"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

miércoles, 20 de julio de 2011

La droga que resucitó la esclavitud







Numerosos historiadores coinciden en que la explosión del comercio de especias representó un hito en la línea difusa que delimita el fin de la Edad Media. Los habitantes pudientes de occidente ansiaban consumir aromas, sabores y tintes exóticos provenientes de territorios remotos y con altas connotaciones de lujo, lo que desplegó por todo el orbe conocido una red de rutas y comunicaciones como jamás se había conocido en la historia de la humanidad.
Nuez moscada, canela, clavo, pimienta negra, macis, clavo, ... atravesaban durante meses las rutas que conectaban Europa con las regiones tropicales de Asia, Indonesia y las islas Molucas, conocidas entonces como "La Isla de las Especias". Tras la caída de Constantinopla en manos de los turcos, las potencias europeas buscaron frenéticamente otras rutas que evitasen el Mediterráneo bajo control turco. Ello hizo que se descubriese el paso que rodeaba África por el sur y, posteriormente, haría posible el descubrimiento del nuevo mundo. Y de allí llegaron nuevas especias como la vainilla o la pimienta de Jamaica que vinieron a enriquecer el repertorio de sabores de los que se podían disfrutar las refinadas élites europeas. Pero aquella sed de exotismo, precisamente por ir alcanzando una inabarcable variedad, fue saciándose y el sistema comercial global que se había creado alrededor de las especias, volvió la vista a otras sustancias de consumo. Esta vez no se trataba de sustancias que únicamente sirviesen para satisfacer paladares y pituitarias. Esta vez se trataba de café, té, opio, cacao, alcohol y azúcar, sustancias que comenzaron a ser consumidas en la metrópoli, que básicamente eran producidas en países coloniales del trópico y que, curiosamente, eran sustancias psicoactivas, es decir, drogas. Entre ellas, por el impacto que causó así como por la imagen benigna que actualmente posee, merece especialmente atención el azúcar. Permanece en nuestros ámbitos cotidianos sin que nada haga sospechar que se trata de una sustancia tremendamente adictiva, que además cambió la historia de la humanidad y resucitó la esclavitud.

La esclavitud se remontaba en Europa a muchos siglos atrás (En la edad dorada de Atenas las dos terceras partes de su población eran esclavos y en la Roma de Julio César, otro tanto ocurría con la mitad de la población), pero con la caída del imperio romano y la disolución de las antiguas instituciones, esta fue desapareciendo, siendo sustituida en la Edad Media por otro sistema de explotación: el vasallaje. Pero en los siglos XVII y XVIII se desató una auténtica obsesión en Europa por consumir azúcar. Hasta entonces no se había producido a escala industrial y se le había considerado como un producto "raro" procedente de la India y de incierto origen. La extracción de azúcar de remolacha aún no había sido descubierta y la única fuente de azúcar propiamente dicha era la caña de azúcar, planta que, aunque tras la expansión musulmana fue cultivada en el Levante español, no producía rendimientos destacables. Pero en 1432 se realizaron plantaciones en Madeira y prosperaron de forma inesperada. Para su cultivo en una isla casi deshabitada, el estado portugués envió a mil convictos, morosos, judíos no conversos y reos de diversa índole, restaurando una práctica de explotación humana demasiado parecida a la esclavitud. Esa fatídica brecha fue a cambiar los acontecimientos cuando, dando el salto desde las Islas Canarias, la caña de azúcar llegó a Sudamérica.





Caña de azúcar (Saccharum officinarum). Originaria del sudeste asiático, llegó de mano de los árabes al Mediterráneo y dio el salto a América desde las Islas Canarias.





Cañas de azúcar recolectadas



Recolección manual de la caña o "zafra" en Ecuador.




Inmensas extensiones de zonas forestales tropicales en Sudamérica, Centroamérica y Caribe fueron arrasadas para convertirse en monocultivos de caña de azúcar. En la foto, plantación en Cuba, donde la inmensa mayoría de la vegetación natural fue desplazada por la industria azucarera.







De repente un continente entero, con exuberante clima y tierras infinitas, parecía esperar a ser convertido en una gigantesca plantación de caña (En 1530, sólo 38 años después del descubrimiento, ya había más de doce plantaciones en las Indias Occidentales). Sólo había un elemento de la ecuación que faltaba: la mano de obra. Y para solventar el problema, avivados por el éxito de la experiencia piloto portuguesa, numerosos comerciantes comenzaron a arribar en América con sus embarcaciones provenientes de África cargadas con cientos de miles de seres humanos literalmente cazados y añadidos como mercancía a unas nuevas y siniestras rutas comerciales, las de la trata de esclavos. Según Terence McKenna "el furor por el azúcar fue tan abrumador, que nada pudieron hacer ante ella mil años de condicionamiento ético" y según Hobhouse Henry " Por primera vez desde la latifundia romana, una masa de esclavos se utilizaba para un cultivo destinado al comercio, no para la subsistencia." Efectivamente, el azúcar es una sustancia absolutamente innecesaria sin la cual la humanidad se desarrolló durante milenios. También señala Mckenna que "Era también la primera vez en la historia que una sola raza se utilizaba para un papel servil ", dado que España y Portugal renegaron por razones "humanitarias" al uso de mano de obra esclava china, japonesa, de las Indias Orientales o europea, por lo que la práctica totalidad de esclavos utilizados para los cultivos de caña fueron negros.





Recolección de la caña de azúcar por esclavos negros en un grabado del siglo XIX





A partir de entonces 60 millones de africanos fueron esclavizados para trabajar en las plantaciones del nuevo mundo y si, finalmente su mano de obra fue utilizada en otros cultivos industriales (como el algodón), durante las primeras décadas, su dedicación casi exclusiva fue la caña de azúcar.









"Ingenio" o planta de procesamiento de caña de azúcar en Cuba en el s.XIX
Pero ¿Qué características posee una sustancia capaz de hacer que en plena ilustración las clases dominantes europeas y americanas mirasen hacia otro lado mientras se esclavizaba a millones de personas? El azúcar refinado obtenido a partir de la caña de azúcar es básicamente sacarosa pura, absolutamente ausente de vitaminas y minerales, pero que es fuente de una gran adicción. Según los estudios al respecto, el consumo de azúcar sigue patrones adictivos y su relación de dependencia es extraordinariamente parecida a la que pueda establecerse con sustancias como el alcohol. Se ha demostrado que cuando ingerimos azúcar, una zona del cerebro (núcleo de Acumbens) libera dopamina, lo cual desencadena la motivación y ello, al producirse de forma repetida, la adicción.Del mismo modo, se ha detectado un síndrome de abstinencia relacionado con el consumo de azúcar.



Todo ello explicaría el porqué apareció en nuestros usos cuando existían edulcorantes perfectamente válidos utilizados desde hace milenios (como la miel) y el porqué se sigue produciendo en cantidades descomunales hoy en día, después de que la ciencia haya descubierto otros edulcorantes sin efectos negativos. Aunque quizá no explique cómo una sociedad entera prefirió renunciar a sus principios éticos y a sus preceptos morales antes que renunciar a la posesión de un azucarero lleno con el que endulzar el té o el café.

2 comentarios:

  1. Muy interesante, gracias por tan buena informacion...

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  2. Gracias por tu comentario Pepi. Informaciones de este tipo deberían hacernos reflexionar sobre el modo en el que condicionamos y sometemos, no ya al resto de seres de la ecosfera, sino a nuestros propios congéneres. Y no ya por factores como la alimentación o el territorio, sino por asuntos tan triviales como la producción de una determinada sustancia que nos provoca hábito o adicción. Un saludo.

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