"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

lunes, 26 de abril de 2010

domingo, 11 de abril de 2010

Saliendo de la caverna


Desde la noche de los tiempos, los hombres habían dado explicaciones sobrenaturales a todo aquello cuyos mecanismos no llegaban a entender. El rayo, el viento, las estaciones, el sol, las estrellas, la lluvia, el origen del mundo, el nacimiento y la muerte, poseían una explicación basada en los mitos.
Pero hace unos 2.700 años, ocurrió algo que cambiaría radicalmente y para siempre el devenir de la humanidad. Mientras nuestros antepasados recorrían agrupados en tribus los bosques ibéricos tras las manadas de ungulados salvajes, se vestían con pieles y se guarecían en chozas de centeno, a orillas del Mediterráneo existía un pueblo que ya escribía poesía, hablaba de democracia, discutía sobre filosofía, buscaba el ideal estético esculpiendo el mármol y realizaba compendios de medicina y botánica. En la escuela de Atenas, hacia el s. VII a.C. nació una idea revolucionaria y desconocida hasta entonces: Los fenómenos naturales tienen causas naturales. Pero fueron aún más allá y argumentaron que estas causas podrían ser entendidas por nuestra mente.
En ese momento nació la ciencia propiamente dicha y la búsqueda del conocimiento tal y como la entendemos hoy. Y desde ese momento, armados de la herramienta de su cognición, los humanos comenzaron a descifrar el cosmos.



Escuela de Atenas

viernes, 9 de abril de 2010

Sobre la belleza y el orden naturales.

Zygaena Rhadamanthus en Orchys Morio sp. Picta

Hacia el suroeste y hasta el horizonte, podemos contemplar la que posiblemente sea la mayor mancha de quercíneas del planeta, ocupando desde la cuenca extremeña del Guadiana hasta el Cabo de San Vicente. Abajo en el valle, los fresnos adehesados – creando una formación forestal insólita en estas latitudes- se iluminan con el verde refulgente de sus brotes recién estrenados; las encinas hacen lo propio y se desperezan con su floración de oro; por el contrario, los castaños que dan nombre a nuestra atalaya esperan aún latentes a que la primavera temple un poco más sus yemas; entre las ramas de una de las encinas juegan una pareja de absortos agateadores, varios buitres leonados sobrevuelan nuestras cabezas y una pareja de críalos se persigue entre las copas de los alcornoques. Los mosquitos se agrupan en miríadas suspendidas inmóviles y numerosos insectos se entregan a la búsqueda de néctar en el explosivo repertorio de flores que salpica hasta el último palmo de tierra.

La belleza de la naturaleza puede impresionar hondamente a una persona sensible, pero a pesar de ello, esa percepción nunca dejará de ser una sensación subjetiva. Para que esta exista, es necesaria la existencia de un observador y que este disponga de una sensibilidad determinada para percibirla. No ocurre lo mismo con el orden: El orden es una realidad objetiva y constatable, que impresiona a pensadores, personas inquietas y filósofos. Según Juan Luis Arsuaga, el amor al orden natural y a la belleza son las cualidades que más distinguen al ser humano.

Desde el Cerro de los Castaños, en la Sierra del Castillo de Salvatierra, en esta primavera exultante que reclama nuestra atención desde infinitos puntos, parece todo perfectamente orquestado. Cada ser vivo y cada fenómeno natural tiene su lugar. Todo parece magníficamente engranado en la maquinaria y el resultado es la armonía. Santo Tomás de Aquino, en su Suma Teológica, argumentaba que este “orden” es la quinta prueba racional de la existencia divina: Según él, esta armonía solo sería explicable mediante la existencia de un virtuoso artífice. Pero para un naturalista racionalista, en cambio, tanto el orden como la belleza, no obedecen a intenciones divinas sino a leyes. La orquídea es capaz de atraer mediante feromonas al pequeño lepidóptero, no por el maravilloso designio de un arquitecto supremo, sino por la no menos maravillosa actuación de las fuerzas naturales durante miles de millones de años y durante miles de millones de generaciones de individuos, con el consiguiente fracaso de los menos aptos. En lugar de ser así "para algo", la orquídea y el insecto son así "por algo".
Gracias a estas fuerzas, los organismos son dotados de una prodigiosa y deslumbrante concatenación de adaptaciones que dan lugar a un espectáculo capaz de conmover, tanto al cerebro matemático de quien se impresiona con el orden natural, como a la sensibilidad de quien se impresiona con la belleza plástica.

jueves, 1 de abril de 2010

"El espíritu del Árbol Fresno"



Hace poco, en el Charcón de La Lamia, bajo las ramas serenas del Fresno, tuvo lugar la cita anual del Equinocio de Primavera; hasta Maese Raposo -"El Forajido-" estuvo presente aquella noche de magia y estrellas, a pesar de la persecución que sufría durante esos días por unos filibusteros desalmados. Cuando se puso el Sol, acudieron al lugar las faunas y otros seres mágicos de naturaleza desconocida. Pero Tomás no acudió a la cita, las comadrejas preguntaron por él, y las náyades contestaron, que de vez en cuando....y fugazmente, se dejaba ver por las fuentes y manantiales...y que también, había sido visto "merodeando silencioso por entre la ramas emplumadas de los tarayes."Pero siempre......a última hora, cuando las garzas del Ardila, retornan una vez más a sus dormideros fatigadas de la calurosa y extenuante jornada.
!No se sabe dónde está.!