"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

viernes, 4 de noviembre de 2011

Trashumando desde el cretácico

Pastor en atravesando un puerto de montaña con su rebaño de merinas.

Durante milenios incontables, la huella de millones de pezuñas trazó los primeros caminos a través de los bosques y las mesetas, puertos de las sierras y vados de los ríos, y por ellos transitó el hombre siguiendo a las manadas. Les daba caza para alimentarse con su carne, vestirse con sus pieles y fabricar instrumentos con sus huesos, astas y tendones. Exterminó algunas de las especies más indómitas, pero domesticó otras, y rebaños de vacas y de yeguas, de ovejas y de cabras, continuaron hollando las antiguas sendas de las manadas salvajes, guiadas por el hombre






De manera tan sugestiva, Jesús Garzón – excepcional conocedor y recuperador de los antiguos caminos ganaderos ibéricos a la par que, por si ello fuera poco, pastor trashumante- nos sugiere los orígenes arcaicos de la trashumancia. Orígenes mucho más antiguos que el Honrado Concejo de la Mesta, fundado en el siglo XIII para otorgar privilegios a los rebaños merinos que surcaban la Península Ibérica y que producían la finísima lana, monopolio de los reyes de España. Aunque académicamente se ha vinculado a la Mesta con el nacimiento de la trashumancia, esta se remonta a mucho antes, a tiempos más antiguos incluso que los de las tribus pre-romanas que utilizaban año tras año las mismas rutas para trasegar a sus ganados de norte a sur en invierno y a la inversa en verano, en una gran migración tras los pastos frescos. Para mostrarnos los orígenes de los ganados trashumantes, Garzón nos sumerge con su hermosa prosa en el cuaternario más remoto, en una época en la que se dio el difuso punto de inflexión entre clanes de humanos siguiendo a los ungulados salvajes en sus migraciones anuales y las de los que guiaban por las mismas rutas a manadas de animales semidomésticos. Estaríamos hablando de un fenómeno pues, que en lugar de contar con setecientos años de historia, contaría con decenas de miles de años. Durante ese tiempo, con Mesta o sin ella, se forjaron culturas de pastores nómadas que recorrían una y otra vez los senderos de la Península Ibérica al compás de los ciclos naturales.
Pero muy lejos de la vieja Europa, un grupo de científicos acaba de demostrar que algo muy parecido a la trashumancia tenía lugar hace aún más tiempo. En realidad, hace mucho más tiempo, unos 150 millones de años. Un equipo de la Universidad de Colorado ha publicado recientemente un estudio que demuestra que el Camarosaurus, un dinosaurio herbívoro que con sus 35 metros de altura es uno de los seres vivos de mayor tamaño que han pisado la Tierra, practicaba algo muy parecido a la trashumancia. Los científicos ya conjeturaban que, dado su gran tamaño, estos animales requerían tal cantidad de alimento que llevarían a cabo desplazamientos de una zona a otra. Pero lo que parece haberse demostrado ahora es que estos desplazamientos se realizaban de forma cíclica, con ciclos establecidos por los períodos estacionales de lluvia y sequía; que estos gigantescos reptiles utilizaban las mismas zonas de pasto cada año y que, para llegar a ellas, utilizaban habitualmente las mismas rutas de norte sur y de sur a norte. Concretamente el recorrido cíclico era de unos 300 kilómetros en lo que hoy es el Medio Oeste de Estados Unidos en el que invertían varios meses. Uno de los métodos que han utilizado en la investigación es la comparativa entre los isótopos de oxígeno existentes en los dientes fósiles de camarosaurus y los de sedimentos de tierra de hace 150 millones de años. Otra similitud con las migraciones de herbívoros que nos resultan más familiares es que llevaban a cabo sus desplazamientos en grupo, como demuestran los yacimientos en los que han aparecido restos de numerosos individuos muertos simultánemente por alguna circunstancia.




El aspecto de los camarosaurus ya hacía suponer a los científicos ciertas adaptaciones a las largas marchas. Del mismo modo los paleontólogos habían descubierto rastros preservados que hacían presuponer la utilización habitual de “rutas” por estos animales. Estaríamos hablando, ni más ni menos, de las primeras cañadas.





Familia de pastores trashumantes en la Cañada Real Conquense o “De los Chorros” camino de los “agostaderos”. El tórrido verano del sur de Iberia ha pasado factura a los secos pastos por lo que las merinas, los mastines y los pastores, ponen rumbo al norte, a las frescas navas en las que el pasto se mantiene verde y lozano durante los meses estivales.







Pastor con su rebaño y sus perros por la Cañada Real Leonesa Occidental, camino de los “invernaderos” o pastos de invierno. Antes que los pastos del norte de León comiencen a cubrirse de nieve, los rebaños retornan a las dehesas meridionales, en Extremadura, en las que las primeras lluvias otoñales comienzan a reverdecer la hierba que les servirá de alimento durante el invierno. Se trata de un ciclo que, de una u otra forma, con pastores o sin ellos, con ungulados o reptiles gigantes, se viene repitiendo desde hace millones de años.

2 comentarios:

  1. Viendo la fotografía del primer rebaño se me ocurre preguntar: ¿Hay una fecha fija para emprender la marcha o se hace según venga el tiempo? Los aires solanos convertirán en unos días el camino en un polvoriento secarral, con lo que el ganado puede verse en apuros, aparte de perder bastante peso. Supongo que estos contingentes no inquierán a los trashumantes después de tantas migraciones.

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  2. Aunque la fecha variaría en función de la zona y supongo que también en función de la climatología, la fecha de referencia para llegar a los pastos de verano era San Juan, en junio. Partirían entre 20 ó 30 días antes. Para el retorno a Extremadura los rebaños solían congregarse el día de San Miguel, en septiembre. Puesto que de las tierras bajas (o invernaderos) salían en mayo y volvían en septiembre, no creo que atravesasen durante mucho tiempo secarrales. Pero aunque así fuese, como bien dices, tampoco creo que los astores trashumantes curtidos por fríos y calores, se arredrasen ante esos inconvenientes

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