"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

viernes, 11 de noviembre de 2011

La especie que estuvo desaparecida durante un siglo

Ilustración de Astragalus nitidifolius en la Flora Ibérica





Hace más de un siglo, el botánico Francisco de Paula Jiménez Munuera recolectó y describió por primera vez para la ciencia una pequeña planta leguminosa en las inmediaciones de Cartagena. Aunque los lugareños ya conocían aquella especie, a la que denominaban “Garbancillo de Tallante” y a la que los científicos bautizaron como Astragalus nitidiflorus. Hasta aquí, una historia más de un descubrimiento que poco tiene de espectacular y que no merecería salir de los círculos estrictamente botánicos y académicos.
Si no fuera por que la especie, tras su descubrimiento en 1909, desapareció misteriosamente sin dejar rastro. El Atlas y Libro Rojo de la flora vascular amenazada de España, publicado en 2003, menciona a la especie como extinta, conservándose sólo el pliego recolectado por Manuera y la descripción que de la planta hizo. Una breve descripción manuscrita y un pedazo de planta prensada y seca entre dos folios era cuanto quedaba a la ciencia para atestiguar la existencia de aquel ser vivo y su extraordinariamente fugaz paso por los anales botánicos.



Flores de Astragalus nitidiflorus. La foto de José Antonio López Espinosa es una de las primeras realizadas a la planta en floración, dado que la muestra recogida cuando fue descubierta, no poseía flores.




Pero en 2004, casi un siglo después del descubrimiento y desaparición del Astragalus nitidifolius, un ciclista aficionado a la botánica escribiría el segundo acto de la historia. Paseando por los alrededores de Cartagena, cerca de unos terrenos militares de acceso restringido, Sergio Martínez se detuvo ante algo que llamó su atención. Una planta de porte rastrero en una cuneta y cuyo aspecto no coincidía con ninguna de las plantas que él pudiese identificar. Tras consultar las guías, concluyó que se trataría de la especie desaparecida y, sin ser plenamente consciente de la envergadura de su descubrimiento, lo puso en conocimiento de otros botánicos. Tras el primer hallazgo, se prospectó la zona y se localizaron otras 40 plantas adultas creciendo entre plantaciones tradicionales de almendros. Posteriormente, la especie fue incluida en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas y en la actualidad se están llevando a cabo planes de reintroducción en zonas en las que también se da el hábitat óptimo de la especie. Aunque en un primer momento se especuló con que la especie había llegado efectivamente a su extinción para, mucho tiempo después, resurgir gracias a semillas preservadas en estado de latencia en el suelo, todo parece indicar que el Garbancillo de Tallante nunca llegó a desaparecer, sino que sus poblaciones, aunque exiguas y tremendamente localizadas, sencillamente pasaron desapercibidas hasta su redescubrimiento. A favor de ello jugaría la inaccesibilidad de los terrenos militares entre los que se desarrollaban las plantas localizadas. En cualquier caso, pese a que el Astragalus nunca se hubiese extinguido en realidad, siempre resultará una buena noticia el borrar a una especie de la lista de formas vivas desaparecidas.



Planta de Astragalus nitidiflorus descubierta en 2004 junto a un camino.

3 comentarios:

  1. Una vez más se pone de manifiesto la importancia de crear "santuarios" para la vida salvaje.
    Enhorabuena por el blog.
    Saludos.

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  2. Paradójico. Y yo que pensaba que las reservas militares no podían esconder nada bueno. Lo mismo, rebuscando... rebuscando, entre algún que otro dinosaurio de verde caqui, aparece un dodo o un tilacino.
    Tu blog es magnífico pero, a mi juicio, tiene un gran defecto: deberías aumentar la frecuencia de las entradas.
    Enhorabuena y un abrazo.
    Carpediem

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  3. Efectivamente parece extraño que los alambres de espino de una zona militar consigan algo positivo. Pero (aunque sin proponérselo) en el caso de esta planta así es. Lo mismo ha ocurrido en numerosas ocasiones con los grandes cotos de reyes y aristócratas que, involuntariamente, han servido para conservar especies y espacios que de otra forma no hubiesen llegado a nuestros días. Respecto a tlacinos y dodos, seguramente hubiesen acabado en el rancho de haber existido en estos terrenos. Y con respecto a la periodicidad de las entradas, verás como ahora con las lluvias de este otoño tardío el blog vuelve a ser prolífico. Un saludo y muchas gracias, Noon y Carpediem, por vuestros comentarios.

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