"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

domingo, 16 de enero de 2011

El idioma sin verde.


En los dialectos Inuit, de los habitantes del gran norte helado donde la nieve lo rodea todo, no existe la palabra "nieve". Y no se trata de ninguna paradoja, pues en cambio utilizan hasta veinte vocablos distintos para denominar a otros tantos tipos diferentes de nieve. A ningún inuit se le ocurrió nunca una palabra genérica que diese nombre a todos los tipos de algo que les rodeaba.


Sólo en el universo verde de la selva podría haber un idioma en que no existiese una palabra para referirse genéricamente al verde.

Del mismo modo, en los dialectos Quechua del Amazonas no existe la palabra verde. A pesar de que estas hablas amazónicas provienen del los Andes -donde sí que existe - , tras llegar a la gran cuenca hace ochocientos años la palabra perdió todo su sentido. No tenía ninguna lógica referirse a algo "verde" cuando absolutamente todo lo que te rodea es de tal color. El universo fotositético de la jungla amazónica - en el que el 99,999% de la biomasa pertenece al reino vegetal- es la auténtica exacerbación del verde, o mejor dicho, de los verdes. Para quien se adentra en ella por primera vez, tal amalgama cromática puede suponer una saturación óptica. Salvo algún retazo de cielo que de cuando en cuando se deja ver, el espectacular lapislázuli metálico de la mariposa Morpho y el marrón terroso de las aguas cargadas de sedimentos de los ríos de "aguas blancas", prácticamente todo es verde en la selva primaria. Y, sin embargo, eso no quiere decir en absoluto que todo sea del mismo color. La retina de los pueblos amazónicos fue distinguiendo, diferenciando, definiendo y dando nombre a cada uno de los distintos tipos de verde, creando con el tiempo hasta treinta voces distintas para referirse a ellos. Fueron perfeccionando su definición de un concepto que, por demasiado genérico, borraban de sus vocabularios. En pleno universo verde fueron creando idiomas sin el verde.

3 comentarios:

  1. Beatriz Ramos Peñamartes, 18 enero, 2011

    Increíble y preciosa historia la de la palabra verde.

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  2. No los vientos son cuatro, ni siete los colores. Fantástico todo lo que nos aporta la bitácora, mis retinas pudieron contemplarlo en Monteverde (Costa Rica), donde además de las Morpho, relampaguean las irisaciones de los colibríes. Adelante con el blog, ya espero las nuevas entradas, un abrazo.

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  3. Gracias por vuestros comentarios. Nosotros nos introdujimos en el universo verde de la selva en las selvas de niebla de las laderas orientales e los Andes, a lo largo del río Oyacahi, y en las impresionantes cuencas del Aguarico, Cuyabeno y Sushufindi, en la amazonía ecuatoriana. Vaya espectáculo (espectáculo verde, claro).
    Un abrazo

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