"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

miércoles, 25 de abril de 2012

Cuaderno de campo



  Gunnar Eriksson, un buen amigo, me permite tomar prestadas unas páginas de su cuaderno de campo, en las que plasma la instantánea de un paseo por una ribera de Tierra de Barros. Con la meticulosidad de un pendolista del renacimiento y con el desmedido afán de no dejar escapar nada de los que ocurre a su alrededor, en esta crónica ornitológica, Gunnar nos transmite su conexión con el territorio.


"Una tarde a finales del mes de Marzo. Me dispongo a alcanzar unas lomas cuyo
paisaje promete: diversidad de hábitats, relieve ondulado, el castillo y las aguas azules
del embalse. Durante los últimos días el tiempo se ha revuelto un poco. Hoy  las nubes
han ido ganando terreno y grandes formaciones de cumulonimbos se recortan en el cielo,
ofreciendo un espectáculo formidable mientras evolucionan. Amenaza con tormenta.
Camino lentamente a lo largo de la ribera, voy prestando atención al cañaveral y las
zarzas que quedan a mi izquierda. Hay mucha actividad de pequeños pájaros, es un
bando de Gorriones Morunos.
En una de las viejas cepas de la margen derecha, en lo alto de uno de los sarmientos,
 acaba de posarse un macho de Tarabilla Común, se lanza al suelo y captura algo, de
nuevo se posa en otra cepa, en esta ocasión a menor altura.
    Llego a un tramo del arroyo donde se abre su caja, conformando unas pequeñas
orillas en forma de badén por donde pasa de vez en cuando algún vehículo. Esta tarde
todo se encuentra muy tranquilo. En las zarzas que bordean el arroyo hay varias
especies de pájaros pequeños, el grupo mas numeroso es el de los fringílidos.
Muy cerca del suelo y moviéndose mucho hay una Curruca Cabecinegra que baja y sube constantemente,  buscando algo que cazar.
   Algo más alto y entregadas al mantenimiento de plumas, actividad que realizan el
resto de especies, hay tres Currucas Capirotadas, dos machos y una hembra, ésta con la
cabeza de color castaño y no negro como en el caso de los machos.
   Jilgueros, Verderones, Verdecillos y Rabilargos continúan secándose las plumas,  
aprovechan estos puntos de agua además de beber, para tomar baños. Aparece
 un pequeño y bullicioso grupo de Pardillos Comunes, uno de ellos es un macho en su
primer año.
   En la parte baja del ocular del Telescopio aparece la cabeza negra de una lavandera
 blanca, se mueve buscando insectos que, en estos tramos abiertos de los arroyos,
son abundantes y fáciles de cazar. Da un salto y, en un rápido y acrobático vuelo,
captura uno, se posa de nuevo y camina balanceando su larga cola, esta vez deja
ver completamente sus colores. Son más vivos que en invierno, destaca su negro ojo
en su cara blanca.
   Sigo mi paseo por la ribera que, en un gran tramo se encuentra quemada.
Poco a poco los nuevos brotes de juncos y zarzas ya asoman, peor lo tienen los
álamos y  fresnos. Los esqueletos de las adelfas ofrecen una visión como si de una
escena de guerra se tratara.
   La orografía es ondulada y está compuesta por un mosaico de cultivos propios
de la comarca donde estamos, manchas de olivar, pequeñas parcelas de viñedo,
encinas dispersas que forman un pequeño bosque en alguna ocasión y, ocupando
la mayor superficie, el cereal. Hay una vieja construcción humana en ruinas. Tiene
una huerta aún en uso. Como fondo de este gran escenario natural de suaves colinas
 la mole imponente y vigía del castillo de Alange, a sus pies las aguas azules del embalse.
Tanta variedad de hábitats es la causante del elevado número de especies que se
observan. Antes de detenerme y contemplar este bello paisaje,  me ha sobrevolado un
Ratonero. Comienzo a andar hacia la parte mas elevada del rastrojo siguiendo el curso
del arroyo, un Mirlo se ha asustado ante mi presencia, se aleja gritando mientras vuela
bajo y muy rápido. El soto es un concierto de cantos, por encima de  todos, el de los
ruiseñores. Entre las matas bajas de la maraña descubro un Petirrojo que luce un plumaje
muy vivo. Tras el hay otro pequeño pájaro, afino el ocular, se trata de un Mosquitero Común
que anda de rama en rama. En la copa de un Álamo Negro está trinando un Zorzal Común,
 le acompañan en lo alto unas bulliciosas Tórtolas Turcas, que han sustituido a las comunes.
Saltando entre las ramas de una encina hay un Herrerillo Común.
Al paso me han salido al trote varias perdices, mientras, coronando el cielo sobre el
ancho rastrojo, el vuelo de canto de una Calandria Común. Mientras la observo escucho
el potente canto de las Ortegas, las localizo, se trata de un grupo de seis que vuelan muy
rápidas, más de lo habitual. El viento que, cada vez es más fuerte, las empuja, mientras
las sigo, descubro un Cernícalo Común que también es arrastrado  por el viento.
Una Cigüeña Blanca vuela con mucha dificultad hacia su nido, este se encuentra en una
de las paredes de la casa.
   En la orilla del embalse más próxima hay Agujas, por el pico creo que son
Colipintas. También hay Agachadizas y Cigüeñuelas, más apartada una solitaria Garceta
 Grande.
   El viento arrecia y viene cargado de humedad, las nubes han evolucionado muy
rápido y en el horizonte toda gama de colores, que van desde el azul muy oscuro al
violeta. Los relámpagos se recortan en lo más oscuro del cielo. El eco lejano del primer
trueno anuncia la inminente tormenta. Antes de llegar a la casa gruesos goterones caen
 y dan paso a un fuerte aguacero. Es primavera".




             Marzo de 2012. Tierra de Barros (Extremadura)