"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

lunes, 2 de mayo de 2011

Calor vegetal

El control de la temperatura corporal fue una conquista evolutiva que permitió la vida en ambientes hasta entonces climáticamente hostiles. Pero tal control no es patrimonio exclusivo de los animales.


Si nos preguntásemos por organismos que con su cuerpo producen calor, pensaremos casi indefectiblemente en animales. Efectivamente, a priori sólo los animales - y ni con mucho todos- parecemos capaces de elevar o mantener nuestra temperatura, de producir calor. Sin embargo también hongos y levaduras son capaces de producir fermentaciones en las que se desprende calor.
Esta es una capacidad de administración y control de la energía tan extraordinaria que sólo en las últimas etapas de la evolución de la vida sobre el planeta hizo acto de presencia. Hasta entonces, la temperatura de las sustancias que forman los organismos vivos -y por tanto sus reacciones químicas y procesos vitales- estaban a expensas de los cambios de la temperatura exterior. Hasta que un selecto grupo de hongos, de levaduras y de animales encontró la llave del control térmico. Pero algo que, por su rareza, resulta más increíble es que algunas plantas también son capaces de llevar a cabo tal proeza.




Dragontea (Dracunculus vulgaris)



La Dragontea (Dracunculus vulgaris) es una extraña planta bulbosa de la familia de las aráceas (Aros y Calas) que habita algunas islas del Mediterráneo como Creta y Chipre. Pese a que el aspecto de sus tallos y hojas ya es extraño, cuando esta planta realiza realmente un esfuerzo para no pasar despercibida es durante la floración. Su increíble órgano reproductor es una enorme y extraña flor en forma de embudo marrón violáceo de hasta 60 cms. Y del centro del embudo (la espata) surge un largo órgano cilíndrico de color negro (el espádice). Este contiene sustancias químicas volátiles que, al elevarse la temperatura, desprenden un intenso olor a carne en descomposición. El objetivo de este arma química no es otro que atraer a los insectos amantes de la carroña, que son quienes involuntariamente ejercen de polinizadores de esta especie. Moscas y moscardones se ven atraídos hasta el fondo del embudo, donde se verán embriagados y atrapados durante el tiempo suficiente para impregnarse de polen y/o dejar el que tomaron inadvertidamente en otra Dragontea. Lo más increíble es que el calor necesario para que el fétido reclamo sea efectivo, lo produce la propia planta mediante una reacción química en su espádice. Según una comprobación propia, la superficie del espádice llega a superar los 11 Cº por encima de los de la temperatura circundante y el efecto químico es tan potente - y tan repugnante- como sólo puede atestiguar quien haya podido oler una Dragontea en flor.


Detalle del espádice de la Dragontea



También en la zona mediterránea, aunque más extendidas, podemos encontrarnos con unas singulares y discretas orquídeas: Las Serapias. Carecen de colores o diseños deslumbrantes y su tamaño es bastante humilde, aunque poseen características que las convierten en plantas más que especiales. Al igual que en el caso de la Dragontea, las Serapias se valen de insectos para llevar a cabo la polinización y fecundación. Pero al contrario que estas no "utilizan" los servicios de moscas carroñeras ni, como muchas de sus parientes orquídeas, tampoco hacen uso de trampas sexuales a base de olores o formas que atraigan a insectos con ganas de sexo. Las Serapias ofrecen a los insectos otro servicio no menos increíble y, sobre todo, no menos eficaz. En los días de la primavera temprana, las temperaturas diurnas se elevan, haciendo que ingentes cantidades de insectos voladores se dispersen por los campos. Pero las temperaturas nocturnas, en cambio, aún pueden llegar a ser bajas y letales para muchos de ellos, por lo que en muchas ocasiones, cuando cae el día, han de buscar un refugio adecuado. Y es en esta época cuando florecen las Serapias.



Serapias lingua, orquídea propia de pastizales frescos del sur ibérico.



Con el labelo y los sépalos de su corola forman una estructura tubular - con pista de aterrizaje incluida- que hace posible una temperatura interior de hasta seis grados mayor que la del exterior. Se trata del alojamiento nocturno ideal para un pequeño abejorro, avispa o abeja al que sorprenda la noche. El cálido interior de la flor se encuentra mullido por un tapiz de pequeños pelos que lo hacen más acogedor aún, y entre los pelos, una especie de saquitos de polen (polinios) con gran capacidad de adherencia. Estos están diseñados para pegarse al cuerpo del huésped y permanecer con él un día entero, hasta que vuelva a caer la noche y este busque de nuevo refugio en otra Serapias. Entonces los polinios depositarán su carga de polen sobre la superficie estigmática de la flor, cerrando un nuevo maravilloso capítulo de polinización cruzada.



Detalle de Serapias lingua

No hay comentarios:

Publicar un comentario