"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

domingo, 25 de diciembre de 2011

Psicosis y estramonio



Estupidez y sensacionalismo. La amalgama de estos dos ingredientes en generosas dosis es suficiente para convertir a una planta, que ha crecido durante los últimos siglos en nuestro entorno más inmediato pasando prácticamente desapercibida, en poco menos que el enemigo público número uno.

martes, 13 de diciembre de 2011

La muerte del Abuelo


Durante siglos impuso su supremacía en el paisaje de aquella vallejada tributaria del Tiétar cercana a Monfragüe. A lo largo de todo este tiempo tuvo primaveras suficientes para convertirse en el rey de todos los alcornoques extremeños, con un monumental tronco de casi ocho metros de perímetro que sosportaban a siete majestuosas ramas que le daban forma de imponente candelabro. El Abuelo lo llamaban en la zona.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Olor a tierra mojada: El sagrado aroma del mundo.




De entre todos, el de la tierra mojada, el olor de las tormentas, es quizá el que a más personas, independientemente de su contexto cultural o geográfico, resulta agradable. Se trata de un olor reparador que nos hace sentir conectados con la ecosfera y que, con toda seguridad, ya resultaba gratificante para nuestros antepasados pre-humanos muchos millones de años atrás. Es una fragancia que despierta en nosotros antiguos resortes y que los nativos norteamericanos denominaban “el sagrado aroma del mundo”.

viernes, 11 de noviembre de 2011

La especie que estuvo desaparecida durante un siglo

Ilustración de Astragalus nitidifolius en la Flora Ibérica





Hace más de un siglo, el botánico Francisco de Paula Jiménez Munuera recolectó y describió por primera vez para la ciencia una pequeña planta leguminosa en las inmediaciones de Cartagena. Aunque los lugareños ya conocían aquella especie, a la que denominaban “Garbancillo de Tallante” y a la que los científicos bautizaron como Astragalus nitidiflorus. Hasta aquí, una historia más de un descubrimiento que poco tiene de espectacular y que no merecería salir de los círculos estrictamente botánicos y académicos.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Trashumando desde el cretácico

Pastor en atravesando un puerto de montaña con su rebaño de merinas.

Durante milenios incontables, la huella de millones de pezuñas trazó los primeros caminos a través de los bosques y las mesetas, puertos de las sierras y vados de los ríos, y por ellos transitó el hombre siguiendo a las manadas. Les daba caza para alimentarse con su carne, vestirse con sus pieles y fabricar instrumentos con sus huesos, astas y tendones. Exterminó algunas de las especies más indómitas, pero domesticó otras, y rebaños de vacas y de yeguas, de ovejas y de cabras, continuaron hollando las antiguas sendas de las manadas salvajes, guiadas por el hombre


domingo, 23 de octubre de 2011

Dracónidas



Cuando cayó la tarde del pasado ocho de octubre, en todo el hemisferio norte se pudo contemplar a multitud de estrellas fugaces que parecían surgir desde la cabeza de la constelación de Draco, el imponente monstruo al que se enfrentó Hércules en su busca de las manzanas de oro de las Hespérides.

viernes, 30 de septiembre de 2011

La rata que cambió la historia


El sólo nombre de la peste causaba terror en los europeos medievales y era considerado tabú, por lo que buscaron innumerables eufemismos para denominarla. Su aparición conmocionó a una sociedad que veía cómo un enemigo invisible del que no se podían defender aniquilaba poblaciones enteras. A partir del siglo XIV, el jinete del Apocalipsis que según la iconografía montaba al caballo de color bayo, conocido hasta entonces como Muerte, pasó a denominársele Peste, como aún se le conoce. El gran historiador Giovanni Villani, fallecía a causa de la peste mientras pronunciaba la frase "En mitad de la pestilencia sobrevino un final".

miércoles, 17 de agosto de 2011

El pájaro de los crepúsculos.




Chotacabras pardo (Caprimulgus ruficollis), oculto entre la hojarasca gracias a su increíble plumaje.


"¿Para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque?"


Así se expresaba el Jefe indio Seattle en su archiconocida carta al gran jefe blanco de Washington. Si hace poco centrábamos nuestra atención en la fascinante polilla crepuscular, hoy lo hacemos en otro morador de esas mágicas horas del ocaso en las que el día ya no existe pero la noche aún no se ha afianzado.

jueves, 4 de agosto de 2011

Breve historia de un rayo de sol en la amazonía

Luz solar filtrada en el suelo de la selva inundada o igapó


"Viaja, varios minutos, por el vacío. Cae, casi vertical, en la atmósfera. Se cuela, entre la nubes, cerca del Ecuador. Acierta, en el bosque, con la única línea recta que burla todas las hojas y todas las ramas. Entra, en el agua, al pie de un árbol. Se sumerge, oblicua, entre las raíces góticas y, se posa, por fin, en el lecho blando de hojas.
Es una débil mancha de luz en el fondo del igapó."


("Sale del Sol" de la obra "Amazonia, ilusiones ilustradas", de Jorge Wagensberg)

jueves, 28 de julio de 2011

Urania crepuscular, la mariposa de la luz.



Aunque sólo fuese por ser acreedora de una denominación así, ya se trata de una criatura poco común. Una mariposa con nombres tan increíbles como "Urania crepuscular" o "Polilla iridiscente malgache" invita a pensar que tiene que ser forzosamente magnífica, que tiene que ser un ser fuera de lo común. Y en este caso, se trata de algo que es cierto hasta límites asombrosos. Se trata de la Chrysiridia madagascarensis, una polilla diurna habitante de las últimas selvas vírgenes de Madagascar, aunque se la consideraba una mariposa propiamente dicha hasta 1823, año en el que se la reclasificó en el suborden Heterocera, es decir, el de las polillas.

miércoles, 27 de julio de 2011






"¡Cofre de agua, plácida, reina de la frutería,

bodega de la profundidad, luna terrestre!"...

“La redonda, suprema y celestial sandía

es la fruta del árbol de la sed,

miércoles, 20 de julio de 2011

La droga que resucitó la esclavitud







Numerosos historiadores coinciden en que la explosión del comercio de especias representó un hito en la línea difusa que delimita el fin de la Edad Media. Los habitantes pudientes de occidente ansiaban consumir aromas, sabores y tintes exóticos provenientes de territorios remotos y con altas connotaciones de lujo, lo que desplegó por todo el orbe conocido una red de rutas y comunicaciones como jamás se había conocido en la historia de la humanidad.

jueves, 14 de julio de 2011

El coxis de Genghis Khan y las jirafas de Lamarck








Jinete Mongol



En uno de sus trabajos más recientes (Viaje al poder de la mente, 2010), Eduard Punset relataba cómo descifró el enigma de la extraña mancha azul con la que nació su hija en el coxis. Y al igual que su hija, sus nietas y gran parte de sus antepasados, todos ellos de la comarca del Ampurdán. Los médicos de Washington aportaron algo de luz al asunto cuando le hablaron de la teoría de la "mancha de los Mongoles".

viernes, 8 de julio de 2011

La leyenda del Ombú




Ombú (Phytolaca dioica) en la pampa argentina.




"No hacía mucho que aquella tribu de la pampa había realizado la siembra del maíz y los primeros brotes ya asomaban de la tierra. Todos lo celebraron con danzas y bailes rituales, aunque los más viejos presagiaban que aquel no sería un buen año. Efectivamente, el presagio se fue confirmando a medida que pasaban las semanas y no aparecían nubes de lluvia para calmar la sed de las pequeñas plantas.

miércoles, 6 de julio de 2011

Vilanos en aquenios de Salsifí (Scorzonera hispanica). Su perfecto diseño permite a las semillas su dispersión gracias al viento y se cree que sirvió de inspiración a Leonardo Da Vinci en el diseño del primer paracaídas de la historia. (Foto: Ana Retamero Olmos)




"La naturaleza benigna provee de manera

que en cualquier parte halles algo que aprender"

Leonardo Da Vinci

sábado, 2 de julio de 2011

Náyades


En la mitología griega eran las ninfas que moraban en arroyos, manantiales y riachuelos y que velaban por su pureza. Eran seres muy antiguos, similares a las Oceánides marinas y a las Nereidas del Mediterráneo, aunque - al contrario que estas- sólo vivían en masas de agua dulce. Vinculaban su existencia a estas hasta tal punto, que si su arroyo o fuente se secaba, ellas acababan pereciendo. Aunque se trataba de seres mortales, poseían una gran longevidad y en ocasiones, como cuando murieron las abejas de Aristeo ("el guardián de las abejas") en Tesalia, sirvieron de sabias consejeras. Normalmente eran discretas y benéficas, siendo raro el manantial o arroyo que no estuviese habitado por una náyade o por un grupo de ellas.
Pero las náyades no sólo se encuentran en los libros de mitología y en las crónicas antiguas. También podemos encontrarlas en su hogar, en los ríos y arroyos mejor conservados.




"Náyades" de Gioacchino Pagliei


martes, 28 de junio de 2011

Las selvas secretas de la Antártida

El capitán Robert Falcon Scott.


Era el 7 de febrero de 1912 y hacía veinte días que aquellos cinco hombres habían experimentado una de las decepciones más monumentales en la historia de la exploración de nuestro planeta. Tras casi dos durísimos meses internándose en el continente más inhóspito de la Tierra, la Antártida, la expedición británica liderada por el Capitán Robert Falcon Scott se topó de bruces con una dolorosa evidencia.

domingo, 5 de junio de 2011




"A través de nuestros ojos el Universo se percibe a sí mismo y a través de nuestros oídos el Universo escucha su armonía cósmica"

Alan Watts (Filósofo británico)

domingo, 8 de mayo de 2011

MEMES

Gata cuyo pelaje atestigua una importante mezcla de genes que ha heredado de sus antepasados. Los memes podrían comportarse de forma extraordinariamente similar a como lo hacen los genes, existiendo memes dominantes y recesivos, memes que perduran, otros que se extinguen, memes que evolucionan y memes que se mantienen como "fósiles vivientes".


sábado, 7 de mayo de 2011

Vencejos: Los dueños del aire




Se puede decir de ellos que han alcanzado lo más parecido al dominio absoluto del aire. Y también que ningún otro vertebrado ha conseguido hacer del aire su elemento tal y como lo han hecho ellos. Se trata de un animal tan sumamente especializado en el medio aéreo que come, se aparea y hasta duerme en vuelo. Sólo deja de aletear para hacer lo único que no puede hacer en el aire: incubar los huevos.

martes, 3 de mayo de 2011

Ciudad abandonada de Pripyat, en las inmediaciones de Chernobil



"Quién se hubiera podido creer desde la cima del Monte Palatino que el Imperio Romano no era eterno"


La Gran Implosión, Pierre Thuillier

lunes, 2 de mayo de 2011

Calor vegetal

El control de la temperatura corporal fue una conquista evolutiva que permitió la vida en ambientes hasta entonces climáticamente hostiles. Pero tal control no es patrimonio exclusivo de los animales.


Si nos preguntásemos por organismos que con su cuerpo producen calor, pensaremos casi indefectiblemente en animales. Efectivamente, a priori sólo los animales - y ni con mucho todos- parecemos capaces de elevar o mantener nuestra temperatura, de producir calor. Sin embargo también hongos y levaduras son capaces de producir fermentaciones en las que se desprende calor.

domingo, 24 de abril de 2011

ANTROPOCENO


Cuando el Nobel Paul Crutzen acuñó en el año 2000 la palabra Antropoceno para denominar el actual peródo geológico, numerosos científicos lo tacharon de antropocentrista, por suponer que nuestra especie puede, por sí sola, dar lugar a un período geológico. Pero poco a poco el término fue siendo aceptado y hoy el fin del Holoceno y el inicio del Antropoceno ya se estudia en las universidades como algo poco susceptible de ser discutido.

jueves, 21 de abril de 2011

La increíble Raflesia


Hacen su aparición en esta época del año a los pies de distintas especies de jara, emergiendo de la tierra con su forma de piña esférica de color rojo vivo. A pesar de su escaso tamaño, es difícil que pase desapercibida, sobre todo cuando abre sus flores de un color amarillo intenso. Es la Cytinus hypocistis, una extraña y fascinante planta ibérica que carece de tallo, de hojas y de clorofila.

miércoles, 20 de abril de 2011

Orquídea fantasma

Orquídea fantasma (Polyrrhiza lindenii)


"Cada orquídea se parece a un determinado insecto, así que el insecto se siente atraído por esa flor, su doble, su alma gemela, y no hay un anhelo mayor para el que hacerle el amor.

Cuando el insecto se aleja, divisa otra flor alma gemela y le hace el amor, polinizandola, y ni la flor ni el insecto entenderán jamás el significado de este acto de amor, pero ¿cómo van a saber ellos que gracias a su danza el mundo sigue girando?"


(De la película "El ladrón de orquídeas" - Spike Jonce, 2002-, basada en el libro homónimo de Susan Orlean)

lunes, 18 de abril de 2011

EXPLOSIÓN CÁMBRICA: LA EDAD DORADA DE LA VIDA


Los litorales cámbricos de las plataformas continentales, donde se desarrolló y diversificó la vida hasta extremos sin precedentes, debieron de ser muy parecidos al de la foto. Curiosamente coincide con el arquetipo que los seres humanos tenemos en el subconsciente de un lugar paradisíaco, cuando no debería de ser así, pues no se trata del hábitat de ningún primate, no existe ninguna fuente de alimento fácil y no abundan los refugios en los que guarecerse. ¿Se tratará de un recuerdo relíctico en nuestra memoria genética, como seres que somos surgidos gracias a la explosión cámbrica?

jueves, 7 de abril de 2011

SABIDURÍA

(Cetonia aurata sobre flor de jara pringosa)

"Observar la naturaleza, estudiar sus productos, buscar las relaciones generales y particulares que han ido imprimiendo en sus caracteres y, finalmente, intentar comprender el orden que hace imperar por todas partes, así como su funcionamiento, sus leyes y los medios infinitamente variados que emplea para dar lugar á este orden, es, desde mi punto de vista, ponerse en camino de adquirir los únicos conocimientos positivos que se encuentran a nuestra disposición, los únicos, por otra parte, que pueden sernos verdaderamente útiles y al mismo tiempo nos pueden proporcionar las satisfacciones más dulces y limpias capaces de aliviarnos de las inevitables penas de la vida."

Jean-Baptiste Lamarck, Filosofía Zoológica

martes, 5 de abril de 2011

GRANDEZA

Aquenio de Scabiosa stellata


"Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada en un corto número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido gitando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, infinidad de formas, las más bellas y portentosas."


Párrafo final de El Origen de las especies, de Charles Darwin

lunes, 4 de abril de 2011

Las hormigas suicidas


Casi ha caído la noche y la colonia de hormigas ha cesado su ajetreo diario y se encuentra descansando. Todos los miembros de la colonia están inactivos en el interior del hormiguero al resguardo de las temperaturas nocturnas. Todos menos uno. Se trata de una hormiga que, solitaria e ignorando el comportamiento de su especie, vuelve a salir del hormiguero cuando todas sus compañeras están dentro. Se dirige sin titubear y decidida a un punto concreto, a la base de una hierba determinada por la que trepará hasta llegar al extremo más alto de una brizna. Allí se aferra con sus mandíbulas y permanecerá inmóvil toda la noche y hasta después del amanecer. Antes de que el sol comience a calentar, la hormiga bajará al suelo y se dirigirá de nuevo al hormiguero, reincorporándose a la rutina habitual de la colonia, sin que nada haga sospechar sus extraños hábitos nocturnos. Al ocaso siguiente vuelve a repetir su comportamiento y, como una hormiga zombi dirigida por un misterioso impulso, llevará a cabo el insólito ritual de nuevo. Y así, tarde tras tarde, nuestra hormiga repetirá una y otra vez su insólita excursión nocturna. Hasta que una mañana, aferrada su brizna de hierba, acaba sus días engullida inadvertidamente por una vaca. Tal comportamiento tiene, evidentemente, una explicación y esta es tan asombrosa que, sin duda podemos definirla como uno de los fenómenos más fascinantes del reino animal. La hormiga suicida sólo es la involuntaria actriz secundaria de uno de los tres capítulos de una impresionante historia, la del Dicrocoelium dendriticum. Se trata de un parásito cuyo ciclo vital es “heteroxeno”, es decir, que para completar su desarrollo necesita más de un huésped. En este caso es “triheteroxeno” porque el Dicrocoelium necesitará tres huéspedes de especies distintas para completar su trepidante ciclo.

No es un óleo dadaísta. Es el increíble Dicrocoelium dendriticum

Los ejemplares adultos, habitantes del sistema digestivo y el hígado de un rumiante, normalmente una vaca, depositan sus huevos en el tracto digestivo, con lo que acaban esparcidos por el campo junto con las heces. Estos huevos microscópicos, adheridos a la vegetación, tienen unas posibilidades más que probables de ser ingeridos involuntariamente por otro herbívoro mucho más pequeño que la vaca: El caracol. Cuando un caracol, principalmente del género Helix, engulle los huevos del parásito, se convierte en su nuevo hospedador. Las larvas – llamadas miracidios- eclosionan en el aparato digestivo del caracol y atraviesan sus tejidos para alojarse en ellos y efectuar varios cambios en su ciclo vital. En un momento dado, los miracidios han ido evolucionando hasta convertirse en organismos totalmente distintos y también microscópicos–llamados cercarias- que se alojan en las glándulas que segregan el moco del caracol. Y es entonces cuando abandonan nuevamente a su huésped mezclados con el moco el rastro de moco que deja el molusco a su paso. Esa baba es rica en azúcares, por lo que habitualmente las hormigas se alimentan de ella, tomando forma así el impresionante bucle evolutivo que hace que el Dicrocoelium pase ahora al organismo del insecto.



Las hormigas suelen alimentarse en ocasiones de la segregación que expulsan los caracoles al desplazarse, pues es rica en azúcares. Este hábito une dos eslabones imprescindibles en el ciclo vital del Dicrocoelium


Primero lo hace infectando su intestino, pero poco después pasa a sus ganglios nerviosos, el cerebro de la hormiga - adquiriendo ahora el nombre de metacercarias- donde “abduce” al pequeño animal modificando completamente su comportamiento. La hormiga es gobernada a voluntad por el parásito, dirigiéndose de forma suicida cada día hacia aquellos lugares en los que pueda ser ingerida por un rumiante. Y lo hace a una hora tal, que permanezca en la hierba cuando los grandes herbívoros están más activos – al amanecer- y evitando permanecer en ella durante las horas de más insolación, lo que supondría la muerte de la hormiga y la de su polizón.

Una vaca paciendo no suele sopechar que en cualquier momento puede estar engullendo a una hormiga suicida... y dando lugar a otra generación de parásitos en su propio intestino.

Sobre la forma en que este parásito puede tomar el control de las acciones de un ser vivo e inducirle a una conducta suicida, realiza una disertación el filósofo Daniel Dennet comparándola de forma espeluznante con los seres humanos parasitados por ideas potencialmente suicidas – ideas políticas, religiosas, etc.,…- introducidas en nuestras mentes. Una vez ingeridas hormiga y parásito por la vaca, el segundo se desplaza hasta el hígado de su hospedador definitivo, donde alcanzará la fase adulta. A través del conducto biliar del bóvido irá liberando a lo largo de su vida miles de huevos que se mezclarán con sus heces y que darán lugar a un nuevo ciclo. Un ciclo fascinante y rocambolesco con el que la evolución ha dotado al parásito de un insospechado camino para pasar de una vaca a otra, implicando para ello a tres especies completamente distintas.

viernes, 1 de abril de 2011

Los vigías del árbol mágico.


Justo donde se mezclan el bosque domesticado más antiguo del mundo, la dehesa, y el alcornocal que crece en la ladera de umbría, permanece desde hace mucho tiempo el árbol mágico. Con hoja de encina, aunque no encina; porte de alcornoque, aunque tampoco alcornoque; corteza de roble y fruto de quejigo. Es el extraño Mesto ("misto" en castellano antiguo), el escaso cruce entre la encina y el alcornoque, dotado desde la noche de los tiempos de propiedades mágicas y curativas, considerado por las culturas prerromanas como árbol totémico y aún hoy, gozador de un profundo respeto por parte de las gentes del campo. Y precisamente en la horquilla del mesto, en el carcomido hueco dejado por la que fue una de las tres grandes ramas del árbol, se afianza una vieja amistad. Como cada primavera, el fantasma de los crepúsculos y amaneceres ibéricos, el Cárabo (Strix aluco sylvatica) ha convertido el hueco del árbol sagrado en su baluarte, en el que se da cita con su pareja y en el que vigilan su tesoro más valioso: 3 ó 4 huevos depositados sobre la capa de serrín descompuesto que, para mediados de este mes, habrán dado lugar a la pequeña prole cubierta de níveo plumón. La pareja está dispuesta a defender su tesoro hasta las últimas consecuencias, siendo legendaria la fiereza de los cárabos cuando se encuentran en el nido, no dudando en atacar a quien ose ultrajarlo, sea culebra, gineta o humano. El concierto vespertino de los cárabos ya delata cambios, delata que algo pasa en el viejo mesto, pues han cambiado su habitual y calmoso "uhuuú-uuúh", por una especie de seco y enérgico "kiuiík". Y es que, durante la época de amores y de nidificación, los habitantes del mesto cambian su reclamo, como queriendo dejar claro el torrente de energía que poseen para afrontar la dura etapa que les espera. Durante los próximos dos o tres meses el mesto será un frenético ir y venir de los dos silenciosos cazadores, llevando al tosco nido ranas, ratones, alacranes cebolleros, musarañas, escolopendras, gorriones,... y un sinfín de pequeños habitantes de los cazaderos que rodean al mesto y que harán posible que los pollos salgan adelante. A mediados de verano, aún sin su mimético plumaje de adultos, los pequeños cárabos abandonarán el árbol protector y poco después se convertirán, como sus padres, en silenciosos fantasmas de los encinares y alcornocales atardecidos.

Posiblemente alguna primavera, uno de ellos, herede la morada en la horquilla del árbol mágico

lunes, 21 de marzo de 2011

La invasión verde




Es una planta que sólo posee dos hojas (aunque a veces, en un despliegue de frondosidad, llega a tener hasta cuatro), sólo tiene una raíz y produce una de las flores más pequeñas del mundo -esta es del tamaño de una coma (,) y sólo es superada en pequeñez por la flor de la Wolffia, una especie muy similar-. Estos serían motivos más que suficientes para considerar a nuestra insólita especie como una maravilla botánica. Pero ahí no acaba la cosa, pues se trata de una de las pocas especies vegetales que se dispersa, gracias a la movilidad, no de sus semillas, sino de sus propias plantas adultas, habiéndose expandido por todo el planeta. Es la Lemna o Lenteja de agua, minúscula planta flotante propia de aguas estancadas y que podemos encontrar en cualquier remanso o charca de cualquier parte del mundo, si exceptuamos las regiones más próximas a los polos. Para mantener su flotabilidad posee en sus hojas unos "flotadores" lenticulares llenos de aire que, debido a su forma convexa en la parte inferior y plana en la superior, hacen físicamente muy difícil que la planta se voltee. La vía vegetativa es su principal medio de reproducción, produciendo pequeñas plantitas idénticas a su progenitora a un ritmo tal que, en condiciones óptimas puede duplicar su masa a cada dos días. O lo que es lo mismo, un grupo de plantas que pese un gramo, al cabo de dos meses en aguas templadas con nutrientes suficientes puede llegar a sobrepasar la astronómica cifra de medio millón de kilos. El vertigionoso aumento de sus poblaciones es un ejemplo de progresión aritmética en el cambo de la biología. Basta con un pequeño ejemplar de lenteja de agua adherido a la pata de un ánade o focha para iniciar la colonización masiva de una nueva charca o estanque. Y estas son precisamente las armas que han hecho de le lemna una de las plantas superiores más abundantes del planeta: Su impresionante capacidad para multiplicarse y la facilidad con la que puede ser transportada inavertidamente de un lugar a otro. Tales cualidades son bien conocidas en zonas como la del lago Maracaibo en Venezuela, donde ha alcanzado densidades tales que dificulta la navegación y son visibles desde el espacio. Durante años se han puesto en práctica mil y un métodos para su erradicación, o al menos para su control - desde manatíes que pacen kilos y kilos de lentejas de agua hasta la lucha química- pero todos se han mostrado inútiles, por lo que la plaga está considerada técnicamente como fuera de control. Y es que, suponiendo que mediante un potente y novedoso sistema se consiguiese eliminar de un plumazo la mitad de las lemnas del inmenso lago, la población sólo tardaría en restablecerse 48 horas.




Foto satélite del lago Maracaibo en la que se aprecian las inmensas masas de lentejas de agua.



Niños junto al Maracaibo cubierto de Lemnas


Las consecuencias ecológicas de estas plagas de lenteja de agua son dramáticas, pues el denso tapiz de plantitas evita que la luz penetre en el agua con lo que es imposible la supervivencia de las algas y de la cadena trófica que estas sustentan. Pero el desencadenante de las explosiones de esta especie son variables vinculadas a la intervención humana. En condiciones completamente naturales, la lemna aparece en pequeños grupos entre la vegetación de orillas tranquilas. Aunque actualmente en pocos lugares podemos hablar de condiciones completamente naturales y las aguas afectadas por contaminación orgánica - es decir, repletas de nutrientes para las lemnas- son una constante en todo el mundo. Por ello son utilizadas por limnólogos y biólogos como especie indicadora de aguas contaminadas y, en algunos lugares se utiliza masivamente para descontaminar aguas de nutriente como nitrógeno y fósforo, de los que la lenteja de agua precisa gran cantidad. Precisamente en aguas con riesgo de eutrofización – e decir, de quedarse sin oxígeno debido a una desmesurada proliferación de algas unicelulares y bacterias, causada a su vez por la contaminación orgánica- la impenetrable capa flotante de lentejas de agua que en algunos lugares resulta catastrófica, evita que la luz y la radiación solar favorezcan a las especies unicelulares. En el mismo sentido, también evita que la lámina superior del agua se caliente, lo que haría el oxígeno más volátil. En algunas regiones de Asia se están utilizando también como alimento para el ganado – con más proteínas que la soja- o como fertilizante.

Son las dos caras de una moneda de una especie con un gran potencial invasor que, cual caja de Pandora, permanece latente hasta que es abierto por la mano del hombre.

sábado, 19 de marzo de 2011

LA SUPER LUNA LLENA


Hoy, 19 de marzo de 2011, al caer la tarde, concretamente a las 19:29 - en un ratito- tendrá lugar un acontecimiento único. Por el horizonte Este aparecerá una luna llena de proporciones inusualmente grandes. Se trata de la "Luna llena de perigeo"
Las lunas llenas varían de tamaño debido al perfil oval de la órbita de la Luna. Es una elipse con un lado (el perigeo) unos 50 mil km más cerca de la Tierra que el otro (apogeo). Las lunas llenas cercanas al perigeo son alrededor de un catorce por ciento mayores y un treinta por ciento más brillantes que las lunas menores que ocurren en el apogeo de la órbita lunar.
Hoy, la luna llena coincide prácticamente (con una hora de diferencia) son el perigeo, algo que ocurre cad dieciocho años aproximadamente. A esta afortunada coincidencia, añadamos una situación anticiclónica - y libre de nubes- que hará posible que disfrutemos del espectáculo. El sensación de "agrandamiento" lunar se verá agravada cuando esta salga por el horizonte y mantenga el contraste con objetos de referencia en el paisaje.Además del efecto óptico, otras consecuencias de este fenómeno astronómico es la de una pleamar y marea baja acentuadas por la gravedad de la luna.
La última super Luna llena tuvo lugar en 1993 y la próxima será en 2031. Los astrónomos aseguran que en esta ocasión se dan las circunstancias para que sea especialmente grandiosa y quienes contemplaron la última Luna llena de Perigeo afirman que el espectáculo no tiene desperdicio. Por tanto, sobran las razones para no faltar a la cita que tenemos hoy con el firmamento.




Comparación entre la Luna llena normal (Apogeo) y la Luna llena de hoy (Perigeo)

viernes, 18 de marzo de 2011

Ferula





Sus brotes son plumosos, casi gaseosos, con aspecto de nubes verde brillante. De ellos se va desplegando la gran hoja de la Ferula o Cañaheja (Ferula vulgaris). Es una de las mayores humbelíferas que existen y en esta época del año resulta bastante frecuente encontrarla por todo el ámbito mediterráneo, sobre todo en terrenos calizos. Sus huecos y gruesos tallos se utilizaron en la antigüedad para inmovilizar fracturas en dedos u otras partes del cuerpo, de ahí la denominación de "férula" en la medicina actual.


A finales de primavera y en verano, producirá largos tallos dehasta 3 metros, con llamativas inflorescencias verde amarillentas. Y una vez pasado el estío, la planta pierde su parte aérea.




Pero el espectáculo no acaba ahí, pues es en otoño cuando hace acto de presencia el Pleorutus eryngii var. ferulae o seta de cañaheja, un exquisito hongo asociado a las raíces de la Ferula emparentado con la seta de cardo.

martes, 1 de marzo de 2011

Las manzanas de oro de las Hespérides




Las leyendas griegas hacen mención de forma recurrente a un legendario lugar similar a un paraíso terrenal. Se trata del maravilloso Jardín de las Hespérides, un mítico país habitado por las ninfas del atardecer, en que reinaba la felicidad y la primavera era eterna. Pese a tratarse de un país mítico, antiguos autores como Plinio lo sitúan con gran precisión geográfica junto al océano, en el confín occidental del mundo conocido. Es decir, junto a las Columnas de Hércules, al final del Mare Nostrum, cerca de Gades

En este legendario jardín, que a la vez era el huerto de Hera - diosa de las mujeres-, crecía un fabuloso árbol de manzanas doradas que había sido ofrecido como regalo de bodas a la diosa por Gea en sus nupcias con Zeus. Este árbol, al contrario que los manzanos comunes, jamás perdía su follaje y producía su dorado y delicioso fruto, que proporcionaba la inmortalidad a quien lo probase, incluso mientras en el resto del mundo era invierno (¡Qué diferente al pérfido Árbol de la Ciencia, del Bien y del Mal de la mitología judeocristiana!). Pese a que las manzanas eran vigiladas por un dragón de cien cabezas, Hércules consiguió robarlas por lo que, las tres Hespérides, desesperadas, se convirtieron en un olmo, un sauce y un álamo. Por su parte, el dragón huyó avergonzado al cielo del norte, donde aún hoy podemos contemplarlo formando la gigantesca constelación "Draco" o "Sierpe". Finalmente, gracias a Atenea, las manzanas doradas volvieron al jardín donde deberían de permanecer hasta el final de los tiempos.


Hoy, mucho tiempo después de que el mito de aquel paradisíaco vergel dejase de ser tomado en serio por nadie, cada invierno, cuando Draco se ve más brillante, en el confín de poniente, en el extremo oeste del Mediterráneo, precisamente donde moraban las ninfas del ocaso, árboles con lujuriosas copas perennes se muestran repletos de extraordinarios frutos dorados. La ciencia y la historia nos aseguran que es materialmente imposible que el naranjo fuese el árbol de manzanas de oro de las Hespérides, entre otras cosas, porque fue introducido en esta zona por los árabes muchos siglos después. Aún así, la idea resulta tan sugerente que el propio Linneo otorgó la denominación botánica de "hesperidio" a los frutos de los cítricos.






Las hespérides bajo el árbol de las manzanas de oro. El jardín de las Hespérides de Frederic Leighton (1892).

domingo, 13 de febrero de 2011

El extraño lirio negro de Cortázar


Desde finales de enero podemos contemplar en algunos enclaves de matorral mediterráneo las flores de esta extraña planta bulbosa. El Hermodactylus tuberosum o Lirio sombrío es una iridácea mediterránea poco abundante pese que su distribución abarca desde el este de la Península Ibérica hasta Turquía. Con curiosos tallos de sección cuadrangular y una flor de tonos verdosos y negros, es una especie que no pasa desapercibida.

En su complejísima obra "62 Modelo para armar" - nacida precisamente del capítulo 62 de "Rayuela"-, Julio Cortázar hace mención de forma críptica y enigmática a esta planta. En esta novela, varios inquietantes y nebulosos personajes divagan hasta extremos increíbles sobre el posible significado de la aparición en un cuadro de un tal Dr. Daniel Lysons, de una flor de Hermodactylus.


Cuadro del Dr. Daniel Lysons con una flor de Hermodactylus en la mano.

miércoles, 2 de febrero de 2011

El país de la canela

Río Napo en la amazonía ecuatoriana.

"Nosotros en la selva necesitamos armaduras, cascos, viseras y miles de cuidados, para protegernos de los insectos, de las plagas, del agua y del aire. Vemos amenazas en todo: serpientes, peces, púas del tronco de los árboles, ponzoña de las orugas vellosas, y hasta el color de los sapos diminutos de los estanques; pero a la vez comprobamos que los indios se mueven desnudos por esa misma selva, se lanzan a sus ríos devoradores y salen intactos de ellos, parecen tener el secreto para que la selva los respete y los salve.
No es que la selva los ame, no es que la selva sepa que existen, más bien lo contrario: que todos procuran no ser sentidos por ella. Se desplazan de un sitio a otro, no derriban los árboles, no construyen ciudades, no luchan contra la poderosa voluntad de la selva sino que se acomodan, respiran a su ritmo, son ramas entre las ramas y peces entre los peces, son plumas en el aire y pericos ligeros en la maraña, son lagartos voladores, jaguares que hablan y dantas que ríen.
La selva los acepta porque son la selva, pero nosotros no podremos ser la selva jamás".

Fragmento de "El país de la canela", obra del colombiano William Ospina en el que, por boca de uno de los participantes en la expedición, se relata la increíble odisea de Francisco de Orellana (nacido en Trujillo hace hoy 500 años) al descubrir y recorrer el río Amazonas, aventura que jamás había realizado ningún hombre blanco.

miércoles, 26 de enero de 2011

Chinches rojos de la malva (Phyrrhocoris apterus) al sol sobre una corteza en una mañana invernal


"Qué formidable es la vida para cualquier ser humano. Hay gente, y esto nunca me lo he explicado muy bien, que se aburre. Realmente, cuando se llegan a conocer los secretos de la naturaleza, uno no solo no se aburre, sino que se desespera de que el tiempo sea tan corto. Tenemos delante de nosotros un teatro maravilloso, el teatro de la vida, en el que caben todos y que está esperando a que lo contemplemos, lo comprendamos y lo aplaudamos".

Félix Rodríguez de la Fuente

martes, 18 de enero de 2011

Hombre y trigo: ¿Alianza exitosa o castigo divino?



Triticum aestivum


El ser humano desde que es tal, ha ido forjando con otras criaturas relaciones de mayor o menor calado. En anteriores ocasiones nos referíamos a relaciones beligerantes y oscurecidas por una profunda hostilidad, como la que establecimos durante milenios con el lobo. Otras, en cambio, supusieron fructíferas alianzas que beneficiaron ambos. De entre estas últimas, la trascendencia de ninguna de ellas llega siquiera a aproximarse a la que llevaron a cabo nuestros antepasados con una especie que, aún hoy, posee una importancia vital para mantener nuestra posición dominante y expansiva con respecto al resto de especies. Se trata de la domesticación del trigo, del Triticum de los botánicos. La asociación con esta especie fue la llave para que ambos conquistásemos exitosamente casi cada palmo de tierra firme del planeta, exceptuando los polos y los desiertos.
Hace 10.000 años, en lo que hoy conocemos como Oriente Medio, tuvo lugar una fascinante historia que supondría el despegue definitivo del Homo sapiens como especie evolutivamente triunfadora. Lo que sucedió en ese momento de la historia de la humanidad fue un auténtico punto de inflexión y supuso el paso de la especie de cazadores recolectores que nomadeaba en pequeños grupos a la especie sedentaria y organizada que cultivaba la tierra, construía ciudades y establecía estados.

Todo comenzó en el Edén.
El registro arqueológico y geológico parece confirmar que el mítico paraíso terrenal y primigenio al que numerosas culturas antiguas se refieren en sus escritos – el Edén judeocristiano, el Gilgamesh sumerio, el Jardín del Paraíso Persa, la Arcadia clásica o los Campos de Lalu egipcios – tuvo una base histórica y geográfica real. La última glaciación (conocida como Würm), hace entre 90.000 y 12.000 años, situó a las poblaciones humanas al borde mismo de la extinción. El cambio drástico de las temperaturas y la duración de la era glaciar redujeron de forma intensa la población de homo sapiens y la dispersión genética iniciada 40.000 años atrás se interrumpió de forma radical. Pero la misma glaciación hizo que el nivel del mar bajase unos 120 metros. Esto fue debido a que los casquetes polares se extendieron por gran parte del globo y las precipitaciones sobre ellos se convertían automáticamente en hielo, reduciéndose a niveles mínimos los aportes de agua al mar. Tal descenso marino dejó al descubierto una planicie hoy inundada por el somero mar del Golfo Pérsico, que actualmente tiene una profundidad media de sólo 30 metros. Esta llanura era surcada por la cuenca de Satt al-Arab, el río en el que confluyen el Tigris y el Éufrates y - al contrario de lo que ocurría en el interior de los continentes, azotados por un clima glacial extremadamente frío y bastante árido- gozaba de unas temperaturas amortiguadas por su baja altitud, su cercanía al mar y su proximidad al ecuador. Muflones, ciervos, asnos salvajes, caballos, uros, jabalíes,… Toda la gran fauna Mediterránea del Holoceno se daría cita en aquel valle privilegiado cubierto por claros bosques de madroños, encinas, endrinos, castaños y otras especies proveedoras de alimento. No cabe duda de que aquella región repleta de caza y plantas comestibles, con clima benigno, y con bastante agua dulce, tuvo que ser un auténtico paraíso para los supervivientes de la glaciación. Tanto, como para dejar una huella en las tradiciones y en la memoria colectiva que perduraría durante miles y miles de años y que, de hecho, aún perdura. Pero todo lo bueno tiene su fin y hacia el 12.000 BP. finalizó bruscamente la glaciación, se elevaron las temperaturas y en un plazo relativamente corto, se descongelaron la mayor parte de los hielos que cubrían los continentes con la consiguiente elevación del nivel del mar. En cuestión de pocas décadas aquel valle del Edén se inundó por las aguas del mar y por las del deshielo –coincidiendo con el incremento de la pluviosidad al que condujo el calentamiento marino-. Ello debió de causar un impacto brutal en las mentes de aquellas personas y la catástrofe también quedó grabada en los mitos de numerosas culturas como el gran diluvio universal. Inundado el paraíso, sus habitantes se vieron empujados a una migración a las tierras altas que iban dejando al descubierto los hielos. Para subsistir en el nuevo ecosistema tuvieron que cambiar de estrategia de supervivencia, restando importancia a la caza en sus dietas y dándosela a los alimentos vegetales. En concreto, estas tierras se encontraban cubiertas por grandes praderas de gramíneas donde crecían algunas especies que enseguida llamarían la atención de nuestros antepasados por ser sumamente prolíficas, fáciles de recolectar y muy alimenticias. Y entre estas gramíneas estaba el trigo silvestre. Aunque los hombres paleolíticos venían recolectando sus semillas desde hacía tiempo, ahora, dadas su abundancia y dadas las circunstancias, la alternativa era especializarse en ellas, pasando de ser eminentemente carnívoros/frugívoros a ser básicamente granívoros.


Región del Creciente Fértil, con el Golfo Pérsico, Mesopotamia, Levante Mediterráneo y Delta del Nilo.
Cuna de la civilización, de la agricultura, del hombre moderno y, probablemente, origen de los mitos sobre el paraíso.


No tardarían en darse cuenta aquellos hombres que si modificaban el entorno para mejorar las condiciones en las que crecían estas gramíneas silvestres –por ejemplo, eliminando las plantas de otro tipo que creciesen entre ellas y que supusiesen una competencia- , la cosecha aumentaba considerablemente. De ahí a cultivar hay sólo un pequeño paso. O, para ser más exactos, cuatro pasos, pues para ello habrían de roturar la tierra –algo totalmente novedoso- para sembrarla, tras haber recolectado y almacenado previamente las semillas desde el año anterior. Aunque la agricultura ya existía, como actividad incipiente e itinerante que aportaba un complemento a la antigua dieta de estos pueblos, con el cultivo de cereales se iniciaba un innovador tipo de explotación del medio: La agricultura masiva o de laboreo. Y de paso, se daba por inaugurado el neolítico. El trigo se prestó fácilmente a la domesticación mediante un fenómeno fascinante. Las variedades silvestres poseen una característica particular: Las semillas, una vez maduras, se desprenden con suma facilidad del raquis de la espiga, lo cual es muy ventajoso para su dispersión pues esta se ve favorecida gracias a los vientos de final de verano y principio de otoño. Para los nuevos agricultores, en cambio, esta peculiaridad debió de ser bastante fastidiosa pues recolectaban el grano asiendo las espigas con la mano y, al menor roce, buena parte de estos acababan en el suelo, donde su recolección era enormemente tediosa cuando no poco menos que imposible. Pero entonces tuvo lugar una selección artificial involuntaria con un resultado, que no por lógico, deja de ser increíble.
Como cualquier especie viva, el trigo silvestre produce en cada generación innumerables pequeñas mutaciones y una de las que produjeron algunos especímenes de aquella época en el Creciente Fértil fue la de ofrecer una ligera resistencia de las semillas a la separación del raquis. Estas semillas tuvieron muchas más posibilidades de ser recolectadas por las manos de los agricultores neolíticos y por tanto de ver perpetuada su carga genética – y con ella, la peculiaridad de mantener las semillas en la espiga-. Dado que la característica, que hubiese sido totalmente desfavorable para la especie silvestre, en el nuevo contexto resultaba una ventaja que favorecía la propagación – con los humanos como vector-, en poco tiempo la mutación fue afianzándose, acentuándose y ganando terreno frente a los trigos cuyas espigas se desgranaban con facilidad. El salto genético es tan notable que los arqueólogos, cuando encuentran trigo en antiguos asentamentos, determinan si los granos fueron recolectados de plantas silvestres o cultivadas en función de si se desprendieron del raquis antes o después de la recolección. Dicho de otra manera, el trigo pasó rápidamente de ser una especie silvestre a ser una especie doméstica. Entonces, y sólo entonces, el ser humano comenzó a generar grandes cantidades de alimentos.





La capacidad de las semillas de trigo para permanecer fijadas a la espiga fue una variable clave en su domesticación.




Tras la domesticación de los primeros trigos diploides, pronto aparecieron las serie haploides y tetraploides que dieron a su vez lugar a infinidad de variedades distintas de trigo


El grano, además de poder ser producido a gran escala y de ser tremendamente alimenticio, posee una cualidad única que no poseen ni la caza ni las frutas: Puede ser almacenado y conservado durante un largo período de tiempo. Los expulsados del paraíso poseían ahora la llave de la prosperidad. De las extraordinarias cualidades del trigo dice mucho el hecho de que hoy, diez milenios después, no hayamos encontrado otro soporte alimenticio mejor para la humanidad. Un campo sembrado de trigo neolítico producía 25 veces más alimento que la misma extensión dedicada a la caza. Dado que, por primera vez en la historia de la especie, existía un sustento prácticamente garantizado con independencia de las estaciones y de las fluctuaciones de fauna y flora salvajes, las poblaciones humanas olvidaron su pasado nómada, se asentaron en poblados o ciudades y experimentaron un espectacular aumento demográfico. Desde ese momento hasta hoy, exceptuando lo colapsos producidos por pandemias medievales en los siglos XIV y XV en los que la población descendió abruptamente, la línea demográfica no ha dejado de ascender ni un solo día. Pero aquel escenario de agricultores nadando en la abundancia no era tan idílico como nos puede parecer. Si las poblaciones aumentaban era, efectivamente por disponer de más alimento, pero también porque para que el nuevo sistema agrícola puesto en marcha basado en el trigo funcionase, hacía falta mano de obra. La agricultura era una fuente de alimento más segura y productiva que la caza, pero también precisaba mucho más esfuerzo y tiempo de dedicación. Un cazador-recolector empleaba de media tres horas diarias para conseguir su sustento y el de su familia, mientras que un agricultor neolítico precisaba de siete. Los agricultores neolíticos se vieron entonces atrapados en un círculo vicioso sin salida: Para cultivar más tierra necesitaban más personas y para alimentar más bocas era preciso cultivar más tierras. Y esta diabólica ecuación es la que hizo a la cultura agrícola expandirse rápidamente por todo el planeta. Al círculo vicioso se añadía otro elemento que lo hacía aún más irreversible: A medida que el paisaje se iba convirtiendo en agrícola, la biodiversidad disminuía de forma considerable y, por tanto, menos posibilidades les quedaban a los hombres neolíticos de volver a su antiguo modo de vida. Pese al rotundo triunfo ecológico que la asociación entre el hombre y el trigo trajo consigo, nada hace suponer que aquellos hombres ganasen calidad de vida con respecto a sus antepasados del Edén. Mas bien al contrario, todo apunta a que en un primer momento adoptaron la agricultura de laboreo como estrategia para adaptarse a las tierras altas a las que fueron obligados a emigrar y posteriormente se vieron atrapados en una carrera irreversible que, de mano de su socia gramínea, les empujaría a conquistar el mundo, aunque fuese de manera forzada. Una de las tareas inherentes al trigo es la molienda pues, al contrario que otros cereales como el arroz, ha de ser molturado para poder ser digerido por nuestro organismo. Los arqueólogos han descubierto restos humanos con deformaciones en la zona lumbar y artrosis en las extremidades debidas a la cantidad de horas sentado frente a un molino neolítico de dos piedras moliendo trigo, en lo que podemos considerar el primer dato de una enfermedad laboral. Otro dato arqueológico increíble y bastante relevante es el de la estatura: Durante ese período la media de altura bajó de 1,76 m. a 1,66m. en el caso de los hombres y de 1,63 m. a 1,54 m en el de las mujeres. Es decir, aumentó la población y la esperanza de vida, pero las condiciones de esta descendieron.


Molinos de trigo neolíticos



Es de suponer también que para mantener una organización más o menos eficiente del grano que se almacenaba, habría personas que se encargarían de su gestión, habría quienes tuviesen potestad para administrar los graneros y quienes verían, en cambio, como su vida transcurría encadenada al trabajo de la tierra. Surgirían así castas y jerarquías, las clases rectoras y, por supuesto, las leyes. También surgió el concepto de propiedad privada de la tierra, muy distinto al etéreo concepto de territorio de caza utilizado por los hombres paleolíticos. A su vez, la propiedad privada trajo consigo las desigualdades, pues no todos poseerían la misma extensión de tierra. Algunos, acumulando el fruto de sus parcelas e intercambiándolo por más tierra, llegarían a tener tanta superficie que no necesitarían trabajarla, pudiendo recurrir a terceros que lo harían a cambio de determinada cantidad de grano. En ese momento nacieron las que hoy se conocen como clases sociales. Otra consecuencia lógica fue el nacimiento del comercio como tal. Pero además, al existir la propiedad sobre la tierra, también existía la necesidad de defenderla, no sólo individualmente del vecino de enfrente, sino colectivamente, creando fronteras, naciones y ejércitos para defenderlas, algo que nunca anteriormente había existido. Y si existen las naciones, existen los extranjeros. Para los hombres existentes antes de la domesticación del trigo, la humanidad se dividía en dos: Los pertenecientes al clan y los ajenos a él. Con respecto a estos segundos se mantenía una relación lo suficientemente beligerante como para que no invadiesen los cazaderos y rodales de frutos, pero lo suficientemente amistosa como para permitir el eventual intercambio genético entre clanes que hizo posible la supervivencia de la especie. Pero en el caso de los extranjeros, la única relación posible era de miedo-odio. Otra consecuencia que acarreó la cultura del trigo fue la necesidad de la sistematización y predicción de los ciclos temporales. Para sembrar y cosechar es preciso poseer un conocimiento preciso acerca de las estaciones y del clima, unos conocimientos que no resultaban vitales para el antiguo modo de vida pero que ahora representaban la diferencia entre obtener buenas cosechas o malograrlas. Y para administrar estos conocimientos era necesario delegar en alguien o en un grupo de personas depositarias a las que se encomendase recopilarlos y preservarlos generación tras generación. Esas personas con el tiempo darían en llamarse sacerdotes.
Podemos deducir por tanto que gran parte de los esquemas sociales, económicos y cosmogónicos que vertebran lo que hoy conocemos como mundo moderno tuvieron su génesis como consecuencia de la domesticación del trigo.

Pero además de los radicales cambios que sufrió la humanidad a raíz de la alianza con el trigo, durante los siguientes milenios los ecosistemas de buena parte del planeta se vieron alterados para siempre. Desde entonces, allá donde hubiese hombres modernos, los bosques y praderas eran sustituidos por inmensos campos de cereales, por falsas estepas. Además, con la irrupción del trigo y el hombre como especies asociadas y dominantes, comenzó la extinción de un número considerable de grandes animales salvajes, la llamada extinción del Pleistoceno. Ello puede parecer una paradoja, pues en teoría, las presas potenciales de los anteriormente cazadores recolectores sufrirían menos presión cinegética una vez que estos encontrasen su base alimenticia en la agricultura. Pero la realidad fue exactamente la contraria y su explicación, de una lógica aplastante. Cuando los cazadores-recolectores vivían a expensas de lo que su hábitat les deparase, se encontraban sujetos a oscilaciones demográficas en función de la disponibilidad de sus recursos. Es un fenómeno que se aprecia con más facilidad en predadores super-especializados, como los búhos nivales y los lemmings o los linces ibéricos y los conejos. Cuando las condiciones ambientales lo hacen posible las presas alcanzan altas densidades y los predadores que de ellas también ven incrementado su número. Se ha comprobado como en años de abundancia de micromamíferos los búhos hacen una segunda puesta y en los de abundante presencia de conejos los linces tienen camadas mayores. Tal abundancia de cazadores hace que el número de presas caiga en picado y, al descender estas, ante la falta de alimento, también lo hace el de predadores. Este lógico mecanismo evita que las especies predadas, cuando sufren descensos poblacionales intensos, tengan que soportar la presión de una alta población de cazadores que las llevaría a la extinción. Algo parecido pasaría con las tribus cazadoras cuyas poblaciones dependían en gran medida de la densidad de las poblaciones de presas. Pero con la llegada de la agricultura masiva este esquema cambió. Aunque las poblaciones de presas siguiesen sujetas a altibajos cíclicos, las de humanos mantenían un ascenso constante. Y no hemos de olvidar que, por muy agricultores que fuesen, los humanos siguieron manteniendo la actividad cinegética –aunque ya o fuese vital para su supervivencia-, como de hecho sigue totalmente vigente en el siglo XXI incluso en las sociedades más industrializadas. Así se extinguieron en unos milenios la inmensa mayoría de grandes animales de Europa, Asia, América y Australia. Y muy posiblemente una de las víctimas del impacto creado por los nuevos agricultores fue el hombre de Neardenthal.

Los lemings hacen descender las poblaciones de sus predadores cuado ellos mismos reducen las suyas. Ello hace que cíiclicamente, estos pequeños mamíferos se refugien en su propia escasez. Algo parecido ocurriría con los cazadores paleolíticos, aunque no con los agricultores y cazadores a tiempo parcial del neolítico.


En el único continente que el hombre neolítico granívoro no hizo suyo, el africano, aún hoy podemos contemplar impresionantes concentraciones de un amplio repertorio de grandes especies, algo que no ocurre en ningún otro lugar del planeta. Y eso a pesar de tratarse de la región del planeta que durante más milenios ha soportado la presión humana.




Huevo de Ave elefante de Madagascar, una de las víctimas de las extinciones del Pleistoceno, debidas en gran parte a los agricultores que, a tiempo parcial, también ejercían la actividad cinegética. Se trata del huevo más grande que ha existido nunca, mayor incluso que los de cualquier dinosaurio.





Pero volvamos al creciente fértil, donde los nuevos agricultores habían dado con la clave de la domesticación de las especies. En relativamente poco tiempo y en ese preciso lugar se llevó a cabo un espectacular proceso por el que se domesticaron especies como el farro (especie de centeno), la cebada, el lino, el garbanzo, el guisante, la lenteja, el yero (especie de guisante), la vaca, la cabra, la oveja, el cerdo y el caballo. Y en también relativamente poco tiempo surgió de forma aparentemente espontánea la agricultura masiva en otros lugares el planeta. En Asia ocurrió con el arroz, en África con el mijo, en América con el maíz… Los científicos aún no han desentrañado la misteriosa razón por la cual, una especie que durante seiscientos mil años (o dos millones y medio de años si tenemos en cuenta a los primeros Homo) se dedica a la caza, de repente, en el lapso de unos cinco milenios da el salto a la agricultura en distintos lugares del mundo cuyas poblaciones humanas no están conectadas entre sí. Algunos autores llegan a sugerir que existe una especie de determinación histórica y que, de alguna manera, era inevitable que las sociedades epipaleolíticas desembocaran en economías productoras de alimentos.

Después de la domesticación del trigo y la consiguiente invención de la agricultura masiva, llegaron otras revoluciones tecnológicas que afectaron a la humanidad, pero ninguna lo ha hecho de forma tan decisiva y espectacular como aquella. La alianza entre el hombre y el trigo no trajo un rotundo éxito sólo para el primero - que, de unos ocho millones de indivíduos que conformaban la humanidad hace diez milenios, según las últimas estimaciones, acabamos de pasar -hace menos de una semana, que ya es casualidad- de los siete mil millones de personas. El segundo se vio expandido por todo el orbe, cultivado, protegido y multiplicado hasta límites absolutamente inalcanzables para la humilde gramínea silvestre de las colinas de Oriente Medio. Actualmente el trigo es la planta más cultivada por el hombre, con una producción de 653 millones de toneladas anuales (cosecha de 2010, según la FAO) y ocupando una extensión de 230 millones de hectáreas. Estas cifras son la mejor prueba del éxito de una relación entre dos especies. Pero dicho éxito tuvo unas consecuencias brutales para la biosfera y cambió radicalmente nuestra relación con ella.


Cosechadoras en un trigal de Argentina, uno de los mayores productores de trigo del mundo.




Segadoras de trigo en Mashuayllo, Perú. No está del todo claro que el paso de de las sociedades cazadoras recolectoras a las eminentemente agrícolas supusiese - además de un aumento en la esperanza de vida y un espectacular crecimiento demográfico- un aumento en la calidad de vida de los seres humanos. Sobre todo de aquellos que trabajaban directamente la tierra.


Todo indica que, al contrario de lo que se creía hasta hace poco, la agricultura y el trigo fueron adoptados por el hombre de principios del neolítico como única opción para sobrevivir, no como una opción para vivir mejor. Y posiblemente existan datos suficientes para suponer que, además de la de una fructífera y exitosa alianza, la historia del trigo fue también la del mítico castigo divino a los expulsados del Edén.