"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

martes, 7 de diciembre de 2010

Viburnum


Viburnum tinus o Durillo. Arbusto que habita en encinares y alcornocales frescos, en las umbrías de las sierras mediterráneas y entre los más tupidos matorrales, donde se alía con el madroño y la coscoja. Conocido desde antiguo como Viburno, primero Plinio y posteriormente Clusio, lo apellidaron tinus, que significa "laurel silvestre", dado el parecido de sus hojas con las del laurel. Refiriéndose a la vegetación de Hispania, Plinio el Joven escribió que "entre los Cupressus crecen los Viburnum", describiendo lo debía de ser una hermosa estampa del supuesto paisaje hispánico con cipreses y durillos, demostrando de paso que para hacer tal descripción nunca puso un pie en la Península Ibérica (al contrario que su tío, Plinio el Viejo).
Sus hojas se emplearon antaño en cocimiento como febrífugo y sus frutos como purgantes. Cuando aún no ha pasado el invierno despliega su espectacular floración blanca, por lo que es sumamente preciado por las abejas, ávidas de polen y nectar en una época del año en la que las plantas floridas escasean. Pero quizás, cuando el durillo se convierte por méritos propios en el protagonista de las espesuras en las que crece, es a principios de la estación fría. En los últimos meses del año maduran sus pequeños frutos de un espectacular e inaudito color azul metalizado. Además, con las bajas temperaturas, los pigmentos presentes en la clorofila tiñen de un color rojizo los pedúnculos que sostienen a los frutillos, acabando de componer una sorprendente combinación cromática.
Los petirrojos y zorzales, ajenos a las connotaciones estéticas de las bayas del durillo, dan buena cuenta de ellas, incluyéndolo en el banquete de frutos y bayas que por esta época ofrecen numerosos arbustos de sus zonas de invernada.



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