"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

viernes, 27 de abril de 2012

La Epopeya de las anguilas

Nadie sabe cuántas son, desde cuando están ahí ni cuáles son sus hábitos. Sólo que vagan como fantasmas en las profundidades de algunos grandes embalses de las que, muy de cuando en cuando, alguna es arrancada de las penumbras por el anzuelo de un pescador. También se sabe que son todas hembras. Y que son viejas, muy viejas. Son las últimas anguilas ibéricas, reliquia faunística de otras épocas y reclusas en su prisión de agua dulce. Se trata de supervivientes de una especie absolutamente excepcional con un fabuloso ciclo biológico que estas prisioneras nunca pudieron concluir.


Anguila en un mosaico romano


   Las anguilas llamaron nuestra atención desde la antigüedad existiendo numerosas referencias a la especie en la época clásica, siendo objeto de diversos usos gastronómicos y también utilizadas como depuradoras naturales: Hasta la Edad Media fue habitual la presencia de anguilas en aljibes, pozos y cisternas de agua potable, en las que se alimentaban de pequeños insectos y de materia orgánica que podrían ensuciar el agua. Aquellas criaturas, a la vez con aspecto de peces y de serpientes, siempre estuvieron envueltas en el misterio. Se pensaba que tenían su origen en la descomposición de animales muertos, que nacían de las crines de los caballos al contacto con el agua de los ríos, o que procedían del rocío.

miércoles, 25 de abril de 2012

Cuaderno de campo



  Gunnar Eriksson, un buen amigo, me permite tomar prestadas unas páginas de su cuaderno de campo, en las que plasma la instantánea de un paseo por una ribera de Tierra de Barros. Con la meticulosidad de un pendolista del renacimiento y con el desmedido afán de no dejar escapar nada de los que ocurre a su alrededor, en esta crónica ornitológica, Gunnar nos transmite su conexión con el territorio.