"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

jueves, 25 de julio de 2013

La mujer de los pájaros




   Con toda seguridad nunca aparecerá en revistas científicas ni de divulgación. Del mismo modo que su labor jamás se verá reconocida en los foros conservacionistas ni será avalada de forma oficial por las organizaciones que se dedican a la preservación del medio ambiente. De hecho, su trabajo no posee el valor científico ni la espectacularidad necesaria para todo ello. Ella no entiende de contingentes poblacionales, de patrones de distribución, de protocolos veterinarios en fauna silvestre ni de etología de los fringílidos. Ni falta que le hace.
Ella sólo dedica su tiempo, todo su tiempo, a sacar adelante a los pájaros heridos, cansados o caídos de sus nidos,… o simplemente que se aventuraron antes de tiempo a dar el salto emancipador sin prever que aún no contaban con las energías necesarias; gorriones, aviones, vencejos, golondrinas,… especies que, por comunes, tuvieron la desgracia de ser demasiado prosaicas y que no cuentan con la alcurnia suficiente para recibir las atenciones que sí recibirían una lechuza o un buitre negro. “Morralla” las llaman coloquialmente en algún centro de recuperación de fauna. Pero a la vez que son demasiado poco importantes para ser socorridos por cualquier centro serio, necesitan unos cuidados y atenciones lo suficientemente complejas como para que sea difícil que sean salvados por personas sin la preparación o dedicación suficientes. Casos excepcionales como el de esta mujer son la única oportunidad de estos pequeños desahuciados.

   Los meses de primavera y verano son especialmente largos para Josefa, que ve cómo los miembros de su familia van aumentando a medida que van llegando, uno tras otro, todos esos pajarillos llevados por personas que ya conocen que si ella no los saca adelante, nadie lo hará. Pajarillos que acabaron en el suelo de alguna calle, indefensos en un patio o en algún  jardín, encarnando la misma imagen de la vulnerabilidad. Hasta que la fortuna les hace llegar, pasando en ocasiones de mano en mano, metidos en una caja de zapatos, a la guardería y hospital improvisados en una casa literalmente ocupada por decenas de pequeños pájaros. Cerca de ciento cincuenta llegaron a convivir con Josefa y su familia en alguna ocasión. Y cada uno de los miembros de esa miríada bulliciosa supone un pequeño solicitante de comida y de atención. Si se tiene en cuenta que cada uno ha de comer, al menos cada tres horas, es difícil suponer que quien se dedique a esa hercúlea labor pueda dedicar un solo segundo a otra cosa, aparte de a preparar pasta insectívora o papilla para pollitos. Sólo considerando su propia misión como importante y sólo considerando a esos insignificantes pajarillos como muy importantes, es posible llevar a cabo tal ejercicio de dedicación. Pero, a medida que va avanzando el verano, los “ingresos” son menos y las “altas” más. Poco a poco los pájaros, ya con suficientes fuerzas y con un plumaje consistente,  son liberados por su madre adoptiva y la casa también va quedando de nuevo libre. Hasta que vuela el último inquilino y el trajín cesa, al menos hasta la próxima primavera, cuando se repetirá la avalancha.
   ¿Se imaginará Josefa cuantos pájaros de los que ve a volar a diario por su pueblo, han pasado por sus manos? La satisfacción al ver su labor cumplida, al imaginarse a todos esos pájaros recuperados, valiéndose por sí solos y, sobre todo, libres, ha de ser una extraordinaria recompensa. Y mejor que así sea, pues será la única que obtenga. Esa y el humilde homenaje desde estas líneas. Pues, aunque lo que hace Josefa y tantas otras Josefas que en otros lugares llevarán a cabo la misma labor,  jamás aparecerá en las revistas científicas y de divulgación, al menos sí lo hará en este blog.

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