"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

jueves, 30 de diciembre de 2010

LOS GRANDES SIMIOS: NUESTROS OTROS SEMEJANTES




La sola posibilidad de que la cuestión genere controversia provoca un extremo rechazo en algunas personas que por definición consideran ridículo o poco serio el asunto. Otros lo consideran poco menos que sacrílego. Por otro lado la ciencia y una parte, pequeña pero cada vez más grande, de la opinión pública están interesados en abrir la caja de Pandora y debatir sin prejuicios al respecto. En cualquier caso se prevé como de uno de los debates filosóficos, éticos, científicos, sociales e incluso jurídicos más apasionantes que se pugnarán en el siglo XXI.

En septiembre de 2005 se publicaron en la revista Nature los resultados de las investigaciones sobre el genoma de los chimpancés, demostrando estas que compartimos con ellos el 99,4% de la secuencia y el 97% de los genes. Desde entonces, una sucesión de revelaciones científicas no han hecho más que apuntar en un sentido: Los grandes simios se encuentran considerablemente más cercanos a nosotros (o nosotros a ellos) de lo que nunca habíamos sospechado. Como "Grandes simios" se consideran los homínidos no humanos, es decir: El Orangután, el Gorila, el Chimpancé y el Bonobo o Chimpancé pigmeo (aunque este último sea en realidad una especie del penúltimo). Las consecuencias de las últimas investigaciones en filogenética son simplemente demoledoras. Dentro de los Homínidos, existe muchísima menos distancia genética entre los humanos y los chimpancés que entre estos y sus segundos parientes mas cercanos, los gorilas. Las evidencias muestran que algunos de los homínidos que considerábamos antepasados directos en nuestro linaje no lo son. Así, el Australopitecus africanus era el antepasado de varias especies de gorilas y el Australopitecus robustus es el primer chimpancé fósil. Los taxónomos argumentan que, en base al conocimiento actual, no existen razones científicas para mantener a chimpancés (Género Pan) y humanos (Género Homo) en géneros distintos. Como dice el evolucionista Richard Dawkins “no hay una categoría natural que incluya chimpancés, gorilas, orangutanes, pero excluya a los humanos". Algunos van más allá y sostienen que todos los homínidos han de ser englobados en el género Homo.






Filogenéticamente nos encontramos bastante más cercanos a los grande simios de lo que sospechó Darwin cuando elaboró su árbol evolutivo.


Aunque el dato que constataba el estrechísimo parentesco genético vio la luz en 2005, ya antes se había ido perfilando una cercanía entre los seres humanos y los grandes simios desde distintas disciplinas científicas. Cuando Louis Leakey, uno de los padres de la antropología y de la paleontología moderna, descubridor del Homo habilis, envió a tres de sus discípulas a estudiar los grandes simios del mundo, posiblemente ya sospechaba cuales serían los resultados. Jane Goodall se fue a Tanzania a estudiar a los chimpancés, Dian Fossey a los montes Virunga a a estudiar a los gorilas de montaña y Biruté Galdikas a Borneo a estudiar la conducta de los orangutanes. Cuando Goodall regresó de Tanzania con sus estudios, Leakey afirmó que «Los científicos tienen dos opciones: deben aceptar a los chimpancés como seres humanos por definición o deben redefinir al ser humano». Gracias a los resultados de sus investigaciones sobre la conducta de estos primates, la sociedad comenzó a ser realmente consciente - además de la precaria situación de las tres especies- del parentesco que nos unía y en 1997 la ciencia los incluyó junto con nosotros en la famila "hominidae".

Para la vanidad de nuestra especie fue duro el golpe que dio Galileo cuando demostró que los cuerpos celestes no giran alrededor de la Tierra; Kant hizo que nos olvidásemos de cualquier esperanza de que la razón humana trascienda; posteriormente Darwin nos dio otra cura de humildad cuando nos despojó del marchamo de especie elegida y nos situó en una rama del árbol de la evolución, junto al resto de seres vivos; Marx nos redujo a meros resultados de la historia económica, a un predicado de la producción de la misma historia; más tarde Freud dejó claro que nuestra mente está dominada por una voluntad primitiva más allá de nuestra consciencia; Carl Sagan demostró que es probabilísticamente imposible que nuestro planeta sea el único habitado por una especie inteligente; la computadora Deep Blue derrotó al campeón mundial de ajedrez Gary Kaspárov; Eduard Punset nos divulgó al gran público hasta qué punto nuestros actos obedecen a simples reacciones químicas... Por si todo este vapuleo a la arrogancia humana fuese poco, sería ya demasiado el admitir que, no ya es que seamos parecidos a muchas de las criaturas que habitan el planeta, sino que en algunos casos nos distinguen cuestiones mínimas. Que la distancia entre algunas especies y la nuestra en muchos aspectos no sólo es una cuestión de grado, sino que es realmente pequeña. Tan pequeña que siguiendo las evidencias científicas habríamos de compartir género con ellas lo que para muchas mentes resulta un anatema absoluto. Y ello nos plantea cuestiones totalmente novedosas y que jamás en la historia de la humanidad habían sido planteadas, como la nueva concepción ética que hemos de tener de ellas. Si los grandes simios pasan de repente de ser "animales" (según la 2ª acepción del diccionario de la RAE "ser orgánico animado irracional") a ser "semejantes", no pocas barreras y estereotipos habremos de romper.





"Dudo de que cualquier científico que estudie a los primates sugiera que no tienen un rango de sentimientos similar al de los humanos", declaró el primatólogo de la Universidad escocesa de Stirling que ha demostrado que los chimpancés pueden entrar en una profunda depresión por la muerte de una pareja o un familiar cercano. El duelo y respetuoso silencio de un grupo antes y tras la muerte de uno de sus miembros guarda una tremenda semejanza con el comportamiento de nuestra especie en casos similares. En los bosques de Guinea se registró el dato de una madre chimpancé que, ante la muerte de su cría, transportó el cadáver durante 68 días.


Los únicos animales capaces de manifestar empatía son los mamíferos. De estos, los más capacitados para sentirla son los elefantes, los delfines y los primates. A su vez, de todos estos animales, el ser humano y el chimpancé son las dos especies que más alto grado de empatía con otros seres pueden llegar a mostrar, manifestando inteligencia interpersonal y siendo capeces de percibir en un contexto común lo que otro individuo siente, llegando a modificar su propia conducta en función de ello. En la foto Jane Goodal con un chimpancé.

El aprendizaje no innato del uso de herramientas se consideró mucho tiempo como una característica exclusivamente humana. Pero poco a poco se fueron demostrando numerosos ejemplos de grandes simios que se sirven de utensilios para ciertos cometidos. En la foto, un orangután de Borneo pescando con la ayuda de un palo


Los estudiosos de la conducta de los primates han ido pulverizando uno tras otro numerosos de los presupuestos que en teoría nos diferenciaban a los humanos del resto de animales. Así, se ha demostrado que los grandes simios usan herramientas, que se sienten conmocionados ante la muerte de un familiar o pareja, que pueden hacer planes a medio plazo, que prefieren utilizar la mano derecha para tareas que requieren cierta minuciosidad, que son capaces de transmitir de generación en generación comportamientos y conocimientos adquiridos, que poseen capacidad intelectual para contar y para aprender idiomas de signos, que se enamoran, que ríen, que lloran, que no utilizan el sexo sólo para tareas reproductivas, que son conscientes de su existencia como individuos, que se reconocen ante un espejo, que tienen concepto de familia, de clan y de amistad, que son capaces de manifestar altruismo, compasión, empatía, amabilidad, paciencia y sensibilidad, que pueden sentir el impulso de la venganza por sucesos pasados, ... Pero dicho parentesco se ha visto afinado tremendamente mediante los avances en el campo de la genética.
Y aquí es donde surge otra de las controversias. Es mucho más lo que nos une a estas especies que lo que nos separa y están lo suficientemente cerca a nosotros como para urdir nuevos códigos de conducta con ellos, como para establecer un nuevo tipo de relación distinto radicalmente al que hasta ahora hemos mantenido con ellos. Ya en 1993, antes de las revelaciones de los parecidos moleculares, un grupo de biólogos, zoólogos, etólogos, juristas, filósofos y psicólogos, entre otros, iniciaron lo que se conoce como el Proyecto Gran Simio, iniciativa internacional que promueve el reconocimiento para estas especies de tres derechos básicos: el derecho a la vida, a la libertad individual y la prohibición de la tortura. Las connotaciones de estas reivindicaciones son tan complejas como numerosas. Por ejemplo, para considerar que los grandes simios tienen derechos propiamente dichos, habría que aceptar que son personas, pues sólo las personas los tienen. No tienen derechos las propiedades ni las cosas, que es lo que legalmente son ahora los animales y, entre ellos, los homínidos no humanos. Por el contrario, las empresas, por ejemplo, son consideradas jurídicamente como "personas legales" para que puedan ser beneficiarias de derechos. Algunos juristas trabajan para que determinados conceptos jurídicos sean revisados y los miembros de estas especies tengan status de sujetos de derecho. Al poseer algunos de los principios constructores de la moralidad merecerían poseer también derechos reales y jurídicos. De hecho, ya se han dado dos casos -ambos en Brasil, donde la legislación reconoce a los homínidos objetos de derecho- de un juez que concede el Habeas Corpus a chimpancés hacinados en sus jaulas. Esta vez no se trata de la llamada de atención para que estas especies sean preservadas y salvadas de las extinción -que también- o para que animales con sistemas nervioso y cognitivo extraordinariamente desarrollados como los primates no sean sometidas a torturas - que también-. Esta vez se trata de algo que va mucho más allá. De otorgar a los grandes simios una categoría equiparable a la de nuestra especie. De considerarlos nuestros semejantes.


En contra de estas iniciativas se puede esgrimir un argumento de peso. ¿Tiene sentido reivindicar los derechos de los grandes simios cuando no se cumplen los que nuestra especie tiene reconocidos? Efectivamente las tres quintas partes de los Homo sapiens viven en la miseria más absoluta, decenas de millones de humanos viven literalmente en régimen de esclavitud, a diario son ignorados y pisoteados los derechos más elementales -como el de la vida o la libertad- de millones y millones de congéneres nuestros en todos los rincones del planeta,... Es evidente que como especie hemos sabido reconocer unos derechos que posteriormente hemos demostrado no ser capaces de garantizar. Pero ¿Por ello hemos de evitar el reconocimiento de unos derechos a otros seres? ¿Debe nuestra nefasta capacidad para hacer valer los derechos entre nuestros iguales ser una razón válida para no reconocérselos a nuestros semejantes? ¿Afectaría de algún modo positivo a los humanos que ven vulnerados sus derechos el hecho de no extender estos a nuestros más cercanos parientes?
También se puede argumentar que, puesto que estos seres no poseen deberes fundamentales, no pueden tampoco poseer derechos fundamentales. Afortunadamente este es un postulado que no tiene cabida en el pensamiento occidental y hoy poseen derechos - aunque no deberes - los niños y las personas disminuidas psíquicas, por ejemplo. Pero hasta no hace mucho, en pleno siglo XX, eugenistas como William Grham Sumner proponían establecer dicha ecuación entre derechos y deberes. Y, actuando en consecuencia, "eugenesiar" - eufemismo utilizado en lugar de "eliminar"- a quienes no tuvieran deberes - disminuidos psíquicos o físicos- en un primer momento y a quienes no cumpliesen adecuadamente con ellos - delincuentes y personas poco aptas- posteriormente. Otro handicap filosófico con el que se enfrenta el asunto es la propia definición antropocéntrica de "derechos" que, por definición son conceptos abstractos, artificiales y emanados exclusivamente de y para los humanos. Pero independientemente de la categoría conceptual que queramos otorgarle a los derechos, podemos hacer que quien determine a quien protegen estos- aunque sea sólo en teoría- sea la Razón. Es decir, la ciencia. Y la ciencia ya ha hablado: Un 99,4 % de ADN compartido.
Los estudios sobre las capacidades cognitivas y emocionales de los grandes simios nos obligan a concederles todo el respeto que se merecen. Y probablemente se merezcan el mismo que nosotros.

Existen dos especies de Orangután, el de Borneo (Pongo pygmaeus) y el de Sumatra (Pongo abelii). En Indonesia siempre han denominado a los orangutanes como "Los hombres del bosque". Se trata de los homínidos más alejados filogenéticamente de los humanos y su supervivencia en el futuro se encuentra gravemente comprometida. La destrucción de su hábitat los ha situado al borde de la extinción.









Actualmente hay dos especie de gorila, el Gorila Occidental (Gorilla gorilla) - el mayor primate del mundo- y el Gorila Oriental (Gorilla beringei), ambos africanos y divididos a su vez en dos subespecies cada uno. Todas las especies de Gorilas se encuentra en grave peligro de extinción y una de sus grandes amenazas es el contagio de pandemias humanas. En 2006 se publicó en la revista Sciencie que más de 5.000 gorilas murieron a causa de la epidemia de ébola que arrasó África Central. No resulta extraño que se vean afectados por nuestras mismas enfermedades pues comparten con nosotros el 97%-98% del ADN.




El Chimpancé común (Pan troglodytes) se divide en cuatro subespecies, todas africanas. Es en todos los aspectos -junto con el Bonobo- el homínido más cercano a nosotros. Al igual que sucede con los gorilas y el ébola, los chimpancés se ven afectados por enfermedades que también nos afectan a nosotros. Un estudio desveló que el 35% de los chimpancés salvajes de Camerún son portadores del Sida. Evolutivamente, los chimpancés y humanos nos separamos del resto de homínidos hace 7 millones de años y ellos de nosotros hace 4 millones. Por ello, en ocasiones se ha utilizaso entre primatólogos y evolucionistas el término "el tercer chimpancé" para referirse a nuestra especie.





El Bonobo (Pan paniscus) es una de las dos especies del género de los chimpancés. Poseen una cultura y un comportamiento social muy complejo y elaborado, basado en algo parecido a una sociedad matriarcal. En dicho comportamiento juega un papel preponderante la sexualidad que es utilizada para canalizar tensiones sociales, para cohesionar los grupos y por su componente lúdica. Es el único homínido - exceptuando a los humanos - que habitualmente anda erguido. También al igual que los humanos, mantienen los vínculos padres-hijos durante toda su vida, algo insólito entre los animales. Comparten con nosotros el 98%-99% del ADN y algunos científicos plantean, debido al estrecho parentesco que nos une, incluirlos en el género Homo (pasando a denominarlos Homo paniscus) o recalificar a nuestra especie en el género Pan (pasando a denominarnos Pan sapiens). Son considerados como los más inteligentes de los grandes simios -pueden aprender el significado de hasta 400 palabras- y, al contrario que sus primos los chimpancés comunes, no utilizan la agresividad como manifestación social. Algunos primatólogos definen al Bonobo como el mamífero más pacífico que existe.





Individuo de Humano (Homo sapiens) el cuarto género de la familia Hominidae . Esta especie es la única dentro de los homínidos cuya distribución se ha extendido por todo el planeta y cuyas poblaciones, lejos de encontrarse amenazadas, han manifestado una espectacular explosión demográfica. El ejemplar de la foto en concreto, por cierto, es uno de los de su especie que apoya al Proyecto Gran Simio.


Cuando se contempla a un chimpancé enjaulado es habitual que nos embargue una extraña sensación de incomodidad ante su mirada. ¿Puede explicarlo el hecho de que los grandes simios sean nuestros semejantes hasta extremos que nunca habíamos sospechado?


miércoles, 29 de diciembre de 2010


"Hacia el primer día, todos señalábamos a nuestros países. Hacia el tercero o el cuarto, señalábamos a nuestros continentes. Para el quinto día, ya éramos conscientes de que sólo hay una Tierra."

Príncipe Sultán Bin Salmon Al-Saud
Astronauta de Arabia Saudí
Vertido de crudo en el Golfo de México


"Evidentemente, no experimentará temor quien cree que nada puede sucederle [...]. Sienten miedo aquellos que juzgan probable que algo les pase [...]. Los hombres no piensan así cuando se encuentran o creen hallarse en la plenitud de la prosperidad, y en consecuencia se muestran insolentes, desdeñosos y temerarios [...]. [Pero si] conocen la angustia de la incertidumbre, tiene que haber alguna esperanza de salvación, por exigua que sea"



Aristóteles (384-322 aC.) Retórica,1382b29

miércoles, 22 de diciembre de 2010

El animal más extraño del planeta




Aquello que descubrieron Peter Funch y Reinhardt Mobjerg de la Universidad de Copenhague en 1995 no se parecía absolutamente a nada hasta ahora conocido. Hoy, 15 años después, tan desconcertante criatura sigue desafiando la capacidad de asombro de biólogos y no biólogos. Se trata de un animal tan sumamente extraño que tuvieron que crear un Filo para ubicarlo taxonómicamente.






Fotografía del Symbion con microscipio de barrido




Para entender realmente la magnitud de este hecho, recordemos que Filo (del latín Phylum) es la categoría taxonómica que se encuentra entre Reino y Clase que es la categoría superior de clasificación en el reino animal. Al de los Cordados, por ejemplo, pertenecemos los mamíferos, los peces, las aves, los anfibios y los reptiles. El plan de organización corporal general en el organismo de un colibrí, un tunicado, una ballena azul, una rana, un arenque, un caballo y un ser humano, viene a ser básicamente el mismo y la inmensa mayoría de los animales de planeta están incluidos en sólo nueve Filos. Desde la explosión biológica del Cámbrico han aparecido y evolucionado innumerables nuevas especies, pero no nuevos Filos (De hecho existen menos que entonces).





Especies en apariencia tan distintas como el ser humano y estos tunicados pertenecemos al mismo Filo, el de los cordados.




Teniendo en cuenta todo ello, podemos hacernos una idea de la importancia que tiene descubrir una nueva especie… que además pertenece a un Género nuevo, de una nueva Familia, de un nuevo Orden, de una nueva Clase y de un nuevo Filo. Pues bien, la criatura descubierta por los científicos daneses no encaja con ninguno de los Filos conocidos por lo que se hubo de crear uno exclusivamente para él (Cycliophora). El que la ciencia descubriese en el s. XXI un nuevo Filo conmocionó el mundo de la biología. El causante del revuelo es un increíble ser llamado Symbion Pandora, el que sin ninguna duda alguna es el animal más extraño del planeta. Su único hábitat ya es insólito: este animal tan sólo reside en los pelillos de la boca de langostas marinas noruegas a los que vive anclado mediante una especie de ventosa.





La Cigala noruega (Nephrops norvegicus), en concreto los pelillos que cubren sus piezas bucales, son el único hábitat del animal más extraño del planeta.






Mide menos de 0,5 mm., posee la forma de un tubo bulboso, no tiene sexo definido y se alimenta de los restos de alimento del crustáceo que le da hospedaje al que, por cierto, no causa ningún perjuicio. Mediante una corona de cilios que rodea su cabeza crea una corriente de agua que arrastra las partículas de alimento hacia el orificio que le sirve de boca y que se sitúa justo junto a su ano.




Esquema del Symbion pandora


Pero lo que realmente ha desconcertado a los científicos que se han dedicado a su estudio –además de las irresolubles cuestiones taxonómicas- es su extraordinariamente complejo y fascinante ciclo vital. Cada animal produce tres tipos de descendientes: Larvas “Pandora”, larvas “Prometeo” y larvas Hembra. Las larvas “Pandora” se desarrollan en forma de yemas que brotan y crecen sobre los individuos adultos asexuados, dando lugar a un ejemplar semejante a su antecesor, por lo que estamos en este caso ante un ejemplo típico de reproducción asexual. Habitualmente el Symbion se reproduce mediante este método, hasta que la cigala que les da cobijo empieza a mudar la piel y con ella, los pelillos de las piezas bucales. Entonces el Symbion adopta otro mecanismo reproductivo, pues los ejemplares fijados a la cutícula desechada del crustáceo no tienen oportunidad de moverse buscar otro hogar. La larvas hembra – y aquí comienza todo a complicarse- han permanecido hasta ahora en el interior del organismo de su progenitor a la espera de un macho que las fecunde. Las larvas “Prometeo” salen al exterior y, puesto que poseen movilidad, buscan a un adulto a cuyo exterior se fijan. A continuación generan en su interior dos ejemplares macho en miniatura - sin aparato digestivo y que no se alimentan en toda su vida- que pasan al organismo del adulto y fecundan a las hembras que permanecían en su interior. Estas hembras en realidad son las tías de los machos y aún no han nacido cuando son fecundadas. Ya fertilizadas, las hembras son expulsadas y se desplazan a la parte trasera de la boca de la langosta que le da cobijo, donde se aferran. Una vez allí, a la hembra ya no le es útil su cuerpo, por lo que este se transforma en un pequeño quiste inerte que alberga en su interior a un huevo fertilizado. De este huevo se desarrolla una larva que, cuando la cigala se desprende de su vieja cutícula, romperá el cascarón del quiste y nadará en busca de los pelillos bucales de otra langosta. Tras aferrarse a ellos, la larva da lugar a un nuevo individuo asexuado y el fascinante y complejo ciclo comienza de nuevo.




Todo cuanto rodea al Symbion es radicalmente nuevo y desconocido. Nadie sabe exactamente en qué lugar del árbol filogenético colocarlo ni cuando ni cómo apareció en la historia evolutiva. No se conoce ninguna especie, viva o extinta, que pudiese considerarse emparentada con él. Los estudios comparativos realizados sobre su sistema nervioso, en un intento de ubicarlo taxonómicamente junto a alguna especie conocida, no han hecho sino arrojar aún más incertidumbre al asunto. Sin embargo algunos estudios cuyos resultados se dieron a conocer a mediados de 2010 arrojan un poco de luz al enrevesado asunto. Los estudios se basan en la información del genoma mitocondrial nuclear de los entoproctos, otros minúsculos animales marinos. Al reconstruir la evolución de estas criaturas gracias a las secuencias de sus genomas, se ha descubierto que pudieran estar emparentados con el Symbion pudieron compartir algún antepasado común.


Esto entoproctos podrían ser los parientes perdidos del Symbion


Esto no resuelve las innumerables incógnitas que envuelven al pequeño inquilino de las langostas, al que los científicos consideran como el hallazgo zoológico de mayor relevancia del siglo XX. Y sin duda el descubrimiento de uno de los más extraordinarios animales que pueblan nuestro planeta.

lunes, 20 de diciembre de 2010

SOLSTICIO DE INVIERNO



21 de diciembre a las 23:38 h (Tiempo Unversal UTC): Solsticio de Invierno en el Hemisferio Norte.

En ningún momento del año el Sol estará tan lejos del plano ecuatorial del observador. Nunca trazará una eclíptica tan cercana al horizonte como el día anterior y el posterior. Ninguna noche del año será tan larga ni ningún día tan corto como el que le precede y el que le sigue. Es el triunfo de la oscuridad, aunque visto de otro modo también puede considerarse el triunfo de la luz, pues a partir de ahora, cada noche será un poco más corta y cada día más largo. Desde que nuestros antepasados del neolítico se percataron del fenómeno y gracias al sincretismo, una religión tras otra se ha ido arrebatando la potestad para celebrar este punto de inflexión cósmico. Hoy, al contrario que en las anteriores ocasiones, ha sido un culto planetario - el mercado- el que se ha apropiado de forma simultánea en todos los rincones del mundo de este momento y lo utiliza para su provecho.
Pero si nos mantenemos ajenos a todo ello podremos disfrutar de aquello que disfrutaron nuestros antepasados hace decenas de miles de años, antes de que nadie se lo usurpase: De la fascinación ante los matemáticamente precisos cambios cíclicos de la naturaleza. Ante el lento sístole y diástole del sistema solar y ante el pulso de los cuerpos celestes.

¡Feliz Solsticio de Invierno!

viernes, 17 de diciembre de 2010

Un Chamán del Cuyabeno

Don Alberto Grefa, Chamán de la etnia Cofán


"Esta planta que tenemos aquí es la caña agria verde que tiene mucho poder y es muy buena para los problemas del higado. Luego hay otras seis clases más de caña agria, pero la que sana el hígado es esta".





Don Alberto muestra a Chano sus plantas curativas de la selva.


El Chamán nos conducía a través de la selva, mostrándonos lo que al mismo tiempo es su jardín, su huerto, su

farmacia y su despensa. Una a una nos enseñaba las plantas sanadoras que ibamos encontrando en nuestro recorrido y nos explicaba sus propiedades, a veces increíbles.
"Esta plantita es muy buena cuando hay que curar una pena grande por la pérdida de un padre. Para otras muertes existen otras plantas distintas. Esta otra se usa y hace bastante bien para las mujeres a las que les viene demasiado fuerte la menstruación. Esta otra es para los envenenenamientos y esta para el mal de ojo". Y justo junto a su maloca, especie de choza elevada para evitar las inundaciones, un soberbio ejemplar de datura con grandes flores blancas.



Espectacular Floripondio o Datura (Brugmansia arborea), la planta reservada a los chamanes.




"Este de aquí es el floripondio. De esta planta se dicen muchas cosas malas, pero lo dicen siempre personas que no la conocen y que la han usado mal. El poder de esta planta es muy grande y puede causar problemas a quien se acerque a ella y la use mal. Pero no es la planta del diablo como dicen algunas personas, porque no hay plantas malditas. Todas son benditas y el floripondio lo que tiene es un gran poder que en manos de quien no sepa manejarlo puede ser muy dañino. Somos muy pocos los que conocemos al floripondio y podemos tratar con él. Sólo se reserva su uso para los chamanes."



De las terribles propiedades psicoactivas de la Datura o Brugmansia nos hablaría al día siguiente el propio hijo de Don Alberto, cuando nos relataba una alucinógena sesión iniciática en su largo aprendizaje de chamán en la que, tras ingerir un preparado con datura, anduvo al borde de la locura y tuvo que ser inmovilizado y atado durante varios días. Nos habló de las décadas de convivencia con un chamán que son necesarias para tomar el testigo de su conocimiento.



Don Alberto es un chamán de la etnia Cofán y tiene su morada en plena selva de la amazonía ecuatoriana, en la cuenca del Cuyabeno, junto a las fronteras de Perú y Colombia. Basta con dar un breve paseo con él por la jungla para comprobar el absoluto conocimiento de cuanto le rodea. Y en la selva, cuanto te rodea son plantas. El chamán no conoce sus nombres científicos, pero sabe como se llaman. Tampoco conoce la nomenclatura médica de las enfermedades, pero con la ayuda de las plantas y del conocimiento heredados de sus antepasados, puede sanar muchas. Su autoridad es reconocida en un radio de selva de muchos días (pues en días de trayecto se miden las distancias en la amazonía) y desde puntos dispares acuden a él personas aquejadas de los más diversos males, tanto físicos como espirituales.





Bejuco de Yagé o Ayahuasca (Banisteriosis caapi) en la selva ecuatoriana.





Matico (Piper angustifolia), planta muy buscada por los chamanes por sus propiedades reductoras de la glucosa.




Uña de gato (Uncaria tomentosa), liana amazónica con múltiples usos medicinales,
utilizada contra tumores, problemas digestivos, artritis, etc.,...




Dacha inchi (Plunekenetia volubilis) planta utilizada como regulador de la presión arterial.




Curiquingue, Ishpingo, Hoja blanca, Pumamaqui, Apapuchilca, Trigresillo, Congona, Sangoracha, Guabiduca, Matico, Pacta, Ashcomicuna, Chinchín, Calaguala, Chulpalpal, Paíco, Angoyo, Niguito, Calaguala,... Inumerables plantas convertidas en soluciones para innumerables males. Una farmacopea natural de increíble complejidad y cuyo nivel de desarrollo es difícil de entender para quienes no estamos familiarizados con ella. ¿Cuantas generaciones han hecho posible la acumulación de tal cantidad de conocimiento? ¿Cuantos miles de años son precisos para, mediante el método de prueba y error, obtener tal grado de conocimiento empírico? Siendo pragmáticos y ateniéndonos a lo que nos aportan los antropólogos y arqueólogos, no han podido ser más de 13.500 años, cuando los primeros pobladores humanos arribaron a la gran cuenca amazónica (según la Teoría de Poblamiento Tardío, aunque existen incicios que apuntan a un poblamiento bastante anterior, hacia el 50.000 adP, según las teorías pre-Clovis). Aunque aparentemente se trata de grandes magnitudes temporales, en términos de evolución cultural no lo son tanto. Para que un acervo como el que manifiesta un chamán amazónico se haga posible a lo largo del tiempo, no basta con la simple sucesión de generaciones en un medio ambiente determinado, por rico en biodiversidad que este sea. También es necesario un eficiente sistema transmisor de la información que garantice la permanencia del conocimiento a lo largo del tiempo; en este caso, el vehículo es la cultura chamánica heredada de padres a hijos. Y sobre todo, es preciso un alto grado de comunión con el entorno, una empatía con el resto de las criaturas y fenómenos naturales que permite a las personas servirse de una naturaleza benefactora sintiéndose parte de ella. Teniendo claro que en ella todo encaja y nada sobra, algo que estas sociedades primitivas ya sabían y que hoy la ciencia ha demostrado.




Frecuentemente se utiliza como argumento para proteger la selva amazónica que esta atesora innumerables remedios vegetales que pueden servir en el futuro para paliar enfermedades y dolencias en el primer mundo.
Como si los conocimientos ancestrales de quienes habitan el gigante bosque tropical no fuesen lo suficiente valiosos como para merecer su perpetuación simplemente por ser lo que son. Como si el hecho de haber sanado durante los últimos miles de años a los pobladores de la selva y de seguir haciéndolo actualmente, no fuesen motivo suficiente para protegerlos. Como si unos conocimientos, unos recursos culturales, unas especies vivas o un ecosistema, tuviesen que servir de algo al primer mundo para que merezcan seguir existiendo.





Territorio de los Shionas, la morada del Chamán







En el mapa a escala 1:250.000 de la aparentemente inexpugnable zona de selva del Shushufindi donde conocimos a Don Alberto se puede contemplar el territorio de los Shionas y Secoyas. Una inmensa zona virgen atravesada por los ríos Napo, Aguarico y Cuyabeno. Pero al suroeste de la hoja se ven grandes extensiones surcadas por infraestructuras en línea recta que se cruzan. Se trata de los complejos de extracción petrolífera de Tarapoa y sus oleoductos que avanzan inexorablemente devorando la selva. Más al sur se pueden ver grandísimas extensiones homogéneas sin bosque con una retícula cuadriculada de caminos. Son los inmensos campos de palma de aceite para la producción de biocombustibles. Ambos, pozos petrolíferos y campos de palma, avanzan cada año hacia la maloca del chamán. Ajeno a ello, este ejerce y representa una sabiduría vernácula y milenaria que ha tenido la mala fortuna de vivir en medio de un gran almacén de materia prima para el primer mundo.

miércoles, 15 de diciembre de 2010



"La ciencia no puede resolver el último misterio de la naturaleza.
Y eso se debe a que, en última instancia, nosotros mismos somos una parte del misterio que estamos tratando de resolver".

Max Planck, Físico alemán (1858-1947)

viernes, 10 de diciembre de 2010

Entre el Guibli y el Ábrego


Su hábitat lógico son las secas llanuras abiertas de Argelia y Marruecos, colindando con la inhóspita franja sahariana. De hecho, estas altiplanicies se ven azotadas por el inclemente Guibli, un viento sumamente caliente y cargado de arena procedente del Gran Erg, el infinito desierto de dunas. Salpicando el paisaje, los arganes y acacias espinosas ramoneados por los rebaños de cabras sobre los que es frecuente contemplar su hermosa estampa, ojeando el pedregal en busca de algún gerbo o algún agama que llevarse al pico. Se trata del Busardo o Ratonero moro (Buteo rufinus), rapaz de color claro y aspecto poderoso adaptada perfectamente a un tipo de hábitat bastante frecuente en el norte del continente africano.
Pero hoy, el Ratonero moro ha cambiado la desapacible ventisca del desierto por un tenue, fresco y húmedo Ábrego, el viento del suroeste que riega la Península Ibérica con lluvias otoñales y primaverales. Ha cambiado su oteadero en la achatada y reseca copa del argán en medio de una llanura semidesértica por un poste de teléfonos junto a una carretera europea, rodeada por un hiper-humanizado paisaje de rastrojos de arrozales y maizales encharcados por las últimas borrascas. Precisamente ahora, cuando las aves del norte se desplazan al sur y las del sur se van más al sur aún, nuestra rapaz africana emprendió un viaje al norte que le ha traído hasta los regadíos de Extremadura. Absorta, contempla los ruidosos bandos de cientos de grullas recién llegadas de Escandinavia que buscan su alimento junto a avefrías, chorlitos dorados, garcillas y gaviotas. Posiblemente, ningún miembro de su especie estuvo jamás donde está hoy él, a pesar de lo cual no parece sentirse demasiado incómodo en este escenario tan distinto al que le vio nacer y crecer.
Sus ambarinos ojos se detienen de repente en algo que le resulta familiar. A sólo unos centenares de metros se cierne en el aire una auténtica joya alada: El Elanio azul (Elanus caeruleus). Se trata de una pequeña rapaz también originaria de África, aunque ya forma parte – desde hace poco tiempo- de la ornitofauna ibérica pues sus poblaciones están totalmente asentadas en los encinares extremeños y portugueses. En la década de los 70 crió la primera pareja de Elanios en suelo europeo y desde entonces, poco a poco, su población en el nuevo continente ha ido en aumento engrosando con propiedad el repertorio de la fauna ibérica.
Los antepasados del Elanio que se cierne sobre el rastrojo, al igual que el ratonero moro del poste, decidieron un buen día cambiar el Guibli por el Ábrego.

(Esta observación del Ratonero Moro en la comarca de las Vegas Altas del Guadiana - 3 de diciembre de 2010- fue posible gracias a la perspicacia de Pablo Salguero)

martes, 7 de diciembre de 2010

Viburnum


Viburnum tinus o Durillo. Arbusto que habita en encinares y alcornocales frescos, en las umbrías de las sierras mediterráneas y entre los más tupidos matorrales, donde se alía con el madroño y la coscoja. Conocido desde antiguo como Viburno, primero Plinio y posteriormente Clusio, lo apellidaron tinus, que significa "laurel silvestre", dado el parecido de sus hojas con las del laurel. Refiriéndose a la vegetación de Hispania, Plinio el Joven escribió que "entre los Cupressus crecen los Viburnum", describiendo lo debía de ser una hermosa estampa del supuesto paisaje hispánico con cipreses y durillos, demostrando de paso que para hacer tal descripción nunca puso un pie en la Península Ibérica (al contrario que su tío, Plinio el Viejo).
Sus hojas se emplearon antaño en cocimiento como febrífugo y sus frutos como purgantes. Cuando aún no ha pasado el invierno despliega su espectacular floración blanca, por lo que es sumamente preciado por las abejas, ávidas de polen y nectar en una época del año en la que las plantas floridas escasean. Pero quizás, cuando el durillo se convierte por méritos propios en el protagonista de las espesuras en las que crece, es a principios de la estación fría. En los últimos meses del año maduran sus pequeños frutos de un espectacular e inaudito color azul metalizado. Además, con las bajas temperaturas, los pigmentos presentes en la clorofila tiñen de un color rojizo los pedúnculos que sostienen a los frutillos, acabando de componer una sorprendente combinación cromática.
Los petirrojos y zorzales, ajenos a las connotaciones estéticas de las bayas del durillo, dan buena cuenta de ellas, incluyéndolo en el banquete de frutos y bayas que por esta época ofrecen numerosos arbustos de sus zonas de invernada.



lunes, 6 de diciembre de 2010

Cigüeña en su nido sobre una escultura del museo Vostell en Malpartida de Cáceres (Cáceres)


"El hombre no es ninguna especie definitiva"

Juan Pedro Viñuela Rodríguez. Filósofo

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El retorno de Gea




En siglo XVII la ciencia comenzó a desarrollar una visión mecanicista del universo cuyas consecuencias están hoy plenamente vigentes y han determinado el rumbo actual de la humanidad. De hecho, dicha perspectiva ha sido la que nos conducido a sobreexplotar y expoliar la biosfera hasta los límites actuales. La naturaleza, según esta forma de entender la relación humanidad-planeta, debe ser considerada como algo inanimado y como tal, puede soportar nuestra presión indefinida. Y en el caso de que no lo hiciese, siempre podríamos adaptarnos a vivir al margen del resto de la biosfera. Esa filosofía supone una ruptura absoluta con las cosmologías que todas las culturas previas tuvieron. El racionalismo ya desacralizó en su día a la naturaleza, lo que tuvo una faceta positiva para el ser humano, pues armados con la herramienta del raciocinio y alejándonos de la superstición, emprendimos el maravilloso camino del conocimiento científico y de la cognición de cuanto nos rodea. El hombre comenzó a dar la espalda a la ignorancia y por tanto a ser libre. Pero de la desacralización a la depreciación y al desdén va un paso. Es el paso que las sociedades occidentales hemos dado de forma impetuosa hasta llegar al destructivo extremo contrario. La humanidad no supo desprenderse de la superstición sin hacerlo del respeto hacia la naturaleza de las cosmogonías ancestrales.
Una expresión en apariencia inocua, pero que denota hasta qué punto ha calado en nuestra sociedad el enfoque productivista es la de “recursos naturales”. Cuando para referirnos a la naturaleza lo hacemos con este término, dejamos claro que en ella sólo vemos una fuente de materias primas cuyo fin es la satisfacción de nuestras necesidades. Esta filosofía nos alienta a pensar que, como ya sostenía el Génesis, la biosfera nos pertenece – y no a la inversa como sostenían los pueblos tribales – y que sus males no nos afectarán de manera decisiva. Y el descendiente legítimo y lógico de dicha percepción del planeta es el capitalismo, sistema que engulle a una velocidad sin precedentes los recursos del planeta, que bombardea la misma línea de flotación de la capacidad sustentadora de vida de la Tierra y que condena a la mayor parte de los miembros de nuestra propia especie a la miseria. El termómetro infalible y que debería de ponernos alerta acerca de cómo comienzan a colapsarse los mecanismos ecológicos es la gran extinción planetaria en la que nos encontramos sumidos. De las grandes extinciones de especies que ha conocido la historia de nuestro planeta, esta - la sexta- es con mucho la más repentina y rápida. En poco más de tres siglos se han extinguido tal cantidad de especies como en las extinciones anteriores en intervalos de cientos de miles de años. Y esta, al contrario que las anteriores, no es debida a factores naturales. Es achacable por primera vez a la actividad de una sóla especie, el Homo sapiens.


Montaña de cráneos de bisonte americano


No obstante, en la segunda mitad del siglo XX se postuló un enfoque holístico de la naturaleza que considera a la Tierra como un organismo en desarrollo, cuyas partes se interrelacionan entre sí y mantienen un complejo equilibrio, de la misma forma que las células, tejidos, órganos y sistema nervioso configuran un animal. El bioquímico británico James E. Lovelock (que ha pasado de ser uno de los padres de la ecología a convertirse en adalid de la energía nuclear) expuso en los setenta su atrevida hipótesis de Gaia, llamada así en honor a la diosa griega de la Tierra, Gaia o Gea. Según esta hipótesis, la Tierra es un organismo vivo autorregulado y que reacciona a las amenazas que se le plantean. El medio ambiente y los seres vivos evolucionarían juntos y de forma complementaria, formando un sistema delicadamente equilibrado en el que los factores esenciales, como temperatura, composición química - la concentración de oxígeno en la atmósfera o la salinidad de los océanos- se verían regulados por el componente esencial del sistema: La vida. Lovelock señala que, desde que los océanos existen, la concentración de sal ha permanecido constante (3,5%), precisamente el rango que hace posible la vida. Otro tanto ocurriría con la concentración de oxígeno en la atmósfera, factor inducido por la explosión de formas de vida del cámbrico y que a su vez hace posible la vida tal y como la conocemos.




La diosa Gea de los griegos, así como la Pachamama o las deidades femeninas arquetípicas de las
culturas ancestrales, tienen innumerables similitudes con la Gaia (re)descubierta en la era moderna.


Aunque las connotaciones metafísicas de la hipótesis Gaia han sido muy criticadas, sus fundamentos científicos básicos son mayoritariamente aceptados. Y la aceptación de esta inmensa maquinaria natural nos permite tomar conciencia, por un lado de la insignificancia del ser humano desde una perspectiva planetaria. Por otro, nos hace imaginar el elevadísimo precio que tendremos que pagar por abusar de nuestra capacidad para alterar los ritmos naturales. Porque Gaia tiene aspectos benévolos y malévolos: Aunque por una parte facilita un mundo confortable a quienes respetan las reglas, por otra, tarde o temprano castiga sin piedad a quienes las transgreden. La idea de un organismo mayor que la humanidad dispuesto a poner en marcha su "sistema de anticuerpos" para eliminar una amenaza –en este caso nosotros-, vista la relación que actualmente mantenemos con el planeta, no resulta demasiado reconfortante. Pero, por desgracia, las evidencias científicas cada vez apuntan más en el sentido de unos sistemas naturales complejamente imbricados y relacionados entre sí, formando a su vez macrosistemas que, a su vez, conforman la biosfera, una gigantesca estructura bastante parecida a un megaorganismo. Este megaorganismo autorregulador y retroalimentado tiende al equilibrio, es decir, a un entorno físico y químico óptimo para el desarrollo de la vida. Algo demasiado coincidente a la hipótesis Gaia.
La afinidad de la teoría Gaia con la visión holística que mantenían las culturas primitivas con el planeta salta a la vista. En el siglo XIX, un jefe indio que no había escuchado hablar nunca de la hipótesis – entre otras cosas porque aún no había sido formulada como tal- dijo que “el hombre no tejió la red de la vida de la que no es más que un hilo. Lo que le haga a la red se lo esta haciendo a sí mismo”.




Posiblemente la humanidad del siglo XXI, sumida en una crisis ambiental sin precedentes y que tiene muchas probabilidades de no tener retorno, comience a contemplar al planeta Tierra con un prisma Gaiano. Y, puestos a hablar de utopías, posiblemente lo haga antes de que Gaia reaccione de forma definitiva ante las amenazas que ponen en riesgo su integridad. En ese caso, esquemas de relación con el planeta que, pese a que en apariencia son innovadores, son varias veces milenarios, podrían volver a regir el rumbo de nuestra especie. Las nociones gaianas son mucho menos nuevas de lo que parecen y nuestra especie está condenada a adoptarlas, aunque en esta ocasión no por cuestiones espirituales o metafísicas como en otras etapas de la humanidad, sino por una mera cuestión de supervivencia. Sería la reconciliación - obligada- con el planeta.
Sería el retorno de Gea.



"El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales"

Arthur Schopenhauer