"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

viernes, 30 de septiembre de 2011

La rata que cambió la historia


El sólo nombre de la peste causaba terror en los europeos medievales y era considerado tabú, por lo que buscaron innumerables eufemismos para denominarla. Su aparición conmocionó a una sociedad que veía cómo un enemigo invisible del que no se podían defender aniquilaba poblaciones enteras. A partir del siglo XIV, el jinete del Apocalipsis que según la iconografía montaba al caballo de color bayo, conocido hasta entonces como Muerte, pasó a denominársele Peste, como aún se le conoce. El gran historiador Giovanni Villani, fallecía a causa de la peste mientras pronunciaba la frase "En mitad de la pestilencia sobrevino un final".


No contamos con los datos exactos pues no hubo testigos humanos, pero la información con la que contamos podemos recrear una escena de hace casi siete siglos. Finaliza un día más del mes de diciembre de 1346, y a medida que anochece en el puerto de Messina, en Sicilia, el intenso trajín de marineros, mozos de carga y comerciantes del día, da paso poco a poco a la tranquilidad nocturna de un muelle casi desierto. O al menos casi desierto de personas, pues ahora comienza el turno de otros moradores del lugar que hacen suyo el puerto durante las horas nocturnas. Perros sin dueño que acuden a hurgar entre las basuras, gatos en busca de los despojos de pescado dejados durante el día,… Y ratas dedicadas al pillaje en los fardos y mercancías, entrando y saliendo de los navíos y tratando de pasar inadvertidas a perros y gatos. Se trataba de Ratas negras (Rattus rattus), especie que, procedente de Asia Central había colonizado con éxito toda Europa siete siglos atrás. Una de estas ratas ejerce sus dotes de funámbula arribando al muelle a través de la amarra de una embarcación. Para ser más exactos, se trata de un navío mercante genovés recién llegado de Caffa, una colonia situada en la Península de Crimea. Durante siglos, las bodegas de los barcos supusieron un hábitat idóneo para la rata negra, pues contaban con numerosos encondrijos y recovecos entre la mercancía, los predadores brillaban por su ausencia y el alimento sobraba. No ocurría en cambio lo mismo con el agua dulce, al que el acceso a bordo era bastante más complejo, por lo que estampas como la de ratas polizonas desembarcando por las maromas en busca de agua fresca desde los navíos recién atracados, debieron de ser frecuentes en todos los puertos del mundo.



Rata bajando por la amarra de una embarcación





Pero nuestra rata poseía algo que la diferenciaba de todas las demás. Aquel animal, sin saberlo, cambiaría el rumbo de la historia, haría tambalearse la civilización europea y desencadenaría un cataclismo que desintegró el antiguo orden social del viejo continente.







La Rata negra (Rattus rattus), originaria de Asia Central, está presente en Europa desde el siglo VIII. De menor tamaño, su pelaje sedoso y limpio le confiere un aspecto más amable que su prima la rata gris. Aunque habitualmente vive cercana al hombre, prefiere las zonas rurales y los campos de cultivo o sotos fluviales al hábitat urbano. Arborícola y excelente trepadora, cuando habita viviendas humanas, prefiere los graneros, tejados y desvanes antes que las cloacas. También es frecuente en puertos y hasta hace poco era habitual moradora de las bodegas de los navíos. Hoy sus poblaciones son mucho más escasas que las de la Rata gris.




Las rata gris (Rattus norvegicus) o de alcantarilla, procedente de China, se extendió por toda Europa primero y después por todo el mundo, desplazando a la menos prolífica y adaptable rata negra. HJoy se considera a esta especie como el mamífero más abundante del planeta. Está más ligada a ambientes urbanos y es una excelente nadadora, habiéndose adaptado perfectamente a lugares húmedos y oscuros como las cloacas. Es transmisora de numerosas enfermedades, aunque no de la Peste Negra.









Principales diferencias entre la Rata negra (Rattus rattus) y la Rata gris (Rattus norvegicus)



Dos meses antes de que las pulgas que transportaba la rata entre su pelaje transmitiesen la peste bubónica a algún desafortunado transeúnte del puerto de Messina, el barco de los genoveses se encontraba en el puesto de trueque de Caffa, una colonia a orillas del Mar Negro en la que eran habituales los negocios de mercaderes Italianos. Desde hacía unos meses, la colonia, situada en una estratégica península, sufría el asedio de las tropas Tártaras. Estas habían traído involuntariamente desde Mongolia una especie de extraña enfermedad que comenzaba a hacer mella entre los soldados. Otras teorías sugieren que la enfermedad llegó gracias al comercio de pieles que, desde las estepas de Asia Central, seguían la ruta de la seda para llegar al Itsmo de Crimea. Las pieles - y las pulgas que estas contenían- se transportaban en fardos envueltos que sólo se abrían una vez llegados a este lugar. Fuera como fuere, la enfermedad había llegado al Itsmo de Crimea, donde se concentraba el ejército tártaro y uno de sus generales, Khan Janibeg, tuvo la macabra idea de lanzar los cadáveres infectados mediante sus catapultas y máquinas de guerra al interior del fortín, deshaciéndose así de ellos e inaugurando de paso la guerra bacteriológica. Los Genoveses, aterrados al ver cómo la enfermedad se extendía entre ellos, abandonaron toda resistencia y emprendieron la huída con sus naves camino de sus puertos de origen, llevando consigo en sus bodegas a las en apariencia inofensivas ratas negras, que a su vez portaban su respectiva población de pulgas, que a su vez estaban infectadas por la bacteria Yersinia pestis. El ciclo vital de la bacteria requiere de la participación de dos vectores – la rata negra y la pulga específica de esta especie (Xenopsylla cheopis). - para llegar a su hospedador humano, el único de la cadena para el que esta resulta casi sin excepción letal. La bacteria pasa del torrente sanguíneo de la rata al intestino de la pulga cuando esta se alimenta. Si esta pica a un ser humano, regurgita saliva mezclada con parte de sus fluidos digestivos para evitar la coagulación de la sangre, inoculando la bacteria en la sangre humana. Una vez en ese medio, la Yersinia pestis se multiplica a una velocidad asombrosa y tras siete días de incubación, provoca desgarros internos con consiguientes manchas oscuras en la piel, ganglios hinchados formando grandes bubones en axilas e ingles, altas fiebres, debilitamiento, septicemia y, finalmente, la muerte.


Pulga de la Rata negra (Xenopsylla cheopys). Tras ingerir sangre de una rata infectada por el bacilo Yersinia pestis, su aparato digestivo se veía rápidamente colonizado por este, taponando su tracto digestivo con una masa sólida y provocándole, entre otros síntomas, una dificultad a la hora de succionar sangre de sucesivas picaduras. Ante esta situación, las pulgas hambrientas y desesperadas solían cambiar de hospedador, parasitando a otros mamíferos, entre ellos el hombre, donde continuaba el ciclo de la Yersinia. Curiosamente la bacteria no era letal para la pulga (aunque sí a veces para la rata y casi sin excepción para el hombre) y los efectos en esta desaparecían en unos días.






Yersinia enterocilitica
, bacteria similar a la Y. pestis que produjo la peste bubónica.


Otros barcos procedentes de Caffa llegaron posteriormente a Venecia y Génova, algunos con escasos supervivientes que habían ido arrojando a los muertos al mar. Se dio incluso el caso de embarcaciones sin rumbo encontradas errantes por el Mediterráneo, en las que no había quedado ni un solo superviviente entre la tripulación. Ello dio lugar a mitos como los de los barcos fantasmas sin tripulación. Aunque más tarde se la conociese como Peste Negra o Muerte Negra, en aquellas fechas se la denominó la Muerte que Corre. Pocos nombres serían más apropiados para una epidemia que comenzó a extenderse desde la costa del sur de Italia a toda Europa a razón de 5 km. por día. Durante los dos años siguientes la plaga fue asolando el viejo continente, extendiéndose por Francia, España, Inglaterra, Bretaña, Alemania, Escandinavia, Rusia… Según algunos autores, se cobró la vida del 75% de los europeos, es decir, de 65 millones de personas de un territorio que se comprendía entre la India e Islandia. En algunas zonas este porcentaje se elevó al 90%. La expansión de la catástrofe en ocasiones se vio acelerada por la acción humana, como cuando Luis I de Hungría declaró la guerra al reino de Nápoles coincidiendo con el estallido de la Peste en este último. Ante el escenario de desolación que encontraron, las tropas húngaras retrocedieron, llevando consigo la peste. Un caso parecido fue el de Escocia, que podía haberse librado de la epidemia, pero consideró que era un buen momento para invadir una Inglaterra azotada por la enfermedad y tremendamente debilitada aunque lo único que consiguieron fue llevar la peste a las tierras escocesas. . La ira popular culpó de la pandemia a minorías como la judía, a la que acusaban de envenenar pozos y a cuyos miembros se sometió a torturas y ejecuciones en masa. El que los judíos se viesen menos afectados por la peste era una evidencia a ojos de quienes ignoraban que los hábitos higiénicos de estos suponían una relativa prevención ante la enfermedad. Los leprosos también fueron considerados chivos expiatorios por una población que achacaba el mal al castigo divino de un dios vengador. Aquella cólera cargaba contra cualquier sospechoso y diezmó aún más la población e hizo las condiciones de vida aún más insufribles. Posteriormente se acusó a los gatos, lo que desencadenó una persecución por todo el continente contra los mejores raticidas de la época, es decir, agravaron aún más la epidemia.








Pronto no hubo lugar ni manos para enterrar a los muertos y pueblos y ciudades se cerraban a cal y canto, arrojando los cadáveres a los arrabales. Las aves carroñeras que acudían al festín también fueron acusadas de la plaga.








Se generalizó un rechazo radical al acceso a las poblaciones de peregrinos, extranjeros, vagabundos o soldados que regresaban a sus hogares. Todos ellos eran peligrosos, pero curiosamente no se vetó el acceso de comerciantes y marineros, mucho más peligrosos pues sí eran portadores en potencia de la enfermedad y transportaban en sus naves a ratas mezcladas con las mercancías originarias de regiones donde la enfermedad era endémica.

Una Europa conmocionada buscaba explicaciones sobrenaturales a una plaga que no hacía distinciones entre clases sociales, pues del mismo modo diezmaba a los campesinos que a los cortesanos y nobles (De hecho, la Peste Negra mató al rey de Castilla, a la reina de Aragón y a su hija, al hijo del emperador de Bizancio, a la reina de Francia y a su hija, a la segunda hija de Eduardo III, a la reina de Navarra, a la esposa del delfín, a la amada de Petrarca,...). Algunos atormentaban sus conciencias de pecadores, surgiendo multitud de órdenes de monjes mendicantes y de flageladores que recorrían el continente mortificándose y llevando a cabo terribles penitencias. De todos los rincones de Europa partió una peregrinación en masa hasta Roma. Del 1.200.000 peregrinos que partieron, 1.000.000 pereció en el camino víctima de la peste. Otros, por el contrario, lo daban todo por perdido y se entregaban a una vida pecaminosa de derroche y lujuria, tal como describe Boccaccio en el Decamerón. La magnitud del desastre no tenía precedente alguno y el caos social y moral fue absoluto. Y una de las características más estremecedoras de esta historia fue que la plaga de desarrolló y desapareció sin que nadie supiese dar una explicación racional a lo que estaba ocurriendo y por ende, nadie aportase nada remotamente parecido a una solución. Se quemaban gatos; se torturaba y mataba a los judíos; se realizaban rogativas, procesiones y misas; se daban cañonazos al aire; se usaban talismanes de todo tipo; se tapiaban las casas con enfermos dentro; se apedreaba a los leprosos… Sorprendentemente, muchos siglos antes, en el Antiguo Egipto, los hombres de ciencia ya habían establecido una relación causa efecto entre las ratas y la peste, venerando a gatos, aves de presa y serpientes, sus principales predadores. Pero la oscura Edad Media se olvidó de los saberes antiguos y en el siglo XIV a nadie se le ocurrió relacionar a las ratas con la Peste Negra.













Se les llamaba "los médicos de la peste" y eran galenos ataviados con un largo traje de cuero, guantes de tafetán aceitado, botas, sombrero y una inquietante máscara cuya prominente nariz estaba llena de hierbas aromáticas para evitar la penetración de las miasmas en el organismo. Las gafas de cristal rojo se suponía que evitaban la penetración del mal. La varilla rematada con un reloj de arena alado servía para examinar los bubones y llagas de los enfermos. Todo ello, no sólo era inútil, sino que los tupidos ropajes oscuros favorecía a las pulgas ocultarse y ser transportadas de un lugar a otro.







A mediados del año 1349 la plaga comenzó a remitir, en parte por que una población depauperada y diezmada no facilitaba la transmisión rápida de la enfermedad del mismo modo que una población densa. Pero también por un fenómeno biológico cuyas causas se desconocen aunque no algunas de sus consecuencias: la Rata Gris (Rattus norvegicus) o Rata de alcantarilla, procedente de China, experimentó repentinamente una explosión demográfica que desplazó a la Rata negra (Rattus rattus), volviéndose esta última más escasa. La pulga de la rata gris raramente transmite la bacteria de la Yersinia pestis por lo que, de repente, las condiciones para que la peste se desarrollase a través de sus vectores dejaron de ser óptimas y la enfermedad remitió hasta llegar a desaparecer con al misma rapidez con la que apareció. Posteriormente surgieron otros brotes, aunque mucho menos virulentos, hasta 1490. Hoy, la Yersina pestis se considera extinta. Algunos científicos achacan la terrible virulencia de la Peste negra durante aquellos años a la falta de inmunidad de una población aislada de los lugares donde era éndemica la plaga, por lo que los broites posteriores no causaron tantas muertes. Otras teorías sugieren además, que a la Yersinia se unieron otras epidemias como el Ébola o el Ántrax.
En 1349, poco más de dos años después de que la rata polizona arribase en el puerto de Messina, el rastro de devastación de la epidemia no podía ser más dantesco y desolador: Un continente entero con sus estructuras socioeconómicas descompuestas, con tres cuartas partes de la población aniquilada y con unos supervivientes aterrorizados. Aquellos dos años hicieron que el siglo XIV se considere desde entonces (junto al XX de Auschwitz e Hiroshima) como uno de los más oscuros y siniestros de la historia de la humanidad. Pero la catástrofe indujo cambios que a medio y largo plazo jugarían positivamente a favor de nuestra especie. Por un lado, la peste produjo una desbandada y una movilidad entre los supervivientes que rompió las ataduras seculares que los campesinos de la sociedad feudal. Estos habían constituido hasta ahora mano de obra semi esclava y permanecían aprisionados en las posesiones señoriales. Ahora en cambio, la mano de obra para trabajar los campos era muy escasa y, por tanto, muy valiosa. El feudalismo se tambaleaba sin uno de sus pilares de sustento. Por otro lado, aunque el número de habitantes disminuyó drásticamente, las posesiones materiales y el oro seguían siendo los mismos que antes de la plaga, por lo que las mismas riquezas se concentraban ahora en menos manos, surgiendo lo que podríamos llamar un precursor de la burguesía, frente a una decadente nobleza que, a partir de entonces comenzaba a evidenciarse como anacrónica. Desde entonces, la burguesía comenzaría a regir el rumbo de las sociedades europeas. Otra de las consecuencias indirectas del desplome poblacional fue que los europeos de la segunda mitad del siglo XIV comieron más carne por habitante que ninguna otra sociedad preindustrial, algo que contrasta con las hambrunas que sacudieron la Europa Medieval de los dos siglos anteriores. Poderes como la iglesia o la corona pasaron de ser hieráticos y sacrosantos a ser considerados con cierto desdén por una población que había comprobado cómo no habían podido hacer absolutamente nada divino o humano para conjurar el cataclismo. Ello favoreció revueltas campesinas y levantamientos populares que hubiesen sido impensables en los sumisos siglos anteriores a la Peste y estos a su vez dieron lugar a profundos cambios que ya no tendrían vuelta atrás. De las cenizas dejadas por la Peste Negra surgió el nuevo hombre que, alejándose de los siglos oscuros, daría lugar al renacimiento.








Ni la nobleza ni el clero se vieron libres de la pandemia, o que no hizo sino "rebajar" el status que ante el imaginario del pueblo tenían unas élites a las que se suponía mucho más poderosas.





Con el paso de los años la ciencia fue desvelando las claves de lo sucedido, descartando causas sobrenaturales en los que era un fenómeno biológico totalmente natural. Desgraciadamente quienes sufrieron la gran pandemia nunca llegaron a sospechar tal conocimiento, gracias al cual, el nuevo hombre del renacimiento hubiese tenido impresa a fuego y de forma contundente la lección de jamás subestimar las fuerzas de la naturaleza. La cosmogonía occidental impregnada de antropocentrismo que surgió en los años posteriores a la peste, hubiese tenido un cariz más humilde con respecto al resto de la biosfera de haberse sabido que, no dioses vengativos ni maleficios sobrenaturales, sino la terrible asociación de una insignificante bacteria, una minúscula pulga y una humilde rata fue lo que convulsionó a la humanidad y la hizo sufrir cambios radicales como nunca se habían conocido.


La catedral de Siena estaba llamada a ser la más grande del orbe, pero su construcción quedó interrumpida bruscamente por la irrupción de la Peste Negra y quedó inconclusa hasta hoy. Puede considerarse como uno de los símbolos de una tragedia que literalmente interrumpió la historia.

4 comentarios:

  1. Fantástica entrada. Tenemos un pequeño campo de trigo; cosa reducida, sólo por aprender el cultivo del cereal.
    Después de haber superado todo lo que los libros de agricultura nos decían que podía sufrir el cultivo, llegaron las ratas y se cepillaron toda la produccón. :-(

    Aquellos días me interesé sobre la rata negra y gris, y descubrí el rey de las ratas. ¿Lo conoces? Supongo que te interesará.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Rey_de_las_ratas

    Un saludo

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  2. Recuerdo haber leído algo sobre el tema del rey de las ratas, pero tras tu comentario y el enlace que me mandas he indagado un poco y la verdad es que es un asunto fascinante, tanto por el hecho en sí como por los mitos que lo rodean. Y, por cierto, me parece interesantísimo el proyecto de "isla de pan". Por supuesto he añadido el enlace en la lista de "sitios interesantes" de este blog. Enhorabuena por una idea tan bonita y por el enfoque que le estáis dando, mucho ánimo con vuestra fantástica isla y muchas gracias por el comentario.

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  3. bah tantas palabrerias, la verdad es una, guerra bacteriologica, de los mohamedes a europa, y los (illuminatis) aprovecharon de esto para echar mas leña al fuego y lograr apoderarse de mayor cantidad de poder economico social, y lograr lo que siempre buscaron, la globalizacion total, hoy estan en su nuevo intento, lo lograran? con sus juegos psicosociales, y modificacion genetica de los humanos? ... entre otros metodos.... pero es claro que la naturaleza y el orden de las cosas lograran algo inesperado.... TEORIA DEL CAOS.... jaja de esta no se libran.... FELICIDAADEEEES.

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