"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

martes, 29 de junio de 2010


"Siento que el progreso espiritual nos demanda el que dejemos de matar y comer a nuestros hermanos, criaturas de dios, y sólo para satisfacer nuestros pervertidos y sensuales apetitos. La supremacía del hombre sobre el animal debería de demostrarse no sólo avergonzándonos de la bárbara costumbre de matarlos y devorarlos sino cuidándolos, protegiéndolos y amándolos. No comer carne constituye sin la menor duda una gran ayuda para la evolución y paz de nuestro espíritu."

Mahatma Gandhi
"El auténtico viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos países, sino en ver con nuevos ojos"
Marcel Proust (1871-1922)

lunes, 28 de junio de 2010

YACARANDÁ



La canoa avanzaba lentamente por uno de los ríos de la gran cuenca amazónica, en gran parte perteneciente a la corona portuguesa. Los naturalistas que acompañaban la expedición tenían la misión expresa de buscar especias en aquellos inexplorados y prometedores territorios y, ya de paso, clasificar la fauna y flora más notable. Pero la humedad, el calor y los mosquitos, unidos al total desconocimiento de las infinitas especies de aquella terra ignota, hacía que los científicos criados entre los terruños de Iberia hubiesen perdido su inicial entusisasmo a la par que casi todas sus energías. Extenuados, ya no preguntaban al guía indígena por esta o aquella planta, ni pedían a quienes manejaban las canoas que parasen para coger muestras. Pero de repente, al salir de un meandro, apareció ante ellos un espectáculo que les hizo olvidar su calvario. De un impresionante color azul, aquel árbol achaparrado emergía entre la espesura de la orilla como una explosión de cielo abriéndose paso entre un universo de verdes. No habían visto jamás algo parecido.
-"¿Cómo se llama?", preguntó uno de ellos al guaraní que les acompañaba.
-"Yacarandá", respondió este. Que escrito en portugués, quedó como "Jacaranda" en el cuaderno de campo de aquel sufrido explorador.
Mucho tiempo después, el botánico francés Antoine Laurent de Jussieu, tuvo acceso a muestras de la planta y a la descripción de los exploradores portugueses, describiéndola ofcialmente por primera vez para la ciencia y clasificándola taxonómicamente. Jacaranda - tal como lo leyó textualmente- mimosifolia - con hojas de mimosa- fue el nombre con el que el maravilloso árbol azul fue bautizado por Jussieu.
Con el tiempo la Jacaranda viajó como planta ornamental al viejo continente y se aclimató perfectamente en los climas más beningnos, convirtiéndose en el árbol emblemático de ciudadades meridionales como Sevilla. Cada verano sus calles y jardines se ven engalanados con la inaudita floración de este árbol brasileño.
Sólo con el paso de los siglos alguien se percató de qué fue lo que contestó en realidad el guía al naturalista portugués y que una mezcla de desinterés por las culturas indígenas y de desidia científica, había hecho que pasase desapercibido durante tanto tiempo.
Yacarandá, en Guaraní significa algo parecido a "no lo sé".
Así, la repuesta sincera de un indígena amazónico poco ducho en botánica, pasará a la posteridad en los anales de la taxonomía.

domingo, 27 de junio de 2010

El insecto protegido por la aritmética

Imago de cigarra

Su canto estridente taladra las horas más cálidas de los días más cálidos de los estíos mediterráneos. Apostadas en la rama de un olivo o sobre un hinojo, las cigarras constituyen la seña de identidad sonora de nuestros veranos y poco hace sospechar que nos encontramos ante un insecto que encierra aspectos fascinantes en su biología.
Recientemente la ciencia ha descubierto que el, en apariencia monótono y anodino canto de las cigarras, obedece a unas frecuencias perfectamente sincronizadas con las del canto de las cigarras cercanas. Aunque aún se desconoce el objeto de este fenómeno, se sabe que en áreas considerablemente grandes pueden estar miles de cigarras cantando al unísono, en un gigantesco coro con la misma frecuencia.
Pero lo más increíble de este insecto se encuentra en algunos aspectos de su ciclo vital. La mayor parte de su vida, la cigarra permanece en estadio de ninfa bajo tierra, en forma de un insecto excavador sin alas que se alimenta de raíces. Tras varios años y respondiendo a una señal que aún nos es desconocida, emerge a la superficie, trepa por una rama o hierba y, deshaciéndose de la cubierta de su antigua piel, se transforma en imago, en el insecto alado que a todos nos es familiar. Le espera una etapa corta, de unas semanas, en la que se dedicará única y exclusivamente a las labores reproductivas, que comienzan con el cortejo, es decir, con el canto. Durante estas semanas las cigarras no se alimentan y, tras cumplir su ciclo – haberse apareado tantas veces les haya sido posible a los machos y haberse apareado y poner los huevos las hembras- mueren. Lo maravilloso de esta historia es el tiempo que permanecen en formas de ninfa y el momento en el que eclosionan. La fase subterránea dura 5, 13 ó 17 años, dependiendo de la especie. Cuando las cigarras de una especie determinada eclosionan, lo hacen de forma sincrónica, el mismo año y el mismo día, apareciendo por tanto repentinas poblaciones explosivas de cigarras que no volverán a verse hasta pasado otro ciclo completo. Hay una ventaja adaptativa evidente en el hecho de hacer acto de presencia de forma masiva cada determinado número de años y mantener una ausencia absoluta durante el resto: Cuando repentinamente surge una “plaga” de cigarras, todos los predadores potenciales dirigen sus ojos hacia ellas. Gatos, murciélagos, cernícalos, mochuelos, gorriones, zorros, … se entregan a un opíparo festín de plato único que durará sólo unos días y del que pronto acaban saciados. Aún así, el porcentaje de individuos de cigarra predados durante ese tiempo es siempre considerablemente menor que el que resultaría de una aparición anual. En el caso de eclosionar de forma aleatoria y todos los años, el tiempo total al que estarían expuestas el mismo número de cigarras al mismo de depredadores durante ese período sería tantas veces mayor como años del ciclo. Por otro lado, está comprobado que tras unos días de banquete desmedido, a los comedores de cigarras les disminuye la apetencia por tan abundante bocado, aumentando así el beneficio del sistema para el insecto. Además, los predadores no tienen forma de predecir cuándo se producirá el banquete y no están programados genéticamente para anticiparse a él. Sólo se beneficiarán de él quienes casualmente se encuentren en el lugar adecuado en el momento adecuado. Otra ventaja es que difícilmente podría especializarse un predador en la captura del insecto, dados los amplios períodos de tiempo en el que no están presentes. De no ser que el predador en cuestión tuviese un ciclo temporal idéntico al de la cigarra, apareciendo cada ciertos años coincidiendo con las eclosiones masivas de cigarras. Y he aquí el aspecto más fascinante de la biología de este insecto: Los intervalos entre eclosiones de las distintas especies de cigarras son siempre números primos (5,13,17,…) con lo que esquivan cualquier posible coincidencia con el ciclo vital de otro predador que se ciñese a patrones más comunes, como 2, 4 o 6 años. Matemáticamente, está demostrado que los números primos son los más difíciles de imitar en la naturaleza, por lo que las sucesivas generaciones de cigarras estarían prácticamente blindadas frente a cualquier insectívoro especializado en su captura. Se trata de una especie protegida por la aritmética.


Ninfa de cigarra




viernes, 25 de junio de 2010

Konrad Lorenz


"Creo haber encontrado el eslabón intermedio entre los animales y el homo sapiens. Somos nosotros"
Konrad Lorenz

miércoles, 23 de junio de 2010

Aguas negras

Mariposa Morpho, una de las mayores del planeta y uno de los seres
más espectaculares de las aguas negras amazónicas.

La riqueza de la amazonía alberga infinitas combinaciones de seres vivos y la paleta multicolor de sus ecosistemas es casi inabordable. Pero los habitantes humanos de la selva saben perfectamente que todos los ambientes, biotopos y ecosistemas se dividen en dos grupos nítidamente definidos y que poco tienen que ver entre sí: Aguas blancas y aguas negras.
Las primeras son las aguas turbias de los ríos potentes y caudalosos, cargados de sedimentos minerales arrancados de los lejanos Andes; impetuosas aguas casi opacas, de color terroso.
Las segundas son las aguas de los serpenteantes ríos que drenan la selva inundada. Cargadas de materia orgánica y ácidos húmicos, de rojizo oscuro, casi negro. Mansas y sosegadas, transcurren por los intrincados laberintos acuáticos de la varcea, donde no existen fronteras claras entre agua y tierra, y por los meandros imposibles de la densísima red fluvial amazónica.

Aguas negras

Cuando se llega a las secretas aguas negras, se tiene la sensación de estar penetrando en un mundo mágico. Las explosiva vegetación de las orillas se sustenta sobre la imagen especular que refleja una superficie del agua absolutamente inmóvil, creando un paisaje onírico en el que a veces parece que la canoa avanzase flotando por el aire entre islas de vegetación que también flotasen en el vacío. Cantos de aves extrañas amplificados por el eco del dosel forestal se mezclan con el estruendo lejano de los monos aulladores. Una mariposa gigantesca de color azul metálico aparece sobrevolando la lámina de agua. Se trata de la magnífica Morpho, tan grande que es observable por las avionetas que vuelan sobre la selva. Y de repente, un resoplido en el agua rompe la calma, hace trizas el espejo y nos recuerda que estamos siendo observados: Nos encontramos en la morada del delfín rosa, el maravilloso y legendario ser que vigila estas recónditas aguas cargadas de misterio y de belleza.

lunes, 21 de junio de 2010

De la mies al centro de la mente.


En la edad media era conocida como la fiebre de San Antonio o Fuego del infierno. La villa que se viese afectada por ella, se veía de repente devastada por un terrorífico y fulminante fenómeno que convertía la más salubre y próspera de las aldeas en un escenario apocalíptico. Cientos de personas salían a la calle presas de la locura colectiva y sufriendo alucinaciones, todas las mujeres embarazadas del lugar abortaban el mismo día y gran parte de la población era víctima de la muerte súbita. Tras el brote de Fiebre de San Antonio, que desaparecía con la misma rapidez con la que llegó, los supervivientes sufrían gangrenas en las extremidades que dejaban lisiados a gran parte de los afectados. Estaba claro que se trataba de un castigo divino, por lo que estos episodios iban seguidos habitualmente de procesos sumarios sobre aquellos miembros de la comunidad que se suponía podían haber atraído el castigo. Otros expertos, por el contrario, opinaban que se trataba de maleficios y conjuros llevados a cabo por brujas o gentes que mantenía tratos con el diablo, y el desenlace solía ser idéntico. El único remedio conocido para los afectados por la gangrena era ir en peregrinación a Santiago de Compostela, lo que los hacía sanar en muchos casos.

Cornezuelo del centeno o Claviceps purpurea

Hoy sabemos que el causante de no eran los judíos, ni las brujas, ni los hechiceros, ni el demonio,… sino una enfermedad, el ergotismo, causada por un pequeño hongo, el cornezuelo del centeno o Claviceps purpurea, común en zonas lluviosas de Europa y que parasita las espigas del centeno, de las que surge en forma de pequeños clavos negruzcos. Entre otras sustancias contiene alcaloides con un amplio espectro de efectos sobre la salud, algunos de los cuales con gran poder alucinógeno. Investigando estas propiedades, ya en el siglo XX, Albert Hofmann descubrió casualmente la dietilamida de ácido lisérgico, más conocida como LSD, una de las sustancias psicodélicas sintéticas más poderosas. Algunos de sus efectos mejor estudiados son las alucinaciones con los ojos abiertos, la percepción distorsionada del tiempo, la sinestesia (o mezcla de varios sentidos) y la disolución del ego. Los alcaloides del cornezuelo, que ya llevaban milenios actuando sobre los neurorreceptores cerebrales de los pobladores de la vieja Europa, se consagraron así entre las sustancias que más han aportado a la exploración de estados alterados de la conciencia en occidente.



Albert Hofmann, descubridor el LSD, que abrió nuevas puertas al
conocimiento de los estados alterados de la conciencia.

Cuando los cuerpos fructíferos del cornezuelo eran molturados involuntariamente en los molinos junto con los granos de centeno, se obtenía una harina contaminada por dichos alcaloides que daría lugar a intoxicaciones masivas. El pan elaborado con esta harina era el eslabón que unía a los hongos negros de las siembras de centeno con los terribles ataques de locura colectiva. Y la explicación a la milagrosa sanación de los peregrinos a Santiago de Compostela es que en la Península Ibérica eran más comunes los panes de trigo candeal, libre de cornezuelo, que los de centeno. Curiosamente se tardó muchos siglos en relacionar el cornezuelo con el Fuego del infierno. Al ergotismo se atribuyen casos como el de los Juicios de Salem, en el s. XVII y numerosos episodios que en su día se relacionaron con el fin del mundo, sobre todo en la época previa al fin del primer milenio. Y es que no es difícil imaginar el pánico y desconcierto que debían desatarse en las mentes de una comunidad rural del medioevo azotada de repente por un fenómeno incontrolable de estas características. Del mismo modo que resulta fascinante el cómo sustancias producidas por un organismo tan alejado de nosotros en la escala evolutiva como un hongo, puedan desencadenar extraordinarios y brutales estímulos en un mecanismo tan complejo como nuestro sistema nervioso de primates. A pesar de estar resuelto el misterio medieval del Fuego del Infierno, sigue aún totalmente vigente el misterio del porqué unas substancias producidas por un hongo pueden alcanzar el centro mismo de nuestra mente y traslocar totalmente nuestra capacidad de percepción del universo.

domingo, 20 de junio de 2010

La Evolución de Calpurnia Tate


"El Abuelo fue a por la pila de libros. Vi el Infierno de Dante junto a la Ciencia del globo de aire caliente. Había un Estudio de la reproducción de los mamíferos y un Tratado sobre el dibujo del desnudo femenino. Eligió un volumen forrado de suntuoso tafilete verde con hermosos adornos dorados. Lo limpió con la manga, aunque yo no ví que tuviera polvo. Con aire ceremonioso, se inclinó y me lo entregó. Lo miré: El origen de las especies.
Ahí, en mi propia casa. Lo acogí con ambas manos. Él sonrió.
Así comenzó mi relación con el abuelo."

Fragmento del "La evolución de Calpurnia Tate", de Jacqueline Kelly. Se trata de una preciosa novela en la que se narra cómo una niña de once años, aprendiz de naturalista, va descubriendo fascinada de la mano de su huraño abuelo las teorías de la evolución de Charles Darwin a la vez que se va abriendo camino entre los maravillosos secretos de las criaturas que le rodean. Todo ello en la Texas rural del s. XIX, en la que una niña tenía ceñirse a unos arquetipos establecidos para ser convertida en la señorita que su sociedad puritana esperaba - que se encontraba bastante alejada de la imagen de una joven capturando orugas y observando protozoos por el microscopio- y en la que los escritos de Darwin eran cuestionados y considerados prácticamente heréticos. Calpurnia, la protagonista, se deja arrastrar por el mismo entusiasmo, el entusiasmo asombrado hacia lo vivo que, a buen seguro, sintieron antes que ella Plinio, Humboldt, Thoreau o Darwin.



viernes, 11 de junio de 2010

La flor trampa

Aristolochia paucinervis, una de las especies del género más frecuentes en los campos extremeños.



Por toda la cuenca mediterránea, principalmente en encinares sobre suelos básicos, en claros de matorral, o junto a paredes de piedra, prestando atención es fácil encontrar en primavera a una de las plantas más increíbles de nuestra flora. Se trata de la aristoloquia. Aunque menos espectaculares que sus parientes tropicales, las aristoloquias ibéricas ocultan tras su modesta apariencia el sorprendente y maquiavélico mecanismo por el cual se perpetúa la especie. Estamos hablando de una pequeña planta rastrera, con cierta tendencia a trepar, con hojas acorazonadas, cuyas flores poseen una peculiar forma tubular con la base engrosada. Observándolas detenidamente, se puede apreciar una estructura floral que es una auténtica trampa: La apertura superior está rematada por una especie de labio y tanto el borde del mismo, como la superficie interna de la flor están tapizados por numerosos pelillos rígidos orientados hacia abajo. Cuando la flor inicia su maduración, el interior del tubo adquiere un tono amarronado violáceo que contrasta con el verde de la parte exterior y de las entrañas de la flor comienza a fluir un perfume a carne descompuesta. Estos estímulos son demasiado tentadores para que algunos insectos, sobre todo dípteros, puedan resistirse. Embaucados por la trampa visual y olfativa, los insectos penetran en el tubo floral del cual no pueden ya salir debido al tapiz de pelillos.
Detalle de la flor de Aristolochia paucinervis

Una vez en la base inflada de la flor, en la cámara donde se encuentran sus órganos sexuales, al engañado mosquito le espera un secuestro perfectamente planeado. Para evitar la autofecundación, la aristoloquia ha adquirido un curioso mecanismo por el cual los estambres no producen polen hasta que los ovarios están fecundados. Así, si el incauto y desmemoriado secuestrado ha caído anteriormente en otra trampa, cosa bastante probable, portará en su cuerpo los granos de polen de otra aristoloquia y fecundará involuntariamente los ovarios de su captora. Sólo entonces, una vez consumada la fecundación, el androceo comienza a expulsar sobre el insecto su carga genética en forma de miles de granos de polen. Durante la retención, eso sí, la planta brinda en el gineceo una confortable estancia a su prisionero, ofreciéndole alimento en forma de néctar. A la aristoloquia no le es útil un mosquito muerto de hambre. Tras uno o dos días, lo suficiente para completar el proceso, de repente, los pelillos de las paredes del tubo se marchitan y se pliegan contra la superficie de la flor, dejando vía libre al insecto impregnado de polen que, sin duda, no tardará en volver a caer en el voluptuoso engaño de otra flor trampa.

miércoles, 9 de junio de 2010

LA ESPECIE ELEGIDA

Elysis chlorotica, la especie elegida, el fascinante animal-planta

En anteriores entradas de este blog se ha descrito la fotosíntesis como uno de los grandes milagros del cosmos, gracias a la cual algunos organismos, como las plantas o las algas, obtienen su energía del sol, del agua y del CO2. El resto de organismos vivos del planeta estamos condenados a subsistir a costa de depredar a los seres que tengan la desgracia de cruzarse en nuestro camino. Pero los prodigios de la evolución no dejarán jamás de sorprendernos y en enero de 2010, el doctor Sydney Pierce dio a conocer un descubrimiento que ha hecho tambalearse muchos de los dogmas que se tenían hasta ahora al respecto y que ha dejado atónita a la comunidad científica.
La Elysia chlorótica es una especie de pequeña babosa marina de un precioso color verde esmeralda que habita en las costas de Norteamérica. Se alimenta de algas, de las que su organismo preserva las estructuras fotosintéticas (los cloroplastos) que, contra todo pronóstico, continúan realizando la fotosíntesis en el epitelio de su sistema digestivo. Tras una fase juvenil en la que se alimenta de estas algas, la acumulación de cloroplastos le permite pasar el resto de su vida obteniendo toda la energía que necesita gracias a la fotosíntesis que se realiza en su cuerpo. Y de paso, todo sea dicho, ignorando absolutamente las clasificaciones, sistemáticas y separaciones entre reinos que afanosamente nos hemos dedicado los humanos a establecer durante siglos. Los fascinantes mecanismos que hacen posible que los cloroplastos vegetales se mantengan vivos y permanezcan operativos en el interior de un animal son aún un enigma para la ciencia, pues para que estos orgánulos vegetales funcionen correctamente precisarían de proteínas codificadas, es decir, del genoma de su planta originaria. Una de las hipótesis afirma que podría existir lo que se conoce como una “transferencia horizontal de genes”, algo habitual e algunas bacterias y que permitiría al molusco adoptar parte del material genético del alga. De hecho, los científicos han detectado el adn del alga en los huevos de la Elysia. Se trata de un paso de gigante en la evolución, que dota a un animal de la increíble capacidad de la autosuficiencia energética. Por primera vez en la historia de la vida en nuestro planeta, como dice Eduard Punset en su último libro “El viaje al poder de la mente”, un animal se ha apoderado del secreto de las plantas para vivir de la energía solar.
La Elysia chlorótica – además de ser un bello molusco con un hermoso nombre- es el primer animal-planta, un organismo super-evolucionado; es, sin lugar a dudas, la especie elegida.

jueves, 3 de junio de 2010

AYAHUASCA. Desde Puerto Bolívar al Cosmos por la "Soga de los Muertos."


Puerto Bolívar es un pequeño puerto fluvial a orillas del Río Cuyabeno, en las cabeceras del Alto Amazonas, los mapas lo señalan justamente en la frontera de las selvas de Colombia y Ecuador. Fue antaño un lugar idílico, cuando convivían en armonía Seicoyas, Sionas y Shuar, hasta que llegaron desde Europa allá por el siglo XVI, las huestes evangelistas del emperador Carlos V, y seguidamente, las de su hijo Felipe, que delegó la búsqueda del Dorado y el País de la Canela, a sus capitanes los Hnos Pizarro, Pedro de Ursúa o Lope de Aguirre entre otros; éste último apodado El Tirano, El Peregrino, o en la versión cinematográfica alemana "La Cólera de Dios," simplemente por rebelarse contra la política imperialista y genocida de la Corona Española en las Indias Occidentales.
Allí en Puerto Bolívar, conocimos en cierta ocasión a Alberto Grefa, un chamán de la tribu Cofán, que hacía las veces de médico espiritual a través de la Ayahuasca y otras como sanador oficial de las comunidades indígenas del río Cuyabeno. En su cabaña comenzó nuestro viaje.
La Ayahuasca, también conocida como "Yagé,"es un preparado de plantas que tiene como base una liana llamada cientificamente Banisteriosis caapi, mezclada con otras especies y hervida durante horas, se obtiene una mixtura de color ocre y de singular sabor a metálico. Sus usos, se basan fundamentalmente: como droga visionaria, como medicina espiritual y sobre todo como transportador esencial para los indígenas en sus viajes cosmogónicos. El nombre de Ayahuasca significa en las lenguas nativas "Soga de los Muertos," que según la religión de estas comunidades, es el único sendero para viajar o comunicarte con las entrañas de la Tierra......las profundas y oscuras aguas de los ríos amazónicos.......o con las bastas regiones del Cosmos. Los efectos de este enteógeno duran aproximadamente cuatro horas, después de esta experiencia sin igual, coincidimos en que los efectos alucinógenos del preparado podrían diferenciarse en cuatro fases bien definidas.
La primera fase se presenta con espasmos seguidos de vómitos a los quince minutos de la ingestión. En la segunda fase sufres una repentina modificación del estado de conciencia, que suele durar de hora a hora y media. En este estado puedes comprender la expresión !!Alucinar en colores!! pues cerrando los ojos y en plena oscuridad de la selva, penetras en un viaje de figuras geométricas y caleidoscópicas en perfecta simetría, donde predominan los colores violetas, verdes eléctricos fosforescentes y amarillos saturados. La tercera fase suele terminar con un viaje de unas dos horas, a mundos desconocidos con alucinaciones representadas por seres zoomorfos con los cuales puedes comunicarte y hasta tocarlos. Es tal el estado modificado de la conciencia, que ves lo que piensas, aún teniendo los ojos abiertos. Para llegar a la cuarta fase, Alberto el Chamán, nos dijo que había que tomarla con regularidad y que para ver al "Rey del Yagé," las dosis tendrían que ser repetidas y mas altas.

En recuerdo a Alberto Grefa....... por enseñarnos otros mundos desconocidos que parten de Puerto Bolívar.











martes, 1 de junio de 2010

LA FOTOSÍNTESIS (Tercer milagro)


De entre todos los fenómenos biológicos, la fotosíntesis constituye el pilar fundamental sobre el que se sustenta la vida en la Tierra. Pero no siempre fue así. Hasta la aparición de los primeros organismos fotosintéticos, la vida se desarrollaba de forma bastante inadvertida e insulsa, constituida por microorganismos considerablemente elementales y poco evolucionados para los que el oxígeno era un gas tóxico. Hasta hace unos 3.500 millones de años, lcuando la evolución dotó a algunos seres de la capacidad de obtener energía del medio a través de un proceso hasta entonces desconocido e incomparablemente más eficiente que los anteriores. Y entonces todo cambió. Las ventajas evolutivas que supuso la aparición de la fotosíntesis son evidentes si tenemos en cuenta que, a partir de ese momento, comenzó la verdadera revolución de la vida en la Tierra: A medida que el planeta se iba tiñendo de verde, los organismos comenzaron a evolucionar aceleradamente y a diversificarse de forma explosiva, pudiéndose afirmar que aquel punto de inflexión supuso el definitivo triunfo de las formas biológicas. Pero la influencia de tan trascendental fenómeno no se limitó a los seres vivos, sino que llegó a cambiar radicalmente la apariencia y características de nuestro planeta. Los organismos fotosintéticos, principalmente las algas, comenzaron paulatinamente a inundar de oxígeno aquella atmósfera primitiva, con lo que el resto de seres vivos tuvo que adaptarse a esa nueva circunstancia. A su vez, el resultado fueron metabolismos aún más eficaces a la hora de obtener y procesar energía, pues en los procesos en los que interviene el oxígeno se puede obtener más energía que en los anaerobios. Y ello, a su vez, desencadenó la aparición de formas de vida más complejas y activas.
Pero ¿En qué radica el éxito de la fotosíntesis? Se trata de un proceso sumamente complejo pero que se puede resumir en una mágica y simple ecuación:

Agua + Dióxido de Carbono + Luz solar = Glucosa + Oxígeno

Mediante la fotosíntesis, las plantas y las algas capturan la energía del sol y la transforman en moléculas orgánicas, glúcidos principalmente. Estas moléculas forman los tejidos de los organismos fotosintéticos y son el combustible para todos los demás habitantes de la Tierra. El milagro comienza cuando la luz solar es captada gracias a los pigmentos vegetales y cuando los cloroplastos, auténticos laboratorios en miniatura, trasforman la energía lumínica en energía química. Ese es el milagroso principio de absolutamente todas las cadenas tróficas del planeta, el origen del ciclo del carbono y la base de lo vivo. Mediante una cadena de maravillosas reacciones, se transforma lo inerte, lo químico, la luz, el dióxido de carbono,… en vida.

Tras la explosión de verdes de la selva amazónica, un ejército infinito de cloroplastos transforman tres de los ingredientes más abundantes de su entorno - agua, luz solar y dióxido de carbono- en los ladrillos con los que está conformada la vida en el planeta.