"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

jueves, 24 de mayo de 2012

Ibis eremita: El regreso del pájaro sagrado.



  Puede tratarse sin duda de una de las criaturas más extraordinarias de las que habitan el viejo mundo. Su insólito aspecto, sus desconocidas costumbres, la admiración e incluso reverencia que desde épocas inmemoriales le tuvieron los antiguos, la enrevesada e incierta clasificación taxonómica de la que fue objeto y una escasez que la ha situado en el mismo límite de la desaparición, han hecho del Ibis eremita una especie envuelta en el misterio y en la leyenda. Hace cuatro años, en los acantilados de Barbate, una pareja de Ibis eremita (Geronticus eremita) sacaba adelante a su prole, algo que no ocurría en Europa desde hacía cinco siglos.
Se trata del tímido retorno de una extraña especie cuyo territorio antaño se extendió por toda la región circunmediterránea,  de norte a sur desde Europa Central a las arenas de Sahara, y de oeste a este, desde la costa atlántica de Marruecos a la región de Siria. A principios de este siglo, todo lo que quedaba de esa distribución, tras extinguirse en 1989 la población existente en Turquía – de sólo cuatro ejemplares- era un puñado de parejas asentadas en los remotos acantilados costeros del oeste de Marruecos, en el Parque Nacional de Souss-Massa.

   Su estrafalario aspecto - largo pico curvo, plumaje negro con brillos metálicos verdes y rosados, cabeza calva, cuello rodeado de un copete de largas plumas,…- ya hicieron desde antiguo  al Ibis eremita la garantía para no pasar desapercibido. El propio Linneo, padre de la clasificación binominal, dudó a la hora de clasificarlo, denominándolo primero como Upupa eremita (emparentándolo con las abubillas) para después rebautizarlo como Corvus eremita, pues su  plumaje le recordaba al del cuervo y su aspecto venerable, así como su costumbre de habitar ruinas solitarias, le conferiría, a ojos de Linneo, el apellido de eremita. Actualmente su nombre latino es Geronticus, palabra procedente del griego que significa "anciano", quizás por su cabeza calva y su aspecto venerable.

   Los antiguos egipcios ya le otorgaron connotaciones divinas a una benefactora especie que acostumbraba a alimentarse de serpientes venenosas. Su imagen era un carácter jeroglífico (Aj) equivalente a “ser benéfico”, siendo además la encarnación del dios Thoth y como tal quedó plasmada en los bajorrelieves sobre las areniscas del valle del Nilo.


Ibis eremita en un bajorrelieve representado junto al símbolo lunar, relación recurrente en la iconografía egipcia.



   Mucho antes, hace unos 5.400 años, en el Alto Egipto alguien grabó unas imágenes de Ibis eremita en pequeñas placas de marfil. En lo que podrían ser los primeros indicios de escritura encontrados hasta ahora, una mezcla de signos esquemáticos y dibujos de animales aparecen en unas doscientas piezas halladas en el yacimiento de Abydos. Y al menos dos de los animales representados pueden identificarse claramente con esta especie.

                                         
                                       
Placa de marfil encontrada en el yacimiento de Abydos, en el Alto Egipto, por el equipo del Dr. Gunter Dreyer. La figura representa claramente a un animal con los atributos de un ibis eremita. (Inicialmente publiqué la imagen de otra tablilla con la figura de un serpentario, pero gracias a la oportuna corrección de Seo/Bird Life Morocco Programme, ahora aparece la correcta).

    Su existencia en Europa Central se perdió hace tiempo ya en la memoria, pero algunos rastros atestiguan que un día el Ibis eremita formó parte de la fauna europea. Una de estas huellas se encuentra en el libro capitular de la ciudad austriaca de Waidhofen, de 1383, en una de cuyas letras capitales aparece un inconfundible Ibis eremita.



Las colonias de Ibis eremita sobre ruinas en Europa Central pudieron tener un aspecto muy similar a la de la lámina.

  

   En 1555, Conrad Gesner publica su obra “Libro de las aves” en la que describe e ilustra al Ibis eremita bajo el nombre de Corvus sylvaticus (imagen superior). El animal que aparece en el grabado – que posteriormente sería copiado y utilizado para otras obras- parece un ejemplar joven de ibis en que no es aún patente la “calva” de los ejemplares adultos y posee toda la cabeza cubierta de plumas.
   También hay referencias a la especie en tratados de caza medievales, como el “Libro de caza de las aves” de Pero López de Ayala (s.XIV), en el que se dice que el Cuervo calvo, como se le conoce en la España de aquella época, es una buena presa de los halcones y "se le caza a braço tornado o haciendo volar a la rapaz una vez que la presa se ha levantado, al mismo modo que a los sisones, garzas y martinetes". En  el “Libro de acetrería y montería” de Juan Vallés (s. XVI) aparece copiada la misma referencia.
   Ya en 1603, el naturalista Ulisse Aldrovandi publica su extensa obra Ornithologiae, en cuyo tercer tomo podemos encontrar la descripción de la especie acompañada de una ilustración. Entre otras cosas, se habla del hábito del Ibis de asentar sus colonias sobre ruinas.



Lámina de Aldrovandi en su Ornithologiae


   Cinco décadas después, Jan Jonston publica su Historiae Naturalis De Avidus Libri, en cuyo sexto tomo podemos encontrar una lámina que daría lugar a un embrollo taxonómico que duraría siglos. En dicha lámina se copian los grabados antes mencionados de Aldrovandi y de Gesner - de un ejemplar adulto y otro inmaduro respectivamente-  pero los denomina como especies distintas. Si al adulto lo denomina Phalacrocorax (género en el que actualmente están los cormoranes) al indivíduo joven lo llama Corvus sylvaticus (Incluyéndolo en el mismo género que los cuervos y en que entonces estaban los cormoranes). Ello denota el desconocimiento de una especie que por aquellos entonces ya no debía de ser abundante.


Lámina de "Historiae Naturalis De Avidus Libri" la que aparecen dos Ibis eremitas mencionadas como animales distintos. Se puede apreciar que son imágenes prácticamente idénticas a las originales de Aldrovandi y de Gesner, pero especulares, algo habitual cuando se copiaban planchas para grabados a partir de dibujos en papel.

Comparativa entre un Ibis eremita joven (a la izquierda) y otro adulto, en los que se aprecian las distintas características que dieron lugar a distintas interpretaciones taxonómicas.

   Como factores determinantes del declive del Ibis eremita se cree que, además de la presión humana, jugó un papel clave la llamada pequeña edad del hielo. Desde el siglo XIII, pero de forma mucho más acentuada entre los siglos XVII al XIX, Europa se vió sumida en una pequeña glaciación que hizo que las temperaturas descendiesen y los inviernos se tornasen más crudos. El descenso del nivel de las nieves en los Alpes junto con el inicio más temprano del invierno, pudieron interrumpir las rutas migratorias de las poblaciones de Europa Central condenándolas a la extinción. En la Península Ibérica y otras regiones meridionales, la caza pudo ser el elemento que la empujase definitivamente a la desaparición. Al contrario que, por ejemplo, la cigüeña blanca, con la que compartía hábitat y lugar de nidificación, el ibis estaba considerado una pieza cinegética sumamente apreciada en los fogones nobles medievales y, además, relativamente fácil de cazar. Ese pudo ser el factor que determinó los distintos destinos entre un ave que mantuvo sus poblaciones boyantes y otra que fue literalmente borrada del mapa.

En el siglo XVIII aparece la que posiblemente sea la última referencia a un ibis vivo en Europa, concretamente en la obra Natural History of  Birds, publicada en 1738 por Elerazar Albin. En ella se describe al ave como Woodcrow from Switzerland oCuervo de bosque de Suizay lo ilustra con una acuarela de grises que probablemente estuviese basada en un animal disecado.


También en el siglo XVIII, el enigmático Conde de Saint Germain, ocultista y alquimista francés, escribió su obra sobre esoterismo "La muy Santa Trinosophia" en la que aparece una curiosa estampa de un Ibis eremita sobre unas llamas y con una rama en el pico. En esoterismo, el Ibis eremita era considerado símbolo de la perseverancia. En la imagen en cuestión, por su proximidad al fuego parace encarnar al ave Fénix. De hecho, como nos apuntan en un comentario desde Seo/Bird Life Morocco Programme, en algunas fuentes relacionan al Ibis eremita con el fénix y en Oriente Próximo vincularían su migración con el renacimiento.




   A finales de ese siglo, Johann Matthäus Bechstein publica una fantasiosa ilustración del Ibis (imagen inferior) que sería una de las últimas reseñas durante más de un siglo a una especie que comenzaba a desaparecer de la literatura científica.

   Cuando en 1899 aparece una ilustración (figura inferior) realizada por el acuarelista Otto Keinschmidt de una pareja de Ibis eremita en la obra del naturalista alemán Johann Andreas Naumann Naturgeschichte der Vögel Mitteleuropas,  presumiblemente hacía tiempo que nadie veía un ejemplar vivo en Europa.


   A partir de entonces, desaparecen todas las referencias a un pájaro que se dió por extinguido. Algunos naturalistas incluso dudaron que se tratase de una especie real y sospecharon que podría ser fruto de la imaginación de antiguos ilustradores o uno de tantos mitos de la época en la que los límites entre bestiarios y libros de ciencias eran tremendamente permeables. Incluso cuando en el siglo XIX se redescubrió la especie, al sur del Mediterráneo, los naturalistas no la relacionaron con el antiguo Cuervo calvoque, según las viejas guías, sobrevoló un día las ruinas y cantiles de Europa central y meridional. De hecho se le clasificó como una nueva especie y fue bautizada como Ibis comata.

   Pero, tras desaparecer los ibis al norte del Mediterráneo, las poblaciones al sur también seguían en irreversible regresión. Un caso tan lamentable – más aún por haber sucedido en pleno siglo XX- como bien documentado es el de la colonia de cría de la localidad marroquí de Aït Benhaddou, en la que numerosos ibis eremitas compartían con cigüeñas blancas las torretas y atalayas de la alcazaba y de las murallas. El hecho quedó casualmente registrado cuando los hermanos Michel y Jean François Terrase  realizaban en 1970 un documental (El Oued) sobre una ruta fluvial entre el Atlas y el Sahara, grabando, sin saber la importancia de lo que tenían ante sus cámaras, multitud de nidos de ibis y de cigüeña en cada cornisa de la vieja ciudad. Sería el último documento de un fenómeno similar pues poco después – y quizá gracias, precisamente, al documental- los ojos de varios cineastas europeos y americanos se posaron sobre aquel enclave para rodar películas históricas. Concretamente, a principio de los 70 se llevó a cabo el rodaje de El hombre que pudo reinar, para el cual se realizó una restauración de las torres que eliminó para siempre cualquier resto de aquellos extraños pájaros negros de los que, al parecer, nadie conocía su importancia y que debieron resultar poco fotogénicos.

Torres de Aït Benhaddou, en las que anidó la última colonia de Ibis documentada sobre asentamientos humanos.


   Poco después desaparecieron los avistamientos de la especie y esta se dió por extinguida – por segunda vez-. Félix Rodríguez de la Fuente, en su obra enciclopédica Fauna(1974) afirma  que recientemente, sin que aún se sepan bien los motivos, ha dejado de vivir entre nosotros un pájaro, el ibis eremita, en tanto otros, como el quebrantahuesos, están en el umbral de la extinción.

   Cuando se redescubrió – de nuevo-, sólo existían cuatro ejemplares entre Turquía y Siria (en la que se denominó como población oriental) y unas setenta parejas en acantilados desérticos de la costa marroquí. Los primeros – si no se confirman los datos de 2002 de la localización de tres parejas en Siria- no tardaron en culminar su largo y agónico recorrido hacia la extinción. Los segundos constiuyen el último reducto de esta especie con los que varios programas internacionales de cría en cautividad y reintroducciones pretenden salvarla in extremis de una desaparición de la que nunca estuvo tan cerca. Una extrañísima criatura con una fantástica historia, que fue considerada animal sagrado; que unas veces fue denominada como dos especies y que otras fue tenida como animal fabuloso, legendario e inexistente; que cambió una y otra vez de nombre, de clasificación y de parientes; que fue dada por desaparecida y redescubierta en repetidas ocasiones; que desapareció y reapareció de los libros de naturaleza como si tratase de escabullirse de la sistematización de la que hemos convertido en objeto a la mayor parte del resto de seres vivos.

    Hoy el Ibis eremita vuelve a ser una especie europea y las primeras generaciones ibéricas en cinco siglos sacan a su prole en las grutas de algunos  acantilados gaditanos. Y pese a que por suerte - y por poco- podamos asegurar que se trata de criaturas totalmente reales,  observando su estampa de pájaros anacoretas, no parece que estén muy dispuestos a perder el aura misteriosa que siempre les acompañó.



Principales fuentes:






13 comentarios:

  1. Magistral. Como siempre. Un fuerte abrazo.

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  2. Casualmente hace algunos minutos ha terminado un documental sobre el Nilo y el antiguo Egipto que ha dedicado un buen rato al ibis común que prolifera en sus orillas (no con tanto detalle como se recoge en la bitácora). Es curioso como en ocasiones algunas especies, pese a las dificultades, vuelven a abrirse camino. No es la primera vez que la bitácora noss habla de algún inesperado y agradable reencuentro.

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  3. ¡Que barbaro Manolo, vaya trabajazo! Desde luego eres un crack.

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  4. Estupendo Manolo. Qué recuerdos...

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  5. Hola
    Buena síntesis y sobre todo, qué bien que hayas podido recuperar alguna imagen bastante buena de nuevas fuentes. Te quería comentar, un par de cosas.
    Entre las tablillas de marfil que muestras, la cuarta imagen corresponde, aparentemente, a un secretario o serpentario. Este tema lo trata muy bien Jiri Janak en alguno de sus artículos en los que identifica a varios secretarios, también. La primera imagen de un AJ parece ser la que se ve en http://ibiseremita.blogspot.com/2011/09/el-ibis-eremita-y-la-invencion-de-la.html.
    Por otra parte, la magnífica imagen de la obra de Saintgermain parece un fénix, por su proximidad al fuego. En algún artículo he encontrado que llamaran al ibis eremita "fenix" y que relacionasen su migración (en oriente próximo) con el renacimiento, pero no he podido encontrar ni una sola referencia seria que los vincule.
    Sobre los nidos urbanos de Aït Benhadou, aunque no se ve bien en los fotogramas que hemos publicado (http://ibiseremita.blogspot.com/2011/11/el-oued.html) estaban edificados sobre una cañas bastante enclencles. Supongo que en la reparación de las fachadas debieron eliminarlas si mayor malicia. Sin embargo, en cuanto a la película, me temo que no debió ser la de Jesús de Nazareth, sino que puede que fuera El hombre que pudo reinar, ya que en un fotograma que he recuperado se ven las torres muy "limpitas" (http://s46.radikal.ru/i111/1007/38/c015a60dbe31.png)
    Gracias también por citar nuestro blog, en el que intentamos divulgar y sensibilizar sobre el estado de la última población silvestre de este ave.
    Saludos

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    1. Muchísimas gracias por las correcciones y por la información aportada (que ya he aplicado a la entrada). Y, sobre todo, por trabajar de forma tan seria y rigurosa en la divulgación y conservación de una criatura tan fascinante. Un saludo.

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  6. En España se lleva desarrollando desde hace unos años el proyecto Eremita: http://www.zoobotanicojerez.com/index.php?id=1784, con buenos resultados.
    Alguien cercano a mí ha trabajado en dicho proyecto, le pasaré el enlace a esta entrada del blog, seguro que le hará mucha ilusión.

    Me ha encantado leer el artícul; descriptivo, completo y evocador.
    Muchas gracias. ;-)

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    1. Gracias a tí por leerlo y por compartirlo. Un saludo.

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  7. Una curiosidad: El dibujo de la colonia de ibis sobre una ruina está firmado por M.Garcia. ¿Lo has hecho tú quizás?

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    1. Sí Diego. No encontraba ninguna ilustración que pudiese recrear la estampa de lo que debieron de ser las colonias de Ibis eremita en Europa central. Según los documentos y los testimonios escritos, sería frecuente encontrar estas colonias sobre antiguas ruinas, aunque no parece haber ninguna representación gráfica al respecto, si exceptuamos la lámina de Naumann - que aparece en la entrada- en la que aparece una pareja de Ibis sobre lo que se intuye como unas ruinas con los Alpes al fondo.

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  8. Muy buen artículo. Gracias por culturizarnos

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  9. ¡Excelentísimo artículo!

    Con el permiso del autor, pienso usarlo como referencia (con todos aua debidos créditos, por supuesto) en mi próximo libro sobre las fuentes primarias egipcias de la historia de la Atlántida, donde justo hya un capítulo muy importante dedicado al dios Thoth al Ibis, en concreto a esta especie, y como defiendo que la misma, sin duda alguna, es la que los egipcios usaron para representar la palabra "Espíritu Glorifcado", y el Alma del Bendicido o Bienaventurado que habiataba en las felices regiones paradisíacas junto al maro u océano occidental, en el Amenti. Está claro que los egipcio creerían de algún modo, que esta especie era oriunda de las regiones occidentales Íbero-Libias, situadas junto al Atlántico y el Mediterráneo Occidental.

    De nuevo, mi mas sinceras felicitaciones al autor...

    Un Cordial Saludo,
    Georgeos Díaz-Montexano

    http://www.AtlantidaHistorica.com
    http://www.Atlantida.be

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  10. Estimado. Respecto a estas aves, leí que introducían su pico en el propio ano y aqui hay discusiones, unos dicen que para efectuar una auto-lavativa, legando asi el enema a la cultura egipcia, y otros que extraían una sustancia para acicalarse las plumas.
    Podría Ud. asesorarme, muchas gracias y excelente artículo.

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