"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

domingo, 28 de noviembre de 2010

EL BOSQUE ANCESTRAL




En las mentes de quienes hemos nacido en la región Holártica -es decir, la franja que ocupa Europa, Norteamérica, Japón y Gran parte de Asia- existe un arquetipo de bosque primitivo que aún subyace en lo más hondo de nuestra memoria colectiva. Se trata de un bosque que jamás conoció el hacha, dominado por árboles de hoja caduca que alcanzan más de treinta metros, intercalándose los robles, tilos y fresnos milenarios con multitud de arbustos cargados de bayas. El umbroso suelo está tapizado por helechos y setas, y la hojarasca se incorpora lentamente a una capa de mantillo formada durante milenios y milenios de la que emana la fértil fragancia de la tierra. Sobre este suelo yacen árboles gigantes abatidos por muerte natural y que son devorados lentamente por los microbios para finalmente desaparecer, no sin antes devolver a la tierra una auténtica lluvia de nutrientes. Un brumoso bosque virgen atravesado por arroyos cristalinos, cuyo silencio sólo se ve rasgado por los saltos de agua, por el canto de los arrendajos, por el martilleo del pico picapinos y por el aullar de los lobos. Las cortezas de los árboles están cubiertas por siglos de musgo y en los huecos de los árboles más viejos vibran las colmenas repletas de miel aguardando sin saberlo la próxima visita del oso. Martas, zorros, azores, tejones, cárabos y linces intentan continuamente ejercer su superioridad trófica sobre lirones, ardillas, corzos, herrerillos y urogallos. Es un bosque primario que no es atravesado por ningún camino ni sendero y cuya pureza no se ha visto ajada por manos humanas. Cuyos ciclos naturales nunca fueron interrumpidos. Es el bosque cargado de mitos y de leyendas y el que evocamos cuando escuchamos los cuentos de hadas europeos. Es un bosque que no existe. O quizás sí.



Un bosque como este se extendía hace unos 12.000 años, tras la última glaciación, desde el cabo de San Vicente hasta las asiáticas orillas del índico y desde la costa pacífica del subcontinente norteamericano hasta la del Atlantico. En esa descomunal formación forestal vivieron durante milenios nuestros antepasados. No era homogénea pues, tanto en el centro del continente Euroasiático como en el Norteamericano, siempre hubo extensas estepas y, si en las tierras más septentrionales predominaban las coníferas, en las más meridionales lo hacían las quercíneas perennes. Pero se trataba del bosque ancestral, el que fue desapareciendo poco a poco, primero en las zonas pobladas desde más antiguo, como las orillas del Mediterráneo. La cada vez más intensa actividad humana, la incesable labor deforestadora de una población que aumentaba de forma aritmética, relegó paulatinamente los retazos que quedaban de este bosque a las zonas menos fértiles y más abruptas. Pero el proceso humanizador no paró ahí y hasta el último rincón de las zonas templadas del hemisferio norte se vieron profundamente alteradas con el paso de los siglos, no restando nada del antiguo bosque. Hasta en las zonas en apariencia más agrestes hace acto de forma más o menos intensa la mano del hombre. Incluso los que consideramos enclaves salvajes, se encuentran tremendamente modificados, siendo sólo lejanas emulaciones del pasado forestal holártico.
Pero en un rincón perdido de Europa, entre Polonia y Bielorrusia, existe lo que puede considerarse como el postrero fragmento del gran bosque. Milagrosamente el tiempo ha preservado esta reliquia, este último añico de la selva templada. Se llama Puszcza Bialowieza, término polaco que significa “Bosque primitivo”.


Bosque primario de Puszcza Bialowieza

Unas 200.000 hectáreas que providencialmente fueron declaradas coto real en el siglo XIV- cuando ya eran escasísimos los fragmentos de bosque intacto- y que se han preservado a lo largo de los siglos gracias a una serie de afortunados acontecimientos. Cuando Polonia y Lituania fueron asimiladas por Rusia, Bialowieza fue declarada coto de los zares; durante la primera guerra mundial fue declarada parque nacional; tras la invasión nazi, un general alemán con inquietudes naturalistas la declaró territorio vedado a cualquier uso y tras la 2ª Guerra Mundial, Stalin aceptó que Polonia conservara parte del bosque. En épocas más cercanas, un entonces joven estudiante de silvicultura de Cracovia – Andrzej Bobiec- , se convirtió en el defensor de Bialowieza. El bosque estaba amenazado por tecnócratas y silvicultores que sólo veían en él una gran fuente de madera que había que rentabilizar y “poner en valor” (maldito palabro) pero, gracias a sus esfuerzos, hoy es considerado un santuario único en el planeta. Hizo valer la importancia del enclave gracias a indicadores ecológicos como el de los pájaros carpinteros: En ningún otro lugar del hemisferio norte, hizo saber Bobiec, convivían 9 especies de pájaros carpinteros, lo cual hablaba de la salud y madurez insólitos de aquel ecosistema. Pero el emblema del santuario de Bialowieza no serían los picos picapinos. Su símbolo vivo es otra reliquia, un imponente ungulado que recorrió todos los bosques de la Europa neolítica y cuya estampa nuestros antepasados plasmaron magistralmente con hollín y hematites en las paredes de sus cuevas: El bisonte europeo (Bison bonasus), el mamífero salvaje terrestre más grande de Europa. Sólo 600 ejemplares sobreviven en estado salvaje en el planeta y todos en Bialowieza. El más magnífico emblema de la fauna más atávica sólo podía sobrevivir en lo más intacto que queda del bosque antiguo. Aunque lo hace dividido en dos poblaciones por una línea infranqueable que parte en dos al bosque primigenio. Este sólo es atravesado por una obra humana: una valla metálica, vestigio de la guerra fría. Se trata de la frontera entre la antigua URSS y Polonia, que nadie ha desmantelado aún y que permanece como una cicatriz en la única instantánea que nos queda de la naturaleza del cuaternario. Esta divisoria, que actualmente marca la frontera de la UE, limita el paso y el intercambio genético de los mamíferos y convierte en imposible cualquier intento de unidad de criterios a la hora de proteger Bialowieza.


Los Bisontes de Bialowieza, además de ser los últimos supervivientes de su estirpe, son los auténticos descendientes de los que hicieron inmortales nuestros antepasados del paleolítico en las paredes de sus cuevas.

Resultaría imperdonable que un tesoro que se ha mantenido asombrosamente indemne e intacto durante milenios, prácticamente desde el cuaternario, sin que nadie fuese consciente de su importancia, se viese alterado en el siglo XXI, cuando se supone que su increíble valor es unánimemente admitido. Y cuando los habitantes de la macrorregión más humanizada del planeta deberíamos reconocer en él al bosque ancestral que persiste en lo más hondo de nuestro imaginario y en el que aún se percibe la fragancia del Edén de nuestros antepasados.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Telarañas y rocío




El ambiente es de otoño avanzado aunque, en la mayoría de los campos ibéricos, aún no son excesivamente bajas las temperaturas. Los frecuentes chubascos, la - hasta a hora- escasez de viento, y los cada vez más menguados y menos cálidos días, hacen que una generosa capa de humedad lo envuelva todo. Y si los días van acompañados de una espesa niebla matutina, el espectáculo está servido.


Estaban ahí aunque nadie las viese. Las pequeñas y perfectas telarañas -con las que las diminutas arañas, eclosionadas durante los últimos días de buen tiempo, pretenden atrapar alguna pequeña presa incauta que les reporte energías para pasar el invierno- han proliferado en las últimas semanas por doquier, permaneciendo aferradas a cada planta seca, a cada rama y a cada cardo. Las arañitas tienen poco más de un milímetro pero se han afanado en su labor pues de ella y de su maña para tejer las invisibles trampas depende su oportunidad para alimentarse antes de que lleguen los fríos. Pero sus trampas fueron invisibles sólo hasta hoy: La niebla a acariciado los paisajes dejando a su paso un tapiz de rocío. Y delatando a los hilos de las arañas que se han convertido en fantásticos rosarios de gotitas de agua. Cada telaraña se ha transformado en una frágil joya formada con seda y agua pura. Perfectas, minúsculas y efímeras obras de arte que desaparecerán en cuanto los rayos de sol calienten sólo un poco, lo suficiente como para evaporar las pequeñísimas gotas de rocío.

Semejante espectáculo estético hace sentir a quien lo observa que, en la naturaleza, para sentirse afortunado por estar en el sitio adecuado en el momento exacto, no es necesario toparse con cóndores andinos, manadas de lobos o auroras boreales.



















martes, 23 de noviembre de 2010

PÚRPURA DE TIRO


Conchas de Murex



Según la mitología griega y romana, Helena se encontraba paseando con su perro por la playa de Troya, donde permanecía cautiva. El perro comenzó a mordisquear un caracol marino que las olas habían arrastrado hasta la playa y el hocico se le tiñó de un precioso y desconocido color parecido a un violeta rojizo intenso que llamó la atención de Helena. Hechizada por aquel maravilloso color, hizo que le tiñeran un vestido con él, dando comienzo a la increíble historia del Púrpura y convirtiéndose en la privilegiada que por vez primera lució la que sería la más distinguida de las vestimentas. Según otra leyenda fenicia similar, fueron el dios Melgart y la ninfa Tyrus quienes realizaron el descubrimiento en una playa de Tiro.
En cualquier caso, fuese el perro de Thyrus o el de Helena, la sustancia cuyo origen narraban así los antiguos fue durante casi dos milenios el producto más lucrativo del mundo – incluso más que el oro- y hoy, varios milenios después, continúa siendo único.




Según la tradición, Helena de Troya fue quien disfrutó por vez primera del lujo de vestir con púrpura.


No resulta extraño que en la antigüedad se sintiesen fascinados por el color Púrpura, un color insólito y de inusitada belleza, que aunque a veces es confundido con distintos tonos del violeta, no tiene nada que ver con él. La ciencia moderna ha desentrañado un fenómeno que explicaría el porqué ha despertado tanta fascinación a lo largo de la historia. A diferencia de otros colores similares (violeta, morado, magenta o granate), el púrpura no es un color espectral, sino una mezcla de distintas tonalidades de rojo, azul, violeta y negro. Las tonalidades púrpuras son colores extra-espectrales; de hecho el púrpura no estaba presente en la rueda de color de Newton, aunque actualmente en las ruedas modernas se encuentra entre el rojo y el violeta (Concretamente en la coordenda 1. 640 099 de la gama cromática HTML). Por consiguiente no hay una longitud de onda que pertenezca al color púrpura, ya que solo se produce por dicha mezcla. Por ello, y debido a variaciones en la distribución de los conos receptores de los espectros azul y rojo en la retina humana, entre unas personas y otras existe distinta sensibilidad a la hora de percibir el púrpura. Ante un mismo color púrpura, unas personas lo percibirán más cercano al azul, otras más cercano al violeta y otras más cercano al rojo. Eso explicaría que la atracción ejercida por este color no ha sido igual en todas las personas y que no exista acuerdo entre los estudiosos de la teoría del color a la hora de clasificarlo.
Si a ello se le unen unas características químicas que lo convertían en prácticamente inalterable, su insuperable capacidad para fijarse a los tejidos y unas fuentes de producción extremadamente caras y limitadas, la leyenda estaba servida.

El origen del prodigioso pigmento hemos de buscarlo en las aguas poco profundas del Mediterráneo, hábitat de unos caracoles gasterópodos carnívoros con una vistosa concha y con un tamaño de unos 6 a 12 cms. Se trata de las especies de Múrice, Murex trunculus y Murex brandaris, conocidas en el sur de España –donde, al igual que casi cualquier criatura animada o inanimada, forman parte del repertorio gastronómico- como “Cañadillas”. La glándula hipobranquial de estos moluscos contiene una pequeña cantidad de una secreción líquida que, aunque es transparente mientras permanece en el organismo del caracol, se vuelve amarilla al contacto con el aire y con la luz solar, para después virar sucesivamente a verdosa, roja, violácea y finalmente adquirir un intenso color púrpura. Además del increíble color que generaba la tintura, una vez fijada a un tejido su color no desmejoraba con el tiempo, sino que con el paso de los años iba adquiriendo un color más puro y apreciado. Esta sustancia es la legendaria Púrpura de Tiro, el potente tinte que valía más que su peso en oro y que se utilizó desde, al menos el 1600 a.C. en Creta, donde las altas capas sociales lo adoptaron como símbolo aristocrático. Según el historiador Teopompo, del Siglo IV a. C., “una toga teñida en púrpura valía su peso en plata en Colofón”, en Asia Menor. Existen crónicas que describen el barco real de Cleopatra, la reina de Egipto, con el velamen teñido en Púrpura de Tiro, en un fabuloso alarde de suntuosidad. Fue el artículo de lujo por antonomasia para los romanos existiendo factorías por toda la ribera mediterránea, algunas de ellas muy famosas como la de Malta, aunque ninguna adquirió tanto prestigio como la de Tiro, en Líbano. El extraordinario pigmento producido en Tiro, también conocido como Púrpura Imperial o Púrpura Antigua, se convirtió en el imaginario clásico en sinónimo de magnificencia y de lujo, utilizándose exclusivamente para teñir túnicas ceremoniales. La obstinación de los emperadores por reservarse su uso llega a extremos exagerados como los de Nerón, que decretó la pena de muerte a quien infringiese la ley que prohibía al común de los mortales vestirse con él. Vitrubio lo considera “el color más precioso y agradable a la vista” y Plinio el Viejo, en su Historia Natural afirmaba que “…la tonalidad de Tiro… se considera de más alta calidad cuando tiene exactamente el color de la sangre coagulada poseyendo, para que el que la ve, un matiz negro, pero con una apariencia brillosa al ser expuesta a la luz”. Plinio también asegura que el Púrpura del norte del Mediterráneo es distinto al producido con el múrice del sur. En ocasiones se mezclaban púrpuras de distintos orígenes para obtener unas tonalidades u otras, e incluso en algunas épocas llegó a mezclarse con tintes más baratos, como Quermes (cochinilla) o Índigo.



El Púrpura de Tiro se convirtió en el objeto de comercio más costoso de la antigüedad.


Para conseguir un litro de púrpura líquida –que después había de ser reducida, concentrada y desecada - se necesitaban cien mil caracoles (lo que según algunas estimaciones actualmente equivaldría a unos 50.000 euros, solo en materia prima). Una vez seco el extracto, la proporción era de 10.000 caracoles por gramo de tintura en polvo. Por todo el Mediterráneo legiones de pescadores recolectaban Múrex para las factorías y en las inmediaciones de las estas se han encontrado auténticas colinas formadas con las conchas de los caracoles desechados (Como por ejemplo en el Mar de Tiro y de Sidón o en Tarento). El hedor que desprendía el proceso de elaboración hacía que este se llevase a cabo lejos de las ciudades pero, debido al secretismo mantenido por los fabricantes, poco o nada se sabe de la técnica seguida para la obtención del tinte. Esa rigurosa discreción contribuyó a acrecentar el aura mítica del púrpura, pero también fue uno de los elementos que hicieron que su modo de obtención se perdiera en el olvido.




El empreador Justiniano vestido de púrpura en un mosaico de San Vital de Rávena del s.VI d.C.


Ya en Bizancio su uso estaba estrictamente restringido por ley y solo podía ser utilizado por la corte imperial, identificándose a un miembro de la familia del emperador como ‘porphyrogentios’, es decir, ‘nacido con la púrpura’. A partir del 312 .d.C. con la conversión de Constantino al cristianismo los emperadores, que ahora ejercían como sumos pontífices (“pontifex máximus”), heredaron el uso exclusivo de la púrpura cuya fabricación –monopolizada por la élite imperial de la corte bizantina- se encontraba ya tremendamente limitada. Hasta que la producción de Púrpura llegó a un abrupto fin con el saqueo de Constantinopla en 1204 d.C. por los cruzados de la Cuarta Cruzada. A partir de ese momento ningún emperador o papa tuvo recursos financieros para proseguir con la producción del tinte lo que, unido al secretismo que rodeaba a los métodos de producción, hizo que la fórmula del legendario Púrpura de Tiro se perdiese para siempre.
Posteriormente se utilizarían tintes sucedáneos, como un líquen tintóreo de las Islas Canarias (El Rocella canariensis). Este sustituto barato se hizo tan célebre que las islas fueron conocidas como Islas Purpúreas. Pero ninguno llegó a alcanzar ni de lejos las propiedades del Púrpura de Tiro.




Roccella canariensis u Orchilla, líquen canario del que seobtenía un sustituto de la Púrpura más económico.



Aún hoy sigue siendo el color utilizado en las indumentarias rituales por las altas jerarquías de la iglesia católica. Pese al extendido error que atribuye la púrpura a los cardenales, las prendas de este color están reservadas para el sumo pontífice y sus obispos, herederos de los purpurados imperiales del imperio romano. La expresión la “púrpura cardenalicia” tendría otras connotaciones más metafóricas, derivadas de conceptos parecidos a “dignidad cardenalicia”, como la dignidad imperial, real, consular, etc,… refiriéndose a rangos jerárquicos que antaño vistieron con ese color.




Con el paso de los siglos el color Púrpura fue desvirtuándose y convirtiéndose en algo más simbólico que físico y un atuendo ceremonial púrpura, podía no ser estrictamente de ese color. En este óleo de Rafael aparece el Papa León X vestido de carmesí, tinte más económico obtenido de las agallas de los quejigos y coscojas que, ante la falta de púrpura, comenzó a simbolizar el alto status de quien lo portase. Pese a no ser estrictamente púrpura, el símbolo del purpurado papal es - y sigue siendo- el mismo que el de los emperadores romanos y bizantinos: Ostentación de poder divino y terrenal.




En este funeral de un alto prelado se puede observar otro ejemplo de tergiversación histórica del púrpura: Los obispos van vestidos de violeta, no de Púrpura.





En este óleo de Napoleón en el Trono Imperial, lo podemos ver también vestido con una capa carmesí, al modo de las purpuradas imperiales de la atigüedad. La Toga Imperial continúa denominándose Toga Purpurada, aunque sea de otro color.




Más de tres milenios después del afortunado paseo de Helena por la playa de Troya, se han realizado numerosos intentos infructuosos –para alivio de los múrices- por recuperar la fórmula perdida de la Púrpura. Del mismo modo, fabricantes de pigmentos y tinturas de todas las épocas intentaron sin éxito conseguir por otros medios el color de los césares. En el s. XIX William Henry Perkin descubrió el sulfato de fenilortotolilsafranina, el primer colorante artificial similar al Púrpura. Fue descubierto en su intento de sintetizar quinina, a partir de derivados del alquitrán de hulla, como remedio contra el paludismo. El tinte purpúreo y estable que inventó este químico inglés casualmente le llevaría a la fama por haberse acercado con una sustancia moderna más que nadie al tinte de Tiro. Actualmente, aunque se desconoce el procedimiento con el que se obtenía el tinte en la antigüedad, se conocen las moléculas colorantes, que son muy parecidas a las que están presentes en el Índigo.

Pero aún hoy, en la era de los colores de síntesis química, donde a través de medios informáticos se puede conseguir virtualmente cualquier color del espectro cromático, el tinte producido en la vesícula de un hermoso caracol marino y que revolucionó en mundo antiguo, sigue constituyendo una auténtica leyenda.


lunes, 22 de noviembre de 2010

Mirada de elefante en el "Circo Coliseum". Badajoz, noviembre de 2010.


"La diferencia de mente entre el hombre y los animales superiores, tan grande como es, ciertamente es de grado no de tipo"

Charles Darwin (biólogo)

Isoetes: La planta más antigua del planeta




Isoetes histrix



El humilde aspecto de esta planta no la hace asemejarse en nada a sus parientes cercanos los helechos, pues a simple vista no resulta fácil distinguirla de un pequeño junco o gramínea.


A juzgar por su apariencia y tamaño, tampoco la relacionaríamos con sus directos antepasados de los que - junto con sellaginellas y lycopodios- es el único descendiente actual: Los Lycopodios gigantes del carbonífero. Estos árboles, que alcanzaban portes imponentes, dominaron los bosques tropicales del planeta durante el carbonífero y formaron grandes depósitos de materia orgánica que, con el paso de millones de años, dieron lugar a los actuales yacimientos de carbón, lugnita, hulla y antracita. En lo que parece una burla de la evolución, la estirpe de aquellos abundantísimos y colosales vegetales es representada hoy por unas plantitas de 5 a 10 cms que crecen en orillas y terrenos inundados y que suelen ser - por su aspecto y por su escasez- bastante difíciles de encontrar. De sus antepasados del carbonífero los isoetes conservan rasgos como el sistema de división dicotómica de sus raíces o la configuración helicoidal de los brotes. Otra de sus características primitivas es que, como el resto de Pterydófitos, necesita vivir ligado al agua pues en una de sus dos fases vitales (la de Gametofito) precisa de un medio acuático para que sus gametos masculinos, auténticos espematozoides, naden hasta los femeninos para fecundarlos.



La División a la que pertenece el Isoetes (División Lycophyta), se separó del resto de vegetales vasculares hace 400 millones de años, en el Devónico Inferior y desde entonces estos y el resto de plantas que conocemos han seguido caminos evolutivos distintos. A pesar de ello, en un caso asombroso de convergencia evolutiva, su fisionomía es tremendamente similar a especies modernas y abundantes como juncos y cyperáceas, con las que comparte hábitat.


De ese modo, una planta extraordinariamente primitiva, con una historia natural fascinante y con una biología increíble, se las ha ingeniado para pasar completamente desapercibida, mientras ve discurrir eras geológicas en la orilla de las charcas y arroyos.








Isoetes melanospora en prado inundado


Isoetes melanospora

viernes, 19 de noviembre de 2010

Radiolarios: La vida convertida en arte



Corría el año 1860 y el ilustre filósofo y médico alemán Ernst Haekel - padre de las expresiones Phylum y Ecología- se encontraba analizando con su microscopio unas muestras de plancton obtenidas en el océano por Alexander Von Humboldt en su última expedición. En aquellos años la tecnología de los microscopios había dado un salto cualitativo sin precedentes y Haeckel tenía ante sí muestras de profundos fondos abisales que no habían sido estudiadas jamás, por lo que posiblemente tenía bastantes expectativas de realizar algún nuevo hallazgo para la ciencia. Pero de ningún modo sospechaba la magnitud del asombroso descubrimiento que estaba apunto de realizar y que le conmocionaría tanto que cambiaría el rumbo de su vida.



Ernst Haeckel


Por el ocular de su microscopio, observó estupefacto todo un repertorio de minúsculos seres con diseños increíblemente complejos que parecían obra del más refinado de los artistas. Aquello no parecía real y nunca hubiese sospechado que la naturaleza hubiese sido capaz de tamaño prodigio, pues lo que por primera vez estaban contemplando unos ojos humanos no tenía ni un remoto parecido con nada conocido hasta entonces. Se trataba de los que serían bautizados como Radiolarios, seres marinos unicelulares caracterizados por tener un esqueleto de sílice puro, similar al vidrio, con fantásticos y caprichosos diseños en forma de esferas, de estrellas, campanas, lámparas, etc...

Fotografías con microscopio electrónico de algunas especies de radiolarios.






















Pese a no haber sido descubiertos hasta el s.XIX, los radiolarios son tremendamente abundantes en su hábitat llegando a formar con sus esqueletos grandes depósitos sedimentarios, sobre todo en las grandes profundidades, aunque también en zonas litorales, como la playa de la Habana, en Cuba, cuya arena blanca silícea está formada por restos de radiolarios. Dadas su antigüedad –los primeros radiolarios datan del precámbrico, la primera etapa de la historia de nuestro planeta, hace 3.460 millones de años- y la increíble rapidez con la que evolucionan y se diversifican en especies distintas, los sedimentos fosilizados de radiolarios se utilizan hoy en día para datar con precisión la edad de los estratos geológicos.

Dos años después de su asombroso descubrimiento, Haeckel lo dio a conocer para la ciencia, pero no fue hasta 1899 cuando publicó el libro Kunst Formen de Nature con el que impactó de tal forma a la sociedad victoriana de su época que se desató una auténtica fiebre alrededor de los microscopios y de las ciencias de la vida en general. En esta obra monumental recopila las artísticas láminas – acuarelas y plumillas sobre todo- que realizó sobre los radiolarios. En este trabajo, que supuso la única obsesión de Haeckel desde que observase por vez primera a los radiolarios 39 años antes, describe e ilustra de forma exquisita nada menos que 4.000 de las 5.000 especies conocidas actualmente de radiolarios.
Algunas de las impresionantes láminas de radiolarios de Haeckel publicadas en su libro Kunst Formen de Nature




























Son seres tan antiguos como la propia vida en el planeta; habitantes de los fondos abisales, el lugar más inhóspito de la biosfera; de un tamaño que los hace invisibles a simple vista y que los ha hecho pasar desapercibidos a nuestra especie hasta hace poco aunque abundantes como para, pese a su pequeñez, constituir auténticas formaciones geológicas... Elementos más que suficientes como para considerar a los radiolarios criaturas absolutamente excepcionales y maravillosas.
Pero, por si fuera poco, con sus versátiles, fantásticos e increíbles diseños cristalinos nos demuestran que la belleza creada por las fuerzas de la naturaleza, entre ellas la evolución, en ocasiones parece no tener límites.

martes, 16 de noviembre de 2010



"El mundo tiene que estar equivocado"


Frase de un niño de ocho años tras intentar buscar una explicación a una corrida de toros.
Su desconcierto iba creciendo a medida que yo le iba desmontando sus teorías cargadas de ingenuidad con las que intentaba buscarle alguna lógica a algo que no la tiene ("¿...Y si no saben que al toro le duele?", "...¿Y si el hombre lo hace para defenderse?", "¿...Y si es como en las películas y la sangre no es de verdad y el toro no muere?", "¿Pero verdad que la policía llegará y meterá al hombre en la cárcel?", ""¿...Y si..?", etc., etc.,...). Finalmente, cuando fue constatando que la realidad es tan brutal como parece, descerrajó su conclusión. Una sentencia que, aunque nunca vaya a estar en las recopilaciones de citas célebres, me impactó y a la que creí que debía dedicarle un hueco en este blog.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Fractales: La geometría divina de la naturaleza



El brócoli romanesco manifiesta un exquisito diseño fractal representando la espiral áurea.
En su estructura fractalizada cada porción nace de la anterior y gesta la siguiente, originado por el factor de Phi, la proporción de oro.



Un fractal es una forma o comportamiento matemático que describe fenómenos como un árbol, una línea litoral, un rayo o una coliflor, de una forma en la que la geometría euclidiana no lo puede hacer. Son autosimilares y teóricamente repiten en sí mismos su propio modelo a diferentes escalas una y otra vez hasta el infinito. Dicho de otro modo, un fractal es un patrón geométrico que se autorreplica infinitamente a escalas menores para producir formas y superficies irregulares que escapan de los dominios de la geometría clásica. Cada porción de un fractal, por más pequeña que esta sea, proyecta la figura completa a una escala más pequeña. La naturaleza de un fractal radica principalmente en dos variables: la irregularidad al nivel de la forma, y el patrón a nivel del ritmo. Mientras que su característica intrínseca es el desdoblamiento autosemejante.


El llamado Triángulo de Sarpienski, fue cread en 1915 por el matemático polaco que le dio nombre y está considerado como el primer fractal artificial.





Creación de un fractal típico en base a un patrón triangular que se autoreplica hasta el infinito






Fractales generados por ordenador




Fractal en 3 dimensiones generado por ordenador




Fractal generado por ordenador


Fractal en 3d creado por ordenador a base de esferas autoreplicantes.


Con la geometría, el ritmo y la cromática, la naturaleza alcanza en los fractales las más espectaculares, y a la vez discretas, manifestaciones estéticas. Sigue un patrón fractal, por ejemplo, un gran río como el Amazonas a cuyo cauce principal de varios kilómetros de anchura se unen numerosos ríos tributarios con su misma estructura pero menor tamaño. A estos les ocurre respectivamente lo mismo, pues son nutridos los afluentes que nutren a su vez a los tributarios. La misma secuencia y estructura se repite una y otra vez sucesiva y ordenadamente hasta llegar a los miles de millones de minúsculas corrientes de menos de un milímetro de anchura que drenan el suelo de la selva a modo de minúsculos ríos Amazonas, repitiendo la forma serpenteante del gran río y su estructura ramificada. Algo parecido ocurre en las marismas de Doñana, cuando tras las lluvias, los terrenos encharcados drenan el agua hacia los múltiples cauces formando intincadas ramificaciones.






Impresionantes imágenes aéreas de la marisma de Doñana en la que se aprecian disposiciones fractales.

El modelo fractal se repite por ejemplo también en la coliflor, en la que el tallo principal de la inflorescencia se divide siguiendo un patrón que se repite una y otra vez a medida que las ramificaciones van reduciendo su tamaño, formando en cada división cada vez más pequeñas coliflores que se comportan del mismo modo.
Fueron descubiertos y bautizados por Benoit Mandelbrot, matemático de Yale. Mandelbrot observó que los cartógrafos británicos midieron la longitud del litoral británico examinando mapas de escala 1:1.000.000, obteniendo determinada magnitud. Cuando repitieron la medición con mapas de escala 1:500.000 descubrieron que la longitud de la costa variaba considerablemente, obteniendo una magnitud mayor. Lo mismo ocurrió cuando lo hicieron con mapas a 1:100.000, 1:50.000, y así sucesivamente. Cuanto más se acercaban, más detallada y larga se volvía la costa, repitiéndose el patrón de cabos, golfos y ensenadas que a su vez tenían pequeños cabos, golfos y ensenadas a los que les ocurría lo mismo. Podría haberse llegado hasta un nivel de detalle microscópico en el que se delimitase la línea de costa en función de los granos de arena de la playa. Los cartógrafos estaban ante algo muy parecido a un fractal natural. Aunque realmente ninguna línea costera puede considerarse como fractal, sí se puede comportar como tal a lo largo de un conjunto de escalas de medida. Para que fuese físicamente posible el patrón debería de repetirse hasta el infinito y el caso de la costa de Inglaterra no lo es, pues está delimitado entre las escalas microscópicas de los pequeños granos de arena de la playa y el tamaño finito de la isla de Gran bretaña. De igual forma se comportan muchos fractales de la naturaleza: manifiestan patrones fractales en determinados tramos espaciales.
Tanto en las formas creadas por las fuerzas geológicas, atmosféricas, químicas o físicas, como en las creadas por los organismos vivos, podemos encontrar espectaculares ejemplos de fractales.


Mineralizaciones en forma de dendrita en la superficie de un Amonites fosilizado, otro ejemplo de fractal en la naturaleza.



Dendrita de Magnesio sobre pirolusita




Helecho del género Dryopteris. La disposición de sus pinnas en los frondes obedece a un patrón fractal.


Cada pinna o sección del fronde del helecho Dryopteris es idéntica al fronde del que forma parte.



Imagen satélite de cañones en Arizona. Las formaciones geológicas a menudo siguen patrones fractales.

Imagen satéite del Nilo en Egipto formando fractales




Cristal de nieve siguiendo un patrón fractal.




Las ramas repetidamente bifurcadas de un árbol también siguen un diseño fractal



En apariencia los fractales están asociados con la matemática del caos, aunque nada más lejos de la realidad. En realidad están regidos y ordenados por una geometría definida. Un caso lo encontramos en las nubes, cuya naturaleza es fractal. Su contorno parece caótico, pero es un fractal regido por las propiedades inherentes a la interacción del vapor de agua con el aire y las partículas de polvo.


Las nubes como este cumulonimbo de evolución se rigen por diseños fractales



Vórtex de nubes evolucionando con pautas fractales