"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

domingo, 11 de diciembre de 2011

Olor a tierra mojada: El sagrado aroma del mundo.




De entre todos, el de la tierra mojada, el olor de las tormentas, es quizá el que a más personas, independientemente de su contexto cultural o geográfico, resulta agradable. Se trata de un olor reparador que nos hace sentir conectados con la ecosfera y que, con toda seguridad, ya resultaba gratificante para nuestros antepasados pre-humanos muchos millones de años atrás. Es una fragancia que despierta en nosotros antiguos resortes y que los nativos norteamericanos denominaban “el sagrado aroma del mundo”.
También se le denomina "Petricor", del griego "Petro" (Piedra) e "Ikhor", que según la mitología griega era el componente etéreo, la esencia que corre por las venas de los dioses. Cuando esta fragancia llega a nuestras pituitarias, en el aire flota el preludio de la borrasca o tormenta que se acerca de forma inminente, sobre todo cuando esta lo hace en tiempo seco. Y es que, precisamente cuando llueve sobre la tierra reseca, es cuando se hace más perceptible este olor; cuando es más necesaria, va precedida por el anuncio de su aroma.



Profundizando en el origen de dicho aroma – y más allá de sensaciones subjetivas y de asociaciones evidentes- durante mucho tiempo se pensó que su explicación científica se encontraba alejada del humedecimiento de la tierra por la lluvia y que más bien estaba relacionada con el olor del ozono que se forma en la atmósfera durante las tormentas. Pero recientemente se ha descubierto y confirmado que la causa del olor a tierra mojada tampoco obedece a ese gas y tiene una procedencia mucho más sorprendente.

La bacteria Streptomyces coelicolor habita en la tierra y en la vegetación descompuesta y poseee gran importancia en medicina pues puede producir antibióticos, antifúngicos y agentes antitumorales, entre otras sustancias. Esta bacteria segrega una molécula llamada Geosmina (un metabolito volátil, "Aroma a tierra" en griego) que es la verdadera causante del "olor a tierra mojada". De hecho, parece que la única misión que posee dicha segregación es, precisamente, generar ese olor. Pero ¿De qué modo beneficia la producción del olor a la Streptomyces coelicolor? La respuesta nos conduce a un maravilloso mecanismo evolutivo que ha ayudado a la bacteria colonizar y sobrevivir en cualquier rincón del planeta en el que haya un poco de tierra húmeda. La Geosmina es detectada por el olfato de numerosos animales, pero especialmente por los mamíferos. Para ilustrar el fenómeno nos centraremos en el caso de los camélidos, en los que sensibilidad a este olor es extraordinaria, pudiendo detectar la presencia de Geosmina volátil a muchos kilómetros de donde se encuentra la bacteria que la segregó. Puesto que el agua es inodora por definición, los camellos y dromedarios no detectan el olor a agua, sino a Geosmina. Y dado el hábitat seco en el que se desenvuelve este animal, poder localizar periódicamente puntos de agua es algo crucial para su supervivencia, a lo que la Streptomyces le presta una incuestionable ayuda. A cambio, la bacteria utiliza al animal como vector que, con toda seguridad, llevará tarde o temprano las esporas a otro enclave con tierra húmeda. Aunque la bacteria para reproducirse produce unas esporas (o conidios) en los extremos de las hifas aéreas y también se vale de la dispersión a través del viento, se ha especializado en la dispersión mediante vehículos como los camellos u otros mamíferos.




Streptomyces coelicolor


En un alarde de eficiencia, el proceso evolutivo de la S. coelicolor ha puesto a su disposición un vehículo animal que involuntariamente depositará las esporas cerca de otra charca. Mientras el viento reparte millones y millones de esporas por lugares no idóneos para la bacteria, un animal sediento indefectiblemente habrá de dirigirse de nuevo a otro abrevadero. Abrevadero al que a su vez será atraído mediante la llamada química de la Streptomyces.





Dromedario junto a una charca entre Tan-Tan y Esmara (Sáhara Occidental)


Con su origen biológico, este fenómeno tiene pues, una explicación que va mucho más allá de una mera conjunción entre elementos químicos del aire y del suelo. Se trata de una prodigiosa manifestación evolutiva. Del mecanismo vital de un organismo que siempre estuvo ahí y del cual hasta ahora nunca supimos de su verdadera naturaleza, a pesar de que, cuando un chubasco se aproximaba, percibíamos su “fragancia a Tierra mojada”, el olor a vida.

13 comentarios:

  1. Juan Pedro Viñuela Rodríguezlunes, 12 diciembre, 2011

    Magnífica exposición y ejemplo de la evolución como simbiosis y, además, no exenta de poesía. El olor a tierra mojada nos une con nuestros orígenes evolutivos, de ahí su universalidad

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  2. Seguro que nuestros ancestros, aunque nos remontásemos muy abajo en el árbol de la evolución, ya detectarían la geosmina en el aire que les llevaría a los puntos de agua donde calmar su sed. Hoy no nos hace falta ninguna molécula volátil en el aire para localizar el agua, pero ese olor sigue accionando algún antiguo resorte en nosotros, en algún rincón de nuestra memoria evolutiva.. Un saludo Juan Pedro.

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  3. Juan Pedro Viñuela Rodríguezlunes, 12 diciembre, 2011

    Qué bien dicho, es lo que yo quería decir. Saludos.

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  4. Miguel Alfaro Domínguezviernes, 16 diciembre, 2011

    No todas las bitácoras son de fiar. Ésta, sin embargo, muestra en cada singladura un rumbo preciso. Aunque el timonel tenga que maniobrar esquivando quillas errantes que pierden el norte, la suspensión mantiene en equilibrio su aguja magnét...ica, que ágil discurre por la rosa de los vientos. Las extraordinarias anotaciones de su cuaderno, hacen interesantísimo el libro de navegación de un buque que no sólo nos garantiza llegar a buen puerto, sino que la travesía sea tranquila y amena.

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  5. Impresionante el comentario, Miguel. Con tripulantes así, es fácil arribar en buen puerto. O dicho de otra manera, y como decía un cartel en una taberna de nuestro pueblo (Concretamente la de Juanito Lara, ¿Te acuerdas?): "Lo mejor de esta casa, sus clientes". Pues eso, lo mejor de la bitácora, sin duda, sus lectores. Un saludo y gracias por tu comentario.

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  6. Miguel Alfaro Domínguezjueves, 22 diciembre, 2011

    Los lectores son a la literatura lo que los oyentes a la música. Cada uno pone mucho de su parte como lector u oyente y en cada uno los efectos son distintos. Aún así, éstos no influyen en la calidad de las obras, si no es como aliciente pa...ra que el autor siga creando. Por otra parte, la tripulación puede entender los certeros apuntes del cuaderno de esta bitácora, cuando el capitán, desvelando sus inicios, recurre a los recuerdos tabernarios de cuando grumete, poniendo de manifiesto sus dotes de observación y retención. Lo mejor de aquella taberna -cartel aparte- yo creo que era el "paso tórtola" que tenía, y su vetusto ámbito. Beber vino en una bodega y comer pan con aceite en un molino o en una panadería sólo puede compararse a cagar en una esterquera, o en un pajar. Querer superar eso es andar con los mariconeos de un progreso que no nos hará más felices. ¿Qué podemos esperar de esos yates de hoy -esos que mecionaba antes de las quillas errantes-, y de sus tripulaciones que no transitan viejos tugurios ni saben apreciarlos? Certero cartel el de aquella taberna de Juanito Lara, que hacía honor a los viejos "lobos de mar" asiduos, que rezumaban sabiduría después de una vida saturada de aventuras. Como no podía ser de otra forma, haciendo más certero el letrero, la taberna murió con ellos. Un saludo, capitán, que los vientos sean favorables y buena travesía.

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  7. Interesantísimo, especialmente porque no sabía nada de ello y para mí aprender cosas nuevas como esta es un placer como pocos. He investigado y parece ser que la denominación Streptomyces coelicolor se fijó como tal en 1948 aunque el segundo elemento, el denominador de especie coelicolor, ya lo tenía desde 1908 a pesar de que por aquellos entonces no se sabía nada del papel que jugaba esta bacteria en el olor a tierra mojada. Digo esto porque coelicolor significa "color del cielo", lo cual me parece una poética premonición tanto del previo "olor a ozono" como del descubrimiento posterior de la geosmina activada en Streptomyces coelicolor mayormente por la clemencia meteorológica. Una lírica coincidencia para la noosfera de nuestra especie :). Rizando el rizo con un sencillo retruécano léxico-semántico en nuestra(s) lengua(s) romance(s), podríamos plantar la semilla (¿o debería decir "espora"?) de una dicotomía cuasisimbiótica: "olor de tierra"/"[c]olor de cielo". Y no sigo porque hay gente que con menos que esto es capaz de fundar una nueva religión en ciernes :))) Otro artículo excelente de este gran blog, Manolo. Muchas gracias y saludos.

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  8. "OLOR DE TIERRA/(C)OLOR DE CIELO"... Que el olor de la tierra (o de la Tierra), la Geos-mina, sea el mismo que el olor a cielo (o del Cielo)... ¡Me encanta! (Aunque tú lo has dicho, Nacho: Estamos a un paso de establecer los fundamentos de una religión New age. Muchas gracias por tu comentario y un saludo.

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  9. Sirviéndonos unos de otros como hacen los protagonistas de tu artículo podemos alcanzar objetivos que por nosotros mismos creemos inalcanzables.
    Alguien me recomendó leerte y ahora entiendo por qué.
    Un saludo.

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  10. Realmente estoy leyendo algunos artículos del blog y me interesan bastante, son muy curiosos y merecen la pena leer.
    Un saludo.

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  11. Bonita forma de expresarte, les das al lector una nueva perspectiva de ver las cosas, felicidades, seguiré revisando tus post.

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  12. Manolo, todos somos contingentes pero tú eres necesario. No digo más.
    (soy F. Maestre)

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