"Cuando un naturalista se enamora de la naturaleza, ya nunca tendrá suficiente"

Sir David Attenborough

viernes, 10 de enero de 2014

La muchacha que dibujaba bichos

 
Oruga de Macaón (Pailio machaon) sobre su planta hospedadora, el Hinojo (Foeniculum vulgare)

   La historia de la ciencia está llena de nombres propios de aquellos que, siguiendo los pasos que la razón y la evidencia le dictaban, hicieron caso omiso de lo que la ortodoxia daba por sentado cambiando así el rumbo del conocimiento humano. Algunas de esas personas no sólo se rebelaron frente a los dogmas científicos de su época, sino que – algo mucho más difícil- también lo hicieron a los preceptos sociales y tomaron la determinación dirigir su vida con sus propios criterios. Quizás por tal atrevimiento, es frecuente que los pertenecientes a este segundo grupo no alcanzasen la notoriedad que merecían sus brillantes logros científicos. Tal es el caso de una increíble mujer de historia vital extraordinaria que se resistió al designio que le tenía reservada la sociedad de su época.



   Con trece años, María Sibylla Merian era una muchacha de Frankfurt que dibujaba bichos. Dedicaba las horas a escudriñar la maleza en los descampados de las afueras de la ciudad para buscar insectos que después servían de modelos para sus dibujos. Su afición no era precisamente lo que se esperaba de una pequeña dama en ciernes en pleno siglo XVII pero tampoco resultaba escandalosa debido a su corta edad. Según era previsible, abandonaría tales hábitos a medida que fuese madurando. Pero María Sibylla continuó creciendo y, quizás alentada por los conocimientos en pintura, dibujo y grabado que le transmitió su padrastro (Jacob Marell, relativamente conocido en la época por sus cuadros de flores), seguía dedicando sus esfuerzos a una devoción tan poco refinada como recolectar hierbas y capturar orugas, ciempiés, saltamontes y mariposas para plasmarlos en sus dibujos. Y no sólo los dibujaba, sino que escrutaba sus costumbres y sus ciclos biológicos. En aquellos tiempos prácticamente ningún estudioso dedicaba su tiempo a unos seres tan insignificantes y se mantenía vigente la teoría de Aristóteles según la cual los insectos procedían de la generación espontánea y nacían del cieno o de la materia orgánica en putrefacción, lo que llevaba a la iglesia a considerarlos “bestias del Diablo”. A aquella joven le pareció insólito que, por un lado, seres tan asombrosos como las mariposas surgiesen del cieno. Por otro, que se mantuviese aún la teoría de la generación espontánea a pesar de que desde hacía siglos se conociese el ciclo del gusano de seda, en el que la oruga se transformaba en pupa o crisálida y esta en imago o adulto. ¿Cómo era posible que una idea errónea se mantuviese, siendo la teoría correcta tan evidente? Recolectó metódicamente cuantas orugas encontró en la campiña alemana y comprobó personalmente cómo el ciclo era básicamente el mismo que en la mariposa de la seda. También comprobó que cada especie de oruga estaba vinculada a una especie de planta, o a un reducido grupo de ellas, que les servían de alimento.


Grabado de una plancha de la oba Grucarum ortus


 Poco a poco fue recopilando una serie de preciosas láminas en las que reflejaba sus observaciones y en las que, además de incluir a cada especie de mariposa en sus distintas fases, ilustraba la planta hospedante. Sin haber cursado estudios sobre biología, sin frecuentar los círculos académicos y sin codearse con naturalistas ilustres, había desentrañado y demostrado uno de los ciclos más fascinantes de la naturaleza y que, por inexplicable que parezca, había estado ahí, a la vista de todos pasando desapercibido. Pero cuando a los 28 años, en 1675, publicó su primer trabajo (Nuevo libro de flores), la reacción de los academicistas de la época no fue la que ella hubiese esperado. O quizás sí. Mientras que la alta sociedad mostró una estupenda acogida a sus colecciones de láminas básicamente por criterios artísticos o decorativos, los naturalistas reaccionaron de forma totalmente refractaria descalificando todo el trabajo de alguien que no poseía bagaje científico alguno, que se dedicaba a estudiar unas criaturas a las que nadie había prestado atención desde el punto de vista biológico y que, por si fuera poco, escribía sus trabajos en alemán, cuando la lengua por antonomasia de los textos científicos era el latín. Ello no sirvió para que María abandonase su entusiasmo por los insectos y, a lo largo de los años publicó una serie de trabajos cuyas láminas son consideradas aún hoy auténticas obras de arte con un indudable valor científico. En 1679, basándose en sus cuadernos de láminas recopilados, publicó “La oruga, maravillosa transformación y extraña alimentación floral”. Con tales trabajos creció su prestigio como artista, pero siguió condenada al ostracismo por la ciencia. Y el aprecio que sentían por su obra las familias pudientes – que veían en sus láminas de flores y mariposas tan sólo obras de arte con las que decorar sus casonas y mansiones, alternativas a los bodegones y cuadros de flores tradicionales- iba acompañado por una fama de mujer excéntrica que había roto los moldes sociales de su época. No sólo andaba por los campos hurgando en la vida de los bichos, sino que – algo inusual en la época- se separó de su marido y se atrevió a desafiar – o así se interpretó- a la comunidad científica con sus trabajos. En lugar de dedicarse a una vida doméstica y sedentaria, en lugar de seguir unos hábitos religiosos y ordenados, en lugar de crear una familia a la que dedicar el resto de sus días – como cabría esperar de una dama de su época-… había decidido seguir el que ella creía que era su propio camino. Pero los días más productivos de su carrera aún no habían llegado.



Esfinge de la vid sobre planta de vid


 Tras décadas de estudio y registro autodidacta de los lepidópteros de Alemania y de Holanda sentía que sus horizontes se le habían quedado pequeños, sobre todo cuando llegaban noticias de los exploradores de tierras lejanas repletos de nuevas y extrañas especies de plantas y animales. A los 52 años, por fortuna, contravino el consejo de todos sus amigos y familiares y emprendió un fabuloso viaje a Surinam, en busca de las mariposas del nuevo mundo. Allí exploró las selvas de la Guayana y quedó deslumbrada por la diversidad y exótica belleza de las especies americanas. Durante su estancia en el país tropical describió por primera vez para la ciencia numerosas especies de mariposas y de plantas. También pudo estudiar las pródigas colecciones de mariposas de varios nobles y doctores que hacían más incomprensible el hecho de que nadie se hubiese preguntado hasta entonces por el verdadero origen de tales insectos. Fruto de aquel viaje, en “Metamorfosis de los insectos de Surinam” desarrolló su arte de forma explosiva e impresionantemente pródiga. De haber hecho caso de quienes le aconsejaban hacer lo que parecía más razonable, jamás hubiese visto la luz una de los trabajos de entomología más hermosos que nunca se han llevado a cabo.


Lámina con el ciclo de una mariposa sudamericana sobre una planta de Gengibre.



Distintos insectos de Surinam sobre planta de Ananas.



Distintos insectos  y arácnidos de Surinam. Por esta lámina, en la que aparece una migala tras capturar a un colibrí, se comenzó a denominar a estas grandes arañas neotropicales como "Arañas pájaro".  

  Víctima de una apoplejía, María Sibylla Merian acabó sus días en Holanda, postrada en una silla de ruedas, subsistiendo gracias a cursos de pintura y a la venta de materiales de bellas artes, con un cierto prestigio como ilustradora pero con su obra científica prácticamente ignorada. No obstante y a pesar de que nunca se ha llegado a hacer justicia con su figura, con el tiempo, acabó por considerarse como la fundadora de la entomología moderna y una de las ilustradoras científicas más grandes de todos los tiempos.



 
María Sibylla Marie en un autorretrato de la última etapa de su vida. En primer plano, algunos de los especímenes -moluscos marinos y lepidópteros-. Al fondo, un mapa del Caribe y Centroamérica




 

1 comentario:

  1. que placer es descubrir lugares como este!!!!, no lo digo por hoy, hace ya algun tiempo que lo visito y lo disfruto, pero...
    no puedo dejar de ser critico con las posiciones "academicista" a la hora de ver la historia de accidente, las encuentro encorsetadas en una vision reducida por las clases sociales que la han escrito de la realidad social. me explico:
    esta admirable señora , no lo digo con sorna, vivio en una epoca y un lugar en que poder dedicarse a dibujar bichos era un autentico privilegio, no por ser mujer sino por estar sustentada por una actividad (la de sus progenitores) mantenida para disfrute y contemplacion de clases sociales que vivian de la explotacion y el abuso de la ingente mayoria de la gente, y asi parece que transcurrio toda su vida, cosa que traspasa los limites del privilegio, no creo que sea de mencion esas primeras frases estandarizadamente correcto-politicas-feministasactuales.

    por otro lado la critica hacia los "stablishments" cientificos que haces me parecen acertados pero desafortunados en tanto y cuanto que son extensibles a cualquier condicion intelectualista de la cultura ( escritores, filosofos,naturalistas,et...) y por supuesto a cualquier epoca, y se quedan cortos dentro del corse de las formas que imponen de nuevo la politica-correctez que se impone hoy en dia mas que nunca, y esto tambien lo explico:

    los campesinos desde siempre han comprendido el valor de las abejas y otros insectos en su actividad pseudonatural de la agricultura, y en epocas en que la recoleccion era un complemento indispensable para la mayoria de los habitantes del planeta mas. dudo enormemente que por que Aristoteles dijera barbaridades y llegaran a nuestros dias escritas las gentes "normales" no supieran que los pajaros y otros muchos animales se alimentaran de insectos y la importancia de que estos se alimenten para luego alimentarnos nosotros de ellos, cualquiera que crie gallinas sabe de que hablo.

    si hay algo que de verdad me irrita, y perdona mi tono porque aprecio sincera y enormemente este blog y con la distancia a ti que lo escribes, es el olvido de quienes se forman en lo que los detestables ilustrados acabaron por definir conspicuamente como cultura y ciencia y ha llegado asi a nuestros dias, que es la gente normal que no escribe y no lee pero que vive dia a dia y sabe por traslacion de la autentica sabiduria, la practica de subsistir del medio en el que vives sin virtualidades escritas en ningun formato de primera mano y de tus generaciones anteriores, encumbrando pequeños logros dentro de limitaciones intimas creadas en la confortabilidad de quienes se apartan de la naturaleza pero hablan y escriben sobre ella aprovechandose de lo que "sustraen" de maneras mas o menos deleznables a quien si comprende desde la intimidad creada con esa misma naturaleza.
    rompiendo esta lanza por la sabiduria de las gentes sencillas acabo mi alegatoun poco belicoso pero no sin olvidar y reconocer que yo mismo formo parte de esta "clase apartada de la naturaleza y la sabiduria ancestral" olvidad y bilipendiada y aprovechando para reconocer que son este blog y algunos otros medios quienes llenan mi vacio de sabiduria real.
    saludos, animos y mucha fuerza para seguir contando cosas interesantes sobre la naturaleza que destruimos.

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