"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

viernes, 26 de febrero de 2010

Arco iris


"Si un arco iris dura un cuarto de hora, todo el mundo deja de mirarlo"

Proverbio alemán

jueves, 25 de febrero de 2010

Hongos luminiscentes

Hongo luminiscente del género Mycena

A veces, podría decirse que los increíbles prodigios de la evolución superan los sueños más inverosímiles del escritor de cuentos con la imaginación más desbordante. Sin duda, uno de los casos es de los hongos luminiscentes del género Mycena. Como maravillosa solución adaptativa a las condiciones de los bosques tropicales donde no hay viento que se preste a transportar las esporas, cierto tipo de hongos han desarrollado una bioluminiscencia, producida por una reacción encimática, que atrae a los insectos nocturnos. Estos son los encargados de dispersar involuntariamente el material genético del hongo. En algunos de estos bosques, sobre todo de Japón y Brasil, se puede disfrutar del espectáculo nocturno que suponen las pléyades de miles de pequeñas setas emitiendo una luz verdosa.
Salvando las (enormes) distancias, entre los hongos ibéricos también contamos con especies luminiscentes, como es el caso de la Seta del Olivo (Omphalotus olearius) que cuando está madura puede emitir una débil fluorescencia verdosa en sus láminas.
Este tipo de fenómenos dejan claro que el inquietante reino de los hongos no dejará nunca de poner a prueba nuestra capacidad de sombro.

Hongos luminiscentes del género Mycena

Omphalotus olearius, el hongo luminiscente ibérico

lunes, 22 de febrero de 2010

De lluvias

A unos metros del diluvio.

Pero para lluvia, o mejor dicho, lluvias, las de las selvas de las "regiones equinocciales", como las llamaba Humboldt. Lluvia horizontal, totalmente vertical o en diagonal; lluvia fina y sutil que se las apaña para calarte sin que te des cuenta o lluvia desmesurada, como si el cielo se vaciase de golpe; lluvia templada o fría; lluvia de minutos o de semanas. Dicen allí que hay veces que la lluvia puede ser femenina - cuando llega sorpresivamente, es inconstante, intercalada con claros y arcoiris - o masculina - cuando es previsible, fuerte, constante y empieza y acaba una vez-.
Uno de los fenómenos relcionados con la lluvia que más nos llamó la atención en la amazonía fue que podía estar lloviendo a raudales en un lugar, mientras que a sólo unos metros no caía ni una gota. O que a una orilla del río Aguarico diluviaba durante horas mientras que en la otra no.
Sin duda, esa debía de ser la lluvía femenina.

Chubasco a la otra orilla del Aguarico.

¡AGUA!

El Pedruégano, resucitado.

Mientras los urbanitas – sobre todo su subespecie más insidiosa: los de pueblo- y los modernos agricultores siguen quejándose de hasta qué punto les incomoda que continúe la temporada de lluvias, los campos ibéricos rezuman agua por los cuatro costados y los arroyos, hace sólo dos meses exhaustos, se desperezan colmados como hacía tiempo que no los veía nadie. En sesenta días las precipitaciones han superado la media anual y la incipiente primavera promete presentarse espectacular. Pero toda el agua parece poca para unos campos que vieron cómo el tórrido verano se alargaba hasta bien entrado diciembre y del que parece que pocos se acuerdan.

viernes, 19 de febrero de 2010

La Harpía


¿Quieren ver a la rapaz más poderosa del mundo? Nos asestó de improviso Gilber. Cuando abandonamos con nuestra canoa el río Aguarico para adentrarnos en su afluente el serpenteante Sushufindi, no sospechábamos hasta qué punto, aquel joven de Lagoagrio raramente creaba falsas expectativas. Nos condujo a una maloca rodeada de su chacra de maíz y yuca, donde encontramos a la persona que conocía el sitio exacto donde era posible verla. La Harpía (Harpia harpyja): Águila descomunal – aquí todo es desproporcionado- especializada en la caza de monos y perezosos, a los que arranca de las copas de los árboles con unas garras impresionantes. Es un gigante que vigila sobre el dosel forestal y sólo anida en los árboles más altos de la selva, los imponentes ceibos e higuerones. Se trata del superpredador indiscutible de la selva lluviosa. No es extraño que para los pobladores humanos de la gran cuenca sea un ser mágico y envuelto en la leyenda. Con una presencia majestuosa y con un penacho de plumas rodeándole la cabeza que otorga a su faz un aspecto extrañamente humano, tampoco es de extrañar que – en un caso parecido al que ocurrió con el tapir y otros animales del nuevo mundo- los primeros conquistadores europeos la identificasen de inmediato con la maléfica harpía de la mitología griega, mitad mujer, mitad ave de rapiña. Tras varias horas atravesando la varcea o selva inundada, en ocasiones con el agua a la altura del pecho, adentrándonos en la selva primaria, llegamos a un enorme Ceibo tumbado. “Anidaba en este Ceibo, y lo cortaron para cazar al pollo. Luego lo intentaron vender, hasta que la española se enteró”. Se refería a Ruth Muñiz, la bióloga gallega estudiosa de las harpías, a la que en más de una ocasión había servido de guía, de lo cual se vanagloriaba. La española se hizo con el pollo y le montó un nido artificial en otro gran árbol que crecía junto al ceibo derribado.

- Desde entonces, todos los días viene a que su madre lo cebe.
- ¿Y cómo sabemos cuando vendrá?
- Ya queda poco.

Alas robustas, vuelo pausado y estampa de ser mitológico, a más de cincuenta metros por encima de nosotros, sobre la bóveda de la selva, apareció puntualmente la cría de “la rapaz más poderosa del mundo”. Y, como cada día y como bien sabía nuestro cicerone que haría, se posó en una cecropia justo encima de donde estábamos.

Durante todo el rato que la estuvimos contemplando sobrecogidos, la soberbia rapaz amazónica nos observaba con indiferencia. No es difícil imaginar la fragilidad que debíamos de aparentar allá abajo, en el suelo, tan pequeños; en un ambiente hostil; tan sumamente lejos de cualquier lugar en el que nos pudiésemos sentir, al menos, tan seguros como se sentía la poderosa vigía de las selvas vírgenes sobre su rama.

martes, 16 de febrero de 2010

Tomás Luna In Memoriam


Compartir un rato con él era hacerlo con la memoria viva del Ardila. Ocho décadas de trasiego por esa rivera, a lomos de su burra y seguido por sus podencos, dan para muchas historias. Como la de aquella charneca, que aún crece tupida en la pared de piedra, en la que se escondió el guerrillero perseguido; o la de aquella roja de Burguillos que se ocultó allá, en la Peña del Búho, hasta que fue delatada por el mozo que llevaba las vacas a los Llanos de Chiquillo; o la de cuando pagó su ajuar de boda con las pieles de las nutrias cazadas ahí mismo, en el tarayal y de cómo estas vendían caro su pellejo atacando sin dudar al más fiero de los perros: o las aventuras del “tío de la toalla” cuando iba a la feria de Zafra; o de cómo, cuando cerraron las compuertas del embalse de Valuengo, unos potros se quedaron atrapados en una isla y tuvo que ir a Mérida a convencer al encargado para que vaciasen la presa; y de cuando su mujer se puso de parto y a más de cuatro horas a trote de burra de Burguillos, el pueblo más cercano, su hijo decidió nacer por el camino; o de cuando comenzaron a aparecer esos patos negros con pescuezo de culebra, los cormoranes…
El tarayal del Ardila frente a nosotros. La Sierra de los Jacintos a nuestra espalda. El tiempo se detenía a la vera de una botella de vino, sentados junto a su chozo, y las infinitas historias comenzaban a fluir solas. Escuchando sus palabras hacía evidente que estaba integrado en el territorio, en su territorio, para formar parte inseparable de él, como el acebuche, como la cigüeña negra, como el martinete, como el tamujo, como el taray o como las cuarcitas de la peña del Búho.
Aún cuando fue asediado por la enfermedad se resistió – como nutria panza arriba - a abandonar el que era su sitio en el mundo y cuando desapareció, se llevó con él para siempre historias, topónimos y saberes de este pedazo de naturaleza fronteriza y que hoy son ya de otro tiempo. Y que nadie echará de menos.
Hoy el chozo de Tomás Luna se desmorona y sus enseres se enmohecen en silencio. Y, quizás por primera vez en varios milenios, se ha roto una cadena de generaciones y generaciones, y la vida en este fecundo curso fluvial del suroeste ibérico se desenvuelve sin habitantes humanos que le den nombre.


Colonia de garcillas bueyeras en el tarayal del Adila. Al fondo, la Sierra de los Jacintos.


Territorio de Tomás Luna.

domingo, 14 de febrero de 2010

El descubrimiento: Nada que festejar.



Hace algun tiempo, el sacerdote español Ignacio Ellacuría me dijo que le resultaba absurdo eso del Descubrimiento de América. El opresor es incapaz de descubrir, me dijo:-Es el oprimido el que descubre al opresor. Él creía que el opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido. Ignacio Ellacuría fue acribillado a balazos, por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su poder de profecía. ¿Lo asesinaron los militares de El Salvador, o lo asesinó un sistema que no puede tolerar la mirada que lo delata?

Eduardo Galeano

viernes, 12 de febrero de 2010

El ojo de Fomalhaut


Este tenebroso ojo gigantesco nos observa desde el espacio.

Aunque su parecido con el tolkiano ojo de Sauron sea inquietante, se trata de Fomalhaut, una estrella de la constelación Piscis Austrini y una de las más brillantes del cielo nocturno. Los árabes ya la conocían y la llamaron Boca de Ballena y los antiguos persas la consideraron una de las cuatro “estrellas reales”. Para las brujas medievales era un Ángel caído, que ejercía de guardián en la puerta del norte. El increíble anillo que rodea a la estrella es un disco circumestelar compuesto de polvo que emite radiación infrarroja y en el que se ha descubierto un planeta - bautizado como "Fomalhaut b"- que aparece señalado en la extraordinaria fotografía. Fotografía que, por cierto, está tomada prestada de la página de la NASA/ESA.

martes, 9 de febrero de 2010

La huella de la danta.



Huellas de tapir en la jungla


En lo más espeso de la jungla de niebla, donde para dar un paso hay que dar diez golpes de machete, donde el inabarcable repertorio de flora tropical ecuatoriana se alía para impedir nuestro paso, de repente, nos topamos con una senda. Pero esta senda no es de humanos. Las inconfundibles huellas en el barro, de un palmo de anchas y con tres dedos, delatan a la Danta.
“Sacha danta”, certifica en kychwa nuestro acompañante Néstor . Tapir de montaña o Tapirus pinchaque. Un extrañísimo animal de costumbres tan esquivas y hábitat tan recóndito que, durante mucho tiempo, la ciencia dudó sobre su verdadera existencia, no pudiendo con certeza discernir dónde acababa el mito y dónde comenzaba la realidad. Los conquistadores españoles lo denominaron Alce, confundiéndolo con la bestia que describieron los naturalistas clásicos y hasta el siglo XVIII se pensaba que era fruto del imposible cruce entre una yegua y un venado. La medicina indígena atribuye propiedades curativas casi mágicas a una especie de piedras que se forman en su aparato digestivo.
De porte pesado y con el tamaño algo mayor que el de un pony, con una pequeña trompa, con crin de caballo, con orejas de ciervo, con patas de tres pezuñas,… Un inverosímil ser que parece hecho con retales de otros animales y que posee un aire primitivo, de animal antiguo. De hecho se trata de un mamífero que ya existía en el Eoceno, hace 55 millones de años. No menos insólito que su aspecto, a la vez que simple, es el método con el que escapa del jaguar, su único enemigo natural: Abandonando sus sendas y huyendo a la trocha a través de la espesura en una huida aparentemente ciega, mantiene una distancia relativamente corta con el felino, de tal forma que le golpeen las ramas de los arbustos que deja el tapir tras su paso. De lo expeditivo del método podrá dar fe cualquier sufrido excursionista que se adentre en el matorral siguiendo de cerca los pasos de su acompañante.





Marsilea


Marsilea Batardae, un insólito helecho de pequeño tamaño con fronde en forma de trébol de cuatro hojas. Vive en zonas inundadas o con mucha humedad y sus poblaciones están muy localizadas, siendo bastante difícil su observación. Para Extremadura está citada por los botánicos (Rivas Goday y J. A. Alcaraz Devesa) en el paraje de Alconera conocido como “La Solapa”, un laberíntico complejo calizo de cavernas y dolinas. A pesar de haber estado tras su pista muchos años, las marsileas de Alconera son uno de los muchos secretos que el mágico calerizo aún no ha querido mostrar, al menos, a quien esto escribe.
El calerizo está hoy herido por los políticos corruptos y canallas que decidieron instalar allí una cementera. Esperemos que el extraño helecho con hoja de trébol no sea otra de las cosas que nos robaron para siempre.

sábado, 6 de febrero de 2010

" El río Ardila, un territorio con entidad"


Después de descubrir a golpe de macuto los lugares más insospechados del Ardila, sentí la necesidad de transmitir......de dar a conocer, y sobre todo de compartir...... las sensaciones tan conmovedoras con que Gaia, nos brinda desinteresadamente, tras un largo paseo por el río o por algún incierto camino perdido en la sierra.



El río Ardila es nuestro río, es una verdadera entidad....es el soporte físico y biológico que hace posible la vida de las floras y faunas que conforman la Sierra Morena extremeña......es la arteria que regula el clima de este territorio común, al que los romanos llamaron "Beturia keltikoi", los trashumantes y pastores ..... "la Baja Extremadura" y lamentablemente, la Administración Regional bautizó e identificó, con esto nuevo de la "desordenación del territorio," como la

!Comarca Sierras del Suroeste,! que por cierto..... ¿Dónde coño está eso?....¿el suroeste de dónde?..., me preguntaba en cierta ocasión un amigo hablando de los "Frailes en la Cañada del Madroño."


Mientras que en nuestras universidades y escuelas, sigan formando a las personas en todas y cada una de las ciencias, y nos enseñen múltiples conocimientos sobre la ingeniería ambiental, nanotecnología, ecología de sistemas, biotecnología, física nuclear aplicada....en vez de enseñarnos a conocer, a sentir y vivir con lo que nos rodea ....no habremos aprendido nada.. y estaremos condenados a las migrañas de la conciencia.... a una vida fugaz y sin criterios.

jueves, 4 de febrero de 2010

"El Cuello de la Luna"


Cuando el explorador y naturalista Alejandro de Humboldt, camino del volcán Chimborazo, avistó las nieves perpetuas del Cotopaxi desde el ceniciento valle de Limpiopungo, cuentan los historiadores de la época que exclamó emocionado ante singular silueta...

"Cotopaxi, un cono perfecto , el mas bello de todos los nevados"

Testigo impasible de pueblos que desarrollaron su cultura a largo y ancho de sus fértiles valles fluviales, como los Incas, Quechuas o Casangas en el altiplano, o de tribus indígenas de la llanura amazónica como los shuar, huaoranis o seicoyas... el Cotopaxi, cuello de luna en la lengua indígena, se yergue altivo y perpetuo con su silueta mágica e imponente... entre las cumbres nevadas de las laderas orientales de la cordillera de los Andes.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La sombra de la retama es alargada


...Que diría Delibes. La trayectoria del sol asciende a duras penas sobre el horizonte de las estribaciones más septentrionales de Sierra Morena. Con una débil luz lateral, debida a la declinación negativa que se mantendrá aún durante casi dos meses, el sol no es capaz de calentar estos campos escarchados ni de disipar la bruma que se encajona en sus valles, pero los tiñe de un increíble color dorado. Un apacible amanecer de febrero en las dehesas de Pallares, situadas justo en la divisoria de cuencas del Guadiana y del Guadalquivir.

martes, 2 de febrero de 2010

Los colores

Niña Cofán en el río Sushshufindi, en la Alta Amazonía ecuatoriana.
(Foto:Manolo García)


En algún lugar del tiempo, más allá del tiempo, el mundo era gris. Gracias a los indios ishir, que robaron los colores a los dioses, ahora el mundo resplandece; y los colores del mundo arden en los ojos que los miran.

Ticio Escobar acompañó a un equipo de la televisión española que vino al Chaco para filmar escenas de la vida cotidiana de los ishir. Una niña indígena perseguía al director del equipo, silenciosa sombra pegada a su cuerpo, y lo miraba fijo a la cara, de muy cerca, como queriendo meterse en sus raros ojos azules. El director recurrió a los buenos oficios de Ticio, que conocía a la niña, y la muy curiosa le confesó:
-Yo quiero saber de qué color mira usted las cosas.
-Del mismo que tú -sonrió el director.
-¿Y cómo sabe usted de qué color veo yo las cosas?

Eduardo Galeano. Bocas del Tiempo