierto,Ansel, abrir es sin hache. Estupenda entrada Manuel

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  15. Es bueno encontrar un destello de luz en la internet. Salu2.

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  16. Muchas gracias por tu comentario Daniel. Un saludo.

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  17. ¿Homo paniscus? ¿Homo troglodytes? A mí me suena tal vez mejor Pan sapiens. Sería un modo sutil de recordarnos que nunca hemos dejado de ser animales; por alguna razón, aunque algunos lo digamos, no nos lo llegamos a creer... siempre hablamos de lo que nos diferencia de las otras especies pero rara vez mencionamos una diferencia que a mí me parece la principal: el sistemático simbolismo de todo lo que percibimos que nos crea enrevesados y consistentes autoengaños que tendemos a denominar "realidad". Deberíamos recuperar el sentido original del taxón Póngidos (Pongidae) y admitir que somos de la familia (aunque en ella no haya habido matrimonios legales de por medio en un porcentaje considerable de los casos, Ansel). Muchas gracias por este artículo, Manolo.

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  18. Muy bueno tu artículo. Da en el blanco de nuestro origen...y de nuestros problemas como especie.

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  19. Estoy haciendo una monografia sobre el tema. Muy interesante y de gran ayuda su articulo. Gracias por sompartirlo!

    Saludos
    -Krystal V.

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